Edición n° 2796 . 18/07/2024

Paro de 72 horas de la UOM: la lucha de los metalúrgicos es la lucha de todos

  • Si permitimos que los trabajadores asalariados registrados del principal conglomerado industrial argentino cobren sueldos por debajo de la línea de ¡indigencia! o de pobreza, estamos avalando el empobrecimiento permanente de las mayorías populares argentinas.

( Por Juan Grabois ) Los trabajadores de la Unión Obrera Metalúrgica conducida por el compañero Abel Furlán han iniciado un plan de lucha para lograr una recomposición salarial que permita recuperar el poder adquisitivo perdido a causa de la megadevaluación de Milei. Este 19 de marzo comenzó un paro total de actividades por 72 horas en todas las empresas siderúrgicas del país. Las negociaciones están abiertas. 

La contraparte de Abel es el señor Paolo Rocca, principal empresario del ramo, dueño del conglomerado industrial más importante de la Argentina. Rocca es tal vez el más conspicuo representante de la alta burguesía nacional. El Grupo Techint es la principal productora mundial en caños sin costura y líder en muchas otras actividades. 

El desarrollo industrial autónomo en un país dependiente siempre es una buena noticia. Valor agregado, sustitución de importaciones, capacidad exportadora, empleo de calidad.  En el caso del Grupo Techint éstos méritos se oscurecen con las prácticas de la empresa –que tiene el 100% del mercado de chapas y otros elementos de construcción– y aprovecha su posición monopólica para fijar precios que encarecen la construcción y una gran cantidad de cadenas industriales.

La ambición desmedida y la falta de visión nacional, la costumbre del ventajismo político y el contubernio con el poder, terminan poniendo del lado equivocado de la historia a quienes deberían ser un factor de desarrollo armónico para el país. Qué distinto sería todo si nuestra burguesía nacional comprendiera que no van a ser pobres pagando salarios dignos, aplicando una política de precios justos, pagando los impuestos y cuidando el ambiente. He aquí una batalla cultural que dar. 

Lamentablemente, hoy Paolo Rocca es al sector privado lo que Milei al sector público: el hombre de la guadaña, el responsable de la reducción de costos y la confiscación de la única propiedad de quienes no tienen otro capital que su trabajo: el salario. Rocca realiza esta operación expropiatoria por dos vías: los salarios de sus trabajadores y el salario del resto de las personas que construyen sus viviendas o consumen productos encarecidos por los abusos de precios. 

“El grupo empresario se niega a reconocer una recuperación del salario que ha sido pulverizado por la inflación, y propone solo el 62%, y al mes de marzo sigue pagando salarios a valores de noviembre. Estamos reclamando por el derecho más elemental en una relación laboral, que es el salario justo. Hoy Ternium y Tenaris están pagando salarios de $300.000 pesos a la categoría mínima, mientras la canasta básica alimentaria para una familia se ubicó en febrero en los $700.000”, señala Abel Furlan. 

Estos números tienen impacto en la vida material y la salud mental de los trabajadores y sus familias, que en estos momentos padecen una angustia enorme por las privaciones, la imposibilidad de pagar el alquiler, la cuota del cole e incluso la comida. 

“Hoy un trabajador que alquila, que son la mayoría, tiene que decidir si come o paga el alquiler. Ni hablar si en la familia se paga cuota del colegio, salud prepaga o alguien necesita medicamentos. Lo que es realmente incomprensible es la falta de solidaridad y empatía de quienes han ganado mucho los últimos años, están ganando mucho en la actualidad y seguirán haciéndolo. Por eso, vamos a luchar por quienes hoy trabajan todo el mes, pero apenas pueden cubrir 10 días el plato de comida”, afrima Furlán. 

Desde luego, bajos sueldos y altos precios para una empresa que vende un bien indispensable en forma monopólica arroja enormes ganancias. Dice con razón Furlán que han ganado mucho: durante el año 2023 tres de las principales empresas del Grupo Techint (Siderca, Siderar y Acindar) obtuvieron beneficios por $600.000 millones después de impuestos. 

