Edición n° 2742 . 25/05/2024

Murió Enrique Dussel, el padre de la «Filosofía de la liberación»

Por Silvina Friera

El filósofo mendocino, que se exilió en México en 1975, promovió la descolonización epistemológica. «El capitalismo no tiene freno; el aumento en la tasa de ganancia es infinito, además los que acumulan capital nunca estarán saciados», planteó.

El hombre que luchó contra el modo en que la filosofía se ha pensado a sí misma, replicando un modelo de dominación en donde lo oprimido es negado y excluido, murió en la ciudad de México a los 88 años. Enrique Dussel, filósofo, historiador y teólogo infatigable en su descomunal trabajo crítico para confrontar el discurso eurocentrista, fue el iniciador de lo que él mismo denominó como “Filosofía de la liberación”un movimiento que cuestionó la pretensión de universalidad del pensamiento moderno europeo y promovió la descolonización epistemológica de la filosofía desde la periferia mundial. 

Autor de una obra voluminosa, en la que se destacan títulos como Hipótesis para el estudio de Latinoamérica en la historia universalFilosofía de la liberación, Hacia un Marx desconocido y Posmodernidad y transmodernidad, Dussel fue reconocido internacionalmente por sus estudios en el campo de la Ética, la Filosofía Política y el Pensamiento Latinoamericano.

La experiencia del sufrimiento

En la nochebuena de 1934 nació Dussel en La Paz, Mendoza, “un pueblo pobre” en el que “las chozas de los campesinos, paupérrimos, me dieron siempre la experiencia del sufrimiento, de la dificultad del pueblo”, recordaba. Después de una niñez descalzo y a caballo, ya en la ciudad de Mendoza, siguió una adolescencia y juventud que incluyó el compromiso político, social, cristiano e intelectual. Junto a otros estudiantes fundó la Federación Universitaria del Oeste y estuvo preso por huelgas que realizaron con otros dirigentes de los movimientos estudiantiles contra Perón en 1954. En la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo llegó a dominar el griego, el latín, el francés y el alemán. Por una beca viajó a Madrid, donde trabajó en su tesis “Problemática del bien común en el pensar griego de Aristóteles”. Su “período europeo” incluyó una escala en París; en Montmartre descubrió, de la mano del místico francés del siglo XIX Charles de Foucauld, que debía cambiar de rumbo y se dirigió a Israel.

En una cooperativa de Nazareth trabajó diez horas por día como carpintero “de tercera categoría”; con un obrero y sacerdote francés, Paul Gauthier, experimentó la necesidad de repensar y reconstruir la filosofía latinoamericana desarticulando el mito griego: “Para comprender la cultura del pueblo latinoamericano era necesario partir de Jerusalén más que de Atenas. Jerusalén hablaba de la dignidad del trabajo, de la posibilidad de la revolución de los pobres; Atenas hablaba de la dignidad de los nobles libres, de la imposibilidad de emancipación de los esclavos”. Cuando volvió de Europa escribió dos libros: El humanismo helénico y El humanismo semita

Si la filosofía griega se había ocupado principalmente de la problematización del ser, el pensamiento semita, en cambio, partía “desde la Nada como Realidad creadora, permitía afirmar el monismo de carnalidad antropológica, de donde la ética supone como perfección la entrega ético-política del profeta a favor del pueblo hasta la muerte, para servir a los pobres, en justicia”. Que la historia latinoamericana debía narrarse “desde abajo” coincidió con la necesitad de encontrar un lugar en la llamada “Historia Universal” para América Latina.

El oprimido clama justicia

Dussel fue el gran impulsor de la descolonización epistemológica en las academias de América Latina y el mundo. El propósito fue es y será “pensar más allá” de los filósofos endiosados como Heidegger y Habermas. A fines de los años sesenta, el filósofo peruano Augusto Salazar Bondy realizó una pregunta crucial: “¿Es posible una filosofía en América Latina? La respuesta fue que “no, porque somos colonia”. El mexicano Leopoldo Zea también negó esa posibilidad, pero con otra argumentación: “la filosofía es universal y siempre se practicó”. En este debate terció la Filosofía de la liberación, que se posicionó afirmando que siempre existió la filosofía latinoamericana, pero nunca fue reconocida mundialmente. “Empezar a pensar cómo librarnos de esta situación de periferia –para usar los términos de aquellos años de centro periferia de la teoría de la Dependencia- es empezar a pensar de otra manera”, planteaba el filósofo.

La lectura de Totalidad e infinito, de Emmanuel Levinas impactó profundamente en Dussel. Entonces esboza una Filosofía de la liberación consolidada como pensamiento y descubrimiento del hecho masivo de la dominación: “del constituirse una subjetividad como señor ante otra subjetividad como oprimida”. Levinás desarrolla extensamente la cuestión del Otro como alteridad radical que se pone de manifiesto en las figuras del extranjero, el huérfano, el pobre. Esta cuestión de la alteridad y la asimetría entre subjetividades nutrieron las propias hipótesis de Dussel: “el pobre, el dominado, el indio masacrado, el afroamericano esclavo, el asiático de la guerra del opio, el judío en los campos de concentración, la mujer objeto sexual, el niño bajo la manipulación ideológica (o la juventud, la cultura popular o el obrero creando plusvalor, etc.) no pueden partir simplemente de la estima de sí mismo. El oprimido, torturado, destruido en su corporalidad sufriente simplemente grita, clama justicia”.

El capitalismo no tiene freno

El 2 de octubre de 1973 estalló en la casa de Dussel una bomba de alto poder colocada por el “Comando Rucci” (el dirigente metalúrgico había sido asesinado una semana antes). “Yo ni era peronista, ni tampoco marxista (más bien, todavía, sólo hegeliano de izquierda, antihegeliano latinoamericano). Este hecho práctico -que a mis críticos no les interesa por tratarse de un acontecimiento anecdótico y personal- me parece que es un signo del sentido real e histórico de la Filosofía de la liberación”. 

En 1975 fue expulsado de la Universidad Nacional de Cuyo, cuando se desempeñaba como profesor titular de Ética de la Facultad de Filosofía. Entonces tuvo que exiliarse en México, donde enseñó en la Universidad Nacional Autónoma de México (fue profesor de ética y filosofía política); también fue profesor-investigador del departamento de Filosofía de la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa y además fue rector interino de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. En el exilio mexicano se abocó al estudio pormenorizado de la obra de Marx. De esa experiencia surgió un conjunto de textos sobre lo que Dussel llamó “un Marx desconocido”. El filósofo mendocino, nacionalizado mexicano, descubrió “una gran semejanza categorial fundamental del pensamiento de Marx con la Filosofía de la liberación, en especial en aquello de la exterioridad del pobre como origen del discurso”.

La crítica al eurocentrismo, según Dussel, permitiría que los europeos examinen el papel que cumplió Europa en la modernidad. “Ellos quieren ayudar a los países que fueron sus colonias y que hoy están en crisis, pero invierten el 1% y sacan el 99% en el intercambio desigual del capitalismo. La tasa de ganancia tiene que dejar de ser el criterio de racionalidad, tenemos que pasar a criterios cualitativos, a criterios tales como si las personas viven mejor”, reflexionaba el filósofo. “Esa ‘no conciencia’ de ser el sujeto de dominación junto a grandes descubrimientos tecnológicos de la modernidad que también tocan su límite ecológico, están liquidando a la humanidad. Por eso Walter Benjamin habla de la necesidad de usar el ‘freno de emergencia’, pero no hay freno, ni siquiera la tecnología lo ha descubierto porque el capitalismo no tiene freno; el aumento en la tasa de ganancia es infinito, además los que acumulan capital nunca estarán saciados”, agregaba Dussel, publicado en el país por Las Cuarenta. Esta editorial independiente, que tiene el monumental proyecto de editar la obra completa en cincuenta volúmenes, lanzó en 2018 En busca del sentido e Hipótesis para el Estudio de Latinoamérica en la Historia Universal.

Contra el “siniestro” Macri

En mayo de 2016, en uno de las almuerzos del show televisivo de Mirtha Legrand, el ecuatoriano Jaime Durán Barba, entonces asesor del presidente Mauricio Macri, reveló que en 1973 llegó a la Argentina para estudiar filosofía atraído por la obra de Dussel, a quien elogió como un “gran profesor”. El filósofo argentino envió unas líneas a Página/12 desde México. “He escuchado que Jaime Durán Barba ha hecho referencia a mi persona», escribió Dussel a este diario. «Quiero hacer público mi más profundo rechazo a que pueda usarse la filosofía que practico para sacar algún argumento en favor del gobierno del siniestro presidente argentino actual”. En el texto enviado a este diario también dejó una definición sobre Macri: “No solo le faltan escrúpulos y un poco de conciencia ética, sino que, como un cínico, guarda en paraísos fiscales para evadir impuestos millones de pesos sustraídos al pobre pueblo argentino, al que oprime con medidas injustas e insensibles no dignas de un gobernante aún mediocre”.

Cuando en 2012 recibió el Doctor Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires, Dussel dijo que quería ofrecer esta distinción a toda una generación expulsada de la Universidad Nacional de Cuyo en 1975; a profesores y discípulos suyos que fueron torturados y asesinados por la dictadura cívico militar. “Los que piensan que la filosofía no tiene significación política yo los llamaría mercenarios de los dominadores, son los filósofos políticos de la opresión”, los definió este pensador excepcional que siempre estuvo al servicio de las víctimas oprimidas por el sistema.

Fuente: Pagina 12