Edición n° 2746 . 29/05/2024

Fuentes Seguras.Argentina

Política exterior en los gobiernos de Cristina Kirchner y Alberto Fernández. Tercera Guerra Mundial: polémica Shulz – Gorojovsky. El sueño americano: fracturar Rusia. Victoria y derrota.

Por Gabriel Fernández

Durante los años recientes hemos dividido, con naturalidad esquemática, la vida política nacional y la internacional. Aunque se trata de una acción periodísticamente razonable, es probable que contenga una limitación estratégica. Para abordar el primer rubro, echamos mano a las coberturas locales que llevamos adelante a diario y a las informaciones –bien certeras por cierto- que nos ofrecen nuestros informantes en regiones oficiales. Para afrontar el segundo, requerimos datos precisos a colegas radicados en otras zonas del planeta, consultamos a nuestros analistas globales y desplegamos el análisis que el lector conoce.

Después de la Cumbre de las Américas y el pedido de ingreso al BRICS, hemos resuelto fusionar ambas temáticas en una columna, por esta vez. Una fusión nuclear, podríamos decir. Es que la Argentina ha cobrado (o re cobrado) relevancia en el orden general. Para América latina, claro, y para otras latitudes donde la voz nacional resuena y propone. Por tanto, decidimos repasar los ejes de la política externa y su hilván interior, con el objetivo de ofrecer un panorama algo más claro del que se desplaza en cotidiano por medios intencionados y redes insustanciales.

En la misma nota, nos zambullimos en la guerra presente en Ucrania con algunas consideraciones de interés. ¿Estamos ante una Tercera Guerra Mundial? La polémica suscitada entre dos de nuestros más profundos colaboradores atrapará al lector inquieto. Por otra parte, presentamos uno de los proyectos más audaces de los Estados Unidos para, con intervención de la OTAN, quebrar el mapa ruso y gestar un archipiélago de repúblicas sojuzgadas. Su inviabilidad no implica que deba ser desdeñado a la hora de aprehender los intereses y la filosofía –si cabe- que gobiernan una fase importante del poder norteño.

Es posible que todo tenga un vínculo sutil. Y resultaría satisfactorio que usted nos ayude a identificarlo. Ahí vamos.

LA POLÍTICA EXTERIOR DE CRISTINA.Cristina Fernández de Kirchner desplegó, durante su gestión de gobierno, una política exterior enlazada con la de Néstor Kirchner. A lo largo de un tramo prolongado (diciembre de 2007 hasta diciembre de 2015), se concretó la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y se potenció el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) como herramientas destinadas a la cooperación y el intercambio equilibrado de la región. El crecimiento interno brindó volumen a esas acciones y convirtió a la Argentina en protagonista decisivo.

Resultó ostensible el vínculo con los presidentes Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa, LuizInacio Lula da Silva – DilmaRoussef, José Mugica entre otros. La persistencia de esas tareas internacionales derivó en la incorporación nacional a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en el año 2010. Durante todo el período, se intensificaron los enlaces con Rusia y China, sin que ello originara contrastes agudos con los Estados Unidos, aunque se observó el malestar que esas políticas generaron en el espacio anglosajón.

Nuestro país obtuvo avances significativos para su postura sobre el Atlántico Sur. Por un lado, recibió un sólido respaldo mundial al proponer el dialogo con Gran Bretaña acerca de la propiedad de las Islas Malvinas: pudo insertar la posición sureña en los documentos de UNASUR, América del Sur-Países Árabes (ASPA), América del Sur-África (ASA), el G77 + China y la CELAC, así como vencer en votaciones generales de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). En línea, la Cancillería argentina presentó a esa entidad un pedido de expansión de la plataforma continental; se trata de un área que abarca 1.782.500 km². La zona incluye a las Malvinas e islas del Atlántico Sur. El pedido fue planteado en 2009, y en marzo de 2016 resultó aprobado por la ONU.

