Un establishment rebelde que no quiere negociar

Guzmán se pone al frente de la política de precios con los empresarios desconfiando. Mientras el Presidente cenaba con Pagani, Arcor aumentó hasta 10 por ciento. 

Los antecedentes de la oligarquía

( Por Leandro Reonou) Aún con el diagnóstico oficial de que la inflación es un fenómeno multicausal, la nueva etapa del plan contra los precios que tiene el ministro de Economía, Martín Guzmán, se enfrenta a las mismas trabas que había antes de la salida de Roberto Feletti de la Secretaría de Comercio Interior: un sector empresario que mira de reojo los movimientos políticos en el Gobierno y que es reacio a colaborar. Un ejemplo muy concreto: mientras el presidente Alberto Fernández cenaba, noches atrás en Olivos, con Luis Pagani, la empresa Arcor -de la que es propietario-, pasaba listas de precios con aumentos superiores al 10 por ciento. En esa reunión, Pagani se comprometió con el primer mandatario a dar una mano ante un escenario de desboque riesgoso de los precios. 

Hang, el nuevo secretario de Comercio que reemplazó a Feletti

Si bien los más de 60 puntos de inflación que habrá este año tienen múltiples raíces (el tipo de cambio, impacto externo, la administración del comercio exterior y la falta de dólares , entre otros), el Gobierno necesita cortar urgente la sangría que alimentos abre en el IPC del INDEC. Y eso puede hacerse sólamente si el sector privado se alínea. Allí la misión más compleja de Guzmán y el autor material de su plan intelectual: Guillermo Hang, quien asume Comercio en lugar de Feletti para seguir las directríces del ministro de Hacienda. 

Según contaron a Página I12 fuentes oficiales, la dinámica será la de un ministro que hará reuniones personales con empresarios, que luego retomará el secretario de Comercio. Guzmán y Hang se reunieron ayer, antes del anuncio de liberación de dólares para sectores del petróleo, y empezaron a delinear los pasos a seguir. Un día antes, en esa famosa foto en la que se los ve repasado papeles en el despacho del ministro, Guzmán le dio «cantidad de indicaciones», según cuentan en su entorno. La primera, una renegociación urgente de los Precios Cuidados, que desde el 7 de junio tendrán más aumento para equilibrar la diferencia que hoy existe entre los Cuidados y los «descuidados». Ese gap es del 40 por ciento y ocho de cada diez argentinos consumen por fuera de los lugares donde hay Precios Cuidados, ergo, pagan un 40 por ciento más cara la misma mercadería. 

Aquí el mayor problema de la gestión inmediata del precio de los alimentos. Diversas fuentes consultadas por este diario confirmaron que hay al menos diez grandes proveedores de alimentos, bebidas y productos de limpieza que llevan aumentados los precios un 50 por ciento en lo que va del año. Además, aparece allí otro dato económico pero también político que grafica la complejidad de las relaciones que se le vienen a Guzmán. Hace unas semanas, el Presidente y el ministro cenaron en la Quinta de Olivos con Luis Pagani, titular de Arcor, para pedirle una mano con el tema precios. Casi en el mismo momento, esa empresa mandó listas a los supermercados con aumentos de entre 9 y 10 por ciento en salsas, fideos, mermeladas, aderezos y golosinas. «Menos mal que no lo invitaron a cena», dijo alguien muy cercano a Feletti días atrás, cuando se le consultó si el ex secretario había sido participado al evento. Es que no sólo se trata de aumentos: los comercios de todo el país tienen a Arcor como el segundo proveedor que más incumple el abastecimiento de Precios Cuidados. Hoy, ese desabastecimiento que hacen las marcas, tiene a la provisión en un 65 por ciento. Es decir, de 10 productos hay sólo 6, cuando lo normal sería encontrar unos 8. 

La inflación y un esquema posible

El éxito o fracaso del plan Guzmán tiene tres problemas: el número de inflación de aquí a fin de año, el tiempo para lograr una baja en los precios y, lo más importante, el problema de cohesión interna de la política económica. A favor del ministro hay que decir que la migración de Comercio a Hacienda tiene puntos de contacto con el juego que hicieron Axel Kicillof como ministro de Economía de Cristina Fernández y Augusto Costa como secretario de Comercio. Un alineamiento de políticas con cabeza en el ministro del área. Pero la contra no es menor: no parece estar claro, como sí lo estaba en aquel entonces, cuál es hoy el rumbo económico del Gobierno. Y otra cosa fundamental que es que en los años de Kicillof, había una administración conjunta del comercio exterior para cuidar el órden interno de los precios. Eso, según fuentes de la Casa Rosada afectas a más controles, debió darse vía un debate de retenciones. Es que los precios internacionales seguirán siendo un condicionante a los valores internos. 

Todo este paquete de situaciones, en la práctica, puede redundar en el siguiente escenario de corto plazo: el sector privado parece dispuesto a dar dos o tres meses de estabilidad, pero si a la larga no ven un fortalecimiento de la política actuarán con el tiburón que huele sangre. No es la primera vez que lo han hecho y eso incluyó al Gobierno de Mauricio Macri, que liberalizó todos los controles y hasta puso a Miguel Braun, hombre del sector retail, como secretario de Comercio. Hoy parece haber posibilidades de alinear la macro y la micro, pero es una tarea de riesgo y poco márgen. 

Hang tuvo un debut público en el evento petrolero y dejó declaraciones formales. Se manifestó «preocupado como todos» por el aumento de los precios y sostuvo que «hay que trabajar» para bajar la inflación. De gambeta larga al periodismo acreditado en Rosada, se limitó a comentar que se deberá «trabajar» para revertir la actual situación. El reemplazante de Feletti viene del BCRA, y en su entorno dicen que tiene un pensamiento filo kirchnerista pero no es un experto en precios. El lunes, en la charla con Guzmán, hablaron del sendero de precios. La idea del ministro es que los valores confluyan a en torno un 2 por ciento en el último trimestre del año. «No va a haber una baja abrupta», aseguran cerca del ministro, que cree que un shock de baja inmediata terminaría explotando meses más tarde.