Edición n° 2762 . 14/06/2024

Pionera y luchadora: quién fue Cecilia Grierson, la médica que va a estar en el billete de 2000 junto a Ramón Carrillo

Fue la primera médica en nuestro país pero nunca tuvo la oportunidad de ser jefa de sala, directora, médica escolar o profesora de la universidad. Creó la Escuela de Enfermeras del Círculo Médico Argentino, la primera en América Latina, y fue pionera con estudios en kinesiología. Historia de una sufragista que siempre luchó a favor de los derechos de las mujeres.

Por: Valeria Edelsztein@ValeArvejita

En agosto de 1894 se abrió un concurso de profesores en la cátedra de Obstetricia para parteras de la Facultad de Medicina. Con 35 años, Cecilia se presentó, pero al concurso lo declararon desierto. “Fue únicamente a causa de mi condición de mujer que el jurado dio en este concurso de competencia por examen, un extraño y único fallo: no conceder la cátedra ni a mí ni a mi competidor”, declaró tiempo después.

La mujer que tuvo la audacia de ser la primera en obtener el título de médica en nuestro país nunca tuvo la oportunidad de ser jefa de sala, directora de algún hospital, médica escolar o profesora de la universidad. Eran cargos a los que ellas no podían aspirar.

Cecilia Grierson fue la primera médica de la Argentina y, según algunos registros, de toda Latinoamérica. Esta es la historia de una referente en la lucha por los derechos de las mujeres, que sufrió su falta en carne propia. Aquí la historia de la mujer elegida para ser homenajeada en el nuevo billete de $2.000.

Cecilia Grierson, una vida de servicio

Cecilia nació en 1859 en Buenos Aires y vivió su primera infancia en las estancias de su padre, en Entre Ríos, donde se dedicó a ser maestra rural. A sus 15 años viajó a Buenos Aires para estudiar el magisterio y se graduó de maestra primaria en 1878. Domingo Faustino Sarmiento, por entonces director de Escuelas, le dio su primer puesto al frente de un grado.

Siempre había pensado que su vida profesional estaría ligada a la docencia. Sin embargo, el rumbo de su vida cambiaría trágicamente. Amelia Kenig, su mejor amiga, moriría a raíz de una enfermedad respiratoria crónica luego de una larga convalecencia. Motivada por el deseo de luchar contra la enfermedad y el dolor, Cecilia decidió entonces estudiar medicina.

En la Buenos Aires del siglo XIX esa carrera estaba reservada para los varones. Aunque ninguna regla escrita prohibía el ingreso de las mujeres, estaban implícitamente excluidas de la posibilidad de ser médicas. Sin embargo, Cecilia tenía un antecedente: Élida Passo. Élida había logrado ingresar a la universidad y recibió su título de farmacéutica en 1885, convirtiéndose en la primera mujer argentina en egresar de una carrera universitaria. Luego de un enorme esfuerzo, Cecilia consiguió un “permiso especial” y logró ingresar a la Facultad de Medicina en 1883.

A principios de 1886, la ciudad de Buenos Aires fue azotada por la tercera epidemia de cólera del siglo. Se improvisaron lugares de atención y refugios para personas enfermas. Uno de ellos fue la Casa de Aislamiento (actual Hospital Muñiz), donde Cecilia trabajó como ayudante. Esta experiencia la llevó a pensar en formar enfermeras. Mientras cursaba quinto año y luchaba contra los prejuicios, creó la Escuela de Enfermeras del Círculo Médico Argentino, la primera en América Latina, que dirigió hasta 1913.

El 2 de julio de 1889, Cecilia se convirtió en la primera médica argentina. Su especialidad: cirugía. Sin embargo, nunca pudo conseguir trabajo como tal. La excusa era que nadie confiaría en mujeres cirujanas. Por eso, apenas recibida, se incorporó al Hospital San Roque (luego Hospital Ramos Mejía) y se inclinó por ginecología y obstetricia. En 1891, fue una de las fundadoras de la Asociación Médica Argentina y, un año después, fundó la Sociedad Argentina de Primeros Auxilios.

Gracias a su iniciativa y perseverancia logró que se abrieran salas de primeros auxilios en varios pueblos, colaboró con la realización de la primera cesárea en el país y creó la Revista Obstétrica para ayudar en la formación de las parteras. Escribió muchas publicaciones sobre primeros auxilios y el libro Masaje práctico, publicado en 1897, que se convirtió en la base de la kinesiología argentina. Pese a que nunca consiguió un cargo de profesora universitaria, dio clases por otras vías.

Además de su trabajo en el mundo de la salud, Cecilia luchó a favor de los derechos de las mujeres. Fue sufragista, integró movimientos feministas y fue pionera en su trabajo para mejorar la situación civil, económica, social y política de las mujeres argentinas. También fue pintora y escultora.

En sus últimos años recaló en Los Cocos, Córdoba. Aun en la pobreza, donó parte de sus propiedades para construir una escuela (la N°189, que actualmente lleva su nombre) y una casa para artistas en esa localidad. Murió el 10 de abril de 1934.

Al año siguiente, en su homenaje, se le dio su nombre a la Escuela de Enfermería de la Ciudad de Buenos Aires, y en 1967 se editó una estampilla con su nombre. Además, tanto en CABA como en Córdoba hay calles que la recuerdan. El reconocimiento llegó tarde para ella, pero justo a tiempo para que la conozcamos y rescatemos del injusto olvido en el que la había enterrado la historia oficial.