Edición n° 2744 . 27/05/2024

Tecnología, ideología y consensos: 100 Invaps.

Edición Especial/ #motorcumple7

(Por Bruno Pedro De Alto*) Analizar el pasado nos permite responder sobre cuestiones actuales, pero sobre todo nos permite soñar y diseñar el futuro teniendo en cuenta las lecciones aprendidas.

Detenernos en sucesos, como los que vamos a mostrar aquí, ocurridos hace varias décadas atrás, puede recibir la crítica de que no hay puntos de comparación: cuestiones geopolíticas, modelos económicos de acumulación, instituciones y legislación, densidad poblacional, la tecnología, etc. Todo ha cambiado. Es cierto.

Sin embargo, hay otra posibilidad, otra manera de observar sucesos y relatos pasados. Es que, si no fuera así, por ejemplo, no sería interesante leer en la literatura universal las obras consideradas “clásicas”. Se siguen leyendo porque tienen la fuerza de retratar al hombre en su esencia más profunda y permanente: sus obsesiones, sus miedos, sus deseos, sus lealtades, sus creencias, sus tradiciones, etc. En definitiva, las fuerzas que expliquen sus acciones y decisiones. En este sentido se presenta el siguiente relato histórico, donde se muestra la convergencia de distintos personajes, que, a pesar de identificarse políticamente en distintas facciones, convivieron notablemente, a partir de la coincidencia sobre el proyecto nacional – modelo de país que detentaba cada uno, y las fuerzas interiores que gobernaron sus acciones y decisiones.

El relato se ubica en Argentina en un momento entre la década de los ´50 y medianos de los ´70. Erael período de institucionalización de la ciencia y la tecnología, de la intensificación de las relaciones entre mundo académico y mundo productivo, y del paso del ciclo de sustitución de importaciones a uno más cercano a la instalación de industrias pesadas y / o estratégicas. A pesar de la instabilidad política, gobiernos militares, peronismo, desarrollistas, y radicales, no había llegado aún el neoliberalismo, ni los monetaristas. El telón de fondo era la presencia de proyectos desafiantes, motivantes, demandantes de obreros calificados, de técnicos, de ingenieros, de tecnólogos, y de científicos; también de empresarios nacionales, intelectuales, sindicalistas lúcidos, comunicadores y políticos. La densidad social que facilita la unidad nacional alrededor de un proyecto de país.

Los prestigiosos Manuel Sadosky y Rolando García, conducían la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA en 1958. Para comprar a la mítica computadora Clementina, ambos les solicitaron una partida de fondos por u$s 400 mil al CONICET presidido por Premio Nobel Bernardo Houssay.

Tanto García como Sadosky expresaban una mirada distinta a Houssay sobre las ciencias. Los primeros estaban convencidos que las ciencias – las aplicadas, fundamentalmente – eran factores de progreso en la medida que se aplicaran a problemas de desarrollo e industria. Don Bernardo Houssay, no. Su idea de progreso era especialmente que,si se hacía buena ciencia básica, ello empujaría el bienestar de la Patria.

Reivindicándose como un hombre de izquierda, de ideas socialistas, García encaró al presidente del CONICET, un verdadero baluarte de la derecha argentina y le pidió dinero – mucho – para un proyecto extraño a las líneas generales de la política científica de ese momento. A Houssay, el pedido le pareció exorbitante, no apropiado, y lo rechazó.

Los hombres de ciencias exactas, tenían una carta para convencer al Premio Nobel, y la usaron. Solía decir Rolando García que en aquella época había profesores muy conservadores, «pero muy del país» con los que nunca tuvo problemas. Dijo una vez Rolando García: «Yo con nadie me entendí mejor que con Braun Menéndez sobre lo que había que hacer en la universidad, aunque naturalmente él venía de otra clase distinta de la mía. Pero era un hombre inteligente, bien formado y con una concepción de país, que es algo que se ha perdido».

El investigador Eduardo Braun Menéndez, era también fisiólogo y el discípulo predilecto de Houssay. Braun Menéndez era el hombre ideal para la difícil misión, también miembro del directorio del CONICET, fue el ariete que taladró la negativa de su maestro. El CONICET aprobó el pedido que conformaba el presupuesto para comprar la computadora Clementina y su puesta en marcha. El directorio del CONICET sesionó con don Bernardo en ausencia como resultado de las gestiones de Braun Menéndez.

Luego de la noche neoliberal, 1976 – 2001, se recuperó en gran parte esa senda de desarrollo tecnológico que enhebraba la trama de retazos, que al final convergieron en un proyecto de país con tecnología satelital, energía nuclear y alternativas, biotecnología, nanotecnología, etc.

En la derrota electoral del proyecto nacional y popular en el año 2015 en manos de una renovada versión del neoliberalismo periférico con una nueva ruptura de aquel modelo de país, se cayó en una trampa de la supuesta continuidad de políticas de Estado con un Lino Barañao desconcertanteal frente de un Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación reducido a Secretaría. A pesar de la presencia de aquel secretario, el contexto nacional para la ciencia y la tecnología, había cambiado. Las características dominantes de la derecha liberal son: detención del desarrollo tecnológico autónomo, desindustrialización y desnacionalización cultural. Otro modelo de país.

