Edición n° 3365 . 07/02/2026

MILEI ENTREGA ARGENTINA A LOS ESTADOS UNIDOS/La entrega avanza al ritmo acelerado de Trump

“Se trata de un hecho histórico”, celebró el vocero presidencial Manuel Adorni al presentar, junto al canciller Pablo Quirno, los alcances del Acuerdo de Comercio e Inversiones Recíproco (ACIR) firmado con Estados Unidos, este viernes. En una conferencia desde Casa Rosada, los funcionarios desplegaron el repertorio habitual en clave de libre mercado: hablaron de “más competencia”, “mejores precios” y de un entendimiento orientado a profundizar el vínculo bilateral y atraer inversiones. Sin embargo, lejos del entusiasmo oficial, especialistas consultados por Página/12 advierten que el acuerdo consolida una relación asimétrica, diseñada a la medida de los intereses de la Casa Blanca, y lo definen como un nuevo paso en una estrategia de subordinación y dependencia de la economía argentina respecto de Estados Unidos.

El politólogo Andrés Malamud expresó que “Argentina y EEUU deberán…”, 3 veces; “EEUU deberá…”, 7 veces; y “Argentina deberá…”, 113 veces. Quedamos debiendo.

Desde el Poder Ejecutivo anticiparon que el acuerdo deberá pasar por el Congreso para su validación, aunque todavía no está definido si el tratamiento será incluido en las sesiones extraordinarias.

Para Luciana Ghiotto, investigadora del Conicet con sede en la Universidad Nacional de San Martin (UNSAM), “el acuerdo supedita los intereses de política comercial y exterior argentinos a la política de la Casa Blanca. Su foco no es el comercio sino que Argentina responda a los requerimientos de Estados Unidos, en términos de intercambio comercial, propiedad intelectual, de transferencia de datos y de políticas específicas sobre el tratamiento a terceros países, como el caso de China. Centralmentees un acuerdo anti China. Argentina se compromete a copiar, directamente, la política que hace Estados Unidos respecto a terceros países, y el fantasma que recorre el acuerdo es el del gigante asiático”.

“No es un típico tratado de libre comercio como vimos en los años 90, donde al menos había alguna intención de reciprocidad. Aquí, aunque el nombre sea Acuerdo de Comercio e Inversiones Recíproco, no es mutuo: implica una enorme cantidad de requerimientos para Argentina y Estados Unidos no da prácticamente nada a cambio. Lo cual muestra que no hubo ninguna negociación sino que simplemente los funcionarios argentinos firmaron lo que les pidieron desde el norte. Por eso lo cerraron tan rápido, los Acuerdos bilaterales por lo general son procesos que insumen un par de años”.

Julieta Zelicovich, doctora en Relaciones Internacionales y profesora en la Universidad Nacional de Rosario (UNR) compartió con este diario: “Es un listado extenso de compromisos que Argentina asume frente a los Estados Unidos, a cambio de unas pocas concesiones arancelarias y una promesa de financiamiento para inversiones norteamericanas”. Estas últimas vinculadas con minerales críticos.

En sintonía con Ghiotto, apunta: “El punto clave trasciende el volumen de los compromisos y recae en la asimetría en la calidad jurídica de las obligaciones: a Argentina se le piden reformas profundas en prácticamente todas las áreas de política macroeconómica; incluyendo certificaciones, mecanismos de evaluación técnica y hasta la reforma de leyes vinculadas a la propiedad intelectual y la suscripción de múltiples acuerdos internacionales, de los cuales Argentina hasta ahora había elegido no ser parte. Esto va a condicionar el desarrollo de nuestro país en las próximas décadas”.

Estados Unidos, en cambio, “limita el alcance de sus concesiones a dos decretos de la administración Trump, cuya legalidad jurídica está siendo revisada actualmente por la Corte Suprema. Si hay un fallo en contra del modo en que Trump utiliza la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA, por sus siglas en inglés), se pierde el acceso al mercado otorgado a Argentina, y lo mismo podría ocurrir con la llegada de una nueva administración”.

