Edición n° 2741 . 24/05/2024

Martín Guzmán revela detalles desconocidos de la negociación con el FMI

El rechazo al plan de ajuste, la opción por el default y la operación para sacarlo como negociador. Quién y por qué lo hizo. Sus diferencias con el programa de Sergio Massa.

Entrevista Página 12/ Raúl Dellatorre

De a poco, Martín Guzmán va saliendo del silencio en el que se recluyó después de dejar el gobierno a mediados del año pasado. En una entrevista con Página/12, el ex ministro de Economía reveló aspectos de la negociación con el FMI que nunca había contado, y también marcó diferencias con las políticas económicas que lleva adelante hoy el equipo de Sergio Massa. Detalló cómo fue el episodio en el que se lo intentó desplazar de la negociación cuando «se puso muy duro» con el Fondo, la intervención de Cristina en aquel momento y la operación dirigida desde Wall Street. Los desafíos que, a su criterio, enfrenta la economía este año y cómo jugará «la restricción externa», la falta de divisas a partir de la sequía.

–Hoy el acuerdo con el Fondo aparece fuertemente cuestionado políticamente, y un gran condicionante de las políticas públicas en un año con muchas dificultades. ¿Se siente responsable por esa situación? 

–Ese acuerdo fue resultado de una estrategia de política exterior y una visión de política económica que permitió que podamos tener y llevar adelante un programa que considerábamos razonable, con las restricciones tan fuertes de financiamiento, y con los problemas de la moneda que la Argentina enfrenta y enfrentaba en ese momento, marzo de 2022. 

Como todo acuerdo, se hace en condiciones de incertidumbre. Este es un año en el que estamos golpeados por un shock externo y un shock climático de una magnitud importante, que es la sequía. Y por supuesto la politica económica se tiene que ir adaptando a las circunstancias que se presentan. El propio acuerdo, en su punto 11, establece que puede haber shocks, incluidos los climáticos, que den lugar a recalibraciones. Cada tres meses hay una negociación que permite ir recalibrando las metas. De ahí la importancia del rol del gobierno en cada negociación para mostrar hacia donde queremos llegar.

Esto no es solamente una negociación técnica, es de carácter político. Resolver favorablemente a los intereses de la Argentina una negociación con el FMI, que representa otros intereses, requiere siempre de una estrategia de politica internacional acorde a lo que el país busca.

–En su criterio, y a pesar de que el gobierno siguió en el marco del acuerdo con el FMI que le tocó negociar, ¿hubo cambios en la política económica en relación a su gestión?

–Lo que siguió a mi salida del gobierno fue que, en ciertos aspectos de la politica que no estaba siendo posible ejecutar, por cuestiones políticas, empezaron a poder ejecutarse. Por caso, avanzar con la segmentación de los subsidios energéticos. Y hubo otros aspectos de la política económica que cambiaron. Particularmente, las politicas monetarias y las decisiones sobre la tasa de interés. Tambien ciertos aspectos de la política cambiaria, como fue el dólar soja, eso no había ocurrido durante mi gestión.

–¿En qué aspectos centralmente cambió la política monetaria desde que llegó Sergio Massa al ministerio?

–Lo que cambió, fundamentalmente, fue la política de tasas de interés. El tema de las tasas ya había sido una cuestión de muchísima discusión y negociación también con el FMI. A uno le cuesta decir negociación: qué duro que la Argentina tenga que negociar sus propias políticas económicas. Eso es a lo que expone una deuda con el Fondo, eso es lo que dejó el gobierno anterior a la Argentina. 

En su momento, hubo toda una discusión sobre cuál era el impacto que iba a tener la política de tasas de interés sobre la inflación. Lo que buscábamos era tener una política de tasas de interés real positiva que sostenga la demanda de activos en pesos, pero donde se iba marcando la pauta hacia adelante, de adonde buscabas llevar la estabilidad de la economía. 

Hay otras visiones que sostienen que subir la tasa de interés te va a permitir atacar el problema inflacionario. Y que además subir fuerte la tasa te iba a apuntalar la estabilidad cambiaria. 