Sin embargo, los salarios de sus trabajadores han ido cayendo en picada, llegando hoy a cifras intolerables. El salario inicial de los “tercerizados” del Grupo Techint ronda los $300.000; para los que tienen el privilegio de estar en plantilla, el salario inicial es de $500.000. En el primer caso, el trabajador está bajo la línea de indigencia para familia tipo que es de $322.851 en el segundo, debajo de la línea de pobreza: la Canasta Básica para un grupo familiar tipo es de $690.902 (febrero)

Si permitimos que los trabajadores asalariados registrados del principal conglomerado industrial argentino, una multinacional con filiales en más de 20 países y ganancias millonarias en el país, cobren sueldos por debajo de la línea de ¡indigencia! o de pobreza, estamos avalando el empobrecimiento permanente de las mayorías populares argentinas. Es la famosa “nivelación hacia abajo” que degrada al conjunto. 

Esto tiene además un impacto cultural terrible. Si la industria de frontera con sus altas exigencias laborales tiene salarios de hambre, sus obreros pueden caer en la tentación de descargar su frustración en los más pobres y reproducir la lógica de acusar a los “vagos mantenidos por el Estado” de sus penurias mientras los grandes empresarios se mueren de risa. 

Este mecanismo ha sido aplicado a sabiendas por los sectores de poder económico para que sus empleados se quejen de los escasos derechos que el Estado reconoce a los trabajadores no-asalariados (salario social complementario) en vez de reclamar el reconocimiento de su derecho al salario digno a los empleadores ricos. 

Lo que buscan los titiriteros de la miseria es que el obrero metalúrgico vea como el problema que trabajadores de la economía popular reclamen que una cooperativista del reciclado pueda superar la línea de indigencia a partir de un ingreso de $322.851 subsidiado en cierta medida por el Estado y no vea como el problema que su empleador megamillonario le pague menos que eso. 

En Techint los salarios están estancados desde noviembre de 2023 y la empresa se niega a otorgar aumentos acordes con la inflación del 70% en la Canasta Básica durante el mismo periodo (12,8% noviembre, 25,5% diciembre, 20,6% enero, 13,2% febrero).  La Unión Obrera Metalúrgica reclama una recomposición y denuncia además los incrementos leoninos de precios que contrastan con la mezquindad salarial de la empresa.

Fuente: Afip
Fuente: Afip
Fuente: Afip

Más allá de la llamada ley ómnibus y el DNU ilegal e ilegítimo, el punto nodal del plan económico del gobierno de Milei es la destrucción del salario argentino en pesos por vía de la inflación, la dolarización de la economía y su estabilización con salarios medios de 300 dólares, acoplando el “costo laboral” con Bolivia, Paraguay y Perú que históricamente tuvieron salarios mucho más bajos que nuestro país. Se busca la latinoamericanización del salario argentino y la africanización del salario latinoamericano. Esto tiene graves consecuencias en términos de paz y estabilidad social. Una economía así mata. Una economía así divide al pueblo. Una economía así es una invitación al narcotráfico.

Para lograr su cometido, el Gobierno requiere el ajuste del salario indirecto que percibe el conjunto de la clase trabajadora a través de los sistemas públicos o subsidiados de salud, educación, vivienda, servicios, transporte, previsión social, etc; del salario social complementario que perciben los trabajadores informales organizados a través de la transferencia directa conforme a la ley 27345, el salario directo que perciben los asalariados registrados de sus empleadores y los cuentapropistas de sus clientes, el salario jubilatorio que perciben los trabajadores jubilados. Como dijimos, la vía principal es la inflación, aunque los recortes a secas están a la orden del día. 

El conjunto de salario directo, indirecto, social y jubilatorio constituye la “masa salarial”. La distribución primaria de la riqueza social se expresa en qué porcentaje del PBI es la masa salarial. Todos los trabajadores y el pueblo sencillo tenemos la obligación de luchar para que esta distribución primaria sea favorable a las mayorías. Esto implica defender el salario de todos y cada uno de los trabajadores. También deberemos discutir hacia adentro la distribución secundaria -es decir, como se reparte la masa salarial al interior de la clase trabajadora- si no queremos profundizar la dualidad que ya existe entre los trabajadores de distintas actividades, categorías y modalidades laborales, haciéndole el caldo gordo a los que predican el divide y triunfarás.  

Si defendemos el salario, defendemos la moneda nacional. Si defendemos la moneda nacional, defendemos la patria. 

Como afirma la UOM, vamos a luchar por quienes hoy trabajan todo el mes, pero apenas pueden cubrir 10 días el plato de comida, sean metalúrgicos, camareros, cocineras comunitarias o cartoneros.

JG/DTC