Edición n° 2762 . 14/06/2024

Señas de identidad 

Soberanía Cultural

( Por Ana María Ramb Hughes* / #Motorcumple6Soberanías) Las señas de identidad  cultural argentina muestran un ADN rico y diverso en sus orígenes. Como en los demás países de Nuestra América -esta que se extiende desde el Rio Bravo hasta el más profundo sur-, los invasores hispanos, con la espada, la cruz y la pólvora impusieron en el Rio de la Plata su hegemonía. También en lo cultural. 

Pero la resiliencia de distintas comunidades nativas permitió preservar sus propias cosmovisiones, tradiciones, artes y música e, incluso sus lenguas, incorporando algunas amalgamas entre una y otra cultura, como es,  en algunos casos, el sincretismo entre la Pachamama y la Virgen María. Y todo esto, en armonia con quienes serían sus hermanos de infortunio: los negros y negras arrancados del África natal, también cuidadosos ellos y ellas de seguir cultivando sus creencias, sones y bailes, con la rara capacidad de transformar unla adversidad en belleza. Si los traficantes dieron en  denominar «tango» los sitios donde exhibían a los esclavos para la venta, en el Plata la fuerza de la negritud decidió llamar tango los espacios donde se reunian para cantar y bailar sus sensuales danzas. Allí estaría el origen de nuestro tango, uno de los íconos culturales argentinos. 

Una tercera vertiente sumaría sus alelos al ADN argento: las sucesivas olas de inmigrantes, europeos en su mayoría, que llegaron a este país, tierra de promisión, en busca de pan, paz y trabajo, con mochilas donde portaban las herramientas de sus oficios, el bagaje cultural de sus aldeas y la memoria de luchas obreras. Y mientras la élite dominante presentaba al mundo una cultura que se preciaba ser reservorio de los más puros valores de la hispanidad, con marcada tendencia a incorporar influencias culturales francesas y británicas, el pueblo construía una cultura que era sumatoria de la recibida de conquistadores, pueblos originarios, negros, negras e inmigrantes. Así surgió la síntesis de lo nuevo: literatura, música, artes plásticas, teatro  independiente y periodismo idem,  que abordaban en su mayoría temas y problemáticas de las capas populares y las nuevas generaciones. Heredero de aquel acervo fue Teatro Abierto, iniciativa con la que directores, dramaturgos, actrices, actores y técnicos produjeron en años 70  piezas que interpelaron a la Junta Militar usurpadora del poder. La respuesta popular fue la asistencia y adhesión de un público masivo.

Y es que el devenir de la historia marcó incluso nuevas pautas en nuestra cultura. La épica de las Madres de Plaza de Mayo, al enfrentar en aquellos años la más cruel y cruenta dictadura militar, más la acción de las Abuelas y otras organizaciones de valiente compromiso, conformaría en la subjetividad social un irrenunciable respeto y apoyo a los Derechos Humanos. El más alto aprecio del derecho a proteger la vida y la libertad se incorporó a nuestra cultura y abrió la atención a otras reivindicaciones. Hoy la Argentina, además de haber concretado el juicio a los genocidas, es nación pionera en cuanto a reconocer la identidad de género y el matrimonio igualitario, consagró el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, por el que lucharon en forma denodada nuestros feminismos, y confía aun en el derecho al ascenso social y al bienestar para toda la población.

Agreguemos a esa evolución, siempre abierta a transformaciones de época y al intercambio con otros pueblos, el respeto a la ciencia y la técnica, a la valoración de la educación pública, el aprecio de  los espléndidos artefactos de artes y letras y de sus creadores, la gratitud a los profesionales de la salud, firmes en primera línea para sofocar la pandemia del COVID-19, el afán de progreso, la capacidad de reflexionar en forma crítica, la solidaridad,  el respeto a la dignidad humana y la búsqueda de trascendencia.

Una guerra de quinta generación

Todo ese patrimonio, el recibido y el que estamos construyendo, corre peligro de ser arrasado por una nueva andanada neocolonial. Así como España, la gran potencia del siglo XV,  despojó de sus riquezas a nuestra región y se valió para ello de la esclavitud y del genocidio más prolongado de la historia, posibilitando que la acumulación originaria del capital alcanzas enorme escala, hoy otra gran potencia imperial tiene en la mira nuestra región y, en particular, a la Argentina. Nuestro país posee bienes naturales estratégicos  que excitan la codicia. Grandes reservorios de agua dulce. Yacimientos de gas y petróleo. Litio, imprescindible para las novísimas tecnologías. Grandes extensiones de tierras que están entre las más feraces del mundo. Proximidad a la Antártida, sobre la que nuestro país tiene derechos en un sector. Y una mano de obra con capacidad laboral altamente calificada, y muy mal pagada en estos años. 