Durante la gestión indicada, la Argentina tuvo una participación positiva en la resolución de conflictos regionales. Bolivia, Colombia, Venezuela y Ecuador recibieron especial atención y lograron revertir situaciones litigiosas con el amparo albiceleste. En todos los casos nuestro país insertó como ejes de salida el respeto a la autodeterminación de los pueblos y la vigencia de los derechos humanos. En el año 2010, fue la primera nación en reconocer a Palestina como Estado libre e independiente “dentro de las fronteras existentes en 1967 y de acuerdo a lo que las partes determinen en el transcurso del proceso de negociación”.

En 2014 el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas (ONU) aprobó una resolución de condena a los fondos buitre impulsada por la Argentina, por 33 votos a favor, 5 en contra y 9 abstenciones. La resolución rechazó el accionar de esas empresas y las Naciones Unidas ordenaron investigar los efectos del mismo sobre las economías que reestructuran sus deudas soberanas. Por entonces, ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, la presidenta argentina indicó que “No solamente son terroristas los que andan poniendo bombas, también son terroristas económicos los que desestabilizan la economía de un país y provocan pobreza, hambre y miseria a partir del pecado de la especulación”.

Por si algo faltaba, en 2015 la Argentina logró que la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobara una resolución estableciendo los Principios Básicos en Procesos de Reestructuración de Deuda Soberana, con una mayoría de 136 votos a favor, 41 abstenciones y solo 6 votos en contra.

En los dos últimos casos este periodista resolvió evocar los números de las votaciones porque a su través es posible reconocer los primeros pasos del proceso Multipolar que se venía incubando desde fines del siglo anterior.

LA POLÍTICA EXTERIOR DE ALBERTO. El gobierno de Alberto Fernández hilvana de modo directo con los de Néstor y Cristina Kirchner. Antes de asumir, sobre comienzos de noviembre de 2019, se reunió en México con Andrés Manuel López Obrador, ya en ejercicio del Poder Ejecutivo azteca. El encuentro, presentado como “reservado” por los protagonistas, mereció una consideración pública sutil durante la conferencia de prensa posterior. Allí, AMLO sostuvo que  “Lo más importante es apegarnos a nuestra política exterior. Los principios de no intervención, autodeterminación de los pueblos, cooperación para el desarrollo, solución pacífica de las controversias; esos principios son los que nos guían”.

Enseguida, el jefe de Estado argentino se adentró en la búsqueda de la recuperación democrática de Bolivia. Ayudó a la salida del colega destituido por el golpe de Estado y coordinó con México su salvataje. Tras operar como actor central en la exigencia de elecciones libres en el vecino país, y sin reconocer la gestión ilegal pese a las presiones norteamericanas, la Argentina cooperó con el pueblo del altiplano para la concreción de ese anhelo. En octubre de 2020, el candidato de la vertiente liderada por Evo Morales, Luis Arce, venció con más del 55 por ciento de los votos.

Con posterioridad, en medio de la pandemia que asoló el planeta, el gobierno argentino ratificó los lineamientos soberanos en la Organización de Estados Americanos (OEA) y resolvió retirarse del llamado Grupo de Lima, asociación destinada a obstaculizar el normal desarrollo institucional en Venezuela. En este caso, nuestro país tampoco reconoció a los dirigentes  impuestos sin legalidad alguna como representantes del pueblo bolivariano. En varias oportunidades, la embajada nacional en la OEA ratificó la postura y cuando fue necesario la extendió como concepto básico sobre otras naciones.

En el arranque de 2021 la Argentina definió su mirada sobre la situación en Medio Oriente. Nuestro país votó, entre el 22 y el 24 de marzo, en cuatro oportunidades contra Israel en el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, por violación a los derechos humanos en Palestina. Luego, en mayo, respaldó junto a China, Rusia, Cuba, México, Venezuela y otros, la creación de una Comisión Investigadora para indagar esos crímenes. Los Estados Unidos expresaron su malestar, y al interior lo tradujo Infobae: “La instrucción presidencial impactó en la Casa Blanca, el Palacio Eliseo y la Cancillería de Alemania, que observaban a Alberto Fernández como un líder regional que tenía una posición equidistante frente al conflicto en Medio Oriente”.

