Edición n° 2739 . 22/05/2024

Inflación y alimentos: el riesgo de la estrategia de los brazos cruzados

Crisis económica global por el alza de los precios internacionales de las materias primas

Por Alfredo Zaiat

El debate propuesto por el presidente Alberto Fernández sobre los derechos de exportación, los precios de los alimentos, la inflación y los ingresos de la mayoría de la población es complicado de encuadrar por las siguientes razones:

* Por la decisión de no subir retenciones a las exportaciones de materias primas agropecuarias,

sin fijar cupos a las exportaciones o directamente prohibir las ventas externas,

identificando ahora lo que ha significado la pérdida de la oportunidad de poder haber tenido una empresa pública de alimentos que actúe como testigo en un sector sensible para el presupuesto de los hogares, como podría haber sido Vicentin,

* sin voluntad política de avanzar en la constitución de una empresa nacional de alimentos, y

por la ausencia de organismos públicos de regulación de la comercialización de granos y carnes, como fueron las Juntas Nacionales de ambos mercados.

Vicentin: la gran oportunidad.

Abordar este debate es complicado porque sin tener o no querer utilizar ninguna de las herramientas habituales, o las que pueden ser consideradas más audaces políticamente, para desacoplar la extraordinaria suba de los precios internacionales de las materias primas de los precios domésticos, la economía local está recibiendo sin ningún mecanismo amortiguador el impacto negativo de una crisis global de alimentos y energía. ¿Qué se debería debatir entonces? Vale indicar que una de las iniciativas implementadas, el Fondo de estabilización del trigo,es poco efectiva y con escasa incidencia en la determinación del precio local en esa cadena de productos alimenticios.

El presidente Alberto Fernández convocó a debatir la necesidad de aplicar derechos de exportación (retenciones) al trigo, maíz y girasol. Imagen: Presidencia de la Nación.

Doble crisis

Recibir de lleno las consecuencias del descalabro de la economía mundial, en especial por el alza formidable de los alimentos y la energía, es asumir un costo económico y social innecesario. La Argentina es productora de alimentos en una magnitud que le permite exportar un excedente considerable, lo que la posiciona en una situación privilegiada frente a muchos países importadores netos.

Por lo tanto, padecer por vía de aumentos de precios internos este shock externo resulta excesivo para una estructura sociolaboral que viene siendo castigada por cuatro años de la administración macrista más dos de pandemia.

Para tener dimensión de esta crisis, se trata de una de las más fulminante desde la del petróleo en 1973, que alteró el funcionamiento de la economía mundial para las siguientes décadas. En este caso, estalló inmediatamente después de otra que todavía no había sido superada plenamente, como la de la pandemia.

Con esta sucesión de crisis (coronavirus + guerra en Ucrania y sanciones a Rusia) está en peligro la seguridad alimentaria de decenas de países, la posibilidad de un ciclo inflacionario global que derivaría en un alza persistente de las tasas de interés con la probabilidad de un efecto dominó de defaults de deudas públicas y privadas, y el riesgo de una recesión mundial con el consiguiente deterioro sociolaboral de millones de personas.

La guerra en Ucrania y las sanciones económicas a Rusia han alterado el funcionamiento de la economía mundial. Imagen: EFE.

Desafiar los límites de la política económica

La fragilidad de la economía dejada por la administración macrista-radical hace todo más complicado, puesto que reduce el margen de expansión fiscal y monetaria al clausurar el acceso fluido al financiamiento en pesos y en dólares.

Es un contexto difícil para abordar esta crisis por los potentes condicionamientos dispuestos por ese ciclo neoliberal, que es una de las principales características de esos procesos que restringen márgenes de libertad de la gestión económica siguiente de otro signo político. Sin embargo, no intentar desafiarlos resulta ser un sendero político voluntarista o de resignación en momentos en que existe una avanzada de la derecha política y mediática que adelanta que quiere borrar derechos laborales, sociales y previsionales, además de privatizar y reducir la capacidad de intervención del Estado.

