Edición n° 3499 . 21/06/2026
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Las políticas oficiales destruyeron el mercado laboral, sumando desempleo y precarización para jóvenes y mujeres

(Por/ Redacción EDA)

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Incluso según datos oficiales, desde el inicio de la gestión de Javier Milei se perdieron más de 300.000 empleos asalariados formales a marzo de este año y los puestos que se crean son precarios en su absoluta mayoría. En las últimas semenas, un informe del Centro de Innovación de las y los Trabajadores (CITRA-UMET) precisó la radiografía de la devastación del mercado laboral bajo la administración libertaria, midiendo el estado del mercado laboral a través de tres dimensiones, considerando el déficit de empleo, la precariedad laboral y los niveles de pobreza e ingresos.

De acuerdo a la medición de CITRA, el Índice de Fragilidad Laboral (IFL) se ubicó en 34,6% al cierre de 2025, un dato que viene acelerándose desde 2017. El Déficit de Empleo (IDE) llegó al 11,2%, muy por encima de la tasa de desocupación oficial del 7,5% para el último semestre del año pasado. Un dato significativo del informe deja claro que la reducción de los programas sociolaborales no se tradujo en una migración de esa población hacia otras ocupaciones sino, por el contrario, en una disminución de la población ocupada total. «Lejos de mejorar la situación real de las inserciones laborales, la ausencia de esos programas redundó en niveles aún más altos de inestabilidad laboral», señaló la investigadora Sonia Balza.

El Índice de Precariedad Laboral (IPL) trepó al 54,1% de la población ocupada, lo que significa que más de la mitad de los trabajadores se desempeña en condiciones precarias (en muchos casos en apps de transporte o delivery). A su vez, el Índice de Pobreza e Ingresos (IPel) se ubicó en 38,5%, con cuatro de cada diez personas de la población económicamente por debajo de la línea de pobreza. La presión del costo de la Canasta Básica Total agrava el cuadro, ya que los hogares no pobres pero cercanos a la línea de pobreza destinan más de dos tercios de sus ingresos a consumos esenciales, mientras que en los hogares de altos ingresos ese porcentaje cae al 34,6%. Para CITRA, este comportamiento expresa «una profundización de las desigualdades estructurales».

Los segmentos más golpeados por este escenario sociolaboral son los jóvenes y las mujeres. El IFL entre los jóvenes ascendió al 45,7%, frente al 32,1% de la población adulta. Entre las mujeres jóvenes el indicador trepa al 45,9%, el valor más alto de todos los grupos analizados. La precariedad laboral en ese segmento alcanzó el 59,9%, es decir que 6 de cada 10 mujeres menores de 29 años se insertan laboralmente con altos niveles de desprotección. El déficit de empleo entre las mujeres jóvenes llegó al 38,5%, lo que implica que prácticamente 4 de cada 10 no logran sostener una inserción laboral continua. «La persistencia de niveles elevados entre jóvenes reafirma las imposibilidades en el acceso a empleos protegidos», enfatizaron desde el centro de estudios.

El informe de CITRA también subraya que la precariedad no es un fenómeno exclusivo de los jóvenes sino estructural y transversal a toda la población ocupada, ya que entre las personas adultas, el Índice de Precariedad Laboral también se incrementó, pasando del 56,4% al 58,6%. El deterioro del mercado laboral convive así con un discurso oficial que presenta la estabilización macroeconómica como un logro de gestión, mientras que los datos muestran de manera contundnete que esa estabilización no alcanza para recomponer el empleo, los salarios ni las condiciones de vida de la mayoría de los trabajadores.