Edición n° 2740 . 23/05/2024

Fuentes Seguras. Estudio en escarlata

Por Gabriel Fernández *

La historia del sangriento accionar israelí en Palestina. El desplazamiento de árabes desde la creación misma del Estado impulsada por Gran Bretaña. La Organización de las Naciones Unidas y su Consejo de Seguridad. Los Estados Unidos se hablan a sí mismos. Los poderes multipolares y su complicado equilibrio.

Abordar la guerra evaluándola inhumana es, quizás, una traba insuperable para su comprensión. Puede sonar exagerada la frase de Arturo Pérez Reverte, pero se aproxima mejor a la realidad: “La guerra es el estado normal del hombre”.

Otro colega, más cercano y buen amigo de quien redacta, equiparaba la labor del periodista internacional con la de los detectives en las novelas mejor elaboradas. “Si seguís la línea del dinero, vas a encontrar al responsable”Oscar Gómez, al explicarlo, sonreía.

PARADOJAS. Demasiado evidente: Israel es la nación más paradojal del planeta. Por un lado una parte de su pueblo padeció crímenes atroces durante la Segunda Guerra Mundial; por otro, su dirigencia actual dedica criterios y acciones semejantes a los palestinos de Franja de Gaza y Cisjordania. Pero hay más: el Estado de Israel existe porque una resolución de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) le concedió la existencia. Sin embargo, vulnera sistemáticamente todas las resoluciones de esa misma organización.

El sionismo es un movimiento nacionalista que fundamenta un Estado judío en la Tierra Prometida, localizada en la Palestina histórica. Su emerger resultó bien usufructuado y potenciado por corporaciones que atisbaron la importancia de establecer una fuerza ultraviolenta bien pertrechada en una zona pletórica de recursos naturales y poblada por contingentes culturalmente distantes de Occidente.

El marxista judío Abraham Leon señaló al respecto: “En realidad, la ideología sionista, como toda ideología, no es más que el reflejo desfigurado de los intereses de una clase. Es la ideología de la pequeña burguesía judía, asfixiada entre el feudalismo en ruinas y el capitalismo en decadencia. La refutación de las fantasías ideológicas del sionismo, no niega naturalmente las necesidades reales que le dieron origen”.

Con el correr del tiempo, un pueblo habituado a generar valores de uso, fue admitiendo (en cierto punto elaborando) una concepción que enlazó con la hegemonía del capital financiero. Al desarrollarse el capitalismo, las bases materiales que sustentaban la existencia del pueblo judío se fueron disolviendo y los judíos se asimilaron a las pujantes sociedades capitalistas europeas. Pero debido a esa trayectoria, se insertaron en su perfil rentístico.

Es necesario precaverse de generalizaciones insustanciales, como la de evaluar “ricos” a todos los miembros de ese pueblo. La derivación de tal razonamiento conlleva a un embudo según el cual el colectivo en su conjunto aprobaría los embates violentos contra los árabes. No es así. Al interior de la sociedad israelí se originan y despliegan contradicciones semejantes a las observadas en el resto de los países.

GÉNESIS. Sigamos. Aunque las migraciones hacia esa Tierra Prometida vienen de hace rato, la gran oleada se desató en la década de 1930, en pleno Mandato Británico de la zona, como consecuencia de la persecución nazi.

Gran Bretaña sabía que estaba instalando, paulatinamente, un Estado donde ya vivía un Pueblo. Garantizó, con esa decisión, conflicto eterno. Con el paso de los años, las comunidades judías asentadas en la Palestina histórica fueron creciendo y así se incrementaron los enfrentamientos entre los palestinos que allí habitaban y los judíos que consideraban ese territorio como propio.

Ante este panorama, el Reino Unido acudió a Naciones Unidas en 1947, que emitió la Resolución 181. La misma dividió la región en dos Estados: uno árabe y otro judío. A este último se le asignó el 54 % del territorio. A Jerusalén, ciudad clave para ambas culturas, se le asignó un estatus de “corpus separatum” bajo un régimen internacional.

En 1948Israel ganó la llamada Guerra de la Independencia y pasó a ocupar el 77 % del territorio, incluido el oeste de Jerusalén. Bajo dominio egipcio quedó la Franja de Gaza y bajo dominio jordano, Cisjordania (incluido Jerusalén Este).

