Edición n° 3295 . 29/11/2025

Generación Z: ¿RevoluZión de colores?

(Mirko Casale/Guionista, presentador y director del programa de humor político ‘¡Ahí les va!’) Las protestas del mes de septiembre en Nepal coparon titulares en todo el mundo. La noticia de que una multitud de jóvenes que salían a protestar de forma espontánea, convocada por redes sociales, sin un liderazgo político visible ni una agenda partidista conocida, había logrado derribar un gobierno, era tremendo caramelito mediático.

El hecho de que el catalizador de las protestas fuera la prohibición de plataformas de redes sociales –mayoritariamente estadounidenses– y la edad promedio de los manifestantes hizo que en la prensa hegemónica se comenzara a hablar de que «la Generación Z» había derrocado un gobierno. Como, además, se trataba de un gobierno de coalición que incluía a partidos comunistas cercanos a China, la tentación era doble.

La sucesión de hechos escaló rápidamente y terminó con casi un centenar de muertos, una cifra bastante alta, considerando que es un país pequeño. Finalmente, tras las protestas, los ‘hashtags’ y el impacto mediático internacional, el gobierno renunció y se instaló un gabinete ‘reformista’, supuestamente adaptado al gusto de los internautas devenidos manifestantes, y de la noche a la mañana la noticia desapareció de los titulares tan rápido como había llegado.

De Nepal a Madagascar

Pocas semanas después, un suceso similar tenía lugar a varios miles de kilómetros de la nación más elevada del planeta, en una situada a nivel del mar: Madagascar. Una protesta contra el gobierno, también liderada, en buena medida, por la Generación Z, escaló hasta lograr un cambio de régimen. Los manifestantes, otra vez muy jóvenes y coordinados a través de redes sociales estadounidenses, salieron a las calles con carteles de memes o fenómenos virales, como por ejemplo la calavera ‘One Piece’.

La revuelta, que terminó con un saldo de una veintena de fallecidos, culminó con una unidad de élite del Ejército pasándose al lado de los manifestantes, con lo que el ahora expresidente escapó del país. De manera similar a la de Nepal, se nombró un nuevo gobierno no electo, en este caso encabezado por un coronel insurrecto en la presidencia y un tecnócrata como ‘premier’, y la noticia pronto pasó al olvido mediático, tras unos intensos 15 minutos de fama.

En México no funcionó

Durante octubre, pareciera que la Generación Z olvidó algo sus ánimos de protesta, pero en noviembre volvieron a la carga… en México. Sin embargo, al contrario de lo que sucedió en los casos antes mencionados, en este no estuvo ni cerca de provocar un cambio de gobierno.

Miles de personas partieron desde el Monumento a la Independencia y se encaminaron hacia el Zócalo, sede del Ejecutivo encabezado por Claudia Sheinbaum. En las marchas que tuvieron lugar en la capital y otros puntos, al contrario que Nepal y Madagascar, la edad promedio no fue tan juvenil que digamos y sí hubo presencias políticas reconocidas y, otra vez, dudosamente juveniles.

Miembros de la Generación Z en la Ciudad de México, México, el 15 de noviembre de 2025, se enfrentan con la policía en el Zócalo, la plaza principal de la ciudad, para protestar contra la violencia en México y el asesinato del alcalde de Michoacán, Carlos ManzoGerardo Vieyra / Gettyimages.ru

Sin embargo, pese a esas diferencias, entre los manifestantes se observaron varios elementos comunes a las otras protestas, como carteles, iconografía y demás elementos propios de redes sociales o atribuibles a los también llamados ‘Gen Z’. Una vez llegados a la sede de Gobierno, los manifestantes trataron de saltarse el perímetro de seguridad de manera violenta, lo que derivó en enfrentamientos que dejaron diversos heridos y detenidos. Nada demasiado memorable ni con gran impacto en la política ni sociedad mexicana, pese a los intentos de varios medios hegemónicos y partidos tradicionales de subirse al carro de la Generación Z, así fuera, en algunos casos, ayudándose con un bastón.

Pocos días después, una segunda marcha con este mismo encabezado apenas logró reunir a dos centenares de personas, lo que podría apuntar a que el ‘genzetismo’ tiene escaso futuro en la nación norteamericana.

¿Fenómeno novedoso o ‘déjà vu’ geopolítico?

Lógicamente, con sus pequeñas o grandes diferencias, es inevitable trazar coincidencias entre este nuevo movimiento con otros del pasado relativamente reciente, como por ejemplo las llamadas ‘revoluciones de colores’ que comenzaron a asomarse decisivamente en el último suspiro del siglo XX. Como ocurrió en Yugoslavia, posteriormente en Ucrania, Georgia y otra vez Ucrania en 2014, con consecuencias que todavía vivimos. O las primaveras árabes, que desembocaron en una serie de «quítate tú pa’ ponerme yo», guerras civiles o reafianzamientos y endurecimientos de los regímenes que supuestamente se buscaba derrocar.

Todos con un nexo común: protagonizadas por jóvenes, sin liderazgo visible, supuestamente ‘apolíticas’, convocadas por redes sociales, con carteles en inglés y, sobre todo, casi sin excepción, contra gobiernos que resultan incómodos o, según el caso, no todo lo cómodos que quisieran en Washington.

El hecho de que estos movimientos no sean totalmente espontáneos no implica que no tengan nada de espontáneos.

Ahora bien, ¿significa entonces que este tipo de protestas surgen siempre en un cuarto oscuro en la Casa Blanca, donde deciden utilizar las redes sociales estadounidenses para crear de la nada un descontento que favorezca su agenda? Pues mucho ojo esto, porque el hecho de que estos movimientos no sean totalmente espontáneos no implica que no tengan nada de espontáneos.

En Nepal ya había un descontento latente en la juventud desde antes del cierre de redes sociales, enraizado en la frustración por casos de nepotismo y corrupción que salpicaban a las autoridades, así como por la percepción de falta de futuro en un país que depende, casi exclusivamente, del turismo y las remesas de familiares en el exterior. En Madagascar el descontento tenía que ver con los largos cortes de luz y agua, en una nación con altas tasas de pobreza, tras años de gobierno de un joven político que llegó al poder lleno de promesas de cambio pero no logró concretarlas.

En México, las protestas surgieron tras el asesinato de un alcalde que declaraba estar dispuesto a enfrentar sin miedo al narcotráfico, en medio de una violencia que, aunque se ha reducido en años recientes, sigue muy presente en la realidad cotidiana del país.

Es decir, llámense revoluciones de colores o coloridas, primaveras árabes u otoños, generaciones Z o cualquier otra letra del abecedario que surja, hay que tener siempre claro que, en la gran mayoría de ocasiones, se trata de fenómenos promovidos, apoyados, magnificados o inflados por las agendas político-mediáticas del Norte Global, sí, pero no necesariamente creados por esos mismos intereses, sino aprovechados.

Y, sean unos más exitosos que otros, copia y pega de la fórmula original o con peculiaridades propias, se trata de fenómenos más complejos de lo que aparentan, por lo que para cualquier análisis que se sostenga no basta con detectar quiénes los alientan desde fuera, sino en qué debilidades o malestares internos se apoyan para crecer.

El presente texto es una adaptación de un video realizado por el equipo de ¡Ahí les va!, escrito y dirigido por Mirko Casale.