Sobre fines del año pasado la República Argentina fue propuesta para la presidencia pro tempore de la CELAC. Recibió respaldo masivo. La XXII Reunión de cancilleres de la entidad designó, el 7 de enero, a nuestro país para orientar el foro durante 2022 con los objetivos de “guiar a la región en la pospandemia y fortalecer al mecanismo como un instrumento de diálogo alternativo a la Organización de Estados Americanos (OEA)”. Al asumir, el mandatario designado precisó que “Recojo este desafío con la convicción de quien cree en que todos somos parte de una Patria Grande, que nos une, aunque muchos hacen lo imposible por dividirnos, y consecuentemente someternos con facilidad”.

A medida que se desplegó la recuperación económica interna, la administración nacional cobró vigor para la participación en la política internacional. A comienzos del año en curso el presidente argentino viajó a Rusia y a China para consolidar vínculos internacionales y suscribir acuerdos económicos infraestructurales. Los mismos fueron significativos: en especial las obras destinadas a proveer de energía a la producción nacional. Nuestro país, como tantos otros del subcontinente, suscribió la Iniciativa de la Franja y la Ruta propuesta por China. En pocos días se desató la guerra en Ucrania. Desde entonces, la Argentina exige el cese de hostilidades y plantea el aprovechamiento de sus recursos alimenticios para paliar las dificultades surgidas por el enfrentamiento.

Dentro de la aceleración del panorama internacional, se reunió en Los Angeles (Estados Unidos) la Cumbre de las Américas. El 9 de junio pasado, Alberto habló en nombre de la CELAC, rechazó con intensidad las exclusiones dispuestas por el anfitrión –en referencia a Cuba, Venezuela y Nicaragua– y cuestionó los extensos bloqueos que generan daños humanitarios. También hizo hincapié en las desigualdades y la necesidad de establecer cooperación equilibrada para resolverlas. El fortísimo impacto de sus palabras evidenció el nuevo equilibrio regional, concatenado con la reconfiguración de los poderes en el orden planetario.

La semana pasada, tras aceptar una invitación de la República Popular China, la Argentina participó de la reunión del grupo BRICS, que forman Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Allí, el presidente solicitó la integración: “Aspiramos a ser miembros plenos de este grupo de naciones que ya representa el 42 % de la población mundial y el 24 % del producto bruto global”. Las palabras del jefe de Estado resonaron con ecos de porvenir: el BRICS es “una plataforma con enormes capacidades para discutir e implementar una agenda de futuro que nos lleve hacia un tiempo mejor y más justo”; por lo que insistió en sumar a la Argentina a ese espacio, para “brindar sus aportes”.

EL SOSTÉN INTERIOR. Aunque en ocasiones el volumen intrínseco de una nación le brinde un lugar de cierto valor en el mapamundi, si no aprovecha sus virtudes ese espacio se angosta bastante. Para pesar hay que crecer. Como ese es uno de los centros de debate puertas adentro, y como a lo largo de la narración planteada hasta aquí se fundamentó el creciente vigor externo argentino en el desarrollo, es preciso realizar un puñado de apuntes.

En 2021, cuando la pandemia retraía la presencialidad, el Producto Bruto Interno tuvo un alza del 10,3 por ciento, indicador que superó a la mayoría de las naciones. El dato cobró más relevancia porque frenó el sendero recesivo impuesto por la administración liberal previa. Este año el porcentual mostró una suba del 0,9 desestacionalizada durante el primer trimestre, una perspectiva de crecimiento industrial del 7 por ciento general y un crecimiento superior al 4 por ciento anual. Claro que hay dificultades: las restricciones fiscales acordadas con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la muy debatida ausencia de dólares impedirán la reiteración de aquél guarismo.

La desocupación del primer trimestre fue de 7 por ciento, lo cual encarna una mejora en la comparación interanual. La gestión de Cristina Kirchner había dejado un 5,5 por ciento, la de Mauricio Macri la elevó al 11 por ciento, el inicio de la pandemia la subió hasta el 12. En el mismo tramo del actual período la tasa de empleo fue de 43,3 por ciento, la más alta en el mismo ciclo desde 2003. La inflación galopante sólo fue parcialmente combatida por las paritarias, y los salarios están entre un 20 y un 25 por ciento debajo de los que se percibían en 2015. En el mismo trimestre de este año se generaron 112 mil puestos de empleo registrado y 532 mil en negro.

