Edición n° 2649 . 22/02/2024

La Libertad Avanza pero las pymes continuamos en la incertidumbre

Por Raúl Hutin (*)

Los empresarios micro, pequeños y medianos de nuestra querida Argentina, estamos anonadados por la virulencia, la falta de diálogo y el llamativo nivel de improvisación en la aplicación de las medidas económicas, durante las primeras siete semanas de gobierno del Presidente Milei.

Si bien es un gobierno reciente y el porcentaje del 56% le otorga una indiscutida legitimidad para la conducción del país, no es óbice para pretender el uso absoluto del poder público, ni hacer y deshacer la vida de los argentinos y argentinas por la decisión mesiánica de algunos técnicos de gobierno (algunos de polémica reputación).

No podemos desaprovechar una oportunidad más: la sociedad pidió un cambio y reformas, es cierto. Las urnas exigieron menos privilegios y el fin de las castas (todas las castas). Pero no queda claro que sea el camino a seguir. Al contrario se refuerzan exenciones y prebendas, se vuelve a abrir una grieta, escala la confrontación, se esquiva el diálogo y ya perdimos cincuenta días para discutir civilizadamente y con el nivel que requiere nuestra Patria las transformaciones necesarias, pero no a medida de un gobierno (porque los gobiernos pasan y los problemas quedan), sino de una sociedad que ya dio demasiado y recibió muy poco.

Reformas tributarias, laborales, productivas, educativas, etc. Todas las que quieran. Hay que reordenar la sociedad, pero de cara a nuestra gente y para el beneficio de nuestra gente. Solo por mencionar un caso: discutir una reforma tributaria implica empezar por buscar los mecanismos para gravar la riqueza ociosa, la que no retribuye al crecimiento y desarrollo del país, y no, en cambio, restituir el infame Impuesto a las Ganancias.

Luego, diseñar un sistema progresivo en el cual quienes más tenemos más paguemos. Y no es una idea loca de un empresario argentino, es una discusión mundial que se dan prestigiosos empresarios de distintas latitudes y tiene que ver con la reorganización de nuestro sistema económico en tiempos de una globalización acelerada.

De ninguna manera esto atenta contra la inversión, ese argumento es falso y miserable (suele ser impulsado por personas que carecen de penurias). Lo planteo en primera persona, puedo dar ejemplo y banco la discusión. Al contrario, su efecto es sumamente positivo, alivia a la clase media y contribuye al desarrollo de nuestro mercado nacional.

Hoy faltan reglas de juego claras para que los actores tomemos decisiones económicas y esto arranque de una vez. No quiero usar estas líneas para llorar la carta (por respeto a los muchos compatriotas con la soga al cuello), pero para quienes exportamos productos manufacturados se acrecentaron los obstáculos y las barreras.

Mientras tanto, en el primer mes del nuevo gobierno se produjo en el mercado interno una baja promedio del consumo de bienes y servicios del 34% con picos de hasta el 67% según el rubro y sin ninguna perspectiva de mejora en el corto o mediano plazo.

Por todo esto, la necesidad y urgencia de las medidas tomadas debe ser materia de debate. No se entiende si es falta de cintura o desapego institucional, pero si la política es el arte de lo posible la suerte del DNU y la Ley Ómnibus debe estar en discusión. Un debate parlamentario acelerado, plagado de chicanas, y con baja participación de los actores implicados y de especialistas no augura un futuro promisorio.

Afuera del palacio de gobierno está la realidad: el 124% de devaluación sabiendo que afectaría de manera sensible sobre los precios del mercado interno y en especial sobre los alimentos, fue un acto de crueldad innecesario para una sociedad que viene a los banquinazos desde hace no menos de 8 años.

El Presidente, con su análisis de la economía a prueba de datos, adelantó para el mes de diciembre un 45% de inflación, ya que según él se venía desarrollando al 1% diario. Si bien este comentario apocalíptico puede haber incluso haber incentivado una aceleración inflacionaria, el resultado del 25,5% se mantiene en valores similares para el mes corriente.

Más allá de sacrificar un tiempo precioso en aras de su proyecto de gobierno, en ningún lado del DNU o de la “Ley” aparecen reflejado el principal problema que aflige a la sociedad: no se contempló hasta ahora un plan antiinflacionario.

Salvo que la desregulación de los precios del mercado con subas astronómicas o la liberación de cupos de exportación que igualan los precios internos a los de las más importantes economías del mundo provoquen tal recesión que implique un sacrificio adquirir un kilo de papa o de arroz o un paquete de fideos. O sea, la paz de los cementerios.

La Libertad Avanza por su camino a toda velocidad, llevándose puesto todo y cual si fuera el único posible. Mientras tanto, en la banquina quedamos las PyMEs, la clase media y los trabajadores ceñidos en la incertidumbre.

(*) Industrial y dirigente pyme (secretario de la Central de Entidades Empresarias Nacionales)