Edición n° 2741 . 24/05/2024

Qué país queremos; qué país no queremos

Edición Especial / #motorcumple7

Por Fernando Aguinaga (Leer con la música de A mi manera por Chico Novarro) Acá en el Sur, en las afueras de La Plata, un grupo de niños y niñas «juegan a la Democracia, o mejor dicho, se toman muy en serio la Democracia. Chicos y chicas de todas partes, eligen presidente y, en el Parlamento, debaten seriamente las cuestiones de la infancia. Para entrar a ese mundo de castillos, palacios, trencitos y edificios públicos no deben pagar absolutamente nada, porque ese espacio fue creado para su felicidad, sin que ninguno se sienta menos que otros.

Allá arriba, en el Norte, miles de personas duermen sus miserias en la calle (igual que acá, aclararán otros) y las infancias deberán pagar caras las entradas y los paseos del universo Disney, una idea robada al Peronismo hace décadas. En el Mediterráneo, cientos y cientos de cadáveres de chicos y sus padres flotan en las aguas, mientras otros son rechazados sin más por los paises centrales.

Acá en el Sur, en Argentina, el servicio de Salud Pública es gratuito en los hospitales, igual que la Educación en sus tres niveles. De las universidades públicas creadas a lo largo y ancho del país durante los gobiernos populares del peronismo, decenas de jóvenes son primera generación de profesionales de sus respectivas familias.

Somnoliento aún, sueño despierto que Walt Disney abandona por fin su gélido sueño, en el mismo corazón de los Estudios Universal en Orlando. Desprevenido, ve el féretro y los ornamentos de Evita personificada por Madona y, creido que está en el Purgatorio, le implora a Evita, nuestra querida y verdadera Evita, la venerada, por haberle robado de forma descarada la Ciudad de los Niños, sin  entender los principios de la Justicia Social, que hoy pregona y defiende el papa Francisco.

Logro despertarme. Un loco temible empuña una motosierra sin cadena y amenaza con exterminar el Estado y una supuesta «casta» política. Convertido en Jacker, estimula con su discurso a la multitud que lo puede convertir en presidente. Un negador de la historia y el genocidio reciente, que amenaza con aplicar recetas que nos devolverán miseria y destrucción. Pide que lo llamen Guazón y piuede convertir a nuestra Patria en Ciudad Gótica. 

Mientras, desde otra tribuna, una empleada del imperio, ávida de poder, amenaza con el exterminio del Kirchnerismo, de los pobres que sobreviven con los planes sociales y todo aquello que de popular tenga, como los medicamentos gratis y los viajes de turismo.

 Rememoro nuestras fechas «gloriosas», las marchas de las Madres, los festejos del Bicentenario, la recuperación de la ESMA y Néstor pidiendo perdón por los crímenes de Estado; los juicios en los que se condenó a los genocidas y la plaza del último día de Cristina. Pienso en lo que nos queda por hacer. Teresa clama porque nunca dejemos de militar. Sergio Massa hace uso del poder del Estado y devuelve el IVA a los laburantes. Se ilusiona con que el Pueblo lo acompañe. Recuerdo un viejo grafitti de los años 70 en los pagos de Alfonsín, pintado en una pared de la curva del tren: «Chascomús es radical». Un compañero le aclaró debajo­: «pero la Patria es peronista».