Edición n° 2762 . 14/06/2024

Fuentes Seguras.Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte

Las farras de Boris Johnson ocultan una crisis sin precedentes. La absorción del Estado británico por parte del capital financiero. Los datos que evidencian la nueva realidad. La banca global. Un sistema imposible. El Grupo de los 20. La moral y el dinero.

Por Gabriel Fernández *

La disputa sobre el rumbo económico británico, con influencia en una zona decisiva de Occidente, es el eje de una contienda que saltó a la luz pública a través de los simpáticos aunque irritativos bailes y celebraciones encabezados por el saliente primer ministro Boris Johnson. Mientras diarios, webs, radios y pantallas –obviamente, redes- se entusiasman con las reveladas transgresiones del despeinado en tiempos de pandemia y con los escándalos de sus funcionarios, por debajo laten intereses de escasa ligazón con la moral y las buenas costumbres. Johnson, hasta hace pocas horas titular del Partido Conservador, ya era así cuando resultó electo en las generales de 2019. La cuestión es averiguar qué sucede en el legendario imperio y cuáles son las proyecciones hacia el futuro cercano.

EXPANSIVOS Y FISCALISTAS. Es probable que la renuncia de Rishi Sunak, quien fuera su ministro de Economía, resulte un indicio más importante que la utilización de dependencias estatales para la organización de eventos festivos, sin por ello obviar el respingo que el desenfreno del mandatario genera en una parte de la sobria y algo hipócrita opinión pública británica. Sucede que ante las ostensibles dificultades económicas de la potencia embarcada en una guerra entornada por las secuelas de la pandemia y la caída de sus principales indicadores, originaron hipótesis contrastantes acerca del modo de salir del atolladero. Johnson, heterodoxo en su razonar político como en su vida privada, estimó conveniente plantear una expansión de la inversión para zanjar penurias.

Pero los amantes de la libertad son enemigos acérrimos de esa inversión, a la cual denominan gasto. Jamás aceptarían reorientar los recursos apropiados por las grandes corporaciones hacia la sociedad que los genera; amparados en las imágenes del carnaval carioca en la fría Londres, empezaron a hablar de “dilapidación” y entreveraron las sugerencias del rubio con su enfoque para afrontar los tiempos venideros. Ese funcionario, Sunak, musulmán de familia pakistaní, se irguió como el máximo defensor de la ortodoxia monetarista y le dijo a Johnson que canalizar los recursos estatales para mejorar la realidad cotidiana implicaba “engañarnos a nosotros mismos” y “gastar más de la cuenta”. Dimitió y lanzó su campaña para encabezar el Partido Conservador, con la evidente intención de arribar a la primera magistratura.

Si el asunto se redujera a una polémica sobre estilos de gobierno, quedaría circunscripto a los dos contendientes. Pero encarna procesos más hondos, que resulta necesario develar. La libra esterlina está desajustada frente al dólar y el Banco de Inglaterra analiza elevar las tasas de interés pero no logra discernir cómo hacerlo sin dañar la actividad económica. El Reino Unido de Gran Bretaña (Inglaterra, Gales, Escocia) e Irlanda del Norte está sintiendo el peso de una inflación que en mayo alcanzó un máximo de 40 años hasta el 9,1% interanual. El Banco Central cree que incluso superará el 11% a finales de este período.

DATOS CRUDOS. El desempleo aumentó en cifras récord para el país, con pico en el reciente abril. El crecimiento de los ingresos de los hogares está por detrás del resto de Europa; solo aventaja a Grecia y Chipre. Pero además, la nación está endeudada y no puede hacer frente a sus obligaciones. La Oficina de Responsabilidad Presupuestaria coincide con el enfoque del ex ministro: aseguró que la deuda podría más que triplicarse a casi el 320% del PBI en 50 años si los futuros gobiernos no endurecen su política fiscal. En 2021 la deuda pública del Reino Unido fue de 2.569.385 millones de euros; creció 85.419 millones desde 2020. ¿Entonces? Está entre los países con más deuda del mundo: ya llega al 95,35% del PBI.

