Último round.

Por Antonio Muñiz/ Especial de Motor Económico

Estamos viendo tal vez el comienzo de un nuevo escenario político y económico de cara al último año de mandato del actual gobierno.Decíamos en artículos anteriores que  en ocasiones en la historia ocurren hechos o acontecimientos que de golpe , de manera  impensada, hacen evolucionar a las sociedades.  No hay duda de que el ataque a CFK tocó un límite que sacudió la apatía que la pandemia, la crisis económica y la dubitativa gestión del gobierno habían producido en la muy politizada sociedad argentina. La jugada de la oposición que buscaba ‘jubilar’ a CFK resultó en todo lo contrario, su retorno al centro de la escena.

El gobierno de Alberto Fernández venia en estos tres años de gestión jaqueado por una oposición cerril, muchas veces violenta,  que desde el primer día estuvo tratando de esmerilar constantemente su accionar. Sumado a la crisis económica generada por la gestión macrista, con una brutal devaluación de nuestra moneda, una inflación cercana al 50%y una deuda impagable, contraída en forma irresponsable y la atadura a las políticas del FMI comprometidas por Mauricio Macri. Si a esta herencia, se le suma la pandemia del Covid19, la larga cuarentena producto de esta, con el golpe muy fuerte sobre la economía, no solo local, sino también global. Y apenas superada la pandemia la guerra ruso ucraniana que puso de cabeza la ya vapuleada economía mundial y la política global, desquiciando los precios de los alimentos y la energía.

Los efectos globales de este conflicto todavía son difíciles de mensurar pero se prevé un invierno boreal complicado, sobre todo para la vieja Europa, que quedó  presa de los intereses geo políticos yankys.

En suma este gobierno sufrió los efectos de una tormenta perfecta, y es aún peor porque a estas situaciones imponderables le sumó  su propia impericia en muchos estamentos de la gestión.

Si bien manejo la situación de la pandemia con bastante solvencia y buenos resultados, en el plano político y económico fue haciendo agua, con políticas timoratas, un miedo al conflicto con los factores de poder, un consensualismo que no tenía respuestas del otro lado. Que por el contrario, como los perros, cuando la oposición veía debilidad, olían sangre, iban con más odio y violencia.

Como un boxeador golpeado y siempre al borde del nocaut, solo atina  a defenderse y a tirar golpes esporádicos, esperando el final del round.

El quiebre fue cuando en su afán de odio, los sectores empresarios y políticos de derecha, buscaron destruir a la mayor dirigente del oficialismo, Cristina Fernández de Kirchner. No es casual el ataque a su persona como no lo fue la feroz campaña de calumnias sobre su figura desde hace años. CFK es el punto más alto de acumulación del movimiento popular, y solo su figura y liderazgo político pone freno a las aspiraciones de la derecha de volver a una Argentina pre peronista, sin derechos laborales, ni sociales ni ciudadanos para las mayorías populares. La ola neo conservadora que asola al mundo, liberal en lo económico, pero casi fascista en lo  político, busca a través de sus expresiones en la Argentina, un reseteo de la sociedad, de acuerdo a valores fracasados y pasados en el tiempo. Estos sectores saben que su  principal antagonista fue y es el peronismo y su líder CFK.

Una campaña basada en la mentira y el agravio por los medios de prensa,  por periodistas venales y luego tomado por un aparato judicial, cooptado por los servicios y los intereses corporativos. Uno a uno se fueron cayendo los juicios en su contra, por falta de sustento en sus acusaciones. Solo les quedaba el juicio por la obra pública en Santa Cruz, un engendro que lleva más de tres años de sustentación y que ahora está en las etapas finales. La sobre actuación de los fiscales, trasmitido  casi en cadena por los medios opositores, que terminó pidiendo 12 años de cárcel e inhabilitación para ejercer cargos públicos para CFK, generó  un efecto contrario, la movilización de la militancia y de muchos simpatizantes silvestres en su defensa y apoyo. De forma auto convocada los simpatizantes hicieron guardia frente a su domicilio durante días, convirtiendo cada entrada y salida de su casa en una acto político. Estos hechos colocaron a CFK en el centro de la escena política, ubicándola, como si hubiera hecho falta, en la líder indiscutida del movimiento popular y alineó   a todos los espacios peronista bajo su conducción.

Todos los dirigentes del FDT dejaron sus diferencias y salieron a apoyar enfáticamente a la vicepresidenta. También los dirigentes sindicales, los movimientos sociales, personajes de la cultura, intendentes y líderes políticos mundiales. Este giro político al interior de la alianza de gobierno se profundizó luego del intento de magnicidio, que de haberse concretado hubiera hundido al país en la noche más oscura desde la última dictadura militar.

