(Por Redacción EDA ) Según datos oficiales del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec), la pobreza alcanzó al 32,3% de las personas durante el primer semestre de 2026, con un salto de 4,1 puntos porcentuales frente al 28,2% del semestre anterior, mientras que la indigencia trepó del 6,3% al 7,5%. En términos absolutos, sobre los 31 aglomerados urbanos relevados por la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), la pobreza afectó a 9.729.000 personas y la indigencia a 2.249.000; si se extrapolan esos porcentajes al total del país, la cifra supera los 15 millones de pobres y los 3,5 millones de indigentes, unos 2 millones de personas más que seis meses atrás. Más allá de lo grave del dato en sí mismo, la noticia confirma uno de los temas denunciados por la Iglesia católica y tensa el escenario de la inminente visita del Papa León.
El propio Indec explicó el salto por la brecha entre ingresos y precios, con un ingreso per cápita familiar que creció apenas 11,5% en el semestre, mientras que la Canasta Básica Alimentaria (CBA, que marca el límite de la indigencia) subió 21,4% y la Canasta Básica Total (CBT, límite de la pobreza) un 19,6%. Entre los hogares pobres, el ingreso promedio fue de $922.755 frente a una CBT de $1.440.395, lo que dejó una brecha de pobreza del 35,9%, ampliada respecto del semestre previo.

El deterioro no fue parejo entre generaciones, ya que los adultos mayores de 65 años (con jubilaciones y pensiones cada vez más deterioradas y pérdida de cobertura de medicamentos) tuvieron el mayor incremento relativo, con la pobreza subiendo del 9,7% al 14,8% (5,1 puntos), más que ningún otro grupo etario. Los jóvenes de 15 a 29 años pasaron de 32,6% a 36,9% y los adultos de 30 a 64 años, de 24,6% a 28,8%. Pese a esos saltos, los niños y adolescentes de 0 a 14 años siguieron siendo el grupo más golpeado en términos absolutos, con el 44,5% por debajo de la línea de pobreza y el 10,8% en la indigencia.

El mapa regional también mostró fuertes contrastes, con el Noreste encabezando la incidencia de la pobreza con 41,5%, seguido por Cuyo (36,7%) y el Gran Buenos Aires (32,1%), mientras la Patagonia registró el menor promedio (28,4%). A nivel de aglomerados, Concordia tuvo la pobreza más alta del país, con 56,2% de su población, y la brecha con la Ciudad de Buenos Aires —el valor más bajo, 13,9%— llegó a 45,1 puntos. Dentro del propio Gran Buenos Aires, la diferencia entre CABA (11,1%) y los partidos del conurbano (36,9%) volvió a evidenciar la desigualdad territorial.
El deterioro social convive con el desmantelamiento de políticas de asistencia. Según el Monitor de La Cocina de los Cuidados, 48 de 50 programas sociales relevados sufrieron recortes desde diciembre de 2023, en un escenario de decisiones políticas del oficialismo en el que la cobertura conjunta de AUH y asignaciones familiares cayó 13% (1,3 millones de beneficiarios menos), la Tarjeta Alimentar perdió 23% de poder adquisitivo y el Plan Progresar redujo su alcance de 1.886.000 a 998.000 jóvenes. El deterioro se da además en un marco de tensión financiera, con el Riesgo País en 578 puntos y la actividad económica cayendo 2,9% en julio, lo que alimenta el riesgo de una recesión técnica.
El Gobierno intenta matizar el dato con comparaciones históricas y el ministro de Economía Luis Caputo destacó en la red social X que la pobreza bajó del 52,9% de 2024 al 32,3% actual. Pero la tendencia de corto plazo contradice ese relato, ya que mediciones privadas como las de la UTDT (31,6%), la UCA (30% en el primer trimestre) y la consultora ExQuanti (15,1 millones de personas) coincidieron en marcar un cambio de tendencia al alza que ya se insinuaba desde fines de 2025 y se confirmó en la primera mitad de este año. El dato incuestionable refuerza las advertencias de la Iglesia sobre el dramático impacto social de las políticas económicas oficiales y el retiro del Estado, en una tensión que volverá a plantearse con toda su fuerza en las próximas semanas, ante la visita del Papa León XIV al país.