Edición n° 3566 . 27/08/2026
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Hackear a Peter Thiel

(Por: Juan Luis González/Giselle Leclercq)

Esta investigación fue posible gracias al apoyo de Reporteros Sin Fronteras.

La presencia de Peter Thiel en Argentina abrió un sinfín de dudas y preguntas: cómo se gestó su llegada, la decisión de vivir en Barrio Norte, quién le manejó su rutina en Buenos Aires. ¿Qué vino a hacer realmente? La mayoría de las personas que tuvieron contacto directo con él se negaron a hablar o a contestar preguntas sobre sus intenciones y otras tan triviales como de qué escena de El Señor de los Anillos son los tapizados que mandó a poner en su nueva mansión. Desde Juan Grabois hasta Mauricio Macri, pasando por los dueños del club de Almagro al que fue a jugar al ajedrez, o los padres del colegio al que mandó a sus tres hijas, nadie quiso decir una sola palabra. 

La misma actitud tuvieron algunas fuentes que tienen contacto fluido con los dos periodistas que trabajamos todos los días, durante un mes y medio, en esta investigación. Cuando aparecía el nombre de Peter Thiel, se cerraban.

Sin embargo, el tecnomagnate más influyente de Silicon Valley no logró borrar todas sus huellas. Las personas pueden callar, pero los documentos hablan. 

El Boletín Oficial nos dio la primera pista para rastrear a los misteriosos intermediarios que lo ayudaron a comprar la mansión. Uno de ellos estuvo a cargo del Departamento Legal de la iglesia mormona para el Cono Sur y el otro aportó para la campaña de Juntos por el Cambio en 2023, según quedó registrado en la Cámara Nacional Electoral. 

Las solicitudes de acceso a la información en la Inspección General de Justicia (IGJ) permitieron desentrañar una trama societaria detrás de la cual aparecieron dos ejecutivos de Thiel Capital. 

El Instituto Nacional de la Propiedad Intelectual (INPI) reveló que Thiel había puesto un ojo en Argentina durante el gobierno de Alberto Fernández, en 2022, cuando inscribió su marca. 

Los registros de la Casa Rosada revelaron que el cofundador de Próspera, la ciudad privada de Honduras financiada por Thiel, se reunió con funcionarios del gobierno de Milei antes que el propio empresario tecnológico. 

Y un archivo periodístico arrojó un dato inquietante: Thiel intentó entrar a la Argentina por primera vez hace diez años, cuando estuvo a punto de quedarse con los archivos secretos de la AMIA. Hoy, esa información sobre la que fue posible volver y profundizar, adquiere un nuevo significado. 

La que sigue es la historia jamás contada sobre los meses que Thiel pasó entre nosotros.

La larga huella de Palantir

El jueves 23 de abril, luego de cerrar la sala de periodistas por primera vez en la historia de la democracia, Javier Milei recibió a Thiel en la Casa Rosada. Fue el cuarto encuentro que mantuvieron cara a cara, pero fue mucho más que eso: sirvió como el anuncio formal de que el tecnomagnate había llegado a vivir a Argentina.

Desde entonces se instaló una pregunta de escala global: ¿Por qué Thiel tomó de la mano a Kristina, Victoria y Marie, sus tres pequeñas hijas, y junto a su esposo, Matt Danzesein, vinieron hasta este rincón del fin del mundo? ¿Qué vino a hacer acá alguien que tiene una fortuna de casi 32 mil millones de dólares y que, según Forbes, es uno de los cien hombres más ricos del mundo? Para entender los pasos del personaje no había que empezar preguntándose por el qué sino por el cuándo.

La casa de Peter Thiel en Buenos Aires, en Dardo Rocha al 2900

No fue, como sostiene el relato libertario, el triunfo de Milei y el auge de su “fenómeno barrial” lo que hizo que Thiel empezase a mirar Argentina. Su interés venía de antes. 

Por un lado la preocupación por la energía, frente a lo que los expertos en el tema llaman “phase transition”: el parteaguas que llevaría a la IA a la “superinteligencia”, mayor a toda la humanidad combinada en lo que involucre tareas cognitivas. En enero de 2026, Elon Musk pronosticó que ese momento llegará entre 2030 y 2031. Y el primer gran socio de Thiel dijo algo más: “El factor limitante de la IA es la energía”. Hace tiempo que en Silicon Valley advierten esa necesidad y ya el año pasado Sam Altman, otro que salió de la escudería Thiel, anticipó la creación de grandes data centers por fuera de Estados Unidos. Uno de ellos, no casualmente, vendría a estar en Argentina. Para solucionar este cuello de botella energético los tecnomagnates planearon el desembarco en países no desarrollados que pudieran satisfacer sus demandas.

Pero Thiel no es dueño de estos gigantescos edificios llenos de hardware donde se ejecuta físicamente la IA y se dispara la demanda de energía mundial. Palantir, su empresa más relevante, es antes que todo una plataforma que recopila datos, pero para existir necesita sí o sí los centros de cómputos. 

El 6 de junio de 2022, cuando Milei medía apenas unos puntos para las elecciones nacionales, Palantir Technologies se registró como marca en el Instituto Nacional de la Propiedad Intelectual (INPI). A través del estudio de abogados Berton Moreno IP LAW, la empresa de Thiel declaró ante el Estado argentino que venía a ofrecer, entre otras cosas, “software no descargable de inteligencia artificial perimetral; software para el análisis, organización, marcadores sociales y seguimiento de datos e información geoespaciales, cartográficos y de localización; software no descargable para el procesamiento de datos para su uso en la investigación avanzada de productos, ingeniería, y diseño en el ámbito de la seguridad nacional”.

Al final, la resolución aclara que “todos los servicios mencionados anteriormente son diseñados y comercializados para usuarios gubernamentales, empresariales u otros usuarios institucionales, excepto para consumidores individuales y no distribuidos a través de canales minoristas”. Thiel sólo piensa en grande.

Palantir intenta hacerse con datos de Argentina por lo menos desde 2017

La búsqueda que hicimos en el registro del INPI respondió a una de las hipótesis que giran alrededor de la presencia de Thiel en Argentina: vino a hacer negocios. A pesar de que era esperable la inscripción de la marca, haber garantizado que nadie más utilizara su nombre en el país cuatro años atrás abrió una pregunta: ¿hubo otro antecedente? 

Una búsqueda avanzada en Google con filtro de fecha arrojó un primer resultado inesperado. El 8 de septiembre de 2017, el diario Perfil publicó una nota titulada “AMIA: impulsan un contrato con una firma vinculada a la CIA que espió en el país”. El texto, firmado por Aurelio Tomás, revelaba que Palantir quería quedarse con la digitalización de los archivos secretos de esa causa. Se trataba de una iniciativa impulsada por el entonces Ministerio de Modernización del gobierno de Macri, a cargo de Andrés Ibarra, en un acuerdo con el Ministerio de Justicia de Germán Garavano. 

El tema parecía estar avanzado. Según confirmó Tomás, el 13 de abril de aquel año un directivo norteamericano de la empresa de Thiel había viajado hasta Argentina para realizar, en el Ministerio de Modernización, un “demo” ante la Unidad Fiscal de Investigaciones AMIA (UFI AMIA). “Los fiscales mostraron preocupación porque están en juego archivos secretos”, contó el artículo. Además, los productos informáticos de Palantir “fueron mostrados a otras instancias sensibles del Estado, como la Unidad de Información Financiera (UIF)”. 

Durante la investigación accedimos a un documento que presentó la UFI-AMIA para acompañar el reclamo de la organización y a la sentencia. La Agrupación por el Esclarecimiento de la Masacre Impune de la AMIA (APEMIA) llevó el caso a la Justicia. La organización pidió la inconstitucionalidad del Decreto 229/7, que había empoderado a la Unidad Especial AMIA (UEI-AMIA) en el manejo de los archivos. El organismo funcionaba en la órbita del Ministerio de Justicia y era señalado como el impulsor de las gestiones con Palantir. Los jueces de la Sala I de la Cámara Criminal y Correccional Federal, Jorge Ballestero y Leopoldo Bruglia rechazaron el reclamo, pero establecieron que la UFI-AMIA debía conservar el control exclusivo del relevamiento, manejo y custodia de la documentación. Así, el intento de Thiel por administrar una de las bases de datos más sensibles de la historia reciente se diluyó. 

