Edición n° 2747 . 30/05/2024

LAS IDEAS CRECEN MEJOR AL PISARLAS

Durante casi toda nuestra historia las ideas fueron libres. Hasta que llegó la imprenta, hasta que llegó Walt Disney, hasta que llegó Internet, hasta que llegó el chat GPT. En un elogio a la creatividad, la economía del don y la cultura del código abierto, el Colectivo Dominio Público reestrena Copia Original, la muerte del autor o el éxtasis de las influencias, una obra de danza que reflexiona sobre nuestras bases de datos corporales con el lenguaje del movimiento.

Durante casi toda nuestra historia las ideas fueron libres. Las obras de Shakespeare, Da Vinci, Rembrandt podían ser libremente copiadas y se podía construir sobre ellas. En 1439 Johannes Gutenberg inventa la imprenta moderna: nace la primera tecnología en realizar copias a gran escala. La cultura escrita empieza a circular. 

Hoy en día, cualquiera de nosotrxs puede remezclar todo: músicas, videos, fotos, textos. Lo que sea. Cualquiera puede recopilar material, tomarlo, combinarlo, transformarlo, mezclarlo y distribuirlo en el momento, y con alcance global. En 1991 explota Internet. 

Ya lo había anticipado el poeta y ensayista brasileño Oswaldo de Andrade en su Manifiesto Antropofágico de 1928: toda obra de arte nace por devorar modelos. Lo había pensado, también, Isaac Newton: “Si logré ver más lejos es porque me subí a los hombros de gigantes”. 

Tomar, transformar, combinar: entonces, ¿todo es un remix? ¿Qué es un autor? ¿Qué es la copia? O mejor: ¿qué es copiar? ¿De quién son tus ideas? 

(Re) articular materiales existentes, editarlos, (re) combinarlos, (re) contextualizarlos… ¿Combinar es sólo el proceso de un remix? ¿O son elementos básicos de todo proceso creativo, de todo proceso de una construcción cultural? 

En nuestra cultura contemporánea digital tenemos acceso a un mar de materiales a disposición como nunca antes. Esto nos depara la necesidad de aprender a manejar la vasta cantidad de información, administrar, analizar, organizar, distribuir.

“En 2007 Jonathan Lethem publicó un ensayo pro-plagiado en Harperś titulado: El éxtasis de la influencia: un plagio. El texto aborda un recuento histórico y una larga defensa de cómo las ideas en la literatura han sido compartidas, reinterpretadas, retomadas, reutilizadas, recicladas, recolectadas, robadas, citadas, duplicadas, obsequiadas, apropiadas, imitadas y pirateadas desde los orígenes de la literatura -recreó Kemmeth Goldsmith en Escritura no–creativa. Gestionando el lenguaje en la era digital-. En este ensayo, Lethen recuerda cómo las economías del don, las culturas de código abierto y el dominio público han sido vitales para la creación de obras novedosas… y critica con elocuencia la ley vigente del copyright como una amenaza a la esencia de la creatividad. Es un gran ensayo. Lástima que él no lo escribió. El chiste de la obra es que prácticamente todas y cada una de las palabras e ideas fueron tomadas de algún otro lado”.

De hecho, todo el imperio de Disney y la magia que produce solo existe porque había trabajos sin derechos de autor de los que la empresa se apropió y transformó. Pero en 1989, Disney demandó a tres jardines de infantes de Florida por tener en sus paredes dibujos de Mickey y de otros de sus personajes bajo licencia copyright. Los dibujos tuvieron que ser retirados. 

“Está en la naturaleza de las ideas el ser comunicadas: escritas, dichas, realizadas, danzadas -escribió Úrsula K. Le Guin-. Las ideas son como el pasto. Ansían la luz, le gustan las multitudes, prosperan con las cruzas, crecen mejor al pisarlas.” 

Hace más de un siglo que el arte dejó a un costado las nociones convencionales de originalidad. Esto se refleja en los readymades de M. Duchamp, el ensayo de Walter Benjamin La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, las obras de Andy Warhol, Bod Dylan,  David Bowie. La lista es enorme: las prácticas del sampleo, cut-up, los archivos torrent ponen en cuestión la tradición occidental de una identidad como origen, estable y auténtica a toda costa. La cultura china funciona al revés: no rastrea al ser o al origen sino las constelaciones cambiantes de las cosas. Se trata de reconocer su transcurrir mutable desconfiando profundamente de las esencias inmutables. 