Es el imperialismo yanqui el que diseñó hace tiempo un proyecto neocolonial con el que pretende someternos. Para eso necesita liquidar nuestro ADN cultural y cambiarlo por otro. Ahora es más explícito, porque su unipolaridad en el mundo se resquebraja. Como el dinosaurio herido que intuye su declinación, aunque esta sea lenta, lanza urgentes coletazos. Cuenta con pacientes trabajos previos para esas intenciones Si en los últimos tiempos la injerencia de diplomáticos yanquis ha sido torpe y explicita,  pocos conocen la sistemática labor de mediano y largo plazo de asociaciones, fundaciones y organizaciones «sin fines de lucro» que con «generosidad» mediante becas de estudio, invitación a seminarios, «encuentros» y «workshops» fijan ejes de trabajo e investigación que, según los intereses económicos de las compañías que las financian, llegan a incidir en la curricula universitaria.

Por ejemplo, en  los contenidos y orientación de materias en Facultades estatales de Agronomía y Veterinaria. Otro ejemplo es la Fundación Grupo Sophia, fundada  por Horacio Rodríguez Larreta en los años 90; entre  cuyos primordiales objetivos estaba ser una cantera de jóvenes, futuros cuadros políticos que lo acompañarían en su carrera y, al mismo tiempo, realizarían  trabajos académicos que iban a desprestigiar la educación pública. De allí surgieron María Eugenia Vidal y Carolina Stanley. 

Guillermo Roux «La constitución guiando al pueblo»

Digamos que parecidos instrumentos se utilizaron y utilizan para modelar, según las recetas de los «think tanks» de la política norteamericana, cualquiera sea el partido en el gobierno, la subjetividad de funcionarios del Poder Judicial. Para entrenarlos en futuras operaciones, son invitados a foros, congresos y otras reuniones con todos los gastos pagos: pasajes aéreos y hoteles de lujo. Al ascender en sus carreras, y protegidos por una perdurabilidad en los cargos similar al Derecho Divino de los Reyes, esos funcionarios responderán en forma recíproca a sus anfitriones.

Pero no olvidemos la pata principal sobre la que se apoya el proyecto neocolonial para cambiar nuestras señas de identidad cultural. Porque hoy el campo de lucha es otro, y está marcado por las nuevas tecnologías, a las que no vamos a demonizar; sería una torpeza.  El poder mediático hiper concentrado las emplea con desvergüenza y eficacia para marcar la agenda cotidiana. El sustento ideológico del que se alimenta no es reciente.  

En los años 60 un «think tank» yanqui comenzó a publicar sus obras, que serían muy celebradas e influyentes. He aquí, en apretada (y muy rápida) síntesis, algo de su pensamiento, que tal vez resuene con ecos conocidos. Hay que jerarquizar el conocimiento y sus oportunidades de acceso, a través de la meritocracia. No a la educación de masas. Si a la estratificacion de la sociedad. Estamos ante el fin de las ideologías, el fin de la dialéctica de la historia y la aparicion del pensamiento único. Se impone la implantación universal de la economía de mercado. No se trata de defender las ideas que reproducen el statu quo, el cambio debe ser radical.

Estamos ante el advenimiento de la sociedad posindustrial y un cambio histórico: la transición de un modelo basado en la información, el conocimiento y la educación como pilares del capital humano. Las tecnologías de la información darán proyección a la ruptura con modelos históricos. Sus consecuencias alcanzarán las relaciones de poder. La telecomunicación y la informática darán sentido a la nueva escena histórica. La nueva cultura debe ser prodiga, promiscua (?) Estará dominada por lo antirracional, lo antintelectual, con la primacía del yo como orientador de los juicios culturales. Será hedonista, consumidora; perseguirá el placer, el juego y la satisfacción inmediata, con exaltación del gasto y las posesiones materiales.