Puede ser que no haya espacio político o que no exista convencimiento ni teórico ni práctico sobre cada una de esas medidas mencionadas para mitigar el shock externo negativo. También puede ser que el Gobierno identifique las restricciones emergentes de una economía bimonetaria, que además está bajo un programa con el Fondo Monetario Internacional, como potentes condicionamientos.

Se agrega también la urgencia de sumar dólares a las reservas vía divisas de exportaciones para disminuir las expectativas inflacionarias al tiempo de desalentar las movidas especulativas para forzar una violenta devaluación, lo que limita la posibilidad de intervenir en un comercio exterior dominado por un puñado de multinacionales.

Todo esto puede ser cierto, pero la estrategia de brazos cruzados en este capítulo específico de la política económica, ante semejante descalabro mundial, tiene un costo inmenso en términos de inflación y en la dinámica de los ingresos de los sectores vulnerables, lo que deriva en deterioro político del oficialismo.

El ministro de Economía, Martín Guzmán, ante el desafío de bajar la inflación enfrentando un shock externo de fuerte alza de los precios de los alimentos. Imagen: NA.

Cada vez está más concentrado el negocio agropecuario

Estas limitaciones y la voluntad de desafiarlas son mencionadas reconociendo que la capacidad de intervención tradicional del Estado en el funcionamiento de la actividad agropecuaria se hace cada vez más reducida. Esto no es sólo por la resistencia política, económica, social y mediática que se consolidó a partir del conflicto por la resolución 125 de derechos de exportación móviles en 2008. La dificultad de aplicar conocidas medidas para amortiguar el shock de alza de precios internacionales se encuentra también en que el consolidado poder económico del sector es cada vez más fuerte y concentrado. Se trata de una descripción de lo compleja de la actual situación; no es una justificación para quedarse de brazos cruzados.

El panorama en el campo en el 2022 no es igual al existente en el 2008: ahora está aún más concentrado. Así surge del último Censo Nacional Agropecuario 2018. El ingeniero agrónomo Carlos León junto a otros investigadores realizó un exhaustivo estudio en base a esa información, alcanzando las siguientes conclusiones:

1. De un censo a otro se redujo en 23 por ciento la cantidad nacional de Explotaciones Agropecuarias, fenómeno que se repite en la mayoría de las provincias y que se viene dando desde el Censo Nacional Agropecuario 1988.

2. Sólo en Jujuy, Santiago del Estero y Catamarca hubo un incremento de Explotaciones Agropecuarias con límite definido atribuible a procesos de titulación de tierras.

León explica que como la reducción de las explotaciones afecta especialmente a las de menor tamaño, se acentúa la polarización de la estructura agraria: muchas pequeñas explotaciones con poca tierra y la mayor parte de la tierra en pocas Explotaciones Agropecuarias.

Detalla también que existe una altísima concentración del uso del suelo en pocos rubros productivos: el 69 por ciento de la superficie implantada corresponde a cereales y oleaginosas, fundamentalmente soja y maíz. Si se agrega un 21 por ciento cubierto con forrajeras, se llega a que un 90 por ciento de la ocupación del suelo corresponde a actividades extensivas, es decir de bajo valor de producción por hectárea y poco demandantes de fuerza de trabajo. Sólo el 10 por ciento restante corresponde a rubros intensivos: cultivos industriales, frutas y hortalizas, montes y bosques implantados, entre otros.

Otro factor mencionado en la investigación es que entre 2018 y 2002 –año del anterior censo- tuvo lugar una profundización del proceso de expansión de la frontera agropecuaria en el norte del país, especialmente para el cultivo de soja y maíz.

Rusia y Ucrania representan el 30 por ciento de las exportaciones de trigo en el mercado mundial. Imagen: NA.

