Edición n° 2762 . 14/06/2024

Las fuerzas del cielo

Las “fuerzas del cielo” de las que habló Javier Milei estaban, en realidad, en contra de la dominación extranjera. El teólogo Rubén Dri da cuenta de cómo los libros de los Macabeos “narran la atmósfera de insurrección que vive el pueblo”. La de Milei es simplemente una cita literaria ya que su política de colonización del estado está al servicio de intereses multinacionales.

Por Carlos del Frade

(APe).- “Cuando nosotros, con Victoria (Villarruel), asumimos como diputados, no hacen una entrevista y el conductor me dice ‘ustedes son dos solos, ¿qué pueden hacer ustedes dentro de 257? No van a poder hacer nada’. Un discurso muy despectivo”, comenzó explicándole Javier Milei a Alejandro Fantino en una entrevista para el programa “Neura”. “Y ahí le contesté con una cita del libro de Macabeos que dice ‘la victoria en la batalla no depende de la cantidad de soldados, sino de las fuerzas que vienen del cielo’”, cerró el presidente electo de la Argentina.

Aquella cita del Antiguo Testamento describe, en realidad, un proceso revolucionario de liberación nacional ante distintas invasiones que sufrió el pueblo de Israel.

En el primer libro de Macabeos puede leerse que “cuando llegaba cerca de la cuesta de Bet Jorón, Judas le salió al encuentro con un puñado de hombres; pero al ver el ejército que venía de frente, dijeron a Judas: «¿Cómo vamos a luchar contra esa multitud bien armada, siendo nosotros tan pocos? Y además estamos agotados, porque no hemos comido en todo el día». Judas respondió: «Es fácil que muchos caigan en manos de pocos, pues al Cielo lo mismo le cuesta salvar con muchos que con pocos; la victoria no depende del número de soldados, pues la fuerza llega del cielo. Ellos vienen a atacarnos llenos de insolencia e impiedad, para aniquilarnos y saquearnos a nosotros, a nuestras mujeres y a nuestros hijos, mientras que nosotros luchamos por nuestra vida y nuestra religión. El Señor los aplastará ante nosotros. No les temáis». Nada más terminar de hablar, se lanzó contra ellos de repente. Derrotaron a Serón y su ejército, y lo persiguieron por la bajada de Bet Jorón hasta la llanura. Serón tuvo unas ochocientas bajas y los demás huyeron al territorio filisteo. Judas y sus hermanos empezaron a ser temidos y una ola de pánico cayó sobre las naciones vecinas. Su fama llegó a oídos del rey, porque las naciones comentaban las batallas de Judas. Cuando el rey Antíoco se enteró, montó en cólera y mandó juntar todas las fuerzas de su reino, un ejército poderosísimo. Abrió su tesoro y dio a las tropas la soldada de un año con la orden de que estuvieran preparadas para cualquier evento. Pero advirtió que se le acababa el dinero del tesoro y que los tributos de la región eran escasos, debido a las revueltas y calamidades que él había provocado en el país al suprimir las leyes que estaban en vigor desde los primeros tiempos…debía enviar contra ellos un ejército que exterminara y aniquilara las fuerzas de Israel y a los que quedaban en Jerusalén, hasta borrar su recuerdo del lugar. Luego establecería extranjeros en todo su territorio y repartiría sus tierras entre ellos”, termina ese fragmento.

Es decir que aquella cita bíblica marca el objetivo político de las “fuerzas del cielo”, estaban en contra de la dominación extranjera.

El teólogo Rubén Dri, en su indispensable texto “La utopía de Jesús”, sostuvo que “los primeros dos libros de los Macabeos son el relato de la rebelión de los judíos contra la «abominación de la desolación», o sea la profanación del Templo y su dedicación a cultos paganos y cómo esto provocó el levantamiento en armas de Matatías y sus hijos, los Macabeos, hasta que éstos lograron tomar Jerusalén y restaurar el culto tres años después de la instauración de cultos helénicos”.

Agrega que “el centro de todo este relato lo ocupa la insurrección popular, conocida comúnmente como “entrada triunfal en Jerusalén”. El clima insurreccional no es nuevo en Palestina. Se lo vive desde el siglo II a. de C. a partir de la ocupación griega realizada por Alejandro Magno, y especialmente a partir de Antíoco IV Epífanes (175-164 a. de C.), rey seléucida que pretendió hacer perder al pueblo judío su identidad, para lograr la homogeneización del imperio”.

Los libros de los Macabeos “narran la atmósfera de insurrección que vive el pueblo, atmósfera que se continúa en la época de la ocupación romana, a partir del 63 a. de C., cuando Pompeyo se apodera de Jerusalén. Se suceden los movimientos mesiánicos, cuyos actores principales son los zelotes, que culminarán con los alzamientos del 66 y de 131 d. de C. cuando Pompeyo se apodera de Jerusalén. Se suceden los movimientos mesiánicos, cuyos actores principales son los zelotes, que culminarán con los alzamientos del 66 y de 131 d. de c. y la total destrucción y dispersión del pueblo judío”, indica Dri.

De tal forma la concepción de Milei es simplemente una cita literaria ya que su política de colonización del estado al servicio de intereses multinacionales lo pone en el bando de los reyes usurpadores contra los que se levantaron los macabeos.