Edición n° 2735 . 18/05/2024

«No sabemos qué sorpresas nos deparará el pasado» (Pascal Quignard)

( Ana Monsell*) Sumergidos en lo vertiginoso, el presente es todo, la inmediatez es la norma. La búsqueda de satisfacción de necesidades se teje con la rapidez y eficiencia del ahora. La singularidad y el individualismo se erigen como pilares fundamentales. 

Y el tiempo, que el reloj no puede apresar, genera la percepción de movimientos, transcurre sin detención en una dimensión imaginaria de desacomodación respecto del tiempo cronológico. Un tiempo en donde no tener historia parece ser el capital político de actores como Milei.

¿Cómo pasamos de intentar minimizar y justificar la tentativa de homicidio a Cristina Kirchner diciendo que el perpetrador era un loco suelto, a romantizar la idea de la locura sosteniendo que Milei sería un loco que si tiene éxito se convierte en un genio?

¿Qué paso con la memoria, la historia y el tiempo que, aunque fugaz, permite que más allá del esfuerzo por negar historia aparecen y se signifique de otra manera?

Puede haber historia sin memoria, aunque no hay memoria sin historia.

Aunque vivamos en una época en donde algunos valoran la inmediatez y niegan el pasado, incluso aprecian su ausencia, siempre hay elementos que emergen en el presente y se reinterpretan en función de perspectivas futuras.

Vivir en «el país de no me acuerdo” inexorablemente conduce a dar un paso hacia el desconcierto y perderse. En el lugar de este desencuentro, la memoria y el pasado, a pesar de nuestros esfuerzos por suprimirlos, siempre logran hacerse presentes y moldear nuestra visión del futuro.

Argentina ha atravesado periodos de turbulencia política y social en su historia. La memoria colectiva de estos eventos ha influido en la identidad del país y en la forma en que se abordan los temas políticos y sociales en la actualidad.

El discurso político juega un papel importante en la construcción de la narrativa histórica en la forma en que se comprende los acontecimientos pasados.  Y aunque se quiera recurrir a la retórica que busca influir en la memoria colectiva y percepción del tiempo histórico, aunque se quiera negar, la memoria siempre ocupara un privilegiado y valioso lugar que puede anticipar y prevenir el sufrimiento y la tragedia.

Resignificar la historia es algo que siempre sucede invariablemente y para ello no hay negación que valga.

Ana Monsell */ Psicóloga e Integrante de Proyección Consultores