Qué hacen otros países

Desde marzo pasado, el FMI está haciendo un seguimiento de las restricciones en el comercio internacional y el último reporte indica que alrededor de 30 países han restringido el intercambio de alimentos, energía y otros productos básicos clave. Otro relevamiento realizado por Simón Evenett, profesor de Comercio internacional y Desarrollo económico en la Universidad de St. Gallen, mencionado en un reciente artículo en The New York Times, dice que desde inicios de este año, un grupo de países han impuesto un total de 47 restricciones a las exportaciones de alimentos y fertilizantes.

Hace dos semanas India prohibió las exportaciones de trigo, y en ésta las cerró para el azúcar. India no está sola. Además de Rusia y Ucrania, Egipto,Kazajistán, Kosovo y Serbia también prohibieron las exportaciones de trigo.

Las restricciones no son sólo sobre las exportaciones de trigo. Varios países (Argelia, Irán, Túnez, Kuwait, entre otros) también han implementado prohibiciones sobre otras exportaciones de alimentos a medida que aumenta la inflación global. Algunos de estos productos incluyen aceite de girasol, aceite de palma, fertilizantes y granos. Aparte del aumento de los precios de los alimentos, el suministro de muchos productos alimenticios también es incierto.

Entre otros países que han implementado recientemente una prohibición de exportación de alimentos se encuentra Indonesia, que ha restringido las ventas al exterior de aceite de palma, un ingrediente fundamental utilizado en muchos productos alimenticios y no alimenticios. Al igual que India, Indonesia ha argumentado la necesidad de garantizar la disponibilidad de alimentos a nivel local, después de que la inflación mundial de alimentos se disparara desde marzo pasado. Indonesia produce más de la mitad del aceite de palma del mundo. Turquía también ha frenado las exportaciones de manteca, carne vacuna, maíz y aceites vegetales.

Estos son los antecedentes inmediatos de acciones defensivas frente a la crisis que se está desplegando en el mercado mundial de alimentos. Mientras, en Argentina domina la pasividad ante semejante alteración en el funcionamiento de la economía mundial.

Inflación importada

A esta altura no se discute que existe un componente relevante de inflación importada en la aceleración de los precios domésticos. Esto significa que el salto del Indice de Precios al Consumidor-Indec a umbrales del 6 por ciento mensual estuvo motorizado por el alza de las materias primas de exportación.

El primer shock fue en el segundo trimestre del año pasado debido a las consecuencias de la pandemia y, cuando ya había sido absorbido sin ninguna medida oficial para mitigarlo, vino una segunda ronda desde marzo pasado con la aceleración de los precios internacionales por la guerra en Ucrania y las sanciones económicas a Rusia.

En el blog Alquimias Económica se publicó el texto «El efecto de los shocks en los precios de las commodities sobre la inflación», de Nicolás Bertholet, Gabriel Montes-Rojas y Fernando Toledo. Explican que Rusia y Ucrania representan casi el 30 por ciento de las exportaciones mundiales de trigo y el 18 por ciento de maíz, cereales que salían a diferentes países de los puertos del Mar Negro que actualmente se encuentran cerrados. Esta troika de economistas menciona que el aumento de la inflación global refleja múltiples factores:

La demanda ha repuntado fuertemente apoyada por medidas fiscales y monetarias excepcionales, especialmente en las economías avanzadas, fruto de la recuperación pospandemia de la covid-19.

* Las interrupciones en el suministro causadas por la pandemia y el cambio climático.

* Una modificación en el gasto hacia bienes en lugar de servicios han aumentado las presiones sobre los precios.

* Las tensiones salariales son evidentes en algunos segmentos de los mercados laborales.

En este artículo se indica que los precios de los productos alimenticios aumentaron 23,1 por ciento el año pasado, el ritmo más acelerado en más de una década, según cifras ajustadas por inflación de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). El registro de febrero de 2022 fue el más alto desde 1961 para el indicador de seguimiento de los precios de la carne, los lácteos, los cereales, los aceites y el azúcar.

«Estos incrementos de precios tendrán un impacto mundial, especialmente en los hogares pobres para quienes los alimentos representan una mayor parte de los gastos«, afirman. Con la colaboración de la econometría, estos tres investigadores evaluaron empíricamente el efecto de este aumento en el precio de las commodities sobre la tasa de inflación de distintas economías. «Se estima así la propagación y transmisión de un shock de oferta global negativo, conocido como “inflación importada”, sobre la tasa de inflación local», señalan.

