Aunque el escenario armado se localiza en el golfo Pérsico, sus efectos impactan a economías tan distantes como las de Japón, la India o los países nórdicos.
La escalada de hostilidades en Oriente Medio tras la agresión de Estados Unidos e Israel contra Irán ha dejado de ser un asunto regional. En poco tiempo, el ‘shock’ se ha trasladado a la economía cotidiana de países situados a miles de kilómetros, traduciéndose en subidas de los precios del combustible, tensiones en las cadenas de suministro, cancelaciones de vuelos y un nuevo impulso a la inflación importada.

Japón
En Japón, dependiente de las importaciones, la crisis en Oriente Medio ha exacerbado la vulnerabilidad energética. El precio de la gasolina ya ha subido un 18 % desde la semana pasada, alcanzando su nivel más alto desde 1990, a 190,8 yenes por litro (1,20 dólares), recoge Bloomberg.
El combustible más caro aumenta el coste de vida, elevando el gasto de movilidad y presionando el presupuesto doméstico. Encarece también la logística, al subir el coste de distribución interna por carretera y, por lo tanto, el de servicios y mercancías.
India
En la India, el impacto del conflicto armado va más allá del precio: se ha convertido en una disrupción operativa para sectores que dependen del gas licuado, especialmente la hostelería.
Miles de hoteles, restaurantes, hogares e incluso puestos de té en la carretera por todo el país se han visto obligados a recurrir a combustibles alternativos como leña y carbón y migrar a cocinas diésel para sostener la actividad y poder cocinar, reporta The Times of India.
Nueva Zelanda
Nueva Zelanda es otro destino inesperado que está sintiendo el ‘shock’ económico a raíz del conflicto en Oriente Medio, dada su dependencia de importaciones y logística. En los últimos 2 días, los precios de la gasolina subieron 10 centavos por litro, con algunas gasolineras agotando sus reservas ante la incrementada demanda, reporta The New Zealand Herald.
La gasolina sin plomo 91 superó los 3,1 dólares neozelandeses por litro (1,81 dólares estadounidenses), un aumento del 20 % en los últimos 28 días. Hace 15 días, el precio promedio era de 2,49 dólares neozelandeses por litro (1,45 dólares). El diésel, entretanto, subió a 2,80 dólares neozelandeses (1,63 dólares), un incremento de 93,2 centavos en el mismo período.
El encarecimiento del petróleo, además, obligó a la aerolínea local Air New Zealand a tomar la misma decisión que las principales aerolíneas indias: aumentar las tarifas aéreas ante el alza del precio del combustible.
Escandinavia
En los países escandinavos, la aviación ha actuado como termómetro inmediato del aumento de costes. La aerolínea SAS, de bandera conjunta de Dinamarca, Noruega y Suecia, anunció esta semana la cancelación de más de 100 vuelos desde los aeropuertos noruegos de Bergen, Oslo, Trondheim y Stavanger por el rápido aumento de los precios del combustible.
Se esperan más cancelaciones de vuelos después de la Semana Santa. La responsable de comunicaciones de SAS confesó a los medios locales que la crisis del combustible «es catastrófica» para la aerolínea.
Cuando la distancia no protege del ‘shock’
Aunque los ejemplos del impacto de la crisis en Oriente Medio proceden de regiones diferentes, el patrón es el mismo y la distancia no protege cuando el ‘shock’ afecta a la infraestructura económica global. Primero sube el coste de la energía, luego sube el coste de mover mercancías y personas, y finalmente el golpe se refleja en los precios y la vida cotidiana de la población.
El mecanismo es tan simple como implacable. Cuando los mercados perciben mayor riesgo de interrupciones energéticas o logísticas asociadas a Oriente Medio, donde el estrecho de Ormuz permanece bloqueado, impidiendo el tránsito de petróleo y gas, aparece además una ‘prima de riesgo’ que encarece el petróleo y, por extensión, los combustibles refinados, como la gasolina, diésel y queroseno.

La energía más cara, a su vez, se convierte en inflación importada. Si los gobiernos reaccionan con ayudas, crece la presión fiscal, y si los bancos centrales reaccionan endureciendo condiciones, puede enfriarse el crecimiento económico.
Si la actual escalada continúa, es probable que el impacto se extienda con más fuerza a cadenas de suministro, precios de alimentos —por incrementados costes de transporte y fertilizantes—, tarifas de transporte y, en general, a la inflación. En otras palabras: aunque los misiles no caigan en el territorio de los países alejados del foco de tensiones, el conflicto termina apareciendo en sus facturas.