Es que Boris Johnson arribó a la gestión al frente de una vertiente fiscalista. Su gestualidad populera no estuvo dirigida a desmontar la tradición ni mucho menos a reformular al Estado y la Corona. Ellos están infectados de ajustadores que se identifican con Rishi Sunak. Se identifican con su visión económica, no con el color de su piel, que remite a la idea de cipayo que tenemos por estas tierras. Los laboristas no son mejores: se apuran a denunciar los resultados, pero sus caminos se entrelazan con los mencionados. Aquella Tercera Vía no tenía conexión genuina alguna con la Tercera Posición, aunque varios se entusiasmaron bastante.

Ahora bien, como el lector sagaz percibirá, el panorama nos remite a temas más hondos. Este periodista observa que la crisis puntual que atraviesa el Reino Unido es apenas un poco menos superficial que las farras en Downing 10. ¿Cómo es esto? Veamos.

LOS ORÍGENES. El Reino Unido encabezó la acción mundial de salvataje de los grandes bancos tras la crisis de 2008 – 2010. Esa determinación originó un gigantesco mecanismo de absorción de los recursos públicos para transferirlos a las deficitarias entidades, forzando el tranco estatal para recabar impuestos en el espacio del trabajo y la producción, y por supuesto dejar de lado incentivos que direccionen un impulso planificado sobre zonas decisivas. El esquema se articuló con naturalidad porque el control del capital financiero se venía estableciendo desde mucho antes, como veremos.

En este presente, a plena sintonía, el imperio profundizó una tendencia también observada con antelación: volcar sobre el área de Defensa voluminosos presupuestos que recalan sobre empresas armamentísticas y ordenadoras de ejércitos mercenarios. Aunque todavía es difícil conocer los guarismos del año en curso, se sabe que el gasto defensivo viene aumentando, desde 2019, un 7 por ciento anual, alcanzando el 4,23 por ciento del gasto público total.

Las corporaciones financieras más beneficiadas por el salvataje son Barclays, HSBC, Lloyds, Nationwide, RBS, Santander UK y Standard Chartered. La empresa de armamentos más beneficiada por las compras es BAE Systems. Entre los que receptan bienes para existir, merece incluirse la minera Río Tinto, verdadero gigante de la extracción. Aquí solo nos referimos a las sanguijuelas internas, es decir a las firmas radicadas en Gran Bretaña, pero bueno es aclarar que el Reino Unido no se privó de respaldar entidades de estos rubros surgidas en otras latitudes, en especial los Estados Unidos. Sin embargo, vale indicar que el asentamiento ya no es esencial.

Resulta pertinente entonces incitar a la reflexión y para eso indagar ¿pero cómo es posible que esto suceda en el Reino Unido? Semejante vertebración de saqueo ¿no es propio de los países sojuzgados y empobrecidos?

Las empresas mencionadas tampoco son, en sí mismas, quienes definen todo. Están involucradas en un régimen global sin radicación física que ha alcanzado supremacía en Occidente y ni siquiera necesita un nombre.

Ahora sí estamos arribando a conclusiones de interés.

EL CENTRO DEL PROBLEMA. El gobierno mundial encarnado por Margaret Thatcher en combinación con Ronald Reagan, reflejó una victoria sin precedentes del modelo financiero entre fines de los años 70 y comienzos del siglo actual. Fue plasmado conceptualmente en el Consenso de Washington (1989) y logró doblegar las luchas anticoloniales, disciplinar gobiernos autónomos, destruir naciones emperradas en su soberanía, quebrar el Movimiento de Países No Alineados, desarticular la Unión Soviética, absorber empresas de todas las latitudes, controlar Estados a nivel global. El diseño triunfador fue el más radicalizado de las versiones posibles, al punto de transnacionalizarse y desterritorializar las compañías que lo lideraron por encima de las referencias políticas señaladas. Así, los Estados Unidos y el Reino Unido pasaron a ser herramientas en vez de receptáculos preeminentes en la recepción de las utilidades.

Esto significa que esos Estados han resultado opresores de pueblos ajenos pero también propios, y portadores de un déficit –en el verdadero sentido de la expresión- que los va condenando al raquitismo y las dificultades estructurales en aras del sostenimiento de un tipo de acumulación que transforma en vacío los bienes de producción y consumo. Esa es la explicación del emerger de la Multipolaridad: naciones que necesitan producir riquezas reales y para ello apuntalan la existencia de seres humanos destinados a trabajar y consumir; algo que sólo pueden garantizar Estados fuertes y cuyo enlace con el interés geoeconómico profundo de las regiones que habitan los conviertan en hacedores pero a la vez beneficiarios de su accionar.

