A través de una Disposición publicada en el Boletín Oficial se prohibió en todo el país la importación, fabricación, comercialización y almacenamiento de estos juguetes blandos. Pese a las medidas preventivas anunciadas hace un mes, los productos seguían circulando.
Pocos días antes del Día de las Infancias, el 28 de julio la Cámara Argentina de la Industria del Juguete (CAIJ) difundió que los juguetes blandos conocidos como Squeezy Dumplings habían sido retirados del mercado en el Reino Unido por contener sustancias cancerígenas y reclamó lo mismo a las autoridades argentinas. La Subsecretaría de Defensa del Consumidor emitió un comunicado para anunciar que “se está trabajando en el procedimiento para retirar el juguete del mercado”. Un mes después, llegó la prohibición oficial en todo el país de la importación, fabricación, comercialización y almacenamiento de estos juguetes.
“El Squeezy Dumpling presenta un grave riesgo químico, al detectarse la presencia de benceno en concentraciones que superan los límites legales permitidos. Esta sustancia tóxica puede ingresar al organismo por inhalación o contacto directo con la piel, aún sin ser ingerida”, advertía a fines de julio el área de Defensa del Consumidor, que depende del Ministerio de Economía.
Este lunes, un mes después, se publicó en el Boletín Oficial la Disposición 690/2026, que establece: “Prohíbese en todo el Territorio Nacional la importación, fabricación, comercialización y/o almacenamiento de los juguetes infantiles blandos denominados ‘tipo squeeze toy/squishy’, consistentes en figuras de polímero plástico blando, con forma de ‘gyoza, dumpling’ o similares, y con denominaciones comerciales ‘Squeezy Duplings/Dumpling Squishy/ Dumpling Squishy Viral con Glitter y Orbis/ Dumpling Squishy con Steamer Box’ o sin marca declarada en versiones genéricas de similar tenor, cualquiera sea su formato, por representar un peligro para la salud de los consumidores, con base en lo consignado en los considerandos de la presente medida”.
Un juguete peligroso
El propio texto de la Disposición admite que las medidas previas no alcanzaron para frenar la circulación de estos juguetes tóxicos, que seguían estando a la venta. “Con base en la eventual escala de comercialización de los juguetes y los distintos canales a través de los cuales los consumidores de todo el país pueden adquirirlos, tanto sea en comercios físicos, como en redes sociales y plataformas de intermediación (MARKETPLACES); inclusive a empresas o proveedores que no se encuentran en el Territorio Nacional, es que deviene pertinente y necesario ahondar en la adopción de medidas preventivas y de inhibición en cuanto a su comercialización», indica la medida.
Entre otras cosas, la disposición señala que «teniendo en consideración todos los antecedentes antes expuestos, directamente y en atención al bien jurídico tutelado, se prohíbe absolutamente en todo el país la importación, comercialización o acopiamiento de los mismos, así como las medidas a adoptar en términos de información al consumidor, a los organismos con incumbencia en la materia y para arbitrar las medias necesarias para evitar cualquier perjuicio para la población”.

Medidas tardías
A fines de julio, cuando encendieron las alarmas sobre estos juguetes, desde la CAIJ recordaron el efecto que tuvo sobre el control –o la falta de control- la Resolución 313/2025, emitida por el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, que implementó cambios en las normas de calidad y seguridad de distintos productos, incluyendo juguetes.
“A partir de esta resolución desaparece el grabado de anteojos, se aceptan certificados internacionales en juguetes, se especifican productos que la madera no puede usar pero eliminando la necesidad de tests previos para cada producto. Esto significa más libertad para comerciar y producir”, celebró por entonces su titular, Federico Sturzenegger.
“Hasta la Resolución 313 los certificados de los juguetes antes de ingresar al país tenían que ser controlados por la Aduana. Y la certificación se tenía que hacer en el país. Luego de la 313 se habilitaron los certificados e informes de ensayo del exterior y a la Aduana se la dispensó de los controles en frontera. Pasando del control ex ante a uno ex post en el mercado”, explicó por entonces a este diario Julián Benítez, gerente de relaciones institucionales de la CAIJ. Es decir, controles que llegan cuando el producto ya está comercializándose.
“La fiscalización en el mercado la está realizando la Secretaría de Comercio. Este fue un cambio importante. Porque, como lo advertimos en su momento, se podían llegar a filtrar algunos productos que no cumplieran con la normativa”, apuntó Benítez. “Lamentablemente vemos operadores que no presentan la documentación: ahora en el packaging del producto tiene que haber un código QR para acceder a la documentación de conformidad, el certificado de seguridad o informe de ensayo, pero estamos viendo que o no existe el código QR o la documentación que se cuelga de ese código no siempre cumple con la normativa de seguridad del juguete. Se pueden encontrar productos que realmente son peligrosos como los Squeezy Dumpling”.
El cambio en la modalidad de control, según el especialista, “requiere de una fiscalización fuerte en el mercado (…) y obviamente los recursos para la fiscalización son escasos”.
Los riesgos de la falta de controles en el ingreso de juguetes ya habían sido advertidos por la Cámara, mucho antes que se conociera la peligrosidad de los «squishy». En un comunicado emitido en diciembre del año pasado, describían un «escenario crítico» para el sector, incluyendo «un fuerte incremento de importaciones, compras puerta a puerta y contrabando, en un contexto de transición normativa en materia de seguridad del juguete que genera incertidumbre tanto para el sector como para las familias«.
TIEMPO ARGENTINO