La especialista también remarcó que “el acuerdo genera obligaciones en materia de alineamiento geopolítico, pidiéndole a Argentina que secunde las sanciones y restricciones comerciales que Estados Unidos impone a sus adversarios, léase China”.

Por su parte,Mariano Kestelboim, economista y ex representante permanente de Argentina ante el Mercosur, indicó que el acuerdo “consolida una relación de subordinación y dependencia y profundiza el modelo aplicado de primarización productiva, atraso tecnológico y mayor desigualdad distributiva. En caso de confirmarse legislativamente, estaríamos ante a un moderno esquema de colonización donde Argentina debe adaptar sus regulaciones, la orientación de su comercio, sus capacidades de desarrollo tecnológico y su posicionamiento político al interés de Estados Unidos”.

Sobre lo estrictamente comercial, pese a la enorme desigualdad entre ambas economías, Argentina otorga preferencias arancelarias plenas a las exportaciones de Estados Unidos en siete sectores relevantes de la industria y la gestión Trump apenas elimina aranceles en dos sectores de potencial local incierto y un cupo para exportar carne vacuna que seguramente presionará aún más al alza a los precios internos.

Intercambio poco recíproco

En materia comercial, el Acuerdo propone una quita de aranceles que será automática para productos que no compitan con industrias locales protegidas o para insumos críticos. Mientras que tomarán entre 5 a 10 años para sectores sensibles, como autopartes o textiles. Estados Unidos eliminará aranceles para 1.675 productos argentinos: los grandes ganadores inmediatos son los minerales críticos (litio y cobre), ciertos químicos no patentados y productos de economías regionales(limón, frutos secos, biodiésel). Argentina en tanto suprime aranceles para 221 posiciones, principalmente maquinaria usada, dispositivos médicos y ciertos componentes de tecnología de la información. En el caso de los lácteos, Argentina se comprometió a no exigir el registro de instalaciones para importaciones de lácteos de EE. UU., facilitando el ingreso de quesos y leches. Otra producción local que se ve amenazada.

También se conocieron precisiones sobre cupos y condiciones de acceso, incluso más relevantes que el arancel general. La cuota de carne con arancel cero se ampliaría de 20.000 a 100.000 toneladas anuales, un salto significativo que, sin embargo, no quedó plasmado en el texto del acuerdo sino como compromiso informal, por lo que podría revertirse sin consecuencias, como advirtió Zelicovich. En el caso sensible del acero y aluminio, tampoco se estableció un cronograma de desgravación certero que modificara el arancel del 25 y 10 por ciento, respectivamente, que actualmente tienen estos productos en Norteamérica.

En minería de litio y cobre, Argentina pasaría a integrar el “club” de proveedores habilitados por la Inflation Reduction Act (IRA), el mayor programa de política industrial y energética de Estados Unidos. Esto quiere decir que las empresas estadounidenses que los utilicen en sus cadenas de valor (como la fabricación de baterías y autos eléctricos) recibirán subsidios fiscales previstos por la IRA.

También se eliminan aranceles de importación para bienes de capital como computadoras, servidores, autos y maquinaria agrícola de alta precisión fabricada en Estados Unidos. En este último caso las opiniones son variadas ya que las empresas norteamericanas compiten con firmas locales en casos como pulverizadoras y sistemas de automatización. Además el ACIR incluyó una cláusula de “Reglas de Origen”: solo goza del beneficio la maquinaria que demuestre tener un alto porcentaje de componentes fabricados efectivamente en EE. UU., evitando que máquinas de otros países (como China) entren “trianguladas” a través de territorio norteamericano. En cuanto a los autos, el convenio no permitirá la importación libre desde Estados Unidos sino cupificada a 10.000 unidades anuales, que es una fracción menor del mercado interno.