La reaparición de CFk, luego de más de tres años en un perfil relativamente bajo, originó  en los sectores opositores una reacción. No es casual que en los últimos tres o cuatro meses la aparición pública de pequeños grupos muy agresivos, que originaron diversos escraches contra ella y contra dirigentes de su partido. Fueron frecuentes los actos intimidatorios de estos grupos frente a su domicilio, frente al Instituto Patria, en el Congreso y hasta en la misma Casa Rosada, siempre con  total impunidad y cobertura que le daba la policía metropolitana.

El intento de asesinato de CFK tiene que entenderse en este marco, más allá del ejecutor material del hecho y sus colaboradores  cercanos hay una derecha violenta y anti peronista que no tiene límites en su proyecto político.

Es necesario estar muy atentos a la evolución de la causa llevada a adelante por la jueza Capuchetti y el fiscal Carlos Rimolo, ambos de reconocida pertenencia al macrismo, de llegar hasta los responsables directos y los ideológicos. Alguien financió  a estos grupos en su accionar y otros seguramente le dieron letra para el relato magnicida que querían llevar adelante.

Para quien le guste o no, Cristina Fernández sigue siendo la figura líder la política argentina, es al decir de Cooke “el hecho maldito de la oligarquía argentina”. Si quisieron hacerla desaparecer, la jugada le salió totalmente al revés.

Queda todavía la continuación del juicio, donde el prevaricato de los jueces y el fiscal ha quedado de manifiesto. La sentencia de condena ya la tienen escrita los jueces en su escritorio, se la hicieron llegar los abogados de Magnetto y la Nación, arietes perversos de círculo rojo de poder en la Argentina. La duda es si ante estos acontecimientos tendrán el valor de firmarla. Si lo hicieran lamentablemente escalaria el conflicto hasta límites hoy impredecibles.

La economía:

La renuncia  de Guzmán al Ministerio de Economía, muy criticada por lo sorpresivo para algunos, fue una salida, fomentada por algunos sectores internos, pero sobre todo una situación donde el ministro carecía de poder suficiente como para afrontar el golpe del mercado contra las política del gobierno, buscando una devaluación brutal que llevara mayores ingresos hacia los sectores exportadores y concentrados en contra de los ingresos populares. La salida de Guzmán era inevitable, sobre todo por la falta de apoyo político por parte del presidente. Las políticas dubitativas del Alberto Fernández solo hicieron debilitar aún más la  gestión de Martin Guzmán.

La llegada de Sergio Massa, como superministro y con el poder que se le había negado a Guzmán,  fue un golpe muy duro para los sectores que promovían la devaluación.

Massa cuenta con peso político propio, y  contactos muy fluidos con grupos empresarios locales, ejemplo Banco Macro o el grupo Vilas – Manzano, pero además tiene relaciones profundas con el establishment político norteamericano.

El excesivo  consensualismo de Alberto Fernández,  la falta de una metodología para la toma de decisiones en una alianza de gobierno, una comunicación ineficaz, el desorden macroeconómico heredado, evaporaron buena parte del capital político del Frente de Todos, al tiempo que la deuda externa, la escasez de dólares y la corridas cambiarias que tuvo que afrontar, lo obligó  a acordar una agenda política y económica con el FMI.

Massa asume en un momento muy crítico,  en medio de una corrida muy fuerte  buscando una devaluación importante, basada en la falta de divisas en el Banco Central, una inflación galopante y salarios muy deprimidos: haber cedido a las presiones devaluatorias podría haber generado un caos económico que hubiera puesto en riesgo el gobierno mismo.

Massa, con una voluntad de poder de la que careció el presidente encaro rápidamente las tareas de recomponer reservas, reducir el déficit y morigerar la espiral inflacionaria. Hasta el momento podríamos decir que la gestión Massa es altamente positiva en cuanto al cumplimiento de objetivos fijados. Sus políticas acuerdistas tanto internas con los grupos empresarios más importantes como con el Fondo y el Departamento de Estado Norteamericano, le dieron una espalda  fuerte para encarar algunas políticas de ajuste presupuestario, y algunas medidas cuestionada por lo bajo,  pero tal vez necesarias para sumar reservas, como el dólar soja.

A corto plazo las variables macro económica parecen estar estables, con signos muy positivos en cuanto a actividad económica, crecimiento del PBI, aumento de la ocupación, algunos sectores con una tasa de crecimiento alta y constante. El cuello de botella es y seguirá siendo las reservas de divisas, hoy en un límite muy bajo; la cuestión de la inflación y los bajos salarios, que golpean más directamente a los trabajadores, quedaron  como asignaturas pendientes.

Para el mediano y largo plazo, las políticas están orientadas a desarrollar los cuatro mayores áreas generadoras de dólares: exportaciones agropecuarias, minería, energía e hidrocarburos e industrias del conocimiento.