Que el orgulloso Reino Unido sea impactado por una práctica imperial, en una suerte de implosión ante el accionar de los demonios que liberó sobre el planeta, es una ironía extraordinaria de la historia humana.

Ahora, conflicto en Ucrania mediante, el control anglosajón sobre la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), fuerza a los protagonistas occidentales a priorizar esos intereses rentísticos en detrimento de un vasto comercio internacional y de la adquisición a precios razonables de combustibles fundamentales. Entre las víctimas están los pueblos de las mismas potencias impulsoras de la contienda.

Encima, el Sinn Féin (traducción: Nosotros Mismos) acaba de mostrar una nueva creciente de su predicamento en Irlanda. Tantos años después.

Para ir aún más lejos y entender lo que ocurre en verdad, recurrimos a dos especialistas de singular valor. Por un lado, tras consultar a Walter Formento resolvimos publicar un segmento de una de sus investigaciones cruciales. Por otro, entrevistamos a Néstor Miguel Gorojovsky con el objetivo de aprehender una definición del poder real. Ambos colaboran con La Señal Medios a la hora de mirar el mundo, desde acá.

LA BANCA GLOBAL.

Hace tiempo Walter Formento dio en el clavo: “En la actualidad el capitalismo aún continúa siendo capitalismo pero entró a la escena un capital global que está haciendo -al parecer- de todo el mundo o de todos los países neo-colonias emergentes, todas colonizadas por el gran capital financiero transnacional. Una nueva forma de capital que necesita negar al estado-nación de país central (o estadocorporación multinacional) como modo de organizar y producir el Estado del poder-valor”.

Asentándose en la historia, va del origen al presente. “El Estado fue: Ciudad-Estado, Estado-Reyno, Estado-Nación (en las metrópolis), Estado-Multinacional (Corporación multinacional de país central) y a ahora en desarrollo el Estado-Global (Estado-Red Global de Cities Financieras). Partiendo de que solo hay Estado, dentro de la racionalidad capitalista, donde hay poder de producir-organizar acumulación ampliada de Valor/Poder. Este Estado-Global financiero, asume como Estado-Práctico, el modo y forma de una doble plataforma de nodos de ensamble, una de ensamble de servicios financieros en red a la gran banca global (comercial y financiera, aunque la financiera es la central y subsume a la comercial), y otra la plataforma de nodos de ensamble de la red proveedores hiperespecializados /hiperfragmentados/ informalizados/deslocalizados de bienes y servicios a la producción real. La plataforma de nodos que conforma la gran banca global es permanentemente invisibilizada/ocultada por mecanismos tales que exaltan solo la plataforma de nodos de ensamble de proveedores de bienes y servicios reales”.

De ahí surgen los interrogantes: “La pregunta que emerge es si van a lograr imponer un Estado global financiero. Donde la geografía es social y la ciudadanía son proveedores-y- consumidores en relación de producción con plataformas transnacionales financieras. En la actualidad, los bloques económicos se caracterizan por una etapa intermedia en la superación del capital transnacional de todo tipo de frontera. La pregunta es, si realmente nos encontramos en un momento histórico en el cual la nueva forma de capital financiero global, que niega a la anterior forma financiera y niega al capital financiero en su conjunto, va imponiendo una nueva forma de capital y, abre también la posibilidad a la negación del capitalismo y la irrupción de “algo” nuevo pos-capitalista. Algo nuevo que se desarrolla como multipolarismo emergente”.

UN SISTEMA IMPOSIBLE

GF – ¿Quién detenta el poder real en el Reino Unido?

Néstor Miguel Gorojovsky – El Reino Unido está organizado desde fines del siglo XIX en torno al capital financiero, algo que fortaleció Margaret Thatcher hasta niveles demenciales, convalidó Tony Blair y terminó de instalar en toda su dimensión el partido Conservador en los últimos años, especialmente con Johnson. Eso no significa que no haya nada de actividad productiva, pero el país como tal depende de la circulación de capital financiero y en particular de capital negro y oscuro, albergado en múltiples cuevas de piratas que dependen de la City en último análisis.

GF – ¿Cuáles son los ejes de su actual relación con el resto de Europa?

NMG – La dominación eminente del capital financiero procura convertir al Reino Unido en una gigantesca offshore de todo el subcontinente europeo, en alianza y competencia con los Países Bajos, a los cuales va a subordinar por el mero peso de las bocas de captura ultramarinas de renta oscura. Y también porque es el receptáculo central de los excedentes rentísticos de los Estados petroleros del Golfo Pérsico.

GF – Es correcto señalar -como hacemos aquí- que las grandes corporaciones controlan el poder anglosajón que orienta la OTAN? ¿Deberíamos afirmar, corregir o rectificar esa definición?

NMG – Es una definición esencialmente correcta de la relación de fuerzas real. La idea de que el capital monopolista podía acumular riqueza sin límite a partir de la capacidad de autofinanciación de la gran industria, que presidía las propuestas de Baran y Sweezy en los 60, se demostró equivocada. El capital financiero cumple, en su rama bancaria y especulativa, un rol crucial en la continuidad de las sociedades definidas por la hegemonía absoluta del modo de producción capitalista: es el reciclador de la plusvalía excedentaria, excedentaria en el sentido de que si se la aplicara a la producción de bienes y servicios a ser finalmente consumidos por los seres humanos la tasa de ganancia caería a niveles incompatibles con la propensión necesaria a la inversión por parte de la propia burguesía. El capital financiero no surge de la maldad de nadie sino de la imposibilidad, para el sistema capitalista global, de soportar la riqueza que la altísima productividad del trabajo humano ha logrado desde que se instaló ese mismo modo de producción en unos pocos países privilegiados.

El lector puede enlazar estas consideraciones con diagnósticos previos, en nuestras Fuentes Seguras,

EL GRUPO DE LOS 20. Así como no pudieron disciplinar a las naciones americanas durante la reciente Cumbre, los Estados Unidos no lograron alinear a los miembros del Grupo de los 20 en la reunión de Cancilleres efectuada entre el jueves y el viernes de la semana que concluye en Indonesia. En vínculo con el análisis previo, es válido apuntar que se trata de un resultado inimaginable en 1999, cuando se creó esta articulación de poderosos. Algún porteño de paso por Bali podría haber comentado algo así: “¡Eh viejo, acá cada uno hace lo que quiere!”. Bueno, eso es lo que ocurrió.

Este foro internacional fue gestado para analizar políticas relacionadas con la estabilidad financiera internacional. Está integrado por veinte países de todos los continentes: Alemania, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Corea del Sur, España (invitado), Estados Unidos, Francia, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Reino Unido, Rusia, Sudáfrica y Turquía más la Unión Europea. Entre todos congregan el 66 por ciento de la población planetaria y el 85 por ciento del Producto Bruto Mundial. Aunque resulte fútil para algunos, ante la persistencia de los expertos en autodenigración, este cronista subraya: la Argentina está ahí. Que cada uno interprete lo que desee.

Los participantes expresaron su “profunda preocupación por las consecuencias humanitarias de la guerra” en Ucrania, dijo la ministra indonesia, Retno Marsudi, al clausurar la reunión. Y aclaró “pero el G20 no condenó la acción rusa y solo algunos de sus miembros lo hicieron”. Contando con la reproducción de los medios vertebrados por las corporaciones, el secretario de Estado de los Estados Unidos, Antony Blinken, ratificó su libreto y señaló que “lo que hemos escuchado hoy es un gran coro de todo el mundo, no sólo de Estados Unidos (…), sobre la necesidad de poner fin a la agresión rusa”. A continuación, el Ministerio de Relaciones Exteriores de la Federación de Rusia colocó en primer plano a su portavoz, María Zajárova (el canciller Serguéi Lavrov se retiró cuando hablaba el representante ucraniano Dmytró Ivánovich Kuleba).

