Edición n° 3499 . 21/06/2026
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La Argentina boluda

«El diablo no es el príncipe de la materia,el diablo es la arrogancia del espíritu,la fe sin sonrisa,la verdad jamás tocada por la duda.» /Umberto Eco

( Por Carlos Caramello / Los especiales de Motor Económica / Edición: Héctor Sosa) ¿Nos toman por boludos o somos boludos… boludos? Hete allí la cuestión, diría cualquier Hamlet suburbano, aunque lo sintetizaría con un “Ahistá, bolodo”. La Argentina inerme, entumecida, enmascarada detrás de “hay tantos problemas, sobre todo económicos… mirá si me voy a andar preocupando de esas cosas” es una pésima copia de aquello que supimos ser o supimos conseguir: el garabato borroneado de esa historia que, hasta ayer, nos enorgullecía y hoy pasa desapercibida detrás de los escándalos que nos inoculan algunos medios… que también supimos conseguir.

Pará, loco: es mundial”, me dice un pibe que no me mira mientrasscrollea a lo campeón. Mentira. Veo a Bolivia, acá nomás, alzada, rebelada desde hace un mes y medio. Bolivia congelada por los paros y los cortes de rutas. Bolivia negándose a que la sojuzguen, a que le roben, a que la esclavicen… Y veo a esas mujeres de polleras y a esos hombres de pico y, mire, tienen los mismos problemas económicos. O más.

Veo a Albania parándose de manos contra los deseos desvariados de Ivanka Trump y su esposo Jared Kushner que descubrieron, en una reserva natural costera que alberga raras y diferentes especies, el lugar soñado para levantar un lujosísimo resort de 10.000 habitaciones. Veo a los albaneses y albanesas en las calles de Tirana protestando, resistiendo y hasta poetizando su desafío al que han llamado “La Revolución del Flamenco” mientras piden la destitución de su primer ministro sencillamente por venderse al oro yankee y traicionar la esencia misma de su pueblo. Esta lucha que ya obtuvo el apoyo del Parlamento Europeo. Acaso llegue más lejos.

Veo al pueblo iraní torciéndole el brazo a Donald Trump, su prepotencia vulgar, su locura egolátrica y su ignorancia supina y digo: no es mundial. No. Es por acá, en este barrio del sur, en esta patria nuestra de ambiciones mezquinas y cursis. En esta nación que han reducido al tamaño moral de paisito. En esta sociedad que ha bajado los brazos.

Y es queacaso el tan mentado ser nacional no vaya más allá de esa tipita aburrida de un café palermitano que ni mira al nene que viene a pedirle si se puede comer lo que ella dejó de su avocatotoast y lo echa con un despectivo gesto de su mano; o el cheto menduco, de universidad privada y cara, explicando por qué ya no se puede ir a esquiar a Penitentes; o el influencer que, en un español neutro, desde las redes, sentado sobre el capó de un Mustang amarillo alquilado, te cuenta cómo se hizo millonario en 3 minutos y 18 segundos.

Si ese es el modelo; si esa es la búsqueda de los argentinos de bien, quiero ser boliviano, albanés, iraní, palestino, burkinés… o natural de cualquier otra nación en donde no haya personas más preocupadas por la gaffe de una actriz jugando a la comunicadora que por la estafa evidente del Jefe de Gabinete de ministros que es, en definitiva, quien ejerce “la administración general del país”, de acuerdo con el artículo 100 de la Constitución Nacional reformada en 1994; o donde lo reprochable, lo repudiable diría, sean las corruptelas baratas del tipo que manoteó 800.000 dólares y se hizo una cascada y no que se estén rifando nuestras riquezas naturales, nuestras tierras, nuestra reserva de agua potable y nuestro futuro.

Correctos las pelotas

La corrección política es un negocio. Una pantalla.Un atajo que se han inventado muchosde los dirigentes que posan de progres paraentregarse a los malos de la película: léase el Poder Fáctico. Cobrar por derecha a los que se critica por izquierda representa una vieja y casi exclusiva práctica de traidores módicosque viene de los días de Bernardino Rivadavia.Pero hoy, gracias a esa desmemoria que produce el consumo problemático de redes, se ha convertido en norma entre la mayoría de los dirigentes políticosa gauche.