La UEI-Amia estuvo a punto de entregar los datos de la causa a Palantir

Hablamos con Mario Cimadevilla, que estuvo al frente de la UEI-AMIA. En mensajes por escrito de WhatsApp, dijo que la gestión fue originada por la cartera conducida por Ibarra. También confirmó que hubo una reunión con Palantir, pero no en Buenos Aires. Aseguró que del 7 al 12 de enero de 2017 Adolfo Athos Aguiar, un abogado de su equipo que falleció en 2019, y “representantes” de Modernización y de Justicia viajaron a Londres.

Cimadevilla nos escribió: “Fueron a un evento de presentación y análisis de soluciones en materia de inteligencia, análisis de datos, procesos de discovery y documentación. Y asistieron a una demostración en las oficinas de Palantir, en Soho Square”. Ibarra, por su parte, contestó con un brevísimo mensaje de audio diciendo que no recordaba “nada” de toda esta historia ni de ningún vínculo con Palantir.

La cronología comienza a ser más clara: primero Thiel intentó quedarse con los secretos de una de las causas más oscuras de la historia de este país. Después registró formalmente su empresa. Y luego se mudó a Buenos Aires. 

Los abogados de Thiel en Buenos Aires

Marcos Cardoso es un abogado recibido en la UBA, con un posgrado en derecho aduanero y un máster en derecho en Northwestern University de Chicago. El momento más destacado de su carrera profesional, según su LinkedIn, fueron los años que pasó, entre 2010 y 2018, como letrado principal y encargado de las relaciones gubernamentales para todo el cono sur de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, conocida como la iglesia mormona. 

Eso cambió. “No podemos hablar de nuestros clientes”, fue la primera reacción de Cardoso cuando este medio se comunicó con el teléfono que aparece en la página del estudio MRQ Abogados. La respuesta fue llamativa: nadie había hablado de ningún cliente. 

— No sabíamos que Thiel era su cliente. Nos comunicamos por Birkdale Emprendimientos, la empresa que compró la casa en la calle Dardo Rocha.

—Tampoco —dijo Cardoso luego de un silencio pronunciado—. No podemos decir nada respecto de nada. No tenemos autorización. Tampoco dije que fuera cliente. Lo que digo es que no podemos hablar de nadie, sea o no sea cliente. Es un tema del que no tengo nada para decir. 

MRQ Abogados apareció en el radar de forma sencilla al buscar “Dardo Rocha 2928” en el Boletín Oficial. Birkdale Emprendimientos S.A.U. era la única empresa que aparecía radicada en ese domicilio. Había sido constituída el 2 de julio de 2025 por Martín Rodrigo Quintanar, el fundador del estudio. Su socio, Cardoso, había sido designado como síndico titular. La sociedad, según consta en el documento, tenía por objeto desarrollar actividades inmobiliarias y celebrar contratos de fideicomiso.

Los abogados Marcos Cardoso y Martín Rodríguez Quintanar

Existen oficinas en el microcentro porteño que funcionan como “presta-domicilios” y que pueden registrar a decenas de sociedades sin necesidad de vinculación. Sin embargo, eso no suele pasar en uno de los barrios más exclusivos de la ciudad. Las siguientes resoluciones publicadas en el Boletín Oficial lo confirmaron. 

Con el correr de los meses, Birkdale Emprendimientos hizo distintos movimientos: incrementó su capital (que comenzó en $30.000.000 y llegó a $236.275.000), se convirtió en una Sociedad Anónima y más tarde en una Sociedad de Responsabilidad Limitada e incorporó como accionistas a dos empresas estadounidenses: Birkdale Haven LLC y Ceylon Holdings LLC. La última asamblea de la firma se celebró el 29 de abril de 2026, ya con Thiel en Argentina. 

En internet no hay rastros de Birkdale Emprendimientos. No existe un sitio web con ese nombre, una cuenta en redes sociales o un número de contacto. También resulta imposible rastrear a qué se dedican Birkdale Haven LLC y Ceylon Holdings LLC. Con la información pública sólo se podía saber que hay una relación entre los abogados del estudio MRQ, las empresas y la mansión, aunque sin mayores precisiones. 

Un trámite regular presentado ante el Registro de la Propiedad Inmueble sirvió para ordenar el rompecabezas. A 49 días de haberse constituido, el 20 de agosto de 2025, Birkdale Emprendimientos compró la casa ubicada en Dardo Rocha 2924/28 por el valor de US$13.500.000. La operación se concretó mediante la escritura N° 167 ante la escribana Claudia Beatriz García Cortínez.

Con el documento aparecieron nuevas inquietudes. ¿Quintanar y Cardoso eran los propietarios legales de la mansión o simplemente intermediarios? A través de solicitudes de información presentadas ante la Inspección General de Justicia (IGJ) se destaparon los verdaderos personajes detrás de la operación. Son dos nombres fuertes del tecnomagnate: David Wheelock, general counsel de Thiel Capital, y Will Tipton, chief financial officer

Según se informó ante el Registro Público de la Ciudad de Buenos Aires, a cargo de la IGJ, Wheelock es el máximo responsable de Birkdale Haven LLC y Tipton su director financiero. La firma se constituyó en Estados Unidos en febrero de 2025 y es propiedad de Lorien Holding, una sociedad radicada en Delaware. 

Para realizar gestiones en Argentina, Birkdale Haven designó a Quintanar como su representante legal. Además, para que lleven a cabo actuaciones en el ámbito nacional, provincial o local, se autorizó a otros seis abogados: Cardoso (quien atendió nuestra llamada), Sergio Darío Restivo, Mercedes Lespiau, Natalia Paola Florido, Javier Fernando Gabarain y Francisco Pablo Restivo.

Birkdale es la firma que conecta a Thiel con Buenos Aires

El estudio de MRQ Abogados está ubicado en Palermo. Quintanar estudió abogacía en la Universidad del Salvador, obtuvo un diploma de postgrado en negocios en la Universidad de California (Berkeley, EE.UU.) y cursó estudios en la Academia de Derecho Estadounidense e Internacional (Dallas, EE.UU.). Durante veinte años trabajó en el estudio Baker & McKenzie, donde escaló hasta ser socio. Con perfil bajo, su única red social activa es LinkedIn. Sin embargo, cuando se busca su nombre en Google aparece mencionado en un artículo de julio de 2023 publicado en El Grito del Sur. El periodista Matías Ferrari lo incluyó en la lista de aportantes privados de la campaña de Juntos por el Cambio. 

La información se puede verificar en el sitio de la Cámara Nacional Electoral. El 11 de julio de 2023, Quintanar aportó $2.000.000 para las elecciones primarias de la Ciudad de Buenos Aires, en las que Jorge Macri era el candidato de JxC. Diez días después colaboró con otros $2.000.000 que fueron destinados al orden nacional, donde competían como precandidatos Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich. 

¿Los vínculos políticos del abogado estarán relacionados con la agenda de contactos que construye Thiel en Argentina? ¿La aparición en esta trama de la iglesia mormona, alineada ideológicamente a la derecha, será una casualidad?

Alemania, Sudáfrica, Estados Unidos, Argentina

Thiel no necesitaba residir en Argentina. No necesitaba armar durante largo tiempo un plan para desembarcar acá. Su compañía opera en más de veinte países en el mundo y él no vivió en todos ellos. Palantir tiene contratos con el gobierno brasileño desde la era de Jair Bolsonaro, un vínculo que continuó durante el tercer mandato de Lula, pero el tecnomagnate no se mudó a las playas de Río de Janeiro. ¿Por qué con Argentina sucedió otra cosa?

En el gobierno insisten con que una de las razones radica en la excepcionalidad local. De todos los países del mundo hay sólo uno dirigido por un fanático de Murray Rothbard, uno de los autores clave en la ideología de Thiel. Esa originalidad argenta conecta con otra: de todos los tecno bros de Silicon Valley hay sólo uno que piensa más o menos lo mismo desde hace décadas. Mientras que Mark Zuckerberg era un liberal demócrata y Elon Musk un ecologista que financiaba a Obama, Thiel se paró literalmente como el único de todo ese mundo que en 2016 respaldó con palabras y dólares la primera candidatura de Trump. 