Como factores positivos también  podemos citar que se destrabó el desembolso de fondos por parte del BID,   la financiación china para la construcción  de la dos represas en Santa Cruz, la Cepernic y la Néstor Kirchner y la Planta nuclear Atucha III. Existen, además, otros datos alentadores, como la expansión de YPF o la construcción del gasoducto Néstor Kirchner, que unirá Vaca Muerta con los puertos, para la exportación de Gas.  Todas acciones de importancia estratégica para lograr el autoabastecimiento energético y también convertir a nuestro país en un exportador de energía .

 Las dos caras de la misma moneda.

El crecimiento de la macroeconomía se mantiene en niveles altos, cercanos al 6% y la caída del desempleo al 6,7%, la menor tasa desde 2015. Sin embargo estos números se ven empañados por una alta inflación cercana al 100 % anual. Se observa  una tendencia persistente de trabajadores con ingresos por debajo de la línea de pobreza, a pesar de ser trabajos de tiempo completo.

Por otro lado puede verse un aumento en el  consumo de sectores de las clases media alta y alta, en supermercados, espectáculos, turismo, ocio y restaurantes contrapuestos al empobrecimiento de pensionados y  jubilados y aquellos trabajadores, la mayoría, cuyos salarios no han acompañado el crecimiento de la inflación, sufriendo un deterioro sostenido desde 2015, cercano al 20%.

Estamos ante un fenómeno nuevo en la Argentina, es indudable que la concentración de la riqueza que vivimos desde 2015 se ve plasmada en esta nueva realidad: “el crecimiento económico no reduce los índices de desigualdad”. En otras palabras la teoría del derrame resulta ser falsa, como todo el andamiaje teórico del neoliberalismo. Sin políticas activas de redistribución del ingreso el mercado se apropia de los excedentes, generando ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres.

El presupuesto 2023 Proyecciones moderadas y mucha disciplina fiscal

En los acuerdos con el FMI, se comprometieron medidas de estabilización de la economía de corte ortodoxo, principalmente fuertes recortes del gasto público y de la emisión monetaria.

Las proyecciones económicas señalan para el año 2023 una inflación del 60% un crecimiento del PBI del 2%, un déficit fiscal primario equivalente a 1,9 puntos del PBI y déficit financiero (sumado el pago de intereses de deuda) de 3,9 puntos, y un superavit en el comercio exterior de 12.300 millones de dólares. El tipo de cambio promedio del año sería de 219 pesos por dólar, y el correspondiente al cierre del año, de 269 pesos.

Una novedad importante en este proyecto de presupuesto se le planteará a los legisladores que si se dispusiera la eliminación de una serie de beneficios fiscales en favor de sectores, empresas, regiones, etc, se «podría mejorar la performance del presupuesto en 2,4 puntos del PBI». Es decir que el déficit fiscal de 1,9 puntos del PBI pasaría a ser un superavit de 0,5 puntos.

«Si se elimina el déficit fiscal, desaparece la necesidad de financiamiento, que es el principal motor de la inflación», señaló una muy alta fuente del Palacio de Hacienda en referencia a dicha separata.

Lógicamente, la propuesta de Sergio Massa al Congreso se formula por separado «porque se requiere de una decisión política de mucho coraje de los diferentes bloques para votar las leyes que eliminen esos beneficios, como la exención del pago de Ganancias a jueces y otros funcionarios del Poder Judicial, exenciones impositivas a determinadas empresas, diferenciales de tasas de impuestos internos a determinadas provincias…».

Por ahora quedaron en carpeta la leyes que gravan a la renta inesperada y la que buscaba crear un fondo para pagar al FMI con los dólares fugados durante el gobierno de Macri, que impulsa el bloque de senadores del Frente de Todos (FdT). En su lugar, Massa prefirió impulsar un régimen de anticipo del pago del impuesto a las ganancias para las empresas.

En lo relacionado con la inflación, el punto más débil de la gestión económica de AF, el nuevo ministro rechaza las medidas coercitivas. Su estrategia sigue siendo convencer al establishment para llegar acuerdos de precios. En este tema, que golpea fuertemente los ingresos populares, la urgencia ha sido menor y las definiciones se han aplazado para adelante, mientras se diseñaron algunas medidas compensatorias como el adelantamiento de paritarias y los bonos para jubilados. Sin embargo, hasta ahora, la inflación sigue ocupando un lugar principal en el estado de ánimo de los ciudadanos. Habrá que ver el resultado de estas políticas de acuerdo de precios; hasta ahora, AF y Martin Guzmán quemaron gran parte de su caudal político buscando un acuerdo que las grandes empresas nunca cumplieron.