No somos ellos”, te apostrofan cuando intentás sugerir alguna acción más contundente que un emoji de enojo; “jugás para la derecha”, te observan cuando criticás la falta de decisión y carácter de ese que habías votado para que te ayude, no para que te hunda; “en nombre de la República, no te lo voy a permitir”, te increpan si comentás que el Poder Judicial debería ser puesto en comisión, reformar la Constitución y establecer que a los jueces se los elige a través del voto ciudadano justo en el momento en que el Presidente, por decreto, anula la participación popular en la designación de magistrados.

Pero después aparecen con mansiones valuadas en millones de dólares, como la que hizo construir el senador Luis Juez en uno de los barrios cerrados más caros de Córdoba: más de 400 metros cuadrados de vivienda tan sofisticadaque los arquitectos que la construyeron, la promocionan en revistas de diseño internacionales como la “House JC” (Juez y su esposa Victoria Corte).

O la chacra de Elisa “Lilita” Carrió en Exaltación de la Cruz, cuyo valor es uno de los secretos de Estado mejor guardados pero que,a todas luces, no cierra con los ingresos de una mujer que trabajó como legisladora durante los últimos 30 años de historia política. O el semipiso de Mariu Vidal en La Isla, el lugar más recoleto de Recoleta, adquirido gracias al medio millón de dólares que le prestó el vendedor de la residencia porque, como se sabe, ella salió de la gobernación con medio departamento en Morón y medio auto.

Nombro apenas algunos casos a cielo abierto porque contar todos sería largo y aburrido. Pero esta semana, en medio del tira y afloja parlamentario que buscaba interpelar a Adorni para luego someterlo a una moción de censura, el gobernador de Salta, Gustavo Sáenz le propuso a su par catamarqueño, Raúl Jalil, no remover al Jefe de Gabinete para que “Milei no se victimice”. ¿Corrección o corrupción? disfrazada de alta política por la que el salteño ya ha cobrado o recibido alguna promesa: la Argentina boluda también tiene sus gobernadores. Y ahora que Milei ha designado un nuevo vocero -¿marcará esto el principio del fin del affaire?-, probablemente halle también la flamante figura en la que depositar su fe incólume.

Versalles

Creer que el héroe es norteamericano, tiene mandíbula cuadrada, pelo cortado al rapé y antebrazos del diámetro de un poste de luz es uno de los principales síntomas de la Argentina boluda. Demasiado Hollywood y poco cine nacional.

Mayúsculo quilombo debe andar enfrentando en estas horas en que “los turcos” (porque para la Argentina boluda los iraníes, los sirios, los árabes sauditas, los pakistaníes, los qataríes, los iraquíes y los palestinos son todos turcos) pusieron de rodillas al Viejo Trump y su imperio craquelé. Menuda sorpresa deben andar cargando si uno que, de chico, en las películas del Oeste, siempre estaba del lado de los indios, va de conmocionado ante el derrumbe de algo que hasta hace un rato parecía la solidez hecha norma.

Verlo a Trump, un blufeador consumado, balbuceando excusas para terminar reconociendo que tenían que llegar a un acuerdo porque perdían unos 700 millones de dólares diarios y en cuatro semanas se quedaban sin petróleo, es ver la decadencia hecha carne. Además de la ignorancia supina que constituye firmar dicho acuerdo en Versalles. ¡En Versalles! La historia no es el fuerte de la Meca del cine.

Es necesario, sin embargo, dejar algo en claro: la portentosa maquinaria de guerra estadounidense no perdió frente a una fuerza igual o superior, no al menos en el poder de fuego o en lo tecnológico. Donald Trump, JD Vance, Marco Rubio y toda su cría fueron derrotados por la historia y la fe. Les ganó un país que tiene a la poesía como Patria -como bellamente tituló una de sus notas el periodista Bruno Carpinetti- y que, como puntualizó el analista internacional Marcelo Brignoni, es “geoestratégicamente vital para el orden global actual”.

El actual presidente de EEUU recuerda, hoy por hoy, con sus acciones, al patético personaje que encarnara Sacha Barón Cohen en su exquisita comedia dramática “El Dictador”. Sobre todo en esa escena de la carrera de los juegos olímpicos en la que el dictador compite con un revólver en la mano con el que va hiriendo o matando a los rivales que lo alcanzan mientras dos esbirros le acercan la cinta de llegada.

Trump hace esto en todo. Lo intentó con Irán, lo intentó con Venezuela. Ahora dice que va por Cuba pero, además, lo hace con los seleccionados que participan en el Mundial de Futbol que a él no le caen en gracia. Por supuesto los iraníes pero, también, los uruguayos, que han sido sometidos a diversas vejacionesal igual que los equipos de Senegal y Uzbekistán, sólo por poner algunos ejemplos. También la prohibición del idioma español para responder en las conferencias de prensa. Todo, claro, con la complacencia de la FIFA.

Como el guapo del barrio que va envejeciendo y perdiendo poder frente a los nuevos liderazgos, Trump parece querer imponer una primacía de la cual ya no goza en todos los eventos en los que participa. Sin ir más lejos, a inicios de la semana, llegó una hora tarde a la reunión del G7 que se llevó a cabo en Francia y no tuvo mejor idea que entrar gritando: “Yo soy el jefe” lo que le confirió un protagonismo que ningún verdadero líder mundial desearía.

En estas horas, de capa caída, con Netanyahu desafiándolo y el acuerdo con Irán tambaleando, la peor derrota bélica de los Estados Unidos parece haber sentenciado las elecciones del próximo noviembre en donde Trump no sólo pone en juego su suerte sino su destino todo.

Igual, pero peor

No hay más verdad. No hay primicias.Ni siquiera noticias. Todo es una construcción desenfrenada de operaciones, un caleidoscopio de luces y sonido; una cascada inagotable de información que desinforma. Todo puede ser verdad. O no. Nadie puede hoy llamarte la atención por decir una cosa u otra porque, envuelta en verosímiles dudosos, las falacias viajan su propio periplo destructor.

Entonces es verdad (o no) que Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados que estaba en el departamento de su contador asesinado cuando llegó la policía, a los pocos días viajó a Israel para firmar acuerdos para vender unas 100.000 hectáreas donde instalar a millares de colonos judíos. ¿Por qué no? Si Federico Sturzenegger, con su nueva ley de Propiedad Privada intenta flexibilizar la venta de tierras a extranjeros.

Y también puede ser cierto que estén destruyendo la biblioteca de la Casa de Gobierno sobre la falsa promesa de digitalizar toda la información porque Karina quiere introducir una renovación edilicia. De la misma manera que seguramente la veremos rompiendo platos y tazas presidenciales porque mandó renovar toda la vajilla para introducir un cambio en el diseño del logo. Claro, esto puede responder a un capricho estético o a una nueva mordida… ¿del 3%?. Es que los gastos operativos de la Secretaría General de la Presidencia pasaron de 471 a 1.135 millones en un año… La que puede, puede.

Por otra parte, seguramente es mentira (o verdad, quién sabe) que Clarín consiguió que el gobierno le permitiera comprar Telefónica (la fe que se tendría el multimedios que hace rato que operaban esa compañia) a cambio de bajar un poco el tono en el caso Adorni. Lo notable es que, al momento de cerrar esta nota, la cuenta de “X” del Presidente tiene como tuit fijado uno que se titula “Clarín: la gran estafa argentina”. Como Trump ante Irán, Milei se ha rendido a Clarín. Y eso no es joda.

Y todo, pero todo todo porque, la Argentina boluda, en lugar de mirar a la conspiración internacional de super millonarios tecnocráticos que se han conjurado para quedarse con cualquier cosa que les interesede nuestro país, prefiere extasiarse en la contemplación de cómo la justicia más corrupta del Universo y sus alrededores persigue a Cristina Kirchner imponiéndole restricciones que ni los genocidas ni los traficantes tienen en sus prisiones domiciliarias.

La misma Argentina boluda que se siente pilla cuando te adelanta un lugar en la cola del supermercado, te estaciona en doble fila para no caminar media cuadra, te dice con cara de “yo de esto sé” que el voto no cambia nada o te vende sin IVA pero cash porque “así ganamos los dos” y después se queja de la ausencia del Estado.

Me dicen que esta nota no sería la mejor para ganar amigos, pero yo no necesito amigos boludos. Y tampoco para ganar lectores, pero idem. Así que vaya desde acá mi mayor desprecio para la Argentina boluda que, por lo visto, se viene cada vez más gorda y más grande… aunque haga dieta forzada.

Carlos Caramello