Edición n° 2649 . 22/02/2024

Herramientas y diseños. Acerca del paro con movilización

Por GABRIEL FERNÁNDEZ *

Abrevar en el Pensamiento Nacional no implica aceptar todo lo planteado sin beneficio de inventario. Se trata de pensar en base a lo mejor que se ha elaborado en estas tierras.

Varias consideraciones merecen revisión. Es probable que uno de los factores que ha llevado a esta segmentación entre la militancia política nacional con el movimiento obrero sea, además de cierta distancia social, el equívoco de algunos compañeros, entre ellos John William Cooke, al extender injustamente el concepto de burocracia.

En su brillante pero no plenamente certero Informe a las Bases, comete el error de identificar a ciertas franjas de la dirigencia política del movimiento nacional con una gran porción del espacio sindical. También emite una descripción procedimental que amerita gran reflexión, pues deriva en un planteo conceptual temerario: la dualidad entre metodología revolucionaria y acción burguesa.

Entre ambas aseveraciones, queda instalado un realce para núcleos reducidos de vociferantes que exigen soluciones Ya, en detrimento de organizadores que evalúan los tiempos y la masividad de los pasos a seguir.

Esto se ha prolongado demasiado. El resultado más dramático se registró en el primer lustro de los años 70, cuando la división interna se desplegó violentamente. Argüir que la culpa o el primer disparo surgió de aquí o de allá es negarse a comprender que el cruce agudo perjudicó al movimiento obrero, a la juventud y al pueblo en su conjunto. Sólo se benefició el bloque antipopular.

La unidad no es un asunto menor. Como apuntó Carlos Marx, “los golpes contra el proletariado se atenúan cuando se reparten por toda la superficie de la sociedad”. De allí que la forja de alianzas tenga sentido en las dos direcciones: defensiva y ofensiva. Del genial alemán pueden decirse muchas cosas, menos que haya sido sectario como muchos de sus presuntos herederos.

La saga continúa. Por caso, muchos militantes estiman que el movimiento obrero argentino “no hizo nada” contra el macrismo. Hasta evitan “recordar”, en un extraño proceso psicológico, los seis paros generales dispuestos en cuatro años de gobierno liberal antinacional.

Pero tales paros, con todo lo que implica organizar un evento de esa naturaleza en una nación extensa como la Argentina, se concretaron. Varios, con movilizaciones masivas. De hecho nos tocó conducir uno de los actos, en Plaza Congreso, donde hubo 400 mil personas. Estaban allí, desde el escenario se veía el lugar colmado. Pero algunos no las vieron; ¿cómo es posible?

Eso sí: se acuerdan de “poné la fecha…” y esgrimen ese episodio como bandera anti sindical. Fue cuando los gremios de la producción se convocaron ante la Secretaría de Industria y se tomaron una semana, tras los rechazos oficiales a sus exigencias, para disponer la medida de fuerza.

Ahora, es habitual leer posteos y escuchar altavoces señalando que la huelga más rápida de la historia se va a realizar “tarde” y que la CGT y sus compañías intentan dilatar las luchas para beneficiar indirectamente al gobierno. La cantidad de sindicatos y federaciones existentes no le dice nada a los vocingleros, y menos la importancia de coordinar con las delegaciones regionales.

Tampoco los conmueve la necesidad de lograr masividad. Hay una zona vasta de la comunidad que todavía no percibe la gravedad de la situación porque el ajuste no le impactó de lleno. Y hay un Congreso que recién el 25 se reunirá para analizar el famoso DNU. Es ostensible que ambos factores tendrán vigor en la última semana del primer mes del año. ¿Cómo acelerarlos?

Aquí no se trata de dejar de lado a Cooke, sino de rescatar los elementos más adecuados y vigentes para analizar la actualidad. No hay manera de alcanzar eficacia si los espacios sociales profundos son bombardeados con la hipótesis de que sus referencias van para atrás, están corrompidas o dejan de lado los intereses de los representados.

Este periodista está más urgido que los acelerados, porque observa que si hacia el segundo semestre Milei -es decir, sus orientadores económicos- consigue ralentizar la inflación, el malestar social aquilatado durante este primer tramo del año puede descender; no quedar fuera de juego, pero si atenuarse.

Entre los dirigentes peronistas que insisten en prolongar una interna de pesadilla brindando razón al diagnóstico del nuevo presidente sobre la herencia recibida, y las empresas que acumulan rápidamente y se hacen de un colchón de ganancias inmediato para operar con aire en el período posterior, el espacio antinacional ya habrá ganado más de un año.

Esos meses los aprovechará para entregar y privatizar; para establecer una reforma constitucional de facto que invalide toda reivindicación popular. Aunque no logre la fractura nacional inmediata, sentará los bases para que a los tres años de gestión la misma resulte bien difícil de evitar.

Sin embargo, no se percibe otra opción que cargar con energía ahora, forzando la anulación del DNU, mediante el respaldo intenso de las marchas espontáneas y del Plan de Lucha. Desprestigiar unas u otro porque no dan la medida radicalizada que nuestro corazón exige, anularía las herramientas realmente existentes.

La admisión sin contexto de ciertas definiciones, puede originar confusión sobre los polos en debate. Un interesante cruce interno sobre tiempos y formas en un tramo determinado, ha derivado en una puerta abierta hacia el interior del movimiento para los planteos de izquierda tradicional que concluyen “el peronismo es cómplice porque sirve al sistema”.

Así se anula la faceta más potente de Cooke, cuando le espeta a esa izquierda porqué él es peronista, y cuál es el sentido de la pertenencia al movimiento nacional.

Muchos compañeros consultan en estas páginas Qué Hacer. Los periodistas del Pensamiento Nacional no podemos ni debemos intentar configurarnos en referentes; por eso la respuesta a ese interrogante solo se construye en base a una elaboración abierta entre las más variadas zonas del Proyecto Nacional. Pero vale animarse a lanzar dos sencillas precisiones.

Por estos tiempos, es preciso participar de los banderazos y cacerolazos que las franjas medias protagonizan en las ciudades, y sobre todo acompañar al movimiento obrero en su Plan de Lucha. En modo alguno se trata de soluciones plenas, fórmulas de avance. Pero se trata de los puntos de apoyo que pueden contribuir a quebrar esta gestión antinacional.

La propuesta de la CGT y las centrales coaligadas implica presión sobre los congresistas, empezando por Unión por la Patria y siguiendo por el resto. También, articulación con asociaciones empresariales ligadas a la producción y al mercado interno. Se intentará reforzar el diálogo con varias gobernaciones.

No es poco.

Si se logra desbaratar el paquete de medidas lanzadas con estudiada rapidez por el perro muerto, será posible avanzar un paso más hasta deshacer el poder oficial. El mismo teórico antes citado afirmó que “los pueblos, en épocas de malhumor pusilánime, gustan de dejar que los voceadores más chillones ahoguen su miedo interior”.

De eso se trata. De anular la influencia de Milei y los medios sobre las esperanzas de las masas.

Y si, nos parece perjudicial el grito solitario de quien se arroga el derecho de calificar como traidores y cómplices a quienes dan batalla con las herramientas de las que disponen. A un mes de la derrota electoral.

El gran jefe de la CGT, el reivindicado Saúl Ubaldini, pudo concretar su misión combativa, anti dictatorial y anti FMI, por varias razones. Una fue su enjundia e inteligencia. Otra, el amparo que le brindó la Unión Obrera Metalúrgica a través del cuestionado Lorenzo Miguel.

Puede ser importante recordar esos factores.