Edición n° 3615 . 15/10/2026
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Una familia tipo necesitó más de $1.600.000 en septiembre para no ser pobre: el salario mínimo cubre apenas una cuarta parte

La Canasta Básica Total subió 1,7% en septiembre, por debajo de la inflación mensual, pero acumula un alza del 38,7% interanual, 5,3 puntos por encima del IPC general. La Canasta Básica Alimentaria, que define la línea de indigencia, trepó a $738.690 y acumula un aumento del 40% en doce meses. El salario mínimo de $383.800 apenas alcanza a cubrir la mitad de la canasta alimentaria y una cuarta parte de la total.

Una familia tipo compuesta por un varón de 35 años, una mujer de 31, un hijo de seis años y una hija de ocho necesitó en septiembre un ingreso mensual de $1.632.505 para superar la línea de pobreza, según informó el INDEC. La Canasta Básica Total (CBT), que mide el valor de todos los bienes y servicios considerados básicos para el bienestar de un hogar, registró un aumento del 1,7% en el noveno mes del año, ubicándose 0,2 puntos porcentuales por debajo de la inflación general de ese mes. La Canasta Básica Alimentaria (CBA), que define el umbral de indigencia y contempla exclusivamente los alimentos necesarios para cubrir los requerimientos nutricionales, alcanzó los $738.690 para esa misma composición familiar.

Aunque en septiembre las canastas aumentaron menos que el IPC, una mirada de más largo plazo expone la tendencia opuesta. Según el INDEC, en los primeros nueve meses de 2026 el índice general de precios acumuló un alza del 23,6%, mientras que la CBT registró una variación del 24,7%, es decir, 1,1 puntos por encima de la inflación. La brecha se amplía en la comparación interanual: mientras los productos y servicios de la CBT subieron 38,7% en los últimos doce meses, la inflación general fue del 33,4%, una diferencia de 5,3 puntos porcentuales. La CBA mostró un comportamiento aún más pronunciado: 40% interanual, 6,6 puntos por encima del IPC. Esa asimetría implica que, aunque las paritarias se negocien en línea con la inflación general, los ingresos de los trabajadores quedan sistemáticamente por detrás del costo de los productos básicos.

El Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM) quedó fijado en $383.800 para septiembre de 2026 por decisión del Gobierno nacional, tras el fracaso de la reunión del Consejo del Salario. La cifra representa apenas el 52% de la Canasta Básica Alimentaria y el 23,5% de la Canasta Básica Total. En otras palabras: un trabajador que percibe el salario mínimo no alcanza a cubrir ni siquiera la mitad de los alimentos que necesita su familia para no caer en la indigencia, y con su ingreso completo apenas podría costear una cuarta parte del umbral de pobreza. El poder adquisitivo del SMVM acumula una caída real del 39,7% desde noviembre de 2023, cuando asumió el gobierno de Javier Milei, consolidando un deterioro que no se revierte con los aumentos escalonados previstos hasta abril de 2027.

El impacto de la brecha entre los ingresos y el costo de vida se refleja en los números de pobreza. Según el INDEC, en el primer semestre de 2026 la pobreza alcanzó al 32,3% de la población, lo que equivale a más de 15,5 millones de personas, mientras que la indigencia trepó al 7,5%. La comparación con el semestre anterior evidencia un agravamiento: la pobreza pasó del 28,2% al 32,3% y la indigencia del 6,3% al 7,5%. El dato más alarmante es el impacto sobre los menores: el 44,5% de los niños y adolescentes menores de 14 años vive en hogares pobres, lo que expone la profundidad de la crisis social y su proyección hacia el futuro.

El comportamiento de las canastas confirma lo que los especialistas vienen señalando desde hace meses: los precios que más pesan en el presupuesto de los hogares de menores ingresos crecen por encima del índice general. El economista Julián Neufeld, de la Fundación Libertad y Progreso, advirtió que «los precios que más pesan en los hogares de menores ingresos vienen subiendo por encima del índice general, y eso erosiona el poder de compra justamente en el segmento más expuesto». La dinámica descrita por Neufeld explica por qué, incluso cuando la inflación mensual desacelera, la pobreza y la indigencia siguen creciendo: el ajuste no se distribuye de manera uniforme y golpea con mayor intensidad a quienes destinan la mayor parte de sus ingresos a alimentos y servicios básicos.