En Shanzai. El arte de la falsificación y la deconstrucción en China, Byung Chul Han cita a Freud. Cuenta que el psicoanalista ya en 1896 sospecha que en nuestro mecanismo psíquico, la memoria se ha generado por superposiciones de capas que sufren un re-ordenamiento según nuevas inscripciones y siguen un complejo movimiento temporal, por medio del cual lo posterior constituye a lo anterior. Se contaminan, entremezclan pasado, presente y futuro. En esta teoría de Freud los recuerdos no son copias que se mantienen iguales a sí mismas sino huellas que se cruzan y se superponen. El original, el origen, lo inmutable, lo fijo, la esencia, lo puro, lo transparente, lo uniforme, lo igual a sí mismo no permite nada más de sí mismos. Para Platón toda reproducción, toda copia conlleva una falta de ser. En contrapunto, la figura fundamental del pensamiento chino no es el ser uniforme y único, sino el proceso poliforme y heterogéneo, huellas y capas de diferencias. Fluye, no se estanca en una presencia fija.

“En la era digital la copia es ubicua, pervasiva, penetrante, silenciosa, común a las prácticas cotidianas -entiende Ariel Vercelli, investigador del CONICET, en El derecho de copia-. Entre muchas prácticas humanas, algunas demasiado humanas, es posible observar que las capacidades de reproducción biológica, el aprendizaje o el pensamiento están íntimamente relacionadas y se sustentan en las capacidades de copiar y adecuar el mundo a cada paso, suspiro o pensamiento. Es decir, copiar es algo muy positivo, vital.” Y enumera: los artistas copian, los músicos copian, los políticos copian, los científicos copian (algunos, todavía citan…), los profesores copian, los alumnos/aprendices copian, los periodistas copian, los deportistas copian, los programadores, copian, los abogados copian, los diseñadores copian, los médicos copian. 

“Más aún, la inspiración es copia -retoma Vercelli-, la movilización mental o espiritual es copia, la empatía también lo es. Imitar es copiar, imaginar es copiar, derivar algo es copiar. ¿Qué más? Mucho más. Crear, reflejar, mimar, criticar, producir, reproducir, representar, interpretar, inspirar, simular, transmitir o innovar también son formas de la copia. ¿Hay más? Sí, claro, millones de años. Traducir es copiar, transformar, miniaturizar, agigantar, deformar, distorsionar, sintetizar, emular, sumar, multiplicar, replicar, falsificar, repetir, ctrl+c/ctrl+v, plagiar o clonar también es copiar. Entonces, ¿todo es una copia de algo? Sí. Todo lo que existe es copia de algo que, virtuosa o vilmente, lo antecede. ¿Y el original? ¡El original jamás existió!”

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El cuerpo conoce y crea a través de la copia, encarnando al mundo en sí mismo. Los animales, las plantas, los océanos, los vientos y las lluvias, la roca y la montaña, los movimientos de los planetas, constituyen nuestro cuerpo. El movimiento de nuestros padres, el de nuestros abuelos, el movimiento de nuestros ancestros hasta los hombres primitivos integran nuestro movimiento actual, mestizado con la ligereza y la velocidad de las tecnologías digitales. Nuestro cuerpo copia, procesa y genera conexiones que quedan grabadas en nuestro sistema nervioso, generando patrones, hábitos, formas, calidades que constituyen nuestra base de datos corporales y se reproducen incansablemente, transmitiéndose a nuestros hijos, nuestros nietos. La forma de caminar de la abuela se percibe en los primeros pasos de la nieta. Un gesto que atraviesa generaciones sigilosamente, grabado en los discos blandos de nuestras neuronas motoras.

Aprendemos el lenguaje y sus prácticas a través de procesos de copia y transformación. Estas abarcan el mundo de los símbolos y las acciones de manipular, administrar, analizar y distribuirlos.

“Una copia nunca es realmente una copia; sino más bien un nuevo original en un nuevo contexto”, señaló Boris Groys en Volverse Público.

En Copia Original. La muerte del autor o el éxtasis de la influencias indagamos y repensamos los conceptos occidentales de Copia y Original, exploramos las tensiones entre autoría y dominio público, entre esencia y acontecimiento, transcendencia e inmanencia. 

Somos un remix generacional, un collage, una multiplicidad, un mash-up, un cut up, un proceso milenario de copia y transformación, un cuerpo conjunto de cuerpos. Cada cuerpo es formado por otros conjuntos de cuerpos, colectivos abiertos en el devenir, procesos continuos de multiplicidades en desarrollo, un experimento en curso. Un experimento que entra en un nueva etapa de las inteligencias artificiales que de inteligentes nada tienen, pero ese análisis queda para una próxima obra.

Por Fagner Pavan

Artista escénico interdisciplinario, docente y gestor cultural. Fundador y co-director del proyecto de formación artística F.A.C.E. (2010), del espacio cultural Teatro Galpón F.A.C.E.(2015) y del Colectivo Dominio Público (2013). Se formó en Artes Escénicas en San Pablo , en Buenos Aires estudió con Ciro Zorzoli, Emilio García Webbi, Maricel Alvarez, Fernando Rubio y Mariana Obersztein. Investiga en torno a las intersecciones entre las artes escénicas, la danza, la performance y el artivismo