Edición n° 2744 . 27/05/2024

Fuentes Seguras. Un traspié de la Multipolaridad

La historia de Yevgueni Prigozhin, el cocinero. El error de Putin no detiene el proceso. Pero es un error del cual se puede aprender

El litigio con el Grupo Wagner es una advertencia sobre la necesidad de una conducción unificada de las acciones militares. Putin, que orienta con eficacia la política rusa, paga un error de larga data en el área defensiva. La asombrosa historia del cocinero en jefe. Volvemos sobre Clausewitz.

Por Gabriel Fernández *

DEMASIADA CERCANÍAAnne-Marie Bigot (Madame Cornuelfue una vigorosa pensadora francesa que habitó este planeta entre 1605 y 1694. Esposa de un tesorero vinculado a la milicia, al enviudar supo orientar los recursos heredados: en compañía de sus hijas Manon y Margot, instaló en París un salón literario que se constituyó en lugar de encuentros y tertulias. Evocada en sus Memorias por el enciclopedista Dennis Diderot, alcanzó la trascendencia por generar varias expresiones que pasaron a formar parte de la expresión popular. Por caso, Nadie es héroe para su ayuda de cámara.

La frase resultó tan razonable, tan fácilmente comprobable, que fue reiterada y recompuesta por historiadores y biógrafos de figuras insignes. Parece que tiempo antes, Montaigne había pronunciado un refrán semejante; parece que tiempo después, John Florio se hizo cargo de su difusión. Lo cierto es que cuando una buena idea transita el decir de muchos, son varios los que se adueñan de la misma. Y hasta creen haberla inventado. Madame Cornuel, por qué no, se situó, para los galos, en la pole position.

El lector dirá ¿A qué viene todo esto?

Bueno: el chef de Vladimir Putin se amotinó contra su jefe y hay quienes dicen que anhela relevarlo como presidente de la Federación de Rusia.

UN TRAYECTO ASOMBROSOYevgueni Prigozhin nació en Leningrado en 1961. Hoy, claro, se lo considera originario de San Petersburgo. Lejos de ofrecer algún ejemplo revolucionario, atravesó una adolescencia tormentosa que lo llevó a ejercer el antiguo oficio de ladrón. Como coronación de ese primer tramo de su vida, a los 20 años, fue condenado por robo: el asunto no ha de haber resultado sencillo, según parece, pues padeció casi una década en prisión. Y quién sabe, debe haber aprendido algunos trucos para sobrevivir durante su estadía en las frías gayolas soviéticas.

El hombre volvió a ver la luz en 1990, cuando la gigantesca experiencia de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) implosionaba sin freno. En medio de una lógica precariedad, se puso a vender panchos (hot dogs – хот-дог) para sobrevivir. Como en las absurdas historias narradas por Infobae en los tiempos presentes (“yo vendía panchos en La Matanza y ahora soy un multimillonario de la gastronomía en Marbella”), aprovechó el aprendizaje junto a personas de escasos escrúpulos y en poco tiempo se convirtió en propietario de varios restaurantes. Entre otros establecimientos destinados a la alimentación de quienes no escatiman en propinas, gestó el Barco Isla Nueva; mientras la nave se deslizaba suntuosamente por el río Neva, Prigozhin en persona atendía a los VIP de mayor realce. Y entablaba vínculos provechosos. Allí conoció a Putin.

Sobre mediados del año 2000 el recién electo jefe de Estado ingresó acompañado por el primer ministro japonés Yoshiro Mori; quedó tan satisfecho que resolvió celebrar sus cumpleaños allí.

Ni lerdo ni perezoso, el ¿ex? ladrón regó con buen vino una relación promisoria. Andando el tiempo Prigozhin se desplegó comercialmente y fundó un servicio de catering que, al instante, fue contratado por el Kremlin para la provisión de comidas destinadas a las Fuerzas Armadas y las escuelas públicas. Asentado en el precepto el mundo es de los audaces, y sin dejar pasar demasiado tiempo, abrió una ventana hacia otro rubro y organizó la Agencia de Investigación de Internet, la cual fue contratada por el Servicio Federal de Seguridad de la Federación de Rusia.

A partir de allí es posible indicar que Putin, un presidente con mirada honda que ha sabido  rodearse de estrategas apreciables, pisó el grisín o perdió la tortuga -como prefiera, lector-, y admitió un movimiento que puede complicarle la existencia. Así como creó un restaurante, el asombroso cocinero puso en marcha el Grupo Wagner, de carácter paramilitar, y fue beneficiado con campos de entrenamiento y pertrechos por parte del gobierno ruso.

La Constitución de la Federación prohíbe explícitamente entidades de estas características; por eso la banda del chef no existe formalmente. Pero sale por la televisión, guerrea aquí y allá y recibe instrucciones del alto mando euroasiático.