Durante los dos años abordados la Argentina tuvo récord de exportaciones. Récord histórico. Es nítido que el dato tiene doble lectura. Si por un lado implica un éxito pues se comercializan en el exterior productos nacionales, los más importantes beneficios quedan atrapados en las empresas líderes de cada franja. Además, como el alza productiva general contiene la necesidad de adquirir insumos importados, la escasez de la agonizante moneda norteamericana resulta palpable. También, como los precios mundiales obtenidos por esas corporaciones son más elevados que los locales, destinan el grueso de su producción al exterior, damnificando en valor y volumen al mercado interno.

Así y todo, ese mercado local sigue creciendo. La vivificación del circuito productivo y comercial es perceptible. Pero además tiene impulsores que merecerían más destaque. En el horizonte local las pymes siguen siendo motores de la actividad: representan el 44% del PBI nacional y generan el 70% del empleo. Las empresas cooperativas ya superan el 10 por ciento de aporte a la riqueza colectiva. El mapa conjunto evidencia una economía en progresión, con persistencia de hondas desigualdades: la pobreza alcanza al 37 por ciento en el primer semestre de 2022, mientras que la indigencia fatiga al 8 por ciento de la población. La Argentina, se apuntó en esta columna, no padece una crisis económica –sí la sufrió durante los años del macrismo, con su esquema fugador y rentístico- y sí lamenta una injusticia social impropia de su volumen.

Hay muchas falencias, claro. La sub utilización de las grandes entidades bancarias del Estado, la regresión impositiva, el aval a la contratación precaria desde el mismo empleo público, la no recuperación de resortes importantes de la economía en manos privadas desde los años 90, la falta de control sobre las firmas concentradas que definen precios, la lentitud para cesar importaciones innecesarias, la persistencia de un Poder Judicial antinacional, la ausencia de una pauta publicitaria ecuánime que incluya a los medios populares, entre otras. Estas defecciones, trascendentes y evidenciadas en nuestros medios, no alcanzan para devaluar el proceso de desarrollo en el cual se encuentra el país. Por lo demás, la oposición liberal sólo marca el resultado de esas ausencias ya que es beneficiaria de las mismas.

Como se verá, el forzamiento de diagnóstico que proponen los medios concentrados pero avalan muchos críticos internos del Frente de Todos perjudica las mismas perspectivas de los espacios nacional populares. Cuando hay crisis y recesión no hay paritarias en alza ni inversiones productivas, nadie debate sobre cómo transmutar la asistencia en trabajo, pocos se preocupan por el reparto de una torta decreciente. El desarrollo del PBI y de su segmento industrial configura la base imprescindible para mejorar el ingreso social promedio. Si al cuadro de situación señalado más arriba le añadimos el re impulso a la ciencia y la técnica nacionales, con elaboraciones tecnológicas de punta que pueden certificarse en la energía nuclear y la industria aeroespacial, podremos comprender por qué la Argentina es convocada a participar de los agrupamientos económicos más importantes de la Tierra.

LA TERCERA GUERRA MUNDIAL. En nuestras Fuentes Seguras tituladas Tiempos Interesantes, incluimos el subtítulo El amanecer, cuyo objetivo fue indagar en qué situación estamos. Allí, el analista Sebastián Shulz explicó su rechazo a considerar Tercera Guerra Mundial el período que nos toca vivir. Entre otras cosas, diferenció a las dos primeras conflagraciones de la actual al precisar distintas líneas divisorias. Allí aseveró que “Esta ´guerra´ no es una continuidad de la primera y la segunda guerra mundial, es cualitativamente distinta”.

A poco de publicarse el texto, se comunicó con este cronista el geógrafo y especialista en política internacional Néstor Miguel Gorojovsky. Algunos lectores advenidos en oyentes –o viceversa- lo conocerán de las agudas peleas con fundamento surgidas en el espacio Ya nada será igual, de La Señal Medios, por Radio Gráfica. Lo cierto es que con esa voz profunda que lo caracteriza, el amigo se lanzó a una polémica muy densa que vale la pena reproducir aquí. Dijo Néstor: “La Segunda Guerra Mundial no fue solamente una guerra por el reparto del mundo, como sí lo fue al principio (pero no al final) la Primera”.

