El presidente comenzó la semana con una descomunal movilización por la Memoria, la Verdad y la Justicia que apuntó contra su gobierno, y la terminó colgándose ridículamente de un éxito de Kicillof y CFK. Las piruetas discursivas ya no consiguen tapar los escándalos ni instalar agenda. La nueva casta libertaria expuesta totalmente en su fracaso económico y su relato vacío para mantenerse en el poder y enriquecerse con la corrupción.

Semanas atrás, la película “Una batalla tras otra” se coronó en la entrega de los premios Oscar. La semana que concluye ofreció una reversión del film, con acento argento y un cambio de enfoque y protagonista. “Una paliza tras otra” podría ser el título de una sucesión de días que dejaron a Javier Milei en off side en lo que constituye tal vez para él su principal propósito como presidente argentino: la famosa “batalla cultural”.
Las ideas de Milei fueron vapuleadas por la realidad, por la participación política y la memoria del pueblo argentino, por la propia hipocresía del núcleo libertario y hasta por la justicia norteamericana. Aunque el presidente fuerce festejos poco creíbles y el Gobierno disfrute del alivio económico y político que significó el fallo por YPF, lo concreto es que los postulados ideológicos que guían a los libertarios y que Milei pretende convertir en sentidos comunes de la sociedad argentina sufrieron sucesivas palizas en la arena de la batalla de ideas.

El inicio de la serie se dio entre el lunes 23 y el martes 24 de marzo. En la previa a lo que ya se anunciaba como una movilización histórica, la vigilia en Plaza de Mayo del lunes 23 tuvo una asistencia récord que empezó a marcar la temperatura de lo que terminaría siendo una instancia de encuentro, abrazo y lucha del pueblo argentino que quedará grabada en la memoria popular por mucho tiempo. La plaza se llenó desde el lunes 23 a la tarde y permaneció ocupada por la sociedad movilizada por más de 24 horas. No fue una movilización más, más bien todo lo contrario.
La incalculable cantidad de personas que el martes 24 de marzo explotaron el microcentro porteño e innumerables puntos de otras ciudades del país fue un mensaje político contundente e imposible de eludir por parte del Gobierno. En primer lugar, lo que quedó en claro es que ante las avanzadas contra la memoria de lo que fue la última dictadura cívico militar, el pueblo argentino siempre encuentra una mayor fortaleza, creatividad y alegría para volver a dejar establecidos los límites del nunca más.
El golpe de la plaza no fue sólo cuantitativo. La diversidad en la concurrencia expresó el mayor signo de vitalidad posible para la causa de los derechos humanos y mirada histórica sobre la dictadura y sus consecuencias. Miles de niños, niñas y adolescentes se acercaron, tal vez por primera vez, acompañados por sus familiares o amigos para compartir un día de memoria y alegría popular de esos que siembran y plantan raíces. La convocatoria en unidad de todas las fuerzas políticas que se movilizaron no dejó lugar a grieta alguna en una materia que sigue siendo el máximo punto de encuentro de una sociedad polarizada y dividida. La desbordante afluencia de personas “sueltas”, que se movilizaron por su cuenta y sin pertenencia a ninguna organización política, evidenció que el rechazo al negacionismo mantiene la máxima potencia movilizante entre todas las causas del pueblo argentino.
El impacto político de la movilización histórica del martes, sin dudas la más masiva por lo menos en una década, es bien concreto. Si la cúpula libertaria soñaba indultar a los genocidas, esa fantasía quedó enterrada bajo los miles, tal vez millones de argentinos y argentinas que salieron a ratificar el nunca más a lo largo y ancho del país.
La contra de ese impacto fue el pobrísimo intento oficialista por decir algo en una fecha que le pasó por arriba a su discurso de la “memoria completa”. El Gobierno se repitió a sí mismo en instancias anteriores y ofreció un producto que no aportó nada nuevo a su posición. Peor aún, no le interesó a nadie. Sólo 14 mil personas le dieron like al aburridísimo y nada novedoso video de Casa Rosada en sus publicaciones de Instagram y X. Entre cinco y 6 mil personas lo compartieron, según cada red social. El Gobierno ya no marca agenda en la batalla cultural y pierde en su propio territorio de la calle online. El cineasta oficial Santiago Oría parece haberse quedado sin ideas y tal vez haría bien en devolver el cuantioso salario que percibe por su cargo público de Director de Realizaciones Audiovisuales de Presidencia de la Nación.
Pero la marcha del 24 no fue sólo por la Memoria, la Verdad y la Justicia sobre lo acontecido durante la dictadura. Las agendas contra Milei y el Gobierno nacional confluyeron con una fuerza arrolladora y la convirtieron en una movilización opositora de las más grandes que enfrentó el oficialismo en estos años, quizás sólo comparable con la primera marcha universitaria del 23 de abril del 2024. Allí hay que leer que no fue solamente la causa de los DDHH lo que impulsó a la sociedad a reclamar en la calle, sino que el durísimo momento económico y la proliferación de casos de corrupción están tensando el clima social más de lo que el oficialismo quisiera.