Hay que reconocer que, para cumplir con las propuestas de Daniel Bell, autor a quien tanto deben Francis Fukuyama y amigos, hacen falta equipos blindados. Y que los hay, los hay. La mass media concentrada los tiene, y los conforman profesionales de alto nivel. Gracias a ellos fabrican fake news o información basura con la que ponen en cuestión derechos larga o recientemente adquiridos, instituciones democráticas y culturales, demuelen trayectorias y prestigios, carreras profesionales y/o políticas, inoculan un odio que despierta las pulsiones más oscuras y destructivas, y llegan a predicar el asesinato del/ de la oponente política, como se vio el pasado 1o. de setiembre con el fallido magnicidio de la Vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner. O inventan figuras que condensan, sin detenerse ante el grotesco, la trama propuesta por Bell. Qué hacer entonces, nos preguntamos.

Interpelar el relato del odio, la destrucción, la tergiversación y el cambio de sentido, la desinformación y la censura. Denunciar la acción y manipulación de la realidad por parte de amanuenses, personeros, agentes que fungen como periodistas, «influencers» a sueldo.  Construir un contrarrelato, dar información alternativa. Con qué y con quiénes, es otra pregunta. Con equipos de jóvenes formados profesionalmente y con veteranos de probada trayectoria. En los gobiernos nacionales y populares la comunicación cotidiana ha caído sobre los hombros agobiados de un vocero o vocera que trabaja en soledad. Con pauta para los medios populares y alternativos, en lugar de alimentar los recursos de medios concentrados, como el grupo Clarín.

En el mundo, las derechas no cuentan con intelectuales de fuste. Ni hablar del marqués de Vargas Llosa, en evidente y penosa declinacion. No hay espacio en esta nota para nombrar a los  y las intelectuales de Nuestra América con obra y militancia cultural y comunicacional de alto nivel. Muchos y muchas están nucleados en la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad. Convoquemos en principio a las y los de nuestro país para que ayuden a poner en tensión a la mafia mediática concentrada. Y a proteger del despojo nuestra cultura.

* Ana María , primero : compañera.

  • * Ana María es editora, escritora, periodista, docente, traductora y una comprometida militante política, con una intensa labor gremial y en defensa de los derechos de la mujer. Actividades por las cuales sufrió como muchos argentinos la persecución de la Triple A y luego la dictadura militar durante los años 70.
  • Fue docente de Escuelas Hogar, y Secretaria de Relaciones Laborales de la Asociación de Docentes de la Minoridad (Adomi).
  • Como trabajadora del medio editorial, fue pionera en la agremiación de los colegas del oficio en la Asociación de Prensa de Buenos Aires (APBA
  • ).
  • Ana María recibió el Premio Casa de las Américas en 1975 con su novela para adolescentes Renancó y los últimos huemules, escrita en coautoría con José Murillo; el 2° Premio del Concurso Latinoamericano organizado por CERLALC – Unesco; la Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores; Mención de Honor en el 2º Concurso Latinoamericano de Literatura Infantil José Martí (San José, Costa Rica); dos veces finalista en el Concurso de Cuentos organizado por la revista Plural (México D. F.); finalista en el Concurso de Cuentos Les Filanders (Asturias, España).
  • Ha participado como relatora y jurado en eventos internacionales en La Habana (Cuba), Villa de Leiva (Colombia) y Grönigen (Holanda).
  • Es autora de El caracol mágico de Celina (1979), Un zapato con ceniza y lluvia (1981), Milonga de Malena (1987), Nico y Florencia (1992), Azul, azul secreto (1994), Como por arte de magia (1994), Amor amerindio (1997), A medianoche(1998), Candombe de los ratones (1999), Charla de tentempiés (1999), Amores de Serafín y Primorosa (2001).
  • Es autora y editora de varias antologías entre las que se destacan Cuentos para compartir (1993), Volar en barrilete (1997) y Pasión y coraje I, II y III (serie de textos sobre mujeres, 1999, 2001 y 2002).
  • Participó y dirigió la revista Aquí Nosotras de la Unión de Mujeres Argentinas (UMA).
  • Ha escrito un sinnúmero de artículos, algunos de los cuáles pueden leerse en la Revista del Centro Cultural de la Cooperación.
  • Fue docente de Escuelas Hogar, y Secretaria de Relaciones Laborales de la Asociación de Docentes de la Minoridad (Adomi).