Ante nuestro requerimiento, pasó a elaborar un material sucinto y jugoso que enriquece la comprensión y deja en claro su postura. Ahí va:

A) El carácter de la Primera Guerra Mundial y su abrupta terminación

La Primera Guerra Mundial empezó como eso, como una guerra por el reparto del mundo entre potencias imperialistas, pero terminó abruptamente porque el ciclo de rebelión de los países semicoloniales, que ya había apuntado en el siglo XIX con acontecimientos aislados -el Gran Alzamiento Nacional en la India (conocido en Occidente como «motín de los cipayos»), la revolución Taiping en China o (ya que estamos) la resistencia paraguaya y de las montoneras argentinas en la Guerra de la Triple Alianza- se profundizó bajo la forma inesperada de una tormenta revolucionaria y socialista en el Imperio de los Zares, uno de los beligerantes.

Esa ola revolucionaria obligó a los imperialistas a detener su ´guerra civil´ global y emprender otra, más urgente, contra los comunistas y luego stalinistas de lo que se fue convirtiendo en Unión Soviética, ante el temor de que una nueva ´guerra civil´, pero ya no entre imperialistas sino de proletarios contra burgueses en Europa Central y Oriental, se los llevara puestos para siempre.

De esa manera la Primera Guerra Mundial concluyó de golpe para dar paso a otra confrontación (contra la Rusia Roja) y evitar su opuesto (las revoluciones socialistas que ya parecían estar apuntando en Hungría, Alemania y Baviera. Para dejar en claro que la paz de 1918 no fue más que un temporario fin de conflicto, forzado por la rebelión semicolonial, baste mirar qué pasó en Irlanda, donde gracias a la Primera Guerra Mundial los independentistas lograron -hasta donde les dieron las fuerzas- una retirada británica.

Es obvio para cualquiera que más allá de lo que se opine sobre el marxismo leninista una virtud indiscutible de la Revolución de Octubre (Y Febrero) fue impedir que el Imperio de los Zares sufriera la misma suerte que el de los Habsburgo o el de los Otomanos. Y ese legado (nacional democrático en el sentido más estricto del término, como el de Irlanda) se continúa hoy en la estructura de nacionalidades de la Federación Rusa. Lo que hace Putin hoy arraiga en esa tradición (que consiste, de paso sea dicho, no en adorar las cenizas sino en transmitir el fuego, como dice por ahí la gran vidalera salteña Nadia Szacheniuk).

B) El carácter de la entreguerra y la segunda guerra mundial

El período de entreguerras fue entonces un armisticio interimperialista en la lucha por el reparto del mundo con creciente intensificación de la lucha iniciada por los rusos bajo los zares y ya emprendida antes por algunos otros pueblos (árabes, indio, chino). Así, TODA la Segunda Guerra Mundial fue AL MISMO TIEMPO -y como mínimo- dos guerras en una: de lucha por el reparto del mundo y de lucha por el aplastamiento de la insurgencia semicolonial. No fue igual a la Primera. Fue un solo conflicto, pero en su seno se dirimió MÁS de una guerra (a diferencia de la Primera).

Zanjada en 1945 la lucha entre las potencias imperialistas -la guerra por el reparto del mundo, con el inicio de la hegemonía cada vez más pesada de EEUU- quedó en pie la otra guerra que se estaba librando en la Segunda Guerra Mundial. Entre otras cosas se expresó en la Guerra Fría, ya que el objetivo de eliminar no solo al socialismo ruso sino también a Rusia como continuidad del viejo imperio de los Zares en beneficio colectivo de todos los imperialistas siguió ardiendo con la misma potencia que en 1918-1922.

C) Ucrania, una Guerra Mundial sin lucha por el reparto interimperialista

Esto que ha pasado ahora en Ucrania es, en ESE sentido, CONTINUIDAD de la Segunda Guerra Mundial. Lo que ahora no está presente es el conflicto interimperialista, que ya no tiene aparentemente ninguna posibilidad de ser. Es importante ver esto porque implica decir que aún sin conflicto interimperialista SÍ hay una Tercera Guerra Mundial.