Para aquel momento, el dueño de Palantir llevaba más de tres décadas escribiendo, pensando y debatiendo como un conservador que luego se radicalizó al libertarianismo.

Peter Thiel en la década del 90, antes de dar su gran salto como empresario y líder de los libertarios transhumanistas

Thiel es un personaje difícil de clasificar. Al menos de 1998 en adelante: hasta aquel año, el joven que había nacido en Alemania en 1967 y se había criado en la Sudáfrica del apartheid y en Estados Unidos, era un polemista frustrado, un abogado gris y un inversor más entre los tantos que en el último tramo de los noventa, en pleno boom de las punto com, se había mudado a buscar fortuna en Palo Alto, el corazón de Silicon Valley. Pero en 1998 todo cambió: 24 horas después de conocer a Max Levchin, un ucraniano informático de 23 años con fama de superdotado y recién egresado de la universidad, le dio 250 mil dólares para explotar una de sus ideas. Y así nació Paypal, la primera billetera digital que adquirió masividad en el mundo. 

En esta operación apareció el personaje en todo su esplendor: primero, como un inversor que sabe olfatear dónde hay un negocio gigantesco para hacer —a diferencia de otros, como Musk, creadores de la tecnología con la que luego lucran—; y segundo, como un hombre de profundas convicciones. “Esto va a ser revolucionario para todo el mundo: la erosión del Estado Nación”, dijo Thiel a la prensa estadounidense sobre la compañía el año de su creación. Y agregó: “Paypal va a hacer imposible que los gobiernos usen la inflación o la devaluación para sacarle riqueza a sus ciudadanos”.

Desde entonces Thiel acumuló poder y se radicalizó. En 2009 sintetizó uno de sus latiguillos más famosos: “Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles”. Lo escribió en un ensayo titulado “La educación de un libertario”, publicado en el portal del Instituto Cato. Allí concentró su idea de que tal como está la democracia —y en especial quienes gobiernan— frenan la innovación tecnológica y la libertad que traería.

Para muchos de sus críticos ahí se resume el espíritu de Palantir. A esta empresa la creó en 2003, luego de vender Paypal por 1.500 millones de dólares. Y quien fue su principal sponsor en aquel arranque revela gran parte de cómo siguió esta historia. 

En 2005, la CIA invirtió alrededor de 2 millones de dólares, un monto pequeño pero que sirvió para validar a la naciente empresa ante el mercado. Dos décadas después, esa agencia de inteligencia, el FBI, la NASA, el Departamento de Salud, ICE y Homeland Security (por sólo citar algunas áreas del gobierno estadounidense con las que tiene contrato) trabajan con ese software. 

“¿Es Palantir una fachada de la CIA?”, le preguntaron en un evento a Thiel, que contestó: “no, la CIA es una fachada de Palantir”. 

Hablar de contratos no es suficiente para entender qué es Palantir. Su tecnología fue usada en las operaciones de la Guerra de Ucrania y en el secuestro de Nicolás Maduro en Venezuela. Y también está apuntada por haber sido usada en el ataque a la escuela primaria Shajare Tayebé en Minab, al sur de Irán, el 28 de febrero de 2026, el primer día de la Guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Ese día, según confirmó UNICEF, murieron al menos 168 personas, la gran mayoría niñas de entre 7 y 12 años. Por eso, cuando entrevistamos a Natalia Zuazo sobre el rol de Thiel en estos episodios, fue más contundente con su definición. Asesora de gobiernos y organizaciones internacionales en gobernanza de la IA, Zuazo no duda: “Thiel es un genocida”. 

Palantir cambió las lógicas de la guerra. Su negocio consiste en conectar bases de datos que originalmente están separadas, relacionar su información y convertirla en una representación que permita tomar decisiones. Sirve, por ejemplo, para automatizar la selección de objetivos. 

La relación contractual de Palantir con Estados Unidos se expandió con Trump, en especial durante su segunda administración: solamente en los primeros tres meses de 2026 su gobierno le pagó 687 millones de dólares. La cifra significa un aumento de 84% con respecto al año previo. 

Pero los vínculos de Thiel van más allá del presidente. J.D Vance, el vice, es una creación suya: lo tuvo como empleado en uno de sus fondos de inversión, fue su maestro intelectual, financió sus primeras campañas y lo presentó personalmente ante Trump. “Financiar al vice no es un hecho aislado, es un movimiento más en un juego global: el de una arquitectura tecnopolítica destinada a proteger privilegios a costa de las libertades civiles y el pluralismo democrático”, sostiene el sociólogo Ariel Goldstein en el recién publicado libro “La nueva oligarquía tecnológica” (editorial Marea).

J.D. Vance, el vicepresidente de Estados Unidos, hombre de Peter Thiel

Por todo esto es que luego de juntarse con él, Milei habló de un “encuentro entre dos libertarios”. Eric Weinstein, que fue director de Thiel Capital —la firma donde trabajan los verdaderos dueños de la casa de Dardo Rocha—, definió a Milei como “un punto focal para el mundo”. Fue en una entrevista con Santiago Siri en Filonews, donde también dijo: “La motosierra que le regaló a Musk captó la atención de todo el mundo. Es parte de este triunvirato extraño: en lugar del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, están Trump, Zielenski y Milei”. 

La entrevista fue a fines de mayo, durante la semana que pasó en Buenos Aires, a donde dijo haber llegado a “visitar a un amigo”, en referencia a su jefe. Esas declaraciones fueron muy festejadas en el Gobierno porque alimentaron la narrativa oficial: que Thiel había venido a ver el experimento libertario. Pero no fue sólo eso. 

Algún país sin descubrir

En el mismo artículo en que declaró que la democracia y la libertad ya no eran compatibles, Thiel escribió algo más: “Como no quedan lugares verdaderamente libres en nuestro mundo, sospecho que la forma de escape debe involucrar algún tipo de proceso nuevo y hasta ahora no probado que nos lleve a algún país sin descubrir. Por esta razón, he centrado mis esfuerzos en nuevas tecnologías que puedan crear un nuevo espacio para la libertad”. 

El texto es de 2009. Por entonces ya había hecho algo más que teorizar acerca de estos “procesos nuevos”.

El año anterior Thiel había puesto los primeros 500 mil dólares (monto que luego ascendió hasta casi dos millones) para crear The Seasteading Institute. La idea de este espacio, fundado por Patri Friedman (nieto de Milton, el economista tan admirado por Milei en cuyo honor nombró a uno de sus perros clonados), era construir comunidades autónomas flotantes en aguas internacionales, lejos de las garras de cualquier Estado. 

Aunque fue lanzado a toda pompa —“dentro de décadas quienes miren hacia atrás entenderán que el Seasteading fue un paso obvio hacia el fomento del desarrollo de modelos más eficientes”, dijo Thiel—, nunca logró poner en marcha su reversionado Waterworld. 

El tecnomagnate fue desencantándose de esta iniciativa y para 2011 renunció a su junta directiva. También se fue Friedman.

Una de las maquetas con las que The Seasteading Institute imaginaba sus ciudades futuras

No tiraron la toalla. Inmediatamente fundaron Future Cities Development, aunque para esa altura la idea no era original: en lugar de levantar asentamientos nuevos sobre el mar, ahora querían construirlos sobre tierra. Honduras estuvo en la mira desde el primer momento. En 2012 firmaron un acuerdo de entendimiento con el gobierno de ese país, pero la justicia local terminó trabando el proyecto y la empresa, una vez más, se fue a pique. Thiel y Friedman, de cualquier manera, aprendieron la lección. Cuando volvieron lo hicieron no ya al frente de una sociedad propia sino como inversores.