Garantizar que la ciencia, la tecnología y el desarrollo deben materializarse en Políticas de Estado, sostenibles y sustentables, necesita de acuerdos ideológicos mínimos, es decir, el mismo modelo de país. Sin embargo, en la historia reciente se detectan y observan necesarios consensos políticos que hacen sustentable el proceso. Una muestra feliz de esto, es cuando días pasados, la comisión de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Cámara de Diputados le dio dictamen unánime al proyecto en revisión por el cual se aprueba el Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación 2030.

Argentina necesita fortalecer su proceso de industrialización con inclusión. Crear miles de puestos de trabajo calificados, ligados a la ampliación de la matriz productiva nacional, debe basarse en la imbricación entre sistema productivo y sistema científico tecnológico. Hay que convertir ciencia en tecnología, y tecnología en productos.

A pesar de las cíclicas andanadas neoliberales que las castigan, nuestro país tiene buena ciencia y una buena base industrial. Sobreviven tozudamente, y en cuanto se encuentran con ciclos fértiles, se recuperan. Pero cuando la política pública es intermitente, o lo que es peor, se la desarma, y se desencadena un desligue mutuo, y nos alejamos nuevamente del camino correcto que nos lleve al desarrollo.

La Sociedad del Estado Investigaciones Aplicadas, Invap, es un claro ejemplo nacional. Creada en 1976 mediante un convenio entre el Gobierno de la provincia de Río Negro y la Comisión Nacional de Energía Atómica de Argentina, la CNEA, Invap es la empresa argentina considerada como la de mayor prestigio tecnológico en Argentina y la región. Está dedicada al diseño, integración, y construcción de plantas, equipamientos y dispositivos en áreas de alta complejidad como energía nuclear, tecnología espacial, industrial y equipamiento médico y científico. Emplea directamente a más de 1700 personas, de las cuales un 80% son profesionales y técnicos especializados, e indirectamente a más de 500. En su trayectoria ha logrado exportaciones de alto valor agregado a Argelia, Australia, Perú, Arabia Saudita, y los Países Bajos.

La esencia del Invap es clara, su socio científico – tecnológico es la CNEA, organismo público que se dedica a transformar ciencia en tecnología. La empresa radicada en Bariloche se encarga de transformar tecnología en productos, dado que su forma empresaria le permite el funcionamiento en el mercado. La particularidad es que ocupa espacios en un mercado sofisticado, el de las tecnologías de punta.

Sin embargo, para otros tipos de mercados tecnológicos, no necesariamente tan avanzados, la fórmula del Invap también sirve. En efecto, la matriz productiva argentina es diversa, amplia, pero tiene sus dificultades. Las economías regionales en general padecen falta de agregado de valor en origen, no hay industrias para las materias primas nacionales. El entramado industrial que se ha hecho fuerte en el mercado interno, es vulnerable a las exportaciones y poco preparado para exportar. Las diversas fuentes energéticas nacionales, no necesariamente han generado industrias asociadas, tanto para su extracción como para su procesamiento. Muchos problemas estructurales, como el ambiente, la salud, el transporte, la vivienda, etc. siguen sin ser resueltos a escala nacional, ni abordando remediaciones o soluciones definitivas, a través de un entramado productivo nacional y adecuado a la particularidad argentina.

Todos estos frentes problemáticos u oportunidades de negocio, ameritan la presencia de organizaciones productivas que, por su naturaleza constitutiva, transformen ciencia en tecnología, y tecnología en productos. Las variantes de actores disponibles para articular son múltiples: organismos de ciencia y tecnología, universidades nacionales, estados provinciales, municipios, cámaras industriales, empresas líderes o innovadoras, que se asocian virtuosamente. De este modo se pueden conformar empresas que la actual legislación nacional ya permite: sociedades del estado, sociedades anónimas, uniones transitorias, consorcios, etc. dándole salida comercial a productos y servicios tecnológicos de alto valor agregado, generador de divisas y de entramados pymes o cooperativas tecnológicas competitivas. Sobre todo, creadoras de empleo calificado de amplia cobertura territorial.

Como se puede deducir, estas iniciativas requieren de por lo menos dos actores de diverso origen y funciones, pero dispuestos a crear un emprendimiento tecnológico. Es una trama que crea nudos nuevos. Aparte de estos actores y su voluntad asociativa, hace falta que el Estado Nacional, los Estados Provinciales, las fuerzas políticas, las organizaciones empresarias y sindicales, los movimientos sociales, etc. estén dispuesto a transformar ese proceso en una poderosa política de pública. Aquello que nos hacer recordar al concepto de “densidad nacional” que nos enseñaba el maestro Aldo Ferrer. Entonces, en breve tiempo, no tendríamos un solo Invap, tendríamos 100 Invaps.

Las elecciones de este año darán una nueva oportunidad para consolidar un modelo de país donde la mayoría de los argentinos encuentren un lugar de trabajo calificado y satisfacción, donde las diferencias partidarias se diluyen en un contenedor grande y generoso: un proyecto de industria nacional estrechamente vinculado a un proyecto de soberanía tecnológica. Será un tiempo de tecnología, ideología y consensos.

  • Licenciado en Organización Industrial (UTN) y Especialista en Gestión de la Tecnología y la Innovación (Untref)

Autor de “Autonomía Tecnológica (2013. Ciccus) y “Tozuda industria nacional” (2018. Ciccus – Lenguaje Claro)