Edición n° 2744 . 27/05/2024

¿Qué industria habrá en 2024?

( Por Raúl Dellatorre/ Ppagina 12/ motor Económico) Sergio Massa, ministro y precandidato, recorre fábricas industriales. Mantiene largas, distendidas charlas, con empresarios pymes y con trabajadores de planta. Hace allí lo que mejor sabe hacer, dicen los que lo conocen: conversar. Pregunta mucho: sobre el origen de la empresa, la historia de sus dueños, su relación con los empleados, la historia de éstos, su origen, cuánto tiempo llevan en la empresa. Los que conversan con él lo notan interesado: no es poco. «Es ministro, y se quedó como dos horas en la fábrica», dijo uno de los que participó de la recorrida de este viernes por una textil de Soldati. 

Sí, dos horas y en el día que debe haber sido el más difícil en su relación con el Fondo Monetario. El día en el que se esperaba el anuncio de un acuerdo y no ocurrió. El día en que se lo suponía conectado con sus negociadores en Washington minuto a minuto. Pero se dio tiempo para otra cosa. Para escuchar, de modo directo de empresarios y trabajadores, cuáles son los problemas que atraviesa la actividad industrial de los que no son grupos concentrados, y cómo la pérdida del poder adquisitivo de la población empieza a impactar en la economía, aunque las estadísticas aún no lo reflejen.

Empresarios y trabajadores del sector industrial sufrieron una época peor y temen que vuelva. Al menos, los que tienen memoria. Pero sienten que no tuvieron las respuestas esperadas con el actual gobierno. Y les preocupa que tampoco se resuelvan los problemas pendientes. Lo expresan y reclaman. 

El sector textil suele ser tomado como un termómetro de la fiebre que anticipa la enfermedad. «Lo esencial del presupuesto familiar es alimentarse y vestirse, y cuando la plata empieza a escasear incluso para gastos esenciales, se deja de comprar ropa», definen. Y es lo que está pasando, señalan. Empezaron a flaquear las ventas de prendas de vestir «en el mostrador», le cuentan al ministro y precandidato. El poder adquisitivo se resiente, y eso se nota. 

Los industriales textiles medianos, que sufrieron el macrismo en carne propia, reconocen los esfuerzos del actual gobierno por protegerlos, incluso en pandemia. Pero hoy tienen problemas de insumos y de ventas. «Faltan dólares», señala Massa, pero el 2024 será diferente, agrega. ¿Y cuando haya dólares, para quién serán? ¿Para la producción o para la timba financiera? Quizás la respuesta está en las elecciones. Pero no todos se hacen esa misma pregunta.

Conociendo el dólar celeste

Un industrial pequeño o mediano, que necesita importar habitualmente materia prima que no se produce en el país, quizás no tenga problemas para conseguir la autorización, el SIRA, el documento con el cual tramita la importación. La preocupación mayor se la provoca el pago de esa importación. 

El SIRA autoriza la importación y, a su vez, la compra de las divisas a precio oficial en el Banco Central. El trámite de obtención del SIRA para los importadores habituales de materias primas puede no ser engorroso, no demorar más de 15 días en obtenerse.  Lo que es más complicado –muchas veces, imposible– es conseguir un banco que financie la importación hasta el momento de obtener los dólares del Banco Central, siendo una empresa pyme.

Porque si la compra se hace, por ejemplo, a China, es casi seguro que el vendedor del país asiático exija el pago anticipado de la mercadería. Es decir, obtenido el SIRA, se debe hacer el depósito (en divisas) por la compra. A partir del pago, se inicia el trámite para el embarque del producto adquirido y su traslado hasta un puerto argentino. 

Pueden pasar 60 días entre el pago de la compra y su arribo a puerto argentino. Pero el gobierno autoriza la venta de los dólares al importador, a los 60 ó 90 días del momento de nacionalización (declaración de ingreso al país) del producto importado. Es decir, entre la autorización del SIRA y el momento en el que el importador compra los dólares (que ya pagó anticipadamente al exportador de China) pueden pasar 150 días. ¿Cómo financia el pyme importador de materias primas la operación?

