Edición n° 3561 . 22/08/2026
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«MP25M: un actor político que, nodo a nodo, crece desde abajo»


Durante más de setenta años, la representación del empresariado argentino tuvo una gramática fija. Las cámaras y confederaciones —la Unión Industrial, las federaciones regionales, los consejos profesionales— negociaban con el poder de turno tarifas, créditos, protección arancelaria o régimen impositivo, pero rara vez se planteaban disputar la centralidad pública. Eran, en el mejor de los casos, actores de lobby sectorial; en el peor, correas de transmisión de intereses parciales sin proyecto de país.

El Movimiento Productivo 25 de Mayo (MP25M) nace con una apuesta distinta: dejar de pedirle al poder político que las escuche para pasar a construir poder político propio desde el territorio productivo. No es una cámara empresaria más. Es, en su propia autodefinición, la construcción de una representación política que actúe de manera protagónica en el centro de la agenda pública, en alianza con los trabajadores organizados.

Producción, trabajo, soberanía: la matriz que ordena el discurso

El eje Producción-Trabajo-Soberanía no es un eslogan de campaña sino una estructura conceptual que atraviesa cada documento y cada intervención pública del MP25M. Producción, porque el diagnóstico de fondo es que la Argentina atraviesa un proceso de desindustrialización deliberada, no accidental: apertura indiscriminada de importaciones, caída del mercado interno y desmantelamiento de las políticas de ciencia y tecnología orientadas al desarrollo. Trabajo, porque el sujeto empresario que reivindican no se piensa enfrentado al trabajador sino asociado a él, la pyme y la cooperativa como generadoras de empleo con movilidad social ascendente, no como maximizadoras de rentabilidad a costa del salario. Soberanía, porque la lectura económica se completa con una lectura geopolítica: la defensa de la Ley de Tierras frente a la extranjerización del territorio, el rechazo a la subordinación de la política exterior a un solo socio comercial y la reivindicación de un desarrollo científico-tecnológico propio aparecen una y otra vez como parte del mismo paquete que la competitividad fabril.

Esa tríada no es original en la tradición del pensamiento nacional argentino, pero sí lo es su uso como plataforma de organización empresaria contemporánea. El MP25M la convierte en un test de pertenencia,  no alcanza con producir, hay que producir defendiendo trabajo y soberanía a la vez, y ese doble compromiso es lo que separa, en el discurso del movimiento, al empresariado tradicional, concentrado y financiarizado que, sostienen, encontró en el gobierno de Javier Milei un aliado natural.

De la función gremial a la acción política

El salto más audaz del MP25M es institucional antes que ideológico. Una gremial empresaria clásica agota su función en la representación de intereses sectoriales ante el Estado; el MP25M se define como un espacio que busca ocupar la centralidad de la agenda pública, lo cual implica un objetivo distinto: no administrar la relación con quien gobierna, sino disputar quién gobierna y con qué prioridades. Ese desplazamiento explica por qué el movimiento no se limita a emitir comunicados técnicos sobre régimen impositivo o financiamiento pyme, aunque también lo hace, sino que participa activamente de la discusión política partidaria, articula con el sindicalismo organizado y construye presencia territorial con vocación de escala nacional.

El comunicado difundido por el Día del Empresario Nacional, el 16 de agosto pasado en Lanús, es un ejemplo nítido de ese registro híbrido: bajo la consigna «luchar, vencer, caerse, levantarse», el MP25M denunció lo que calificó como un ataque destructivo del gobierno de Milei contra el empresariado pyme y cooperativo, acusándolo de liquidar el mercado interno, profundizar la desindustrialización y abandonar toda política de fortalecimiento científico-tecnológico. No es el lenguaje de una cámara empresaria pidiendo una prórroga impositiva. Es el lenguaje de un actor que se piensa a sí mismo como parte de una disputa de poder.

La construcción territorial: nodos y encuentros regionales

Esa construcción de abajo hacia arriba encontró su expresión más clara en los encuentros regionales, que funcionan como mojones de visibilidad y a la vez como espacios de articulación efectiva entre sectores. En Luján, el Encuentro Productivo Regional impulsado por el MP25M junto al intendente local, Leo Boto, se realizó en el Complejo Museográfico Provincial Enrique Udaondo y reunió a actores de distintos sectores con el objetivo de construir una hoja de ruta de desarrollo económico regional desde una perspectiva federal, con la participación del ministro de la Producción bonaerense, Javier Rodríguez. Rosario replicó ese formato semanas después, sumando otro nodo urbano de peso industrial a la agenda del movimiento. Y este sábado 22 de agosto, la región capital —La Plata y el Gran La Plata— es sede del Congreso de Producción, Trabajo y Soberanía, que convoca a pymes, agropymes, cooperativas, profesionales, trabajadores y organizaciones sociales para debatir propuestas de desarrollo productivo bonaerense.

El puente con el sindicalismo: la otra pata de la ecuación

Ningún proyecto que se autodefina bajo el binomio producción-trabajo puede sostenerse sin diálogo con las organizaciones sindicales, y el MP25M lo ha entendido desde temprano. Ya en 2024 el movimiento se sumó a la convocatoria de la CTA a movilizar junto a la UTEP en defensa de reivindicaciones de soberanía, trabajo, producción y justicia social. De cara al congreso platense, esa articulación se formalizó en reuniones concretas con la CGT y con las dos CTA, con el objetivo declarado de fortalecer el vínculo entre el sector productivo y el mundo del trabajo organizado, en un contexto que el propio movimiento describe como de preocupación compartida por el rumbo del país. Esa alianza es, a la vez, la principal fortaleza estratégica del espacio y su mayor desafío de sostenibilidad: construir una base social que incluya simultáneamente al empresario pyme, al cooperativista, al trabajador asalariado y al informal,  exige equilibrios permanentes entre agendas que no siempre coinciden en el corto plazo, aun cuando compartan el diagnóstico de fondo.

Los desafíos de un actor en construcción

El MP25M enfrenta, como todo espacio nuevo, la tensión entre el impulso fundacional y la institucionalización. Su cercanía con el Partido Justicialista y con intendencias del conurbano bonaerense le da tracción territorial inmediata, pero también expone al movimiento al riesgo de ser leído como un brazo sectorial más de una interna partidaria antes que como un actor productivo autónomo capaz de interpelar más allá de su propio campo político. La escala nacional que se propone —nodos en todo el país, encuentros regionales sucesivos, un objetivo declarado de incidencia en la agenda pública— todavía convive con una estructura predominantemente bonaerense, y el verdadero test de consolidación llegará cuando el movimiento logre trasladar ese modelo de articulación a provincias donde no cuenta con anclaje político previo.

Hay, sin embargo, algo genuinamente distinto en la propuesta: la decisión de politizar lo productivo en lugar de tecnocratizarlo. Frente a un gobierno que redujo la discusión económica a una disputa de variables monetarias y fiscales, el MP25M reintroduce preguntas que ese esquema prefiere no hacerse —quién produce, para quién, con qué grado de autonomía nacional— y las instala como cuestión política de primer orden, no como nota al pie de un informe sectorial. Que ese reingreso de lo productivo a la centralidad de la agenda logre sostenerse en el tiempo, y no se agote en la sucesión de actos y comunicados, es la pregunta que definirá si el Movimiento Productivo 25 de mayo termina siendo el germen de una nueva representación empresaria que sea el eje de un nuevo proyecto nacional.

AM

REDACCION DATA POLITICA Y  ECONOMICA