Para los palestinos esta guerra fue la “Nakba” (desastre o catástrofe). Más de la mitad de la población árabe fue expulsada del territorio. Entre 700.000 y 750.000 palestinos tuvieron que dejar sus hogares, perdieron sus tierras y se convirtieron en refugiados en países árabes vecinos, o desplazados en Gaza y Cisjordania.

INVASIÓN. El atropello se extendió a sus descendientes: más de 70 años después, la cantidad de personas refugiadas supera los cinco millones. Lo curioso es que la Resolución 194 de la ONU, de 1948, reconoce el derecho de retorno e indemnización de las personas palestinas refugiadas. Y también se lo reconoce a sus sucesores. La resolución sigue sin cumplirse.

Pero hay bastante más. En 1967, tras la Guerra de los Seis DíasIsrael ocupó la totalidad de Gaza y Cisjordania, generando un nuevo éxodo de palestinos (medio millón de personas). Esta guerra resultó el comienzo oficial de una ocupación – colonización a través de los asentamientos ilegales de los Territorios Palestinos Ocupados que dura ya más de 50 años.

Entre tantas polémicas, la de mayor densidad religiosa anida en Jerusalén Este. La Ciudad Vieja alberga santuarios de suma importancia para tres religiones: islamismo, judaísmo y cristianismo. Para no ir muy lejos, vale consignar que fue uno de los epicentros de la escalada de mayo de 2021.

Para los palestinos, Jerusalén Este es la capital de un Estado libre palestino. Para los israelíes, Jerusalén es su legítima capital. Por ello, Israel se anexionó Jerusalén Este en 1980 de manera “oficial” a través de la Ley de Jerusalén, estableciendo la capital de Israel en una Jerusalén “entera y unificada”.

FRACTURA. En el trayecto, se registraron momentos luminosos, generadores de esperanza. Los Acuerdos de Oslo, firmados en 1993, derivaron de un proceso negociador por la paz que comenzó en Madrid en 1991. En este tramo se produjo el reconocimiento del Estado de Palestina por la ONU y la primera intifada palestina contra la ocupación.

Los Acuerdos disponían cinco años para alcanzar una paz permanente, pero el objetivo no se logró. En el año 2000 se intentó de nuevo con los Acuerdos de Camp David. Israel, bajo la táctica del hecho consumado, firmaba e incumplía, regularmente. No hubo acuerdo ni en el retorno de las personas refugiadas, ni en el estatuto de Jerusalén, ni en los ajustes territoriales ni en las cuestiones de seguridad.

En los Acuerdos de Oslo no se reconoció la totalidad de Cisjordania como región autónoma palestina y la misma fue fragmentada en tres zonas:

  • Zona A:bajo control civil y militar de la Autoridad Nacional Palestina.
  • Zona B:bajo control civil palestino pero bajo control militar palestino-israelí.
  • Zona C:bajo control civil y militar israelí. Cuando se escucha hablar de la Cisjordania ocupada, normalmente se hace referencia a esta última zona, aunque también hay áreas de la segunda zona.

De las tres zonas, la zona A es la menor. En ella, al igual que en la zona B, están las principales ciudades, campos de refugiados y pueblos palestinos, que involucran alrededor del 95 % de la población, pero solo el 40 % de las tierras.

La zona C, bajo control civil y militar israelí, comprende el 60 % restante de las tierras de Cisjordania, incluidas todas las reservas de tierras y todas las carreteras principales, pero es inaccesible en su mayor parte para la población palestina. Los recursos clave para la vida, como el agua o saneamiento, pasan o están en esta tercera zona.

Además, desde 2002, Israel viene alzando un gran muro y toda una serie de bloqueos, puestos fronterizos y zonas restringidas. El gran muro tiene un doble objetivo: facilitar los trayectos y las comunicaciones entre los asentamientos de los colonos israelíes y torpedear la libertad de movimiento de la población palestina, aislándola en las dos primeras zonas, sin que puedan tener apenas acceso a nada. Servicios, comercio, prestaciones; nada.

INFIERNO. El titular de la ONU, Antonio Guterres, señaló recientemente que la Franja de Gaza es “el infierno en la tierra”. Aunque muchos lo indicaron, este periodista resolvió insertar su declaración pues de la misma podría esperarse una acción consecuente desde la organización que lo cuenta como secretario general.

En base a los informes de la entidad realzó que la situación humanitaria es extremadamente preocupante: viven casi dos millones de personas, de las cuales, más de la mitad son menores. Gaza es uno de los lugares más densamente poblados del mundo.

El 38 % de la población vive en situación de pobreza. El 54 % de los habitantes padecen inseguridad alimentaria y más del 75 % son beneficiarios de ayuda. El 35 % de las tierras agrícolas y el 85 % de sus aguas de pesca son total o parcialmente inaccesibles debido a las medidas militares israelíes. Cada día se vierten en el mar entre 50 y 80 millones de litros de aguas residuales parcialmente tratadas. Más del 90 % del agua del acuífero de Gaza no es potable. Alrededor de un tercio de los artículos de la lista de medicamentos esenciales están agotados.

Ahora, tras los embates israelíes, la situación ha empeorado profundamente.

La Franja fue bloqueada por Israel en 2007. Ante la ausencia de trabajo regular, miles de personas arriesgan sus vidas pasando mercancías a través de la frontera de Egipto. La población de Gaza se encuentra aislada del resto de territorios palestinos. Durante los años que dura ya el bloqueo, muchos de sus residentes nunca han tenido la oportunidad de salir del lugar.

Desde entonces, Gaza está gobernada por una coalición liderada por Hamas, una organización político militar que mereció el respaldo de la población local. En 2018 tuvo lugar la Gran Marcha del Retorno, una serie de protestas en la Franja que reivindicaban el derecho de retorno a sus hogares en Cisjordania de las personas desplazadas en Gaza y refugiadas en otros países vecinos. Las protestas se anularon con una brutal represión israelí, que dejó centenares de muertos y miles de mutilados.

Por su parte, Cisjordania está orientada por la Autoridad Nacional Palestina, un agrupamiento en el cual Al Fatah lleva la voz cantante. También ha recibido el apoyo de la población en su zona de influencia. El espacio se plantea heredero de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) aunque son varias las vertientes que reclaman esa continuidad. Las diferencias entre Hamas y Al Fatah son fuertes y, aunque se asientan en aspectos procedimentales, es de suponer que en un futuro algo más sereno deberán ahondar en un debate estratégico.

PRETEXTOS. Es preciso considerar dos normativas esenciales para la política de desalojos en Jerusalén Este: la Ley de Bienes Ausentes de 1950 y la Ley de Asuntos Legales y Administrativos de 1970.

Para comprender su dimensión consultamos especialistas en derecho internacional que cooperan con organismos de Derechos Humanos occidentales. Las precisiones son conmocionantes:

“La primera (ley) prohíbe a la población palestina reclamar las propiedades que perdieron durante el conflicto de 1948. No pueden reclamarlas ni quienes fueron expulsados fuera de las fronteras ni aquellos reubicados dentro de Cisjordania, concretamente en Jerusalén Este, como es el caso de los residentes de Sheikh Jarrah o de SilwanLa segunda permite exclusivamente a los judíos reivindicar tierras y propiedades supuestamente propiedad de judíos en Jerusalén Este antes del establecimiento del Estado de Israel en 1948. Esta Ley de 1970 ha permitido que entidades judías con un estatuto jurídico poco claro se adueñaran de diferentes barrios de Jerusalén Este, incluido Sheikh Jarrah. Estas entidades después vendieron los derechos de propiedad o transfirieron su gestión a organizaciones de colonos que no tienen vínculos con los supuestos propietarios judíos originales. Finalmente, estas organizaciones de colonos han presentado demandas de desalojo contra los palestinos residentes en dichas propiedades. Los palestinos, por su parte, no pueden reclamarlas ni disponer de una ley similar porque la Ley de 1950 se lo prohíbe. Es una trampa jurídica perfecta que básicamente permite a los judíos reclamar propiedades que perdieron durante la guerra de 1948, mientras se lo prohíbe a los palestinos”. Así de claro.

Los desalojos forzosos y la destrucción de propiedades se concretan, además, en el resto de Cisjordania; aunque se llevan adelante con otros pretextos. En lugar de aplicar leyes, Israel impone ordenanzas militares. Con escasos papeles en mano, demuele estructuras palestinas con un aviso previo de 96 horas, limitando el margen y posibilidades de los palestinos de reclamar nada. También confisca sin previo aviso “estructuras móviles” dentro de los 90 días siguientes a su construcción. Los asentamientos ilegales de colonos israelíes avisan al Gobierno cuando detectan una estructura palestina nueva, y entonces la administración israelí se moviliza mediante estas órdenes sin legalidad internacional alguna. Las estructuras palestinas demolidas o confiscadas son residencias, centros de saneamiento o higiene, centros sanitarios, refugios o instalaciones de abastecimiento de agua.

Como si no bastara, la política de desalojos y demoliciones se complementa con el emplazamiento de “zonas de tiro” para entrenamiento militar. Se trata de una maniobra previa, que sirvió como experimento para el resto de los movimientos expulsivos. Desde 1970, Israel declaró que el 18 % de Cisjordania sirve para prácticas castrenses, por lo que nadie puede vivir allí. Esos espacios involucran regiones estratégicas por los recursos que albergan.

DESHABITADAS. Lo que se indica aquí es verdad. Parece una obra de terror, pero es lo que sucede en Palestina. Puede añadirse que este periodista se queda corto en la descripción. A esta altura el lector comprenderá que la ONU y su Consejo de Seguridad tienen serias dificultades para justificar su existencia. Desde la creación del Estado de Israel hasta hoy, la entidad mundial ha dispuesto un millar de resoluciones destinadas a la salida israelí de la región asignada a los palestinos: el país que por estas horas regentea Benjamín Netanyahu hizo caso omiso de todas.

Los asentamientos, como se ha señalado, se siguen extendiendo desde la Guerra de 1967. Hay dos tipos: los oficiales, que cuentan con autorización del Gobierno, y los puestos avanzados, sin registro “legal”. Todos están protegidos por la infraestructura defensiva del muro de Cisjordania, y comunicados entre sí por carreteras únicamente accesibles para los colonos. Desde allí, constituyen un importante foco de violencia contra la población palestina.

Las resoluciones de la ONU son negadas en la práctica, ya que la inversión y el grado de desarrollo de los asentamientos son tan importantes, que no se perciben indicios de que vayan a desaparecer a largo plazo. Muchos colonos, además de disfrutar de un nivel de vida apreciable, se justifican subrayando que están instalados en “tierras deshabitadas” que les pertenecen por mandato divino. El terreno es suyo porque lo dice la Torá. Todo lo demás, no importa. Y por ello consideran legítima y necesaria la violencia que ejercen contra las personas palestinas que habitan en derredor.

Retomemos. El Consejo de Seguridad y otros órganos de Naciones Unidas han emitido toda una serie de resoluciones sobre los asentamientos, la anexión de Jerusalén Este, de los Altos del Golán sirio o la anexión de facto de Cisjordania mediante la confiscación de tierras, así como respecto a la ocupación y a los constantes incumplimientos por parte de Israel.

“Israel solo ha cumplido el 0,5% de las resoluciones en materia de derechos humanos que se le han presentado” expuso la entidad en un balance presentado dos semanas atrás.

La Corte Penal Internacional abrió una investigación de crímenes de guerra en Gaza. No obstante, tras un llamamiento diplomático de Israel, países como Canadá, Australia y varios europeos (entre ellos Alemania, para seguir con las paradojas) cuestionaron la investigación. También los Estados Unidos, que al desconocer el Estatuto de Roma evitan que esa Corte posea jurisdicción en su territorio.

Por su parte, tras el avasallamiento de 2021, la ONU formó una Comisión internacional de investigación sobre las violaciones del derecho internacional humanitario en la región. Las conclusiones de dicha investigación fueron claras: Israel debe poner fin a la ocupación y discriminación contra la población palestina. Israel y sus aliados ni siquiera acusaron recibo de la disposición.

ARGUMENTOS. Es interesante conectarse con organizaciones que despliegan una mirada distinta a la que se esboza en estas páginas. Probablemente ayuden a dimensionar el problema. Amnesty International, por caso, describe de un trazo el panorama:

“El apartheid de Israel sobre la población palestina es un crimen contra la humanidad”. Lo explica bien: “Israel, y los defensores de sus políticas presentes en la mayor parte de los países, acuden constantemente a la narrativa del antisemitismo para tratar de deslegitimar cualquier denuncia o crítica de las acciones del país judío. Resulta paradójico que, para defenderse, las autoridades israelíes acudan a un discurso en el que presentan al país como una democracia imperfecta pero abierta a las críticas, mientras que, al mismo tiempo, cualquier denuncia de vulneraciones graves de derechos humanos y del derecho internacional es considerada un acto de antisemitismo”.

Y sigue: “Pero por mucho empeño que pongan las autoridades israelíes y sus defensores a lo largo del mundo en deslegitimar las denuncias de vulneraciones graves de derechos humanos, acusándolas de antisemitismo y de complot internacional de difamación, no podrán ocultar nunca la realidad. Una realidad que implica el desalojo forzoso de población palestina y la demolición de sus viviendas; campañas de represión contra organizaciones civiles palestinas acusadas de terrorismo; ataques ilegítimos muy potencialmente constitutivos de crímenes de guerra y escaladas contra la población palestina y sus bienes en toda la Cisjordania ocupada”.

Conflicto israelo-palestino visto desde Gaza : IEMed

PODER. Es ostensible que la resolución del drama tendrá que asentarse en una nueva correlación de fuerzas. Mientras Israel, con el respaldo norteamericano, sea el actor más poderoso de la región, nada cambiará.

La cuestión es que los equilibrios internacionales se están modificandoLa República Islámica de Irán, la República Popular China y la Federación de Rusia, así como otros aliados de la Multipolaridad, se están conteniendo para afrontar la situación en Medio Oriente de la manera más responsable posible, con el objetivo de evitar una expansión del conflicto.

Pero el vigor de las naciones en crecimiento y asociadas es inocultable. Tras el desarrollo de volumen, Charles Atlas no puede fingir que volvió a ser un alfeñique de 44 kilos.

Israel y los Estados Unidos pueden pretender el gas descubierto frente a Gaza, el petróleo sirio y el iraquí, el control de Jerusalén. En suma, pueden desear el avance sobre la Franja y Cisjordania a pleno, para constituir una hiperpotencia en esa zona llameante del globo.

Pueden pretender, pueden desear, pero ¿pueden hacerlo? Por lo pronto, los anodinos y disciplinados gobiernos europeos, a diferencia de lo acaecido en el arranque de la guerra en Ucrania, ya ni sacan cuentas destinadas a afrontar otro conflicto de grandes dimensiones.

Apenas dos días atrás se concretó la Octava Cumbre Islámica Extraordinaria en Ryad, nada menos. Sin contrastar con los presentes, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, indicó que “Nos enfrentamos a una barbarie sin precedentes en la historia, en la que se bombardean hospitales, escuelas y campos de refugiados y se masacra a civiles”.

Ante la satisfacción de los presentes, anticipó que la paciencia de su nación “se está agotando” y enrostró: “Es una vergüenza que los países occidentales, que siempre hablan de derechos humanos y libertades, guarden silencio ante las masacres que se están produciendo en Palestina. Aquellos que permanecen en silencio frente a la opresión son tan partícipes en el derramamiento de sangre como los opresores”.

Mientras, Hezbollah batalla, con freno de mano, en la zona norte.

El escándalo que avergüenza a la humanidad, la acción anti musulmana, anti cristiana y anti judía protagonizada por el Estado de Israel en Palestina, ha devaluado el poder censor de los grandes medios y ciertas redes. Hoy, circula más información que ayer.

Vale usufructuar este momento para difundir narraciones veraces como la que se ofrece en esta saga.

El mundo ha cambiado. Por eso mismo, vivimos el período más riesgoso.

Esta sangrienta historia, no ha terminado. Ni mucho menos.

  • Area Periodística Radio Gráfica / Director La Señal Medios / Sindical Federal

Pinturas. Sangre. Jordan Eagles

Fuente: Radio Grafica