En esta guerra mundial la resistencia de los pueblos semicoloniales ha ocupado todo el horizonte, y se expresa no ya como conflictos aislados en el Sur global, como venía haciéndolo hasta el presente, sino (muy esquemáticamente) como una verdadera Guerra Mundial -por procuración en Ucrania y por mecanismos de guerra económica en todo el planeta- entre Estados Unidos y la Unión Europea, por un lado, y China y Rusia por el otro”.

Este periodista invita a reflexionar con detenimiento al respecto, porque develar los vectores que se deslizan en la actualidad es determinante para avizorar adecuadamente lo que viene.

EL SUEÑO AMERICANO. Aquella frase de Charles de Gaulle sobre las estupideces que se les pueden ocurrir a los norteamericanos, y el dolor de cabeza que los actuales comandantes del bloque anglosajón que orienta la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) están prodigando a Henry Kissinger, son factores que cobran sentido. Varios periodistas recibimos, pocos días atrás, una síntesis de los proyectos previos al lanzamiento de la ofensiva sobre la frontera euroasiática. Los mismos son analizados en este presente como si resultaran posibles y varias de las mentes consideradas lúcidas en el Norte dan rienda suelta a su imaginación. Sólo fue publicado por Sputnik Mundo –los amigos se cebaron, adjetivando a diestra y siniestra- y entonces nos pareció de interés publicarlo en este espacio.

El Comité de Seguridad y Cooperación en Europa de EEUU(CSCE), planteó la «necesidad» de fragmentar Rusia por razones “morales y estratégicas”. Esa institución indicó, a través de un resumen oficial, que “ya es hora de tomar en cuenta que Moscú mantiene su dominio sobre muchos pueblos indígenas no rusos dentro de las fronteras de su país. Es hora de ver la crueldad con la que el Kremlin está suprimiendo su autoexpresión y autodeterminación”. Añadió que “actualmente se llevan a cabo muchas discusiones serias sobre lo que se debe hacer con el inamistoso imperialismo de Rusia. La agresividad de Rusia ha estimulado una discusión pendiente desde hace mucho tiempo de cómo se debe ‘descolonizar a Rusia’”.

El problema es que se trata de una organización estadual norteamericana, no de un grupo de intelectuales que desean quedar bien con algún poder. Es coordinada por Victoria Nuland, subsecretaria de Estado para Asuntos Políticos del gobierno de los Estados Unidos. La diplomática fue portavoz del Departamento de Estado desde 2011 a 2013 durante la presidencia de Barack Obama y entre 2013 y 2017 fue responsable de la política exterior para asuntos europeos y euroasiáticos. De 2005 a 2008 fue Representante Permanente de los Estados Unidos en la OTAN. También, directora ejecutiva del Center for a New American Security desde enero de 2018 a febrero de 2019. En enero de 2021 Joseph Biden la designó en su actual cargo.

El planteo en cuestión indica que ese horizonte liberador sólo puede llevarse adelante mediante una «descolonización»; esto es, una balcanización del territorio. La iniciativa fue presentada con mapas en los cuales se especifican los quiebres internos que se anhela promover. Nuland, histórica apasionada de las invasiones sobre Afganistán e Irak, es una reconocida defensora de la tercerización de la Defensa norteamericana a manos de compañías armamentísticas y reclutadoras de mercenarios. Esas firmas, que absorbieron los recursos públicos junto a los grandes bancos y tienen a la potencia del Norte al borde de una recesión, están viviendo una nueva explosión de rentabilidad ante la demanda de armas ¡impulsada por Biden! para “ayudar” a Ucrania.

Pero Nuland y su núcleo –formado con capacidad selectiva por su esposo, el ex asesor de Robert W. Bush, Robert Kagan (se llama así, ¿pueden creerlo?)- tiene mucho que ver con el presente desangelado que padece ese país ¿Por qué? Fue uno de los artífices del golpe de Estado que en 2014 derrocó al presidente constitucional VíktorYanukóvich: bajo las instrucciones del Premio Nobel de la PazBarack Obama, Nuland articuló las fuerzas pro occidentales al punto de liderar en las marchas opositoras a los grupos nazis que rechazaban los vