Verónica Sforzin, socióloga y Dra. en Comunicación, dialogó con Juani Guarino en El Ágora 2026 sobre la adhesión argentina a la Pax Sílica, el Super RIGI y el avance de China en la carrera tecnológica global. Con una mirada crítica sobre la soberanía digital, Sforzin advierte que los acuerdos con Estados Unidos no implican transferencia tecnológica para la Argentina, sino subordinación a sus necesidades geopolíticas del país del norte.
La Pax Sílica y la soberanía en juego
El gobierno de Javier Milei adhirió recientemente a la PAX Sílica, una iniciativa impulsada por Estados Unidos para coordinar con socios confiables la seguridad de las cadenas de suministros que sostienen la inteligencia artificial. Para Sforzin, el significado de este acuerdo va mucho más allá de una simple cooperación comercial.
“Es un tratado internacional que tiene que ver con poder garantizar lo que considera una industria estratégica y en parte de su seguridad nacional”, explicó.
“Muchos analistas internacionales plantean que las relaciones internacionales no se dan en función de geografías o de cercanías, sino de necesidades de seguridad nacional y del armado de la cadena de valor tecnológica.”
La investigadora en temas de geopolítica y tecnología fue contundente respecto de las implicancias para el país:
“Ahora muy explicitado que todos los países que sean necesarios para toda esta cadena de valor, Estados Unidos va a tratar de subordinarlos a su órbita y considerarlos como parte de su territorio incluso. Así que es un problema para nosotros de soberanía.”
Lo que Estados Unidos necesita de Argentina
En el marco de este acuerdo, Sforzin detalló cuáles son los recursos que Argentina aporta a la ecuación geopolítica norteamericana: el triángulo del litio, tierras raras, minerales críticos y energía. Pero también señaló una dimensión menos visible.
“Su estructura eléctrica está al límite justamente por el desarrollo de centros de procesamiento de datos que están radicados físicamente en Estados Unidos, entonces necesita exportar eso”, afirmó.
La investigadora y docente también mencionó la necesidad estadounidense de radicar centros de datos en países políticamente confiables, dado el riesgo de expropiación que destruyan infraestructura crítica.
Sin transferencia tecnológica para el país
Uno de los argumentos centrales del gobierno para justificar el RIGI y el Super RIGI es la promesa de un ecosistema tecnológico propio, un “Silicon Valley argentino”. Sforzin desmontó esa narrativa con precisión.
“Estados Unidos hace más de 70 años que no hace transferencia tecnológica. Por eso, cuando hablamos de la cadena de valor de Estados Unidos, estamos hablando de que usa esas ventajas comparativas para subordinar a otros territorios. No estamos pensando en que todos los que integremos este consorcio de países de la Pax Silica vamos a tener transferencia tecnológica que nos permita mejorar nuestro mercado interno, la industria o la conectividad de los argentinos.”
En la misma línea, cuestionó el rol de los llamados unicornios tecnológicos locales. Sobre Mercado Libre señaló que “no solamente usa los servidores de Amazon, sino que está radicado en Uruguay para no pagar los impuestos en Argentina”. Para Sforzin, estas empresas “tienen otra lógica porque no son productoras” y no necesitan que Argentina sea un país industrializado.
La concentración del conocimiento es otra dimensión del problema que Sforzin destacó. Las grandes empresas tecnológicas, a las que describió como parte del “estado profundo norteamericano”, incluyendo OpenAI, Microsoft, Apple, Meta y Alphabet, no solo acaparan datos, sino también talento humano.
“Es muy común que haya argentinos que ni siquiera llegan a terminar la carrera y ya están trabajando para estas empresas; quizás siguen viviendo en Argentina, pero trabajan para ellas. Entonces, hay una concentración del conocimiento”, advirtió.
China ya ganó la carrera tecnológica
Con una afirmación que generó debate, Sforzin sostuvo que China ya superó a Estados Unidos en la competencia tecnológica global. Lo fundamentó en la cantidad de patentes en inteligencia artificial, los avances en computación cuántica y, especialmente, en el impacto del lanzamiento de DeepSeek.
“Parecía que los únicos que tenían inteligencia generativa de redes neuronales era Estados Unidos y de repente China sale con DeepSeek, que es un chatbot construido de otra manera, invirtiendo mucho menos dinero que lo que sale la construcción de ChatGPT”, explicó. “Aprovechando incluso programas y software considerados más viejos, pero construyendo sobre ellos algo más potente y de código abierto.”
Sforzin también subrayó que la presión de Estados Unidos sobre China tuvo el efecto contrario al buscado:
“Esta guerra comercial tecnológica que empezó Estados Unidos le jugó en contra en su geopolítica porque terminó de consolidar a China como un actor internacional.”
El punto más sensible, los microchips, fue resuelto por Beijing con innovaciones como chips bidimensionales de 3 nanómetros con óxido de bismuto.
Una estrategia Sur-Sur para la región
Frente a este escenario, Sforzin propone un camino alternativo para Argentina y el sur global. Descarta la posibilidad de replicar los modelos de Estados Unidos o China, y apela a una cita histórica para definir la salida: “Como dijo Simón Rodríguez: ‘inventamos o erramos’.”
Su propuesta pasa por “fuertes articulaciones Sur-Sur” y por recuperar el rol del Estado nacional. En ese marco, señala a China como un socio posible:
“China demuestra en la Ruta de la Seda Digital que hace transferencia de tecnología y que los países que la integran están hoy avanzando de manera muy potente.”
Aunque aclaró que la estrategia no puede limitarse a ese eje:
“Tenemos que pensar nuestra estructura regional latinoamericana con nuestras identidades y nuestra cultura.”
EL ÁGORA