La elegante funcionaria describió que no hubo respaldo para las iniciativas occidentales, al tiempo que refutó las intervenciones de la canciller alemana Annalena Charlotte Alma Baerbock (“Los ciudadanos alemanes deben saber que su ministra de Relaciones Exteriores les está mintiendo”), y las declaraciones de Blinken (“Es usted, señor Blinken, quien se acorraló en el autoaislamiento, al eludir una serie de eventos del foro, donde la mayoría ni siquiera se acordó de usted. Y ahora, para justificar su propio fracaso, inventa historias”). Al respecto, Zajárova agregó que a la delegación rusa le contaban que Blinken pedía personalmente a todos aislar a Moscú. “Y todo el mundo al que le pide se ríe a sus espaldas, sabiendo que la actual Administración está condenada a un final sin gloria”.

Lo cierto es que en la primera jornada de las deliberaciones el representante norteamericano solicitó a los asistentes la exclusión rusa del foro. El silencio fue la respuesta y la iniciativa se dejó pasar de largo como cuando algún comensal alcoholizado lanza un improperio en una cena formal.  El cónclave tuvo otro exabrupto, aunque de origen externo: el asesinato del ex primer ministro japonés Shinzo Abe durante un acto electoral: todos recordaban que fue quien propuso instalar bases nucleares estadounidenses en su país y enseguida se enteraron que su ejecutor había sido marino de la potencia del sol naciente. Hiroshima y Nagasaki no fueron eliminadas de la memoria colectiva por unas cuantas películas. Otra ironía.

Clavemos el bisturí. Los desencuentros en el G20 no surgen apenas de un posicionamiento ante el litigio ucraniano. Son la evidencia de los desacuerdos en la configuración del nuevo poder internacional, debido a los diferentes intereses que subyacen. Si ya está clara la postura del bloque euroasiático y sus cercanías, cabe aguardar una posguerra en la cual emerjan los contrastes que se están incubando en Europa, donde varios gobiernos –Alemania a la cabeza- padecerán los resultados de haber abandonado la senda del crecimiento pacífico y otros se lanzarán a reinventar sus vínculos externos para no quedar fuera de la Franja, la Ruta y las relaciones comerciales esenciales.

La cita en Bali fue el preludio de la cumbre de gobernantes que se realizará en noviembre en la isla indonesia. Aunque inicialmente programada para discutir la recuperación mundial tras la pandemia del covid-19, amenaza con convertirse en otro ring.

SOBRE EL DINERO Y LA MORAL. Luego de conocer la interioridad de la crisis más importante en la historia del capitalismo, volvamos a la epidermis. En una de esas contiene elementos indicativos. La oleada de renuncias en la administración de Boris Johnson, que culminó con su propio retiro, combinó las citadas algaradas rumbosas con varios sucesos de abuso sexual y comportamientos despojados de la flema británica. El ex diputado Chris Pincher –Cristian Pellizco, en traducción literal-, era Jefe Adjunto de Gobierno cuando, invadido por el líquido escocés que alguna vez bebió Winston Churchill (con mejores derivaciones), acosó a dos hombres en un distinguido club privado de Londres. Las denuncias llegaron, los medios las difundieron y don Johnson salió a pedir disculpas por haber designado al abusivo.

Empero, los adversarios de Boris apuntaron que el mandatario ya conocía las preferencias y las actitudes de Pincher –acusado graciosamente de “tocamiento inadecuado”-, pues en el mismo período de su designación bromeaba ante numerosos dirigentes conservadores sobre su apellido. El ocurrente primer ministro, entre risas socarronas, decía “Pincher by name, pincher by nature“ (Pellizcador de nombre, pellizcador por naturaleza). Todo el lío, que había arrancado en 2019, eclosionó hace un rato, cuando la contradicción entre expansivos y fiscalistas surgió con intensidad ante el panorama económico local e internacional.

De resultas, puede inferirse que al Reino Unido, su poder económico, su dirigencia política, sus medios y su Corona, les importan un pepino los comportamientos personales y los derechos de los individuos. Pero que si alguien supone que puede tomar un puñado de libras esterlinas destinadas a los bancos para ofrecerlas a la comunidad, se descerrajan las peores tormentas, retorna la niebla citadina, se aplanan las suaves colinas inglesas. Se enfría la cerveza. Y el que pretenda semejante desafío, verá salir sus vicios a la luz, aparecerá en la tele bailando con la simpática morena que preside a los legisladores y será evaluado como alguien indigno de representar tan digno poder. El poder del Imperio Británico.

 Area Periodística Radio Gráfica / Director La Señal Medios / Sindical Federal§