«Los resultados indican que hay un efecto sobre la inflación local ante un aumento de los precios de las commodities, aunque el efecto sobre los precios nacionales es mucho menor que el acontecido en los commodities. Sin embargo, el potencial efecto no es despreciable ante una súbita aceleración de los precios de los insumos energéticos o de los alimentos, bienes básicos para toda la economía», concluyen.

Los términos del intercambio de la economía argentina está en los niveles más elevados desde 1986, cuando se inicia la actual serie elaborada por el Indec. Imagen: AFP.

Extraordinarios términos del intercambio

Un indicador clave para ilustrar el fabuloso ciclo económico que está registrando el complejo agroexportador es el de los términos del intercambio. La competitividad de las exportaciones no debe evaluarse solamente por la relación tipo de cambio/inflación local; también debe incluirse los precios internacionales. Es lo que se conoce como los términos del intercambio.

El último reporte del Indec muestra el extraordinario período que se está registrado en ese indicador. Los términos del intercambio, que mide la relación entre los índices de precios de exportación y de importación, mejoraron 4,8 por ciento respecto al primer trimestre de 2021, debido a que los primeros aumentaron en mayor medida que los segundos. Esta mejora que se sostiene desde el tercer trimestre de 2020 situó el actual índice de los términos del intercambio en un nuevo nivel máximo de la serie, cuyo inicio es 1986.

El Índice de precios de las exportaciones del primer trimestre de 2022, continuando con la tendencia alcista iniciada en el cuarto trimestre de 2020, registró un incremento de 21,7 por ciento respecto al mismo período del año anterior, mientras que los precios de las importaciones subieron 16,1 por ciento. El saldo de la balanza comercial del primer trimestre de 2022 fue entonces superavitario en 1394 millones de dólares.

El informe del Indec ofrece un cálculo hipotético que cuantifica las ganancias o las pérdidas en el intercambio comercial si los precios de las exportaciones y de las importaciones de un período determinado prevalecen en relación a uno sin ninguna variación. En base a esta hipótesis, si en el primer trimestre de 2022 hubiesen prevalecido los precios del mismo trimestre del año anterior, el saldo comercial habría arrojado un superávit de 424 millones de dólares, en lugar de 1394 millones. Así, ante la mejora del Índice de términos del intercambio (4,8 por ciento), el país registró una ganancia de 777 millones de dólares.

Con estos fabulosos términos de intercambio, la devaluación persistente del tipo de cambio refuerza una transferencia de ingresos regresiva que pone bajo tensión el poder adquisitivo de la mayoría de la población.

No echar más leña al fuego

Como se detalló, el alza de los precios internacionales de las materias primas de exportación tiene un impacto en los precios domésticos. Sin medidas para desacoplarlos, como la suba de los derechos de exportación (que no son impuestos sino aranceles del comercio exterior denominados retenciones), la extensa y compleja cadena de la actividad agropecuaria –desde el productor, rentista, acopiador, comercializador de insumos y servicios, transporte y logística hasta el exportador- recibe en forma plena los extraordinarios beneficios de esos precios altísimos.

Sin aplicar ninguna medida para atenuar esta dinámica inflacionaria, como se mencionó al comienzo, las minidevaluaciones diarias del tipo de cambio oficial, en la actual situación, resulta ser otro factor que colabora aún más para abultar esa renta extraordinaria, además de potenciar uno de los canales de propagación (el mercado de cambio) de la inflación.

El combo de política económica que incluye no hacer nada en el sector externo, absorbiendo en forma plena el shock de alza de precios internacionales de alimentos, más la continuación de un ritmo de devaluación del tipo de cambio para acompañar la evolución del IPC-Indec, tiene como saldo más inflación desde niveles ya muy elevados e ingresos de los sectores populares corriendo por detrás de los aumentos de precios.