En cambio, lo que yo planteaba era que subir mucho la tasa de interés posiblemente iba a tener más efectos inflacionarios. No se puede sostener una tasa de interés real del 12 ó 15 por ciento, todos entendemos eso, y por tanto si la tasa se iba muy para arriba lo que iba a ocurrir era que, por las expectativas generadas, iba a hacer que la tasa de inflación se fuera acercando a la tasa de interés.

Fue una discusión muy importante durante mi gestión, de gran dureza. Entendíamos que era un esquema que se parecía más al programa stand by del gobierno de Macri y ahí sí nosotros logramos seguir adelante con nuestra visión. Pero, bueno, con las nuevas autoridades (en el Palacio de Hacienda) eso se modificó. 

–¿Podemos repasar el momento del endurecimiento de la negociación con el Fondo en el último tramo? Que coincide con el momento de la reunión del presidente del Banco Central (Miguel Pesce) con Cristina, en diciembre de 2021. La vicepresidenta mencionó que Pesce buscaba una instancia de negociación directa entre ella y el staff del Fondo, reemplazándolo en ese rol porque su posición era muy dura. 

–Yo supe de esa reunión, y es una anécdota que ilustra cierto funcionamiento del poder internacional que hay que tener en cuenta para el futuro. Lo que la vicepresidenta cuenta es que en esa reunión, Pesce, que sigue siendo presidente del Banco Central, propuso que yo me corra de la negociación y que posibilite que el staff hable directamente con ella, porque me había puesto terco en la negociación. 

¿Qué venía ocurriendo? Hay un evento que fue la salida de Estados Unidos de Afganistán que genera un cambio en la situación geopolítica y también en la posición de la política externa de EE.UU. Y eso cambia las características de la negociación del FMI y el peso de los interlocutores. Por supuesto que el presidente y la vice estaban totalmente al tanto de estas circunstancias. Yo les explico esta situación. Lo que pedía el Fondo era un programa clásico de ajuste, parecido al que se llevó adelante en el gobierno de Macri, con una baja muy fuerte del déficit fiscal año a año. 

Nosotros obviamente no íbamos a permitir que eso ocurriera. Hay situaciones en las que es mejor no acordar. Eso le provocaba un daño enorme a Argentina. Y yo planteaba que en esos términos no íbamos a acordar. Que así lo que iba a haber era una interrupción de los pagos. Que ibamos a entrar en una situación de mora, porque nuestro gobierno no iba a hacer eso.

–¿Un default? ¿Se planteó así?

–Claro, claro. Se planteó que no íbamos a ir por ese camino del ajuste clásico, que eso iba a desestabilizar la situación económica y generar mucho daño a la Argentina. Entonces se da esa reunión con Cristina, que llega a mi conocimiento, y la propia vicepresidenta sugiere la idea, junto al presidente, ambos, que fue de mucha ayuda: hacer una reunión con los gobernadores, que ocurrió a principios de enero (de 2022) en el Museo del Bicentenario.

Yo tenía que contar lo que estaba ocurriendo. una cuestion delicada, hay que mantener ciertos equilibrios en la forma en que se cuentan las cosas. En el Museo del Bicentenario yo hablo y cuento que la diferencia entre lo que la Argentina pedía y lo que el Fondo demandaba era la diferencia entre un programa que iba ordenando las finanzas públicas, de una forma que no desestabilizara la recuperación, versus lo que pedía el Fondo, que era un programa de ajuste, de contracción fiscal, que iba a desestabilizar la recuperación económica.

Y eso funcionó, porque fue la portada de muchos medios internacionales y generó un costo en términos de imagen para el FMI. A partir de allí, la negociación se empieza a mover, y llegamos a un programa que con las restricciones externas y fiscales que tenía la Argentina, nosotros nos aseguramos un programa razonable. A fines de enero se da el acuerdo económico, y el resto de la historia es más conocido, hasta llegar a que el Congreso se involucre por primera vez en la historia en una situación de negociación con el Fondo.

–¿Qué fue lo que terminó acercando posiciones para un acuerdo cuando ya se había llegado a una tensión tan fuerte?

–La lección que nos deja esa etapa es el peso de la negociación política. ¿Cómo terminó esa historia de la pulseada final? La primera reunión que yo tuve con el staff del Tesoro de los EE.UU, luego del acuerdo, lo primero que me dicen es «nosotros no queríamos este acuerdo», pero no definieron ellos, sino el más alto rango de la política del país. Son otros intereses, y ocurre esto: si uno lleva a cabo una negociación desde el punto de vista técnico solamente, ahí hay mucha influencia de la parte «más establishment financiero». 

