Edición n° 2747 . 30/05/2024

Naomi Klein: «La derecha neofascista tiene una explicación del mundo que conecta con la gente»

Javier del Pino conversa con la periodista, escritora y activista canadiense sobre cómo el COVID, las tecnologías y el auge del fascismo nos está cambiando

Washington/Vancouver/ Nos atiende desde Vancouver. Naomi Klein es una de las voces más influyentes en la crítica a la política internacional, al capitalismo, globalización y cambio climático. Acaba de publicar su noveno libro: “Doppelganger. Un viaje al mundo del espejo ” (Ed. Paidós) una reflexión a raíz de la continua confusión en redes de su nombre con el de otra persona que se llamaba igual pero con una ideología antagónica. Naomi se ha preguntado si somos realmente quiénes somos o quienes tecnológicas y élites nos convencen de ser,

Algunas de esas reflexiones:

Tengo la sensación de que vivimos en unos tiempos en que quienes tenemos un perfil público en internet mantenemos una relación extraña con el avatar que nos representa ante el resto del mundo. Porque creamos una versión idealizada de nosotros mismos que cuidamos, que pulimos, que intentamos que sea la correcta… Pero también sabemos que eso que hemos creado, que es una especie de marca a través de la cual nos perciben los demás, no somos realmente nosotros”

“Creo que ya nos parecemos, sinceramente. Creo que nuestro cerebro se está reprogramando por ciertos estímulos. Las tecnologías nos han entrenado, nos guste o no, para pensar de maneras concretas, para pensar con una serie de eslóganes que encajan en una serie de categorías que generan un cierto tipo de atención. A menudo, cuando nos vemos confrontados con realidades que nos resultan problemáticas, en cuestión de un milisegundo pensamos «Vale, ¿qué voy a decir al respecto?» y «¿Cómo me van a percibir los demás con esa reacción?» en vez de sencillamente reaccionar a algo que quizá es bonito o quizá horrible. Inmediatamente lanzamos nuestra reacción”

Aunque las teorías de la conspiración no son nada nuevo, sí lo es la capacidad de convertirlas en un modelo de negocio de manera muy descentralizada: cualquiera que se maneje especialmente bien con los algoritmos puede ponerse a ganar dinero de la noche a la mañana. Y hubo muchos emprendedores del COVID que supieron hacerlo muy bien”

“La cultura de la conspiración suele interpretar mal los hechos, pero las sensaciones son acertadas. Con esto me refiero a que siempre apelan a algo que es real, que es cierto. Por ejemplo, tenemos razones para sospechar de las empresas tecnológicas o farmacéuticas que se lucraron con la pandemia. Tenemos muchos motivos para preocuparnos por la vigilancia, la pérdida de privacidad. Así que lo que hicieron muchas de las teorías de la conspiración durante el periodo de pandemia fue proyectar todos esos miedos reales, legítimos, sobre las vacunas. Por ejemplo, afirmando que Bill Gates nos estaba insertando un dispositivo de seguimiento con la vacuna, o que las apps de vacunación en realidad se habían creado porque el gobierno quería saber dónde estábamos, con quién estábamos y qué decíamos. Y no era verdad, pero lo que sí es verdad es que nuestros gobiernos recopilan demasiada información sobre todos nosotros, que las tecnológicas recopilan demasiada información sobre todos nosotros. Así que es una mezcla de preocupaciones legítimas, miedos reales, la sensación de que los más ricos se crean sus propias reglas y se salen con la suya… y unas pinceladas de fantasía”

“Por absurdo o frívolo que parezca, muchas de estas teorías de la conspiración están mezcladas con una agenda manifiestamente fascista. Y aunque empiezan sospechando, quizá legítimamente, de las grandes empresas, de los bancos, etc., muy rápidamente se convierten en «A quien debéis tener miedo es a los inmigrantes» o en una conspiración sobre los judíos. Y esto es algo que siempre ha hecho el fascismo. Así fue en los 30, así fue con Mussolini, así fue con Hitler. Cogieron el enfado que había con las grandes corporaciones y lo volcaron contra los más vulnerables”

“Creo que hay una izquierda que está renaciendo ahora mismo. En gran parte como respuesta a Gaza y al bombardeo de Israel. Hemos visto un resurgir de las protestas en las calles. Y evidentemente el problema es que el centroizquierda —bueno, me cuesta llamar centroizquierda al Partido Demócrata—, que el centro, que también gobierna en Canadá con Justin Trudeau, está brindando a Israel un apoyo incondicional en un genocidio. Yo lo considero un genocidio y creo que Sudáfrica tiene toda la razón. Así que, una vez más, la derecha va a terminar beneficiándose, aunque fue la misma derecha la que añadió leña al fuego y por eso estamos como estamos”

“Que una parte cometa crímenes de guerra no le da a la otra carta blanca para infringir todos y cada uno de los códigos internacionales que tenemos. Estamos ante un fenómeno en el que la gente habla, pero no escucha”