Edición n° 2741 . 24/05/2024

Testimonio del trabajo de una mujer cooperativista

Desde una infancia ligada al muelle y al mar, a convertirse en la primera estibadora, manteniendo el sueño familiar de conformar una empresa social.

Integrante de la Cooperativa de Trabajo Estimar Limitada, de Mar del Plata, Soledad Romito, destaca como la única mujer capataz y estibadora de la Argentina.

Con un inicio temprano en el cooperativismo, producto de la figura de su padre, que murió con el deseo de lograr el funcionamiento de la Cooperativa Cemirza Limitada.

Romito, de 41 años y a cargo de catorce barcos, explicó que “en 2010 con mi papá conformamos una cooperativa y nunca la pudimos concretar porque hay una resolución en el Consorcio Portuario que no permite habilitar cooperativas nuevas”, y lamentó que “el Consorcio se reserva el derecho de admisión”, pese a que la entidad cuenta con la habilitación del INAES no puede funcionar en el puerto.

La labor de la trabajadora portuaria es variada e incluye el trabajo coordinado entre catorce personas, además de proveedores, camioneros, autoridades y dueños de barcos. Y en ese marco, y como capataz, ella es quien digita y ordena lo que sucede durante la descarga de los barcos, en jornadas extenuantes y por momentos desafiantes.

Sobre su rol como responsable en el muelle, Romito aseguró que al principio “fue medio chocante para los varones y para mí también porque era sapo de otro pozo; ellos no están acostumbrados a ver mujeres”. De todas formas, cuenta sin rodeos: “Te adaptás: ellos se adaptan a vos y vos te adaptás a ellos”.

“Es más, muchas veces aprendés de ellos. Yo me guié mucho de compañeros grandes, de la edad de mi papá, ellos me enseñaron un montón de cosas. Así fui aprendiendo y hoy es toda una gran familia en el puerto porque ya los hombres, grandes o chicos, están acostumbrados a verte y sos una más”, contó.

Una cuenta pendiente

Según cuenta Soledad, trabajar en una cooperativa es una buena experiencia, especialmente si es familiar. Y si bien ella todavía anhela poder concretar la habilitación en el puerto de la Cooperativa Cemirza, lo cierto es que mientras tanto, tanto ella como parte de su familia se desempeñan en Estimar.

“Ahora trabajamos con Estimar porque el Consorcio nunca nos llamó por la cooperativa de mi papá, todos los años hemos presentado papeles, incluso hicimos recursos de amparo. Pero nunca nos permitieron ver ni siquiera la carpeta”, planteó.

Además, reafirmó que hacerse un lugar en el puerto y en el cooperativismo no ha sido tarea fácil, pero a fuerza de convicción, esfuerzo y dedicación, poco a poco ha logrado ganarse no solo el respeto de sus pares sino el reconocimiento por su labor. Y en ese camino que transita, hoy a sus 41 años, todavía espera poder cumplir el sueño de su papá, mientras lucha, de forma silenciosa y a través de su trabajo, para que haya más inclusión en el Puerto de Mar del Plata.

Fuente: El Portal de las Cooperativas