Cuando se resolvió rechazar el avance de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) hacia el Este, el Grupo Wagner entró en acción con intensidad. Desde 2014, tras el golpe de Estado atlantista, es empleado para proteger a las poblaciones del Donbas del incesante bombardeo nazi dispuesto desde Kiev. Al arrancar la Operación Militar Especial destinada a evitar la progresión occidental y desnazificar la región, la empresa mencionada fue coordinada por el Ministerio de Defensa y la conducción del Ejército ruso … hasta que por un quítame allá esas pajas –como suele pasar con los piratas– se produjo el desencuentro.

CONDUCCIÓN ESTATAL. Dejemos de lado las aseveraciones correctas y avancemos en el pensamiento. Este periodista no evalúa negativamente un acuerdo oficial con “empresarios amigos”. Si un jefe de Estado confía en una compañía gastronómica o si estima adecuada una prestación tecnológica, es razonable que, sin papelerío y sin licitaciones mediante, establezca un vínculo que beneficie su gestión. No tiene por qué estar orientado por la ambición personal; puede proceder así ante la necesidad de contar con profesionales de confianza en derredor. Esto sucede en todos los países pero solo se ventila en aquellos que contrastan con el interés anglosajón.

La cuestión es –grisín, tortuga– que jamás debería ceder el uso de la fuerza a una organización privada, situada fuera del Estado. Con más razón si se trata de una potencia emergente como la que estamos analizando. No debería hacerlo con la seguridad cotidiana, de perfil policial, mucho menos con estructuras militares destinadas a custodiar la soberanía nacional y, eventualmente, a combatir contra un enemigo extranjero. La observación salta por sobre la legalidad para instalarse en la política: los Estados Unidos lo hacen, y así les va, pues las corporaciones financieras que controlan los ejércitos de mercenarios han infectado su Estado y lo han puesto al servicio de esos mismos intereses privados.

Es probable –ahora solo hipotetizamos, hasta aquí vertimos información- que Putin haya pensado, tras largos años de relación, que Prigozhin le ofrecía una lealtad personal sin fisuras. Pero las firmas privadas, privadas son, y sea por una oferta mejor del enemigo, sea por exigencias presupuestarias, sea por eso de las pajas y los piratas, necesitan priorizar sus cuentas por encima de cualquier instancia patriótica. Que para eso están los Estados, que tanto, y por eso todos los teóricos de la guerra han insistido por centurias que es preciso sostener una conducción unificada de las fuerzas abocadas a la Defensa nacional.

Ya veremos. Por el momento, sigamos. Con la información de actualidad.

AYER NOMÁS. El jefe del Grupo WagnerYevgueni Prigozhin, aceptó la propuesta del presidente de BielorussiaAlexandr Lukashenko, y dispuso la detención del movimiento desde Rostov hacia Moscú. Así lo indicó este sábado el servicio de prensa del mandatario bielorruso.

En la mañana del 24 de junio, el jefe de Estado ruso, Vladímir Putin, dialogó con su homólogo vecino sobre la situación del Grupo Wagner. Ambos acordaron emprender acciones conjuntas. Bajo ese compromiso, Lukashenko mantuvo conversaciones, que duraron todo el día, con el jefe de esa formación irregular. Como resultado de las mismas, ambas partes admitieron que desencadenar hostilidades en territorio ruso resultaría inaceptable. El servicio de prensa de Lukashenko afirmó que existe un proyecto de solución aceptable, con garantías de seguridad para los miembros del Grupo.

Con posterioridad, se informó que el acuerdo consiste en dejar de lado las acusaciones por insurrección contra Prigozhin y su radicación en Bielorrusia. Pocos detalles para un hecho de gravedad.

Por su parte, Prigozhin afirmó que las columnas de su núcleo están girando y se dirigen en dirección contraria. Indicó que el Grupo Wagner está regresando a sus campamentos “al ser conscientes de la responsabilidad que supone el derramamiento de sangre rusa”.

El 23 de junio, el Servicio Federal de Seguridad (FSB) de la Federación de Rusia inició una causa penal contra Prigozhin, por intento de motín armado y afirmó que existía una amenaza de escalada en territorio ruso. El Ministerio de Defensa del país comunicó, a su vez, que las versiones sobre presuntos ataques contra los campamentos de la retaguardia del Grupo Wagner son falsos. El ente aseguró que las FFAA rusas “continúan cumpliendo sus tareas de combate en la línea de contacto con las tropas de Ucrania en la zona de la operación militar especial”.

Por la mañana de este 24 de junio, en varias regiones de Rusia se reforzaron las medidas de seguridad. Además, se impuso un régimen de operaciones antiterroristas en Moscú y la región de Moscú, así como en la región de Vorónezh, para prevenir posibles atentados, según el Comité Nacional Antiterrorista de Rusia.

LOS ESCORPIONES. El discurso del presidente Vladimir Putin lanzado a su población en la mañana del sábado, resultó preocupante. Por qué: en buena medida por el exceso en caracterizaciones sobre la traición del Grupo Wagner. A decir verdad, como vimos, la cesión parcial del poder militar del Estado a una empresa, implica hacerse de una dificultad. Como sabe el lector de estas líneas, el concepto de traición no solo habla del imputado, sino también de quien pensó contar con su adhesión.

La acción sobre la ciudad de Rostov, pese a su resolución, provee un problema adicional para la Federación de Rusia, embarcada en un conflicto complejo. Es claro que las potencias multipolares que se han manifestado en favor del país euroasiático no modificarán su postura para respaldar a una imprevisible banda con pertrechos. También, que según los sondeos de la semana reciente, la popularidad de Putin persiste (más del 70 por ciento de la población) y que el poderío de las Fuerzas Armadas rusas es harto superior al del núcleo rebelde.

En la nota de Fuentes Seguras publicada el 3 de mayo reciente, advertimos sobre probables complicaciones. A raíz del ataque al Kremlin, se podía apuntar la presencia interna de fuerzas opositoras. No fue el único toque de alerta; que lo diga Alexander Dugin. Ahora, mientras se despliegan las instrucciones oficiales para desmontar el putsch, resulta inevitable suponer que el liderazgo de Putin tendrá que erguirse con victorias plenas y aceleradas en Ucrania para zanjar el traspié que implica el renuncio de tropas que él mismo potenció.

Mientras el Grupo Wagner apuntó contra los nazis ucranianos su función benefició al principal sostén, pero los desacuerdos con la conducción del área de Defensa nacional y la muy probable intervención de poderes occidentales en su toma de decisiones, lo ha convertido en un riesgo y una preocupación adicional. Una preocupación innecesaria.

El gobierno ruso puede salir delante del presente desafío. Sin embargo, tendrá que evaluar los costos y a partir de allí disponer las medidas necesarias para acortar los tiempos de un conflicto que Occidente anhela extenso.

GUERRA, FILOSOFÍA Y POLÍTICA. Este narrador considera adecuado cerrar el artículo con quien conoce la temática a fondo. Fue el militar y teórico prusiano Carl von Clausewitz quien dejó en claro la trinidad propia del conflicto: Los dirigentes políticos que aportan la racionalidad en la conducción, los militares que ejercen la voluntad necesaria para imponerse al adversario y la población, que proporciona el apoyo emotivo y pasional que ayuda a realizar el esfuerzo supremo propio de una guerra. Se comprende que el primer punto exige una conducción unificada.

Pero vale ir más lejos con este pensador, sin pretender agotar el problema. Préstele atención, sin prisas:

“Es cierto que la cuestión política no penetra profundamente en los detalles de la guerra; no se colocan los centinelas, no se conducen las patrullas según las consideraciones políticas. Pero la influencia del elemento político es tanto mayor, cuando se hace el plan de toda la guerra, de la campaña y a menudo también de una batalla”.

“Un rápido y vigoroso cambio hacia la ofensiva – el relámpago de la espada vengadora – es lo que constituye los más brillantes episodios de la defensa”.

“La guerra entablada por una comunidad, la guerra entre naciones enteras, y particularmente entre naciones civilizadas, surge siempre de una circunstancia política, y no tiene su manifestación más que por un motivo político”.

“La estrategia es el uso del encuentro para alcanzar el objetivo de la guerra. Por lo tanto, debe imprimir un propósito a toda la acción militar, propósito que debe concordar con el objetivo de la guerra. En otras palabras, la estrategia traza el plan de la guerra y, para el propósito aludido, añade la serie de actos que conducirán a ese propósito”.

“En la guerra, el combate no es una lucha de individuos contra individuos, sino un todo organizado que integran muchas partes”.

“Un ejército que mantiene su formación usual bajo el fuego más intenso, que nunca vacila ante temores imaginarios y resiste con todas sus fuerzas a los bien fundados, que, orgulloso de sus victorias, no pierde nunca el sentido de la obediencia, el respeto y la confianza en sus jefes, aun en medio del descalabro de la derrota; un ejército con sus potencias físicas templadas en la práctica de las privaciones y el esfuerzo, como los músculos de un atleta; un ejército que considera todas sus tareas como medios para conseguir la victoria, no como una maldición que se posa sobre sus hombros, y que siempre recuerda sus deberes y virtudes mediante el código conciso de una sola idea, o sea, el honor de sus armas, un ejército como este se halla imbuido del verdadero espíritu militar”.

Finalmente: Un tropezón no es caída; pero deja raspones molestos.

Vladimir Putin, que está llevando a su nación rumbo a un lugar protagónico del nuevo diseño planetario, es nieto de la Revolución Bolchevique; pero también es hijo de los 90.

Esos tiempos en los cuales algunas cosas se resolvían así nomás.

  • Area Periodística Radio Gráfica / Director La Señal Medios / Sindical Federal

Pinturas sobre la Revolución Rusa

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