Las revelaciones en la causa Libra, pero sobre todo los escándalos en torno al patrimonio de Manuel Adorni, continuaron sacudiendo el avispero durante la semana. Que Milei y Karina cobraban miles de dólares mensuales de parte de Mauricio Novelli ya es un hecho inocultable. Pero la paliza que se comió el jefe de gabinete y ex vocero en su conferencia de prensa fue tal vez la gran cruz de esta semana para el oficialismo en materia de corrupción.
El Gobierno intentó una defensa de Adorni llevándolo al que era su territorio predilecto y desde el cual se cansó de faltarle el respeto a periodistas y ciudadanos en general. El tiro les salió por la culata. El excelente desempeño de un grupo de jóvenes periodistas acreditados en la Rosada puso contra las cuerdas al jefe de gabinete y hasta lo hizo pisar el palito confesando una propiedad suya que hasta ese momento no figuraba en el radar. Adorni hizo el ridículo, pasó un papelón y se enterró a sí mismo a todo el Gobierno que lo respalda en una conferencia que quedará para la historia del periodismo y la política nacional.
El impacto fue directo. Todas las mediciones de opinión pública que se conocieron en los últimos días marcan el crecimiento de la preocupación de la ciudadanía en torno a la corrupción, que ya aparece entre los principales problemas. Un ejemplo es el estudio de Atla Intel, la consultora que pronosticó el triunfo de Milei en 2023, en la que el 43% de los más de 5.000 encuestados señaló a la corrupción como el principal problema del país. Otra encuesta, de la agencia Innova, reveló que el 70% de encuestados dijo que Adorni es corrupto. La imagen personal de Milei y la del Gobierno perfora sus pisos históricos mientras que el rechazo crece a máximos por encima del 60%. El jefe de gabinete fue imputado este viernes por presunto enriquecimiento ilícito. La lucha contra “la casta” y la corrupción quedó enterrada como bandera identitaria e idea principal del oficialismo en su batalla cultural.
Como si todo esto fuera poco, la única soga que encontró Milei para salir del rincón en el que no paraba de comerse piñas fue contradecir todas sus posiciones ideológicas libertarias y festejar con bombos y platillos un triunfo del Estado sobre una compañía privada impulsado por Kicillof y CFK. Fiel a su pragmatismo camaleónico, esto hay que reconocerlo, el presidente quemó todos sus libros para celebrar una expropiación exitosa y su ratificación por parte de la justicia de Nueva York.

La salida de Milei ante el histórico fallo de la Cámara de Apelaciones neoyorkina, que revirtió el fallo en primera instancia de la jueza Loretta Preska y reafirmó la posición argentina contra el fondo buitre Burford en el juicio por la nacionalización de YPF, resultó lógica y esperable, aunque no por eso menos payasesca. El intento forzado del presidente por colgarse la medalla de una victoria en la que nunca creyó, y que se logró con los argumentos planteados por el peronismo al momento de la expropiación, lo expuso en su desesperación por atribuirse algún triunfo en un momento de puras pálidas.
Un libertario festejando la expropiación de la principal empresa de un país es algo que no se ve todos los días, y se explica también en la dependencia que tiene el Gobierno de YPF para sostener tanto su matriz económica exportadora como utilización de pauta publicitaria para incidir en la agenda mediática. Por más que el fallo en sí sea algo realmente beneficioso para su gobierno, el Milei travestido en sus posiciones libertarias y celebrando que la justicia norteamericana haya reafirmado que las leyes de un país tienen una jerarquía superior a un estatuto entre privados erosiona los cimientos ideológicos sobre los que el oficialismo pretende construir una nueva hegemonía.
La marca más palpable de esto fue el gesto contradictorio de impulsar una modificación en la ley de expropiaciones al mismo tiempo que se celebra el éxito de una expropiación y su legítimo encuadre legal y jurídico. No hace falta ser un experto en comunicación política para identificar allí un manotazo de ahogado para no perder base propia mientras se celebra algo totalmente contradictorio con todas las posiciones asumidas previamente por el Gobierno en este tema. De las promesas del “impuesto Kicillof” para pagar el fallo y la privatización de YPF al festejo por la ratificación de una expropiación realizada conforme a derecho. De poner a un abogado del fondo Burford como candidato libertario en la CABA a celebrar el triunfo del Estado sobre los privados. Pasaron cosas.
El núcleo de ideas libertarias desde el que Milei se edificó como el nuevo centro gravitacional del sistema político argentino ya viene crujiendo hace tiempo por el peso inocultable de la realidad económica. Ahora, al presidente y a sus seguidores les cuesta cada vez más sostenerlas incluso desde lo simbólico. Cada vez asoma con mayor claridad no sólo que los postulados económicos libertarios no dan resultados para las mayorías, sino también que la moral que pregona el Gobierno tiene agujeros de corrupción por todos lados, y que los preceptos de libertad extrema de mercado pueden acomodarse a los intereses del momento.
A fin de cuentas, la cadena de palizas de ideas que se comió Milei esta semana sólo fortaleció la única mirada que crece en este momento y puede constituirse en una amplio paraguas electoral opositor en 2027: que la “nueva casta libertaria” tiene todos los vicios y defectos de la vieja política, que su “batalla cultural” es sólo un relato para mantenerse en el poder y enriquecerse con la corrupción, y que las mayorías están peor que antes y cada vez más dispuestas a encontrar una alternativa.