Edición n° 2650 . 23/02/2024

¿Modelo extractivista o soberanía alimentaria?

La intensa sequía golpeó drásticamente a las familias campesinas, pequeños productores, cooperativas, agricultores familiares y comunidades indígenas que se ubican a lo largo y a lo ancho del país Desde este espacio hemos denunciado también las consecuencias de un modelo agroalimentario extractivista y concentrado, que ha avanzado sobre la biodiversidad y las comunidades mientras especula con el precio de los alimentos. 

Además, mostramos el rostro, el trabajo y los alimentos que producimos en todos los territorios de nuestro país y hemos realizado intensas gestiones con propuestas para que frente a esta crisis el Estado reaccione con determinación y garantice la continuidad de los diferentes ciclos productivos y de los pequeños y medianos agricultores, campesinos y cooperativas, así como la disponibilidad de alimentos.

Paralelamente, insistimos con nuestras propuestas legislativas para transformar las políticas agroalimentarias estructurales y avanzar hacia la Soberanía Alimentaria: Ley de Arrendamientos Rurales, Ley de Acceso a la Tierra, Ley de Financiamiento Cooperativo y de la Transición Agroecológica, Ley de Protección y Fortalecimiento de las Áreas Campesinas y Ley de Segmentación de las Políticas Impositivas Agrarias.

Sin embargo, las respuestas siguen sin llegar a nuestro sector. Ni las necesarias para atender la sequía, ni instancias en donde se nos convoque a trabajar para transformar lo estructural. En tanto, los sectores sojeros concentrados, quienes acaparan las cadenas agroalimentarias y controlan el precio de los alimentos se han visto beneficiados con medidas como los tres Dólar Soja y las tasas subsidiadas para algunas cadenas. 

En el cortísimo plazo esto se traduce en pequeños productores, campesinos, agricultores familiares, comunidades indígenas y cooperativas que se ven al borde de desaparecer, mientras son empobrecidas y desplazadas por los sectores del agro y de las finanzas que han accedido a ganancias extraordinarias y vuelcan en los territorios rurales, nuestras vidas y comunidades sus fondos especulativos. 

Preocupa, además, en un año electoral, el avance de campañas políticas sostenidas sobre slogans que apelan a la irracionalidad destructiva de la furia contra el prójimo y que, invocando la libertad proponen medidas como la dolarización y la ausencia del Estado, que en vez de liberarnos nos arrastrarán a mayor desigualdad y hambre para el pueblo. 

El 75% de los productores del país no se corresponde con ese campo de las finanzas y los negocios bancarios. El campo que alimenta y es diverso no encaja en esas medidas y sus imposiciones burocráticas. Frente a este complejo escenario, llamamos al gobierno nacional a actuar enérgicamente con políticas urgentes, segmentadas y orientadas a las mayorías de la ruralidad argentina. Sin ese cambio de rumbo, la propia democracia está en riesgo.