Pero se encaró desde una visión más política, nosotros teníamos nuestros embajadores en el mundo, algunos formando parte de la negociación, el presidente involucrado buscando los apoyos políticos en las reuniones con otros líderes. Buscando restarle poder a quienes, en la mesa de decisión, te van a jugar en contra. Y eso es una característica que debe ser tenida en cuenta en cada etapa de revisión que haya de este programa.

–¿Es decir que el intento por correrlo de la negociación fue una maniobra de estos sectores del establishment, operando a través de funcionarios argentinos?

–Tenían varias líneas de llegada a nuestro gobierno jugando a favor de otro tipo de acuerdo. Aquella no era la única. Esas son características propias de una negociación de este nivel de las que hay que tomar nota.

–Lo consulto por la situación económica actual. ¿Cuál es el principal desafío que tiene por delante la economía argentina?

–En 2023 el principal desafío va a ser administrar las consecuencias de la sequía. Es dura, es un shock importante que va a suponer una pérdida de exportaciones agrícolas que hoy se estima arriba de los 15 mil millones de dólares. Y como siempre debe ocurrir en un gobierno peronista que tenga como bandera la justicia social, hay que administrar los costos de este impacto teniendo en cuenta la cuestión distributiva en el centro. La política económica se adapta a esta situación. Esto, por supuesto, presenta desafíos desde el punto de vista de qué hacer con las reservas internacionales y cómo administrar la política fiscal. 

–¿Y de que manera se administra esa crisis en la situación actual?

–Hoy tenemos una crisis provocada por la sequía. Cuando tenés un shock de esta naturaleza, lo primero que hay que hacer es ir contra la corriente, una política contracíclica. En economías no bimonetarias, política contracíclica es una expansión fiscal, sin mirar demasiado la restriccion externa. En Argentina, la capacidad  de hacer politica contracíclica la determina la restricción externa.

Entonces, el desafío es hoy cómo aliviar un poco esa restriccion. La primera cosa que se mira son las reservas. Obviamente, no es un año para juntar Reservas, eso sería procíclico. Hoy ese es un objetivo supeditado al objetivo de mantener los niveles de empleo y actividad económica.

Tampoco tenés credito externo para tener más espacio para políticas contracíclicas. Cuando tuvo crédito externo, en 2016, el gobierno lo rifó en dos años, y luego se fue al FMI agravando el problema. Entonces, lo que hay que mirar es la cuenta financiera externa, qué está pasando con ciertas deudas del sector privado y el sector de los servicios, qué puedo hacer sobre eso. ¿Puedo recortar el acceso a los dólares de las reservas para esos destinos? Esa es información con la que cuentan las autoridades, quienes están a cargo de la conducción económica. 

–Política contracíclica y administración restrictiva de las divisas no parece la política que más agrade al Fondo. ¿Y que ocurriría con las metas fiscales?

–Si quiero mantener la reducción del déficit con menor recaudación por la sequía, eso conlleva un recorte del gasto público real para llegar al nivel de déficit, lo que puede tener consecuencias distributivas indeseables. Ahí es donde la política económica debe poner la cuestion distributiva en el centro y buscar capacidad para políticas contracíclicas. Pero para ello necesita una contrapartida en dólares, ese es el desafío que cualquier conducción económica hoy enfrentaría. 

–¿Va a participar en política este año?

–Hemos creado un think tank (tanque o usina de pensamiento) que hemos llamado Suramericana, desde el cual lo que buscamos es tener muy articulada la visión programática en cada uno de los desafíos estructurales que presenta la sociedad argentina. Buscando construir capacidad para hacer política pública. Por supuesto con un foco fuerte puesto en la economía pero no sólo en ella. Hay muchas personas en nuestro espacio que han venido manifestando sus intenciones de liderazgo, y sería bueno poder contribuir con ellas. 

–¿Está trabajando con algún dirigente o postulante a cargos electivos en particular?

–Tengo diálogo con muchos dirigentes. Y eso es bueno.