Acá es donde aparece Próspera, hasta ahora el ejemplo más desarrollado de la utopía libertaria realmente existente en el mundo. Próspera se fundó con el apoyo de Thiel, Altman y Friedman, entre otros, en 2017. Tres años después ya estaba activa, convirtiéndose en la primera “ciudad privada” del mundo, con un sistema de reglas propio. Es decir que en su territorio tienen leyes, tribunales, fuerzas de seguridad y autonomía fiscal propias. Como tope llegó a tener 700 residentes. 

La periodista Jennifer Ávila, directora del medio Contracorriente que cubrió este experimento, lo describió como un lugar extraño: por un lado Próspera tiene como corazón a una mega torre que parece de tecnología de avanzada y un centro educativo que enseña a usar Bitcoin, pero después, más allá de un café o una tienda de buceo, no hay demasiada vida. Y cuando se sale de la pequeña ciudad privada aparece una zona con mucha pobreza y sin servicios básicos.

Una de sus dos fundadores es el guatemalteco Gabriel Delgado Ayau. El 7 de julio de 2025, varios meses antes de que llegara Peter Thiel a Buenos Aires, esa misma persona entró en la Casa Rosada. Su nombre fue detectado en la planilla oficial de ingresos, donde también se consigna que entró con una notebook y una tablet de Apple.

El adelantado

Ayau no es un apellido más dentro de la familia de la derecha latinoamericana. A Manuel, el abuelo de Gabriel, le decían “El Musso” —porque de niño le habían regalado un traje que perteneció al mismísimo Mussolini— y fue, en palabras de Ronald Reagan, “una de las pocas personas en las altas esferas políticas que entienden lo que sucede en América Latina”. En su Guatemala natal es una leyenda: fundó la Universidad Francisco Marroquín, escuela central para el movimiento libertario hispano, y llegó a ser, de 1978 a 1980, presidente de la ultraliberal Sociedad Mont Pelerin, la organización que fundó Hayek y donde Ayau se codeó con él, con Friedman y Gary Becker, a través de la cual conoció a Margaret Thatcher. 

De hecho, tan importante es el personaje para la derecha libertaria que, en febrero del año pasado el actual vocero del gobierno argentino, Adrián Ravier, —también miembro de la Mont Pelerin— viajó hasta la universidad guatemalteca para dar una conferencia enteramente dedicada al “viaje intelectual” de Manuel Ayau (el abuelo célebre). No es el único vínculo con el gobierno local: Gabriel Calzada, al frente del instituto Juan de Mariana que en 2024 invitó a Milei a España para entregarle un premio, fue rector de esa universidad desde el 2013 hasta el 2021.

Su nieto Gabriel —el que entró a Casa Rosada en 2025— se define como “admirador de Argentina”. Aceptó contestar preguntas para esta investigación sólo por escrito y confirmó que visitó varias veces el país en los últimos años. Dentro del mundo liberal se lo conoce no sólo por su pedigrí, sino también por ser el cofundador de Próspera y parte de su directorio, una idea que el hombre venía empujando más de una década antes de que se concretase.

Gabriel Delgado Ayau y Patri Friedman

Cuando nació, en Próspera se creó el Comité para la Adopción de Mejores Prácticas (CAMP), un organismo técnico que tenía la función de regular y controlar lo que sucedía en el territorio. 

Si bien la composición del CAMP cambió con los años, algunos de sus miembros, mencionados por el medio hondureno Contracorriente en 2022, tienen relación directa con Milei. 

Mark Klugmann, un estadounidense que escribió los discursos de Ronald Reagan y George W. Bush, participó del Foro de Madrid-Río de La Plata que se realizó en Buenos Aires en 2024 y que tuvo como principal orador al presidente argentino. Ese año, Grover Norquist, el presidente de Americans for Tax Reform, le otorgó a Milei el Premio al Legado de Ronald Reagan, y en julio de 2026 fue recibido por el embajador Alec Oxenford. El economista Mark Skousen es un entusiasta mileísta y compartió con el presidente una cena patrocinada por Liberty International en febrero de 2026. Barbara Kolm, la presidenta del Instituto Friedrich A. V. Hayek de Viena, escribió un libro sobre el presidente argentino y hasta forma parte del Instituto Javier Milei creado en Alemania en diciembre de 2025. 

En el CAMP también apareció un argentino. Es Alejandro Chafuen, un personaje histórico en la construcción de redes internacionales de la derecha que trabajó durante décadas al frente del think tank Atlas Network y que, en la actualidad, lidera Acton Institute. Le enviamos un mail a Chafuen al que respondió muy breve: “Pasó mucho tiempo y varios gobiernos. No fue muy legal cómo nos desplazaron, a unos pocos años del nombramiento”. No continuó la conversación. 

Gabriel Delgado Ayau es un convencido de ese proyecto y recorre el mundo contando los beneficios de las ciudades privadas, a las que define como un “modelo transportable”. Algo que, dice, podría servirle también a este país. “El modelo es el de Milei. Y con Próspera como parte del rompecabezas, ahora se puede lograr”, tuiteó a fines de enero. Esa idea de la Argentina libertaria como modelo a copiar aparece mucho en sus redes y en sus charlas. “De seguir así, Argentina se convierte en el Plan B de todos los que desean construir valor en el mundo”, dijo el 31 de julio pasado. 

Delgado Ayau puede decir que acá lo reciben bien. En 2024 fue invitado, a través del Instituto Cato —una organización que a lo largo de toda nuestra investigación apareció como una red central de contactos, en la que Thiel publicó su manifiesto libertario— a escuchar una charla de Milei en Buenos Aires. “La excitación por lo que pasa en Argentina es palpable”, comentó aquel día en X. En esas fechas se encontró también con personas que trabajaban en el armado del equipo de Diana Mondino en Cancillería. Un colaborador de ese grupo aceptó un café para conversar en off y confirmó el entusiasmo que despertaba Milei para estos personajes.

En 2025, Delgado Ayau volvió al país. Tuvo reuniones con algunos diputados nacionales y el 7 de julio el entonces jefe de asesores del Presidente, Demian Reidel, le abrió las puertas de la Rosada. Mantuvieron una reunión de casi dos horas. Fuentes cercanas al ahora ex funcionario le bajan el precio al encuentro y dicen que no se trató ningún tema relevante. Reidel es una figura que aparece una y otra vez en esta historia: recibiendo al encargado de Próspera —al menos para una reunión, una precisión que tampoco Delgado quiere aclarar—, triangulando la relación entre el Gobierno, Sam Altman y el argentino Emiliano Kargemian, dueño de Star Energy, para el anuncio de la instalación de un datacenter de OpenAI en la Patagonia y saliendo de fiesta con Weinstein durante su paso por el país, según confirmó el exfuncionario en X.

Demian Reidel

La pregunta es evidente: ¿hay alguien pensando en armar una ciudad privada en Argentina? Delgado Ayau responde desde Guatemala: “Su país tiene algo que siempre destacamos: talento, capital humano, ventajas geográficas, infraestructura y una enorme capacidad emprendedora. El desafío es crear un marco institucional que permita que esas capacidades se transformen en inversión y crecimiento. Argentina podría explorar mecanismos que permitan crear nuevos espacios para invertir, emprender y experimentar”.

El “marco institucional” es el talón de Aquiles del modelo Próspera. Para levantar esa ciudad privada primero el Congreso hondureño votó, en 2013, la creación de las Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDE), con el impulso decisivo de quien entonces presidía esa asamblea, Juan Orlando Hernández. Los libertarios utópicos comprendieron enseguida que la democracia tiene sus problemas. Hernández siguió con su carrera hasta llegar a la presidencia, pero en 2022 la justicia estadounidense pidió su extradición por narcotráfico, proceso que terminó con una condena de 45 años de prisión. 

Aunque en un episodio más que extraño Trump lo indultó a fines de 2025, el tembladeral político ya había ocurrido. La sucesora de Hernández, Xiomara Castro, líder del Frente Nacional de Resistencia Popular e ideológicamente en las antípodas, decidió derogar las ZEDE, idea que luego validó la Corte Suprema hondureña. En agosto de 2026, Próspera y el Estado hondureño mantienen una pelea jurídica multimillonaria.