«Si es a través de un banco, el crédito es en dólares y a una tasa anual del 20 por ciento; pero si no accedés a crédito bancario, tenés que buscar otra alternativa que siempre es mucho más cara», responde a la consulta un importador habitual de materias primas.

¿Y cómo calcula el costo de lo que produce, si compró la mercadería el día 1 en dólares, pero esos dólares los tendrá que comprar al BCRA 150 días después a la cotización que tenga ese día? 

La respuesta: «aunque asumas el riesgo cambiario, y presumas que no va a haber un salto brutal en el dólar en el camino, tenés que sumar por lo menos el costo financiero de la operación. Entonces, cuando dicen que los empresarios nacionales trabajamos con un «dólar celeste», porque el central nos vende al dólar oficial pero nosotros cargamos a costos un dólar más alto, una especie de mezcla de oficial y «blue», la verdad es que el dólar más alto surge de un costo financiero, que es siempre muy alto».

Massa recibió en su visita una explicación directa de otro problema sistémico de la economía argentina: un sistema financiero que no financia. Uno de los pliegues de la ineficiencia que no siempre se ve. 

Recuerdos del Plan Australia

Todavía en el sector industrial se recuerda lo que representó «el programa de modernización económica» impulsado por el macrismo, que significó la destrucción de muchas pymes y la pérdida de miles de puestos de trabajo en el sector manufacturero. 

Básicamente, se trataba de un plan que pretendía «modelar el sector industrial», haciendo una selección salvaje en la que solamente deberían sobrevivir los sectores «eficientes», «competitivos» o «viables». Entraban dentro de esta definición los rubros agroindustriales y de minería básica, incluído el petrolero. Es decir, los extractivistas. 

Otros rubros masivos, como textiles o metalmecánica, directamente figuraban en la lista de «inviables», condenados a desaparecer. Mientras que el plan reconocía algunos rubros intermedios, como la industria automotriz, a los que consideraba «presuntamente viables» si atravesaban por una transformación que elevara su eficiencia a escalas internacionales. 

Un documento que describía detalladamente el proceso circulaba en los años del gobierno de Mauricio Macri por despachos oficiales, aunque nunca se hizo público. Se titulaba Plan Australia, porque supuestamente tomaba el modelo de industrialización de ese país oceánico. Pero mal copiado, por lo pronto. Además, se describía a un proceso de desarrollo industrial que tomó 25 años, y aquí se lo quería hacer en cuatro años.

La misma calificación de los sectores de la industria como «viables» o «inviables» dejaba entrever la torpeza de la propuesta, cuyo principal animador (decir «impulsor» sería exagerado) fue el primer secretario de Industria del gobierno de Macri: Francisco «Pancho» Cabrera. El documento en cuestión iba mucho más allá: definía la secuencia con la cual los sectores considerados «inviables» debían ir desapareciendo y siendo reemplazados por la importación. 

Por ejemplo, en la industria textil, las actividades relativas a la producción de insumos más básicos («primeros insumos o materias primas» en la cadena de producción) eran los que debían desaparecer primero. Al ser reemplazados por insumos o materias primas importadas, iban a provocar un «abaratamiento» de costos. El segundo sector en desaparecer debía ser el que o los que ocuparan el segundo eslabón en la cadena. La destrucción industrial era sinónimo de progreso. 

Este «modelo de transformación industrial» nunca fue explicitado por el gobierno de Cambiemos, pero tuvo diversas manifestaciones que permitieron conocer su existencia. Públicamente, el gobierno siempre negó el programa, pero hay testimonios sobre exposiciones hechas por funcionarios del macrismo en cenáculos cerrados, y hasta propuestas recibidas por empresarios e intendentes, por ejemplo préstamos subsidiados para que «liquidaran las plantas», pagaran las indemnizaciones del personal despedido y abandonaran la actividad. 

El recuerdo es más amargo, aun, cuando los empresarios de buena memoria piensan que quienes intentaron ejecutar este programa podrían volver al gobierno a fin de año.