Nuevo escenario

Es evidente que la emergencia de Massa renovó la capacidad de gestión del gobierno y a su vez abrió canales de diálogo con la mayor parte del establishment nacional y buena parte del internacional.

Tanto Alberto como Cristina han venido, a su vez,  buscando acuerdos y vías de diálogo con la oposición, conscientes que la crisis económica y política y la violencia imperante en algunos grupos de derecha ameritan acuerdos sobre políticas  básicas de estado que garanticen la vida democrática y un piso mínimo de convivencia.

La respuesta de Macri al pedido de dialogo por parte de la vice presidenta, por un lado diciendo que “solo con la constitución al lado” como si alguna vez hubiera respetado las leyes y la instituciones. En el programa de Majul en su canal La Nación + habló  descarnadamente sobre su supuesto próximo gobierno: Ajuste brutal  sobre los derechos populares (baja de sueldos y jubilaciones, despidos masivos, anulación de la leyes del trabajo, cierre de aerolíneas y cualquier empresa del estado, eliminación de las indemnizaciones por despido, etc ) o palos.

Un líder debe bancarse muertos si es necesario en el logro de su proyecto. Peligroso concepto de liderazgo.

También Patricia Bulrich, Presidenta del PRO contestó con un exabrupto el pedido de dialogo, “primero le rompemos la boca y cuando sangren conversamos”.

La coalición de derecha opositora muestra una vez más su cara de violencia y agresión. Su odio al pueblo y a sus derechos: Lejos quedaron los  globos amarillos y los bailes y saltitos ante las cámaras, ya no hay mensajes de paz y esperanza, solo muestran su mueca de odio y venganza.

En este marco no es difícil relacionar a los grupos neo fascistas que intentaron asesinar a Cristina con sectores y dirigentes  del Pro. Los discursos de odio envenenan a la sociedad en su conjunto y por supuesto prende más en aquellos grupos más vulnerables y más primitivos en su pensamiento.

Son notorias las diferencias entre los espacios que conforman Cambiemos. Por un lado el radicalismo no se resigna a ser “segundon” detrás del liderazgo de Mauricio Macri. Cuentan con estructuras en todo el país, numerosos intendentes y gobernadores, tienen una territorialidad que los demás partidos que conforman Cambiemos no cuentan. La Coalición Cívica con su líder se muestra molesta y trata de distanciarse., Larreta el mejor posicionado para un posible 2023, se ve acorralado por  los sectores de los halcones, que lo empujan, más allá de sus deseos, a posiciones muy duras.

El corrimiento hacia la derecha extrema por parte de todo el espacio Cambiemos, lo está haciendo  perder a potenciales votantes moderados y/o  independientes. La ciudadanía argentina tiene todavía memoria histórica sobre la violencia política y los trágicos resultados que trajo en su momento.

Cambio político

La persecución y el intento de homicidio a CFK jugaron como un factor de unidad donde todos los espacios salieron a apoyarla enfáticamente. El ataque a CFK despertó a las bases del kirchnerismo, devolviéndole una épica y una movilización muy fuerte. Las movilizaciones callejeras en las últimas semanas fueron un síntoma claro de una nueva etapa. Además la consolidación de CFK en su liderazgo y protagonismo la colocan, si ella lo desea, como un candidato presidenciable en 2023.

Sergio Massa, en su nuevo cargo como súper ministro, le dio al gobierno una capacidad de gestión que no tenía. La híper actividad del ministro y los buenos resultados obtenidos hasta ahora, muestran su capacidad de trabajo, pero también su afán de poder de cara al 2023. Si consigue resolver positivamente la batalla más importante, controlar los precios y a su vez aumentar los salarios, puede ser un candidato muy potable para el FDT, si CFK decide no ser y acompañar desde una candidatura a senadora por la Provincia de Buenos Aires.

En cuanto a Alberto Fernández, en estos días por EEUU visitando la ONU y entrevistándose con figura mundiales, además hay que recordar que es presidente de la CELAC, puede convertirse actor privilegiado para iniciar un movimiento regional a favor de la construcción de la Patria Grande, Malvinas, la deuda externa, el lawfare, o liderar un movida contra los paraísos fiscales, o sea la construcción de un nuevo orden financiero global.

Para finalizar, lo central del nuevo escenario es el retorno de las bases a las calles. Sostener la  presencia de la militancia en la calle y abrir el debate interno, permitirá tensar el conflicto al mismo tiempo que se abra un compromiso de dialogo.

Podemos vislumbrar un escenario futuro con optimismo, si  se sostiene una  economía en crecimiento, con una inflación  controlada, un aumento en el salario real, el reforzamiento de la unidad del peronismo y la movilización popular. En síntesis si se retoma la iniciativa política y económica, hay 2023.