Xiomara Castro, presidenta de Honduras, en pleno litigio con las empresas vinculadas a Thiel

De esta disputa, todos (desde Delgado Ayua hasta Thiel) parecen haber entendido que, a la hora de intentar proyectos libertarios, se deben garantizar un marco jurídico sólido sobre el cual apalancarse y redes políticas lo suficientemente amplias para que los vaivenes electorales no se traduzcan en el fin de sus ambiciones. 

De hecho, en su última reunión en abril, Thiel le preguntó a Milei: “¿Cómo se sostiene esto en el tiempo?”. Quizás, su encuentro con Juan Grabois, un dirigente en las antípodas ideológicas de Milei y con aspiraciones presidenciales, o su inversión en Vista Energy, la empresa de Miguel Galluccio, el único de los grandes empresarios del sector energético que tiene buen vínculo con toda la dirigencia, se puedan interpretar como una apuesta más allá del mileísmo. 

Díaz Ayau no esquiva la consulta y lo pone en términos aún más claros. “La pregunta que se hacen los que invierten miles de millones de dólares es: ¿durará esto el tiempo que dure el mandato de ese presidente? Tiene que haber un contrato que establezca condiciones, por lo que se pueda demandar contra dicho contrato. ¿Quién va a demandar al gobierno de Bukele o al gobierno de Milei? Nadie”, dijo en una entrevista en abril para la fundación Free Cities, que empuja este tipo de proyectos por todo el mundo. 

Está claro que todo este experimento libertario en una pequeña isla del Caribe parece muy lejano a Argentina. Pero quizás sólo sea una impresión. Al fin y al cabo, como dijo el canciller Pablo Quirno a principios de agosto, la idea detrás de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada es permitirle a algún extranjero voluntarioso “comprar una provincia o un pueblo”.

Leyes y acuerdos a medida

El desembarco de Thiel en Argentina coincidió con el envío del Gobierno al Congreso de proyectos con grandes reformas y mucha resistencia social, que parecen ir todos en la misma dirección. ¿Estaba el tecnomagnate moviendo los hilos? ¿Vino a empujar un sistema de reglas acorde a las necesidades de Sillicon Valley?

La lista de leyes o proyectos que podrían beneficiar a los Thiel del mundo es larga. Por un lado está el Súper RIGI, presentado por el ministro de Economía, Luis Caputo, como un plan orientado a la instalación de data centers. Se trata de un régimen de incentivos que obtuvo media sanción en Diputados y que beneficia a las inversiones de más de 1.000 millones de dólares con una alícuota en Ganancias de sólo el 15%, cero retenciones, libre disponibilidad de divisas y la derivación de eventuales litigios al arbitraje internacional. La Ley de Glaciares, que ya fue promulgada, habilitó la minería en zonas periglaciares. La actividad es clave para la industria tecnológica, con cada vez mayor necesidad de cantidades de litio, componente fundamental para almacenar energía que tiene en Argentina una de las mayores reservas del mundo. 

Las protestas en el Congreso contra los proyectos de ley que favorecen a los tecnorricos fueron masivas

De todos los proyectos, el que más polvareda levantó fue el que pretende la modificación de la Ley de Sociedades. Primero, porque la cronología fue llamativa: el gobierno anunció su envió al Congreso a fines de mayo, inmediatamente después de la reunión que mantuvieron Thiel y Federico Sturzenegger, ministro de Transformación y Desregulación del Estado y admirador del modelo que proponen desde Silicon Valley. La iniciativa buscaba crear el marco legal para que existieran empresas operadas por algoritmos o IA sin trabajadores ni gerencia humana. 

Milei se subió a la defensa de ese proyecto y, en una nota publicada por el Financial Times en junio, dijo: “Argentina invita a la IA a liberarse sin la mano mortal de la regulación”. Fue un boom global, que llevó a que el historiador Yuval Harari, una eminencia internacional que hace años viene mirando con desconfianza la potencia de la IA, lo cruzara en ese mismo medio.

La mayoría de los que siguieron con lupa el desembarco de Thiel en Argentina miraron a la Ley de Sociedades como el punto central de toda esta historia: no hay otro gobierno en el mundo que esté empujando este tipo de desregulaciones para la IA. No, al menos, que lo diga. Acá es donde la historia se pone más compleja: el proyecto de ley de Sturzenegger no coincide con el propio Sturzenegger. Es que mientras el artículo 14 de ese proyecto buscaba impulsar las “sociedades automatizadas”, el 88 de esa misma ley asegura que la administración de la sociedad está a cargo de una o más personas humanas o jurídicas y el 92 dice que la jurídica debe poner una humana. 

Este embrollo técnico podría revelar dos cosas. Una es la que el ministro desregulador dice por lo bajo: que cuando envió este proyecto a su revisión al ministerio de Economía —a cargo de su rival interno, Luis Caputo— se lo toquetearon lo suficiente como para embarrar la cancha y desviar la idea original. La otra es que abre el interrogante de si una ley tan mal redactada, que se contradice a sí misma, pudo haber estado armada por alguien del calibre de Thiel. 

De cualquier manera, la idea quedó en stand by, y el oficialismo tuvo que ceder para incluir a una persona física o jurídica en la ley.

Federico Sturzenegger

En el Congreso hubo movimientos que parecen encaminados a crear las condiciones necesarias para que el sector se instale en la Argentina. Y, en paralelo, el Ejecutivo hizo tres anuncios que se conectan con la materia prima que utiliza Palantir: las bases de datos. 

Así como en la guerra la empresa de Thiel puede servir para identificar objetivos, para la organización de la sociedad civil es una herramienta de vigilancia. En Estados Unidos, el ICE utiliza uno de sus sistemas, ELITE, para identificar personas deportables. El software utiliza las bases de datos para rastrear, mapear y localizar a inmigrantes con el fin de planificar operativos y redadas. 

Los expertos argentinos que trabajan en tecnología se alertaron primero en julio de 2024, cuando el ministerio de Seguridad anunció en el Boletín Oficial la creación de la Unidad de Inteligencia Artificial Aplicada a Seguridad (UIAAS). El organismo se presentó con capacidades como el monitoreo de fuentes abiertas en tiempo real o la utilización de herramientas de reconocimiento facial. Ni la resolución ni las autoridades comunicaron qué empresa iba a llevar adelante la tarea ni con qué software. 

Distintas organizaciones de la sociedad civil y periodistas presentaron pedidos de acceso a la información pública, pero la mayoría no fueron contestadas. La Fundación Vía Libre obtuvo una respuesta: “Nos dijeron que se estaban evaluando las tecnologías, pero que no había nada concreto en compras”, contó Beatriz Busaniche, su directora ejecutiva. 

La segunda alerta fue cuando se publicó el decreto de Inteligencia 941/2025, que creó la Comunidad Informativa Nacional, con la capacidad de reunir información de distintos organismos públicos y ponerlos a disposición de la SIDE. “Todavía no conocemos si existen contratos con Palantir, pero si se consideran los antecedentes de la empresa y con quiénes trabaja, acá tiene una oportunidad más que interesante”, dijo Sabina Frederic, antropóloga y exministra de Seguridad de la Nación.

Por último, en mayo de 2026, con Thiel ya instalado en la Argentina, el ministerio de Capital Humano de Sandra Pettovello publicó en sus redes un video futurista para lanzar el Gemelo Digital Social con la promesa de utilizar inteligencia artificial para integrar datos y “anticipar” políticas públicas. El diputado Juan Marino presentó una solicitud de acceso a la información. La respuesta lo sorprendió: el Gobierno contestó que, por ahora, no hay nada concreto, que apenas fue un anuncio.

La preocupación sobre los datos avanza en una doble vía: por un lado, quién y con qué criterios los administra y, por el otro, quién los controla. El embajador de Estados Unidos Peter Lamelas dejó en claro el interés sobre el tema cuando presionó a la cooperativa eléctrica CALF, de Neuquén, para evitar que contraten con la empresa china Huawei. 

De hecho, en febrero, Argentina firmó el Acuerdo de Comercio e Inversión Recíprocos (ARTI) y, en junio, se adhirió a la Pax Silica, impulsada por Jacob Helberg, subsecretario de Estado de Trump y, no casualmente, ex asesor de Palantir. 

Se trata de dos instrumentos distintos, pero complementarios: el acuerdo comercial establece que se reconoce a Estados Unidos como una jurisdicción adecuada para la transferencia internacional de datos personales, lo que facilita que empresas de aquel país puedan almacenar, procesar y transferir datos desde Argentina; mientras que Pax Silica plantea una lógica de cadenas de suministro tecnológicas “confiables”, en la que el trumpismo busca articular con naciones aliadas para desarrollar infraestructura y tecnologías estratégicas, especialmente vinculadas con inteligencia artificial, semiconductores y energía, y reducir la dependencia de proveedores considerados riesgosos.

Becas, redes y unicornios

En la home de Thiel Fellowship, la fundación que otorga becas de 250 mil dólares —exactamente el mismo número con el que nació Paypal— a jóvenes de todo el mundo, puede leerse una regla de oro que en Sillicon Valley todos conocen. Los que se candidatean tienen que hacer un sacrificio. Y los ganadores son un grupo muy selecto de promesas que al día de hoy no superan los 300. 

En la web se lee: “¿Necesito abandonar mis estudios para aceptar la beca? Sí”. Esta sentencia se basa en la idea muy repetida por Thiel de que “las universidades hoy son tan corruptas como la Iglesia católica del medioevo”. Alguien que conoce bien a ese hombre y a la Thiel Fellowship es el argentino Wenceslao Casares, un nombre tal vez no tan famoso en su propio país pero que en el mundo tecno es una eminencia global.

Casares es un emprendedor tecnológico chubutense que en 1994 armó “Internet Argentina S.A”, el primer proveedor de servicios de internet que tuvo el país. Hizo una carrera en ascenso en el mundo digital y en 2011 se instaló en Silicon Valley donde creó empresas exitosas como la billetera virtual Lemon Wallet, entre otras. Casares fue miembro del directorio de Paypal desde 2016 a 2020 y, al día de hoy, es considerado la tercera persona con más Bitcoins en todo el planeta. Tiene una relación con Thiel, revelada en junio de este año por la hacktivista suiza Maia Arson Crimew, cuando publicó en Wired que Casares era una de las 222 personas ultra influyentes del jet set global que son parte de Dialog, una sociedad secreta fundada por Thiel en 2006 en la que también está Marcos Galperín de Mercado Libre. 

Dialog organiza periódicamente retiros para sus miembros, en los que arma paneles sobre temas diversos, desde la creación de sectas y la vida sexual de la élite, a la preparación para la Tercera Guerra Mundial.

Por eso es que a Casares se le prendieron todas las alarmas cuando su hijo, Diógenes, empezó a coquetear con la idea de obtener una beca Thiel. El 22 de marzo de 2024 la fundación anunció los 20 seleccionados para la beca de ese año y Diógenes Casares estaba en la lista: usó los 250 mil dólares para invertir en su startup Stream Finance y, tal como lo pedía el sacrificio para ser miembro, dejó sus estudios. Aquel era el gran temor de su padre. Y no se lo tomó para nada bien. 

En Silicon Valley se repite esta anécdota: Casares padre fue con un bate hasta la puerta de la casa de Thiel y le rompió su auto, un Tesla, a puro golpe. En el entorno de Casares minimizaron el conflicto durante la investigación: dijeron que Wenceslao y Peter tuvieron una discusión “a las puteadas”, pero que el resto es mito.

Lo cierto es que hay varios argentinos a los que Thiel cobijó bajo su ala. Además de Casares junior, también recibió la beca Ignacio Belieres Montero, fundador de Epic Aerospace, una startup de remolcadores espaciales que trabaja para situar en su órbita exacta a pequeños satélites. 

Además, Belieres Montero es uno de los jóvenes empresarios favoritos del mileismo. A fines de 2024, la secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología, que depende de jefatura de Gabinete de la Nación, “se comprometió a ayudar a este emprendimiento argentino” y, en febrero de 2025, “celebró un convenio de cooperación junto a Epic Aerospace, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) y la empresa de servicios tecnológicos Veng, para impulsar la colaboración público-privada en materia de investigación y desarrollo de tecnología y ciencia espacial”, según consta en el sitio oficial.

En mayo, LetraP publicó que el gobierno modificó los criterios de contratación para lanzar una licitación internacional impulsada por la CONAE para la puesta en órbita de un nuevo satélite argentino. Según el artículo, en el sector se habla de un pliego que podría favorecer a la startup que creció gracias al dinero de Thiel. 

Además de la beca, Thiel colabora con proyectos en todo el mundo a través de Founders Fund, su empresa de capital de riesgo. Uno de los seleccionados aceptó conversar en off por teléfono. Nos confesó que cree que lo eligieron por haber sido un adolescente disruptivo y porque su proyecto tiene potencial para escalar a nivel regional y copar todo el mercado. “¿Viste lo que dice en su libro sobre los monopolios? Esos son los negocios que le interesan a Thiel”, aseguró. Acá hay otra curiosidad: uno de los socios del fondo es, desde 2018, Matías Van Thienen, argentino, que oficia como el intermediario entre la empresa y los seleccionados de la región. Y también como algo más: Van Thienen fue parte de la reunión en la Rosada entre Milei y Thiel.

En 2017, cuando Palantir intentó quedarse con los archivos de la AMIA, su gente tuvo un intento de acercamiento a la Argentina por otro carril. En julio de ese año se conoció que Facundo Garretón, entonces diputado tucumano de Juntos por el Cambio, tenía intenciones de vender InvertirOnline, la plataforma de inversiones financieras que prometía ser el próximo unicornio nacional. Según contó La Nación, había tres interesados: “Banco Itaú, la argentina Puente, y un fondo californiano de capital de riesgo relacionado con Ken Howery”. 

Howery fundó, junto a Thiel, Paypal y Founders Fund. También es uno de los máximos exponentes del fenómeno que en Estados Unidos se denomina revolving door (puerta giratoria), y describe la designación en cargos públicos estratégicos de altos mandos de las tecnológicas de Silicon Valley quienes, una vez que cumplen su mandato, regresan al sector privado. Howery fue el embajador estadounidense en Suecia entre 2019 y 2021, durante la primera presidencia de Donald Trump, y en octubre de 2025 regresó a la función diplomática como embajador en Dinamarca. Todo tiene que ver con todo: en Groenlandia, que depende de este país —y que fue amenazada con ocupación militar por parte de Trump—, es donde Thiel soñó con hacer “Praxis”, un nuevo Próspera.

InvertirOnline quedó, finalmente, en manos de Grupo Supervielle. Sin embargo, el dato sirvió para conocer otro de los circuitos que funciona para que los gigantes tecnológicos expandan su influencia internacional: el Young Global Leaders (YGL), una plataforma impulsada por el Foro Económico Mundial, gracias a la cual Garretón logró un vínculo profundo con Howery. 

“No soy amigo de Thiel. Lo conocí una vez hace bastante tiempo en San Francisco a través de Ken, con quien sí tengo buena onda. Incluso, viajamos juntos alguna vez”, contó para esta investigación Garretón, quien abandonó la política y hoy está al frente de Terraflos, una compañía biotecnológica que combina inteligencia artificial con agricultura celular para desarrollar compuestos destinados a la salud, el bienestar y la longevidad preventiva. 

Los miembros del YGL pueden provenir del sector público o privado y no existe un proceso de inscripción, sino que cada nombre debe ser propuesto por alguien que haya pasado por el programa y luego ser evaluado por las autoridades de la plataforma. 

Formar parte significa, sobre todo, acceder a una red de contactos de élite. El YGL seleccionó a otros argentinos a lo largo de los años. En la lista aparecen cuatro dirigentes que ocuparon cargos durante el macrismo: Esteban Bullrich (senador), Eugenio Burzaco (ministro de Seguridad de la Ciudad) y Sebastián Kind (subsecretario de Energías Renovables de la Nación). Entre los políticos también figuran el actual senador Martín Lousteau, que formó parte de la coalición Juntos por el Cambio. “Me eligieron en 2008, pero nunca usé la red para nada”, respondió cuando fue consultado. 

Usar la red sirve para tejer contactos. Sólo basta con buscar los nombres de los empresarios regionales que forman parte para advertir que se trata de un circuito pequeño en el que todos se conocen. Por ejemplo, en su cuenta de LinkedIn, Garretón contó que, en el marco del Young Global Leaders, compartió un viaje a la Patagonia con Felipe Kast, senador chileno y sobrino del presidente José Antonio Kast. Kast —y también el empresario argentino Alejandro Malgor— forman parte del directorio de Libertad Capital, un fondo de private equity con raíces en Mendoza que apunta a recaudar 50 millones de dólares para invertir en sectores estratégicos como la energía y al que se sumó, en febrero, Martín Varsavsky, un argentino que forma parte de la elite de Silicon Valley y que acaba de ser noticia internacional por su búnker mendocino Wamani. 

¿A qué le teme Peter Thiel?

Hay otra particularidad de Milei que a Thiel le debe interesar. De todos los presidentes del planeta, sólo uno puede considerarse ganador de una batalla que nadie antes ganó en la historia de la humanidad: la batalla contra la muerte. 

El presidente libertario está convencido de que su perro Conan, al que adoptó en 2002, reencarnó en el clon que mandó a hacer en 2018. Esa combinación de ciencia más vida eterna es lo que se conoce como “transhumanismo”: un movimiento muy popular en el 1% de la elite global, que sostiene que la tecnología podrá lograr alargar la vida hasta límites insospechados. Thiel ha dicho en declaraciones públicas: “La muerte es un mal y no deberíamos aceptarla. No hay que tratar a la muerte como algo natural: hay que luchar contra ella”.

Es que el dueño de Palantir no es sólo un tecnomagnate que intenta diseñar el futuro del capitalismo. También tiene todo un costado entre sobrenatural y futurista. Es uno de los grandes aportantes de la Fundación Matusalén —el nombre es por el personaje bíblico que vivió casi mil años— dedicada a extender la vida humana. “Hacer que los noventa sean los nuevos cincuentas para 2030”, es su lema. 

Thiel es un ferviente seguidor de esas ideas: en varios reportajes contó que estaba “investigando” la parabiosis (el intercambio de sangre joven a organismos mayores), algo que muchos en Silicon Valley creen que ya está haciendo. 

También se registró en la fundación Alcor Life Extension para que lo congelen cuando muera, con la esperanza de que la tecnología del futuro lo reviva. 

Y al mismo tiempo invirtió en Minicircle, una empresa que ofrece inyecciones de ADN para ralentizar el crecimiento, que no casualmente está en Próspera. Este es tal vez el capítulo más polémico de esa ciudad privada: con su sistema de reglas propio, este experimento en Honduras tiene menos regulaciones que la FDA estadounidense, lo que la convierte en uno de los lugares más buscados del planeta para la experimentación médica.

El temor de Thiel a la decrepitud del cuerpo se combina con otro de sus grandes miedos: “Hay sólo 50% de chances de que la humanidad llegue a ver el fin de este siglo”, es una de sus frases cabecera. 

Está convencido de que, más temprano que tarde, va a estallar una guerra mundial, un apocalipsis del que suele culpabilizar al Anticristo, al que describe como una especie de dictador woke. 

A esa figura la ha emparentado, a modo de ejemplo, con la activista Greta Thunberg y, más recientemente, al papa León XIV. Esto ocurrió luego de que el sucesor de Francisco presentara en mayo su primera encíclica, “Magnifica Humanitas”, en la que abiertamente planteaba “desarmar la IA, sustraerla de la lógica de la competencia militar e impedirle el dominio sobre lo humano”. 

Por si el destinatario de esa declaración no había quedado del todo claro, el Sumo Pontífice le agregó una cita de El Señor de los Anillos a su obra: Palantir debe su nombre a las “piedras videntes” del clásico de Tolkien. De hecho, la obsesión de Thiel con esa obra es tal que a poco de llegar a Barrio Parque mandó a empapelar los cuartos de sus dos hijos con imágenes de la película.

La posibilidad del fin de los tiempos es un temor creciente en Thiel. El New York Times contó que ese fue el único tema del que habló cuando invitó a un grupo selecto de economistas argentinos a su casa. Y un íntimo amigo de Grabois entrevistado para nuestra investigación dice que, además de lo que contó el dirigente en varios reportajes —ha dicho que la cita giró alrededor de la encíclica papal—, también la figura del Anticristo llegó a la mesa. “Juan se quedó muy preocupado”, asegura esta persona.

Tal es la atención que le da Thiel al eventual fin de los tiempos que cada vez que se mueve por el mundo se sospecha que está buscando un posible refugio en caso de un estallido nuclear. 

Cuando pasó por Nueva Zelanda en 2011 compró terrenos y el gobierno le dio una discutida ciudadanía. En Uruguay hay reportes de que compró uno en las afueras de Punta del Este, mientras que en Argentina volvió a circular la misma historia. En este suelo hay un adicional: Martín Varsasky, que ya apareció en esta historia, es socio de Alec Oxenford, uno de los nexos entre Thiel y Milei, en el refugio Wamani.

En diciembre de 2023 Varsavsky y Oxenford compraron 32 mil hectáreas en San Carlos, un pequeño departamento en Mendoza, a casi 200 kilómetros de la ciudad más cercana. Desde entonces, el empresario, muy cercano a Milei —el único que publicó fotos de la “Sala Conan”, el lugar de la Quinta de Olivos donde el libertario guarda algunos estrambóticos cuadros en los que aparece personificado como la reencarnación de Moisés—, habló de ese gigantesco campo como un refugio ante una guerra mundial. Una reciente nota del Financial Times sobre ese experimento causó tanto revuelo que el empresario salió a modificar su versión original para decir que cuando hablaba de refugio lo hacía casi en términos metafóricos. 

Martín Varsavksy, ideólogo del proyecto Wanami

Con la condición de que su nombre no figurara en esta investigación, un joven empresario que conoce a algunos de los socios de Varsavsky en Wanami contó: “La idea empezó como una cosa de amigos, entre ellos, pero lo hicieron. Todos los que están en cierto nivel están armando sus búnkers así que si explota una guerra tienen dónde refugiarse”. 

¿Thiel estará pensando en algo parecido? No sólo le teme a la muerte o a la catástrofe. Tal cual revela el manifiesto de Palantir o las últimas dos décadas de debate público del magnate, el avance del Islam lo preocupa. 

“Buenos Aires es la última ciudad europea, lo más cercano que tenemos a la Europa que fue”, dijo Weinstein en Buenos Aires. En una charla con el conductor Tomás Rebord, Grabois dio a entender que había hablado de lo mismo con Thiel: “La gente ultra rica del mundo dice que Argentina es el último país europeo del mundo. Y lo dicen porque no hay paquistaníes, negros ni musulmanes”. 

Argentina, claro, podría llegar a ser otro tipo de refugio para el magnate. “A todos los billonarios del mundo que quieren huir de países cada vez más regulados, con mayores impuestos y Estados que persiguen a sus ciudadanos, les queremos decir que son bienvenidos a Argentina”, dijo Manuel Adorni, cuando todavía era jefe de Gabinete, en una especie de bienvenida a Thiel. 

Era un centro a la cabeza del magnate: el hombre viene más que preocupado con las presiones populares en Estados Unidos para gravar más impuestos a los megamillonarios, y con unas elecciones legislativas a la vuelta de la esquina que serán difíciles para Trump. 

“No puedo decidir aún si dejar el estado o el país”, había dicho en 2024, cuando estas ideas impositivas empezaban a tomar vuelo. Este año pinta peor: el 3 de noviembre se celebrará en California —el lugar donde el tecnomagnate vive cuando no está en Dardo Rocha o en otra parte del planeta— el “Billionare Tax Act”, un referéndum popular para gravar o no un impuesto único del 5% sobre el patrimonio de personas con más de 1.000 millones de dólares. En enero, Thiel donó tres millones de dólares a California Business Roundtable, un comité que busca frenar esa medida. 

En Vaca Muerta

De todas las personas que tuvieron algún contacto directo con Thiel sólo una reveló en público los aparentes motivos del tecnomagnate para viajar al fin del mundo. Fue, sorpresivamente, el chileno Johannes Kaiser. “Me dijo que está buscando invertir en minería, no en minería de datos sino en minería, tanto en Argentina como en Chile, países de los que está muy interesado en su futuro”, contó el libertario, hermano de Axel, un intelectual muy cercano a Milei. 

Thiel estuvo en el país vecino en los primeros días de mayo, poco después de desembarcar en Argentina. Esa visita había sido de incógnito hasta que José Piñera, hermano del ex presidente Sebastián y uno de los ministros más importantes de la dictadura de Augusto Pinochet, subió una improvisada selfie a sus redes. Eso causó un tembladeral político, ruido que terminó con el Gobierno confirmando que el dueño de Palantir había llegado a reunirse con José Antonio Kast en la Casa de la Moneda. 

Antes de volver a Barrio Norte, Thiel pasó por Paraguay, donde se reunió con el presidente Santiago Peña.

Lo que adelantó Kaiser —quien también reveló que Thiel “estaba muy crítico del sistema democrático”— ya empezó a cumplirse. El 14 de de agosto, el fondo Thiel Macro LLC presentó un Formulario 13F ante la Securities and Exchange Commission (SEC) para informar su desembarco como inversor en Vista Energy, la petrolera fundada por Miguel Galuccio, el primer presidente y CEO de YPF luego de ser reestatizada durante el gobierno de Cristina Fernández. 

Con esta operación, Thiel adquirió cerca del 1% de Vista Energy, en lo que fue su primera inversión formal en Argentina, más allá de la casa en Barrio Norte. Al cierre del segundo trimestre, esa participación tenía un valor de unos US$76 millones. La noticia se conoció a través de los medios especializados y no fue informada por las partes. Apenas trascendió, se produjo un salto de más del 5% en la cotización de la compañía de Galuccio en Nueva York. 

Miguel Galuccio y Vista Energy sirvieron a Thiel para hacer pie en Argentina

Thiel Macro LLC está lejos de ser un inversionista determinante en el rumbo de Vista Energy. Sin embargo, cuando se observan las ocho compañías declaradas de la cartera, la operación adquiere otra relevancia: Vista Energy —que a diferencia de otras empresas como YPF, Pampa Energy o Pan American, es la única dedicada 100% a Vaca Muerta— se convirtió en la segunda mayor posición del fondo, sólo detrás de Amazon, y es la única no estadounidense del listado. 

Thiel mantuvo en Buenos Aires un encuentro de más de una hora con Galuccio, según trascendió a la prensa y se pudo verificar para esta investigación. Si la inversión se concretó antes o después es un misterio. Los temas de conversación, también. En el entorno del empresario el hermetismo es absoluto. 

Invertir en una empresa dedicada al shale oil en Vaca Muerta puede resultar atractiva para alguien como Thiel porque permite vincular dos negocios estratégicos: la producción de hidrocarburos y la infraestructura digital. 

Una petrolera que aumenta su producción de petróleo también genera mayores volúmenes de gas asociado, que puede convertirse en una fuente de energía para abastecer a proyectos de generación eléctrica, entre otros el minado de criptomonedas, una de las crecientes obsesiones de Thiel. “Si la inteligencia artificial es comunista, la cripto es libertaria”, suele repetir el tecnomagnate.

Verónica Robert, especialista en economía de la innovación e investigadora del Conicet, explica que en este sector “las condiciones climáticas, el recurso hídrico y la conectividad son fundamentales, pero lo que más se busca es energía barata”. La disponibilidad energética es clave para la instalación de data centers o infraestructura para la exportación de capacidad de cómputo. 

Para Robert una pista de qué puede estar buscando Thiel en la Patagonia se puede rastrear en la última entrevista que dio Emiliano Kargieman, cofundador y CEO de Satellogic: el empresario sostuvo que Argentina debería aprovechar sus recursos energéticos para producir y exportar activos intangibles. “Uno podría pensar en una vertical de exportación argentina real de decenas o cientos de miles de millones de dólares de cómputo”, dijo a La Nación.

Kargieman defendió el RIGI y el Súper Rigi para “convencer” a los grandes inversores. Thiel ya parece haber dado el primer paso. 

Límites

Una sola persona con llegada a Peter Thiel aceptó responder preguntas para esta investigación. Sobre la relación con el presidente, aseguró: “Thiel recolecta personajes, y Milei es un personaje”. 

Aseguró, además, que Thiel está “fascinado” con el libertario y no le sorprende que no le haga ruido que Milei haya comparado en Davos la homosexualidad con la pedofilia. “Es un hombre que vive de una manera que parece contradictoria, casi imposible y es capaz de apoyar a gente que está en contra de las ideas en las que él verdaderamente cree”, sostuvo nuestro informante. 

Thiel busca “intellectual stimulation”, según la misma fuente. Al parecer, le gusta la conversación, imaginar y llevar las ideas a extremos que la gran mayoría podría considerar inconcebibles. Milei llegó a decir que no veía mal que un hombre se cortara el brazo para darle de comer a su familia. 

En términos políticos, aseguró que al magnate le interesa el “tinkering with”, es decir, experimentar con el funcionamiento de los gobiernos y probar formas alternativas de organización política; y el “seasteading”, la idea que ya vimos sobre la creación de comunidades autónomas en el mar, fuera de las estructuras tradicionales de los Estados.

Thiel fue anunciado como uno de los principales oradores de la convención de Vientos de Cambio

Esta persona cree que Thiel no tiene más intenciones que esa y es escéptico con la idea de que el tecnomagnate esté pensando en crear una “mini Argentina”. Sus antecedentes, sin embargo, generan dudas. 

Thiel se mueve como un todopoderoso. Estaba listo para participar como principal orador de la conferencia Vientos de Cambio en Buenos Aires y hacer una aparición pública mucho más visible y arriesgada. Pero tuvo que retroceder. Mientras algunos líderes políticos lo celebran, en las calles ya es un enemigo declarado. 

Los libertarios lo recibieron con los brazos abiertos, pero también los conservadores que forman parte de La Libertad Avanza. Por lo bajo, con un audio configurado para autodestruirse después de ser escuchado, un dirigente de derecha muy vinculado a la Iglesia Católica manifestó su desconfianza. El transhumanismo causa estupor en este sector, pero todavía no es tiempo de decir nada. El 2027 está demasiado cerca. 

En la oposición, salvo contadas excepciones, hay silencio sobre Thiel. Una parte de la clase política no entiende cuál es la discusión que quiere dar el tecnomagnate y otra se entusiasma con la llegada de inversiones que promete el sector tecnológico. Los anuncios de data centers, y las promesas del derrame que llegará por la explotación de litio del NOA, de la energía de Neuquén o del uranio en Chubut, por poner algunos ejemplos, funcionan como anzuelos para un amplio espectro de la clase política. 

Los Gandalfs del Sur frente a la casa de Peter Thiel

Hasta ahora, el dueño de Palantir encontró pocos obstáculos. Uno de ellos es el periodismo, que le montó una guardia para llegar a tener una pista de sus movimientos, llevó al mundo la noticia del cierre de la sala de prensa de Casa Rosada y lo sigue investigando. 

Thiel entiende la información también como propiedad privada y no son casuales su hermetismo y su sed de datos. Quizás haya sintonizado con Milei en su odio a los periodistas e imagine un mundo sin ellos. 

También encontró límites en la sociedad civil, que todavía es fuerte en Argentina. Decenas de representantes de organizaciones sociales participaron en audiencias en el Congreso para impedir proyectos como Súper RIGI o la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada y lograron demorarlos o cambiar artículos clave. Y luego estuvo el triunfo de los Gandalf del Sur, que lo escracharon en la puerta de su mansión y lo llevaron a bajarse de la conferencia Vientos de Cambio. 

Al cierre de esta investigación, nadie sabe cuántas ganas tiene Peter Thiel de irse o quedarse en Argentina. No sabemos si el futuro que imagina será el nuestro. Su armado con intermediarios, enviados, enlaces, y empresas montadas unas sobre otras, está por ahora sólido y en marcha. Entre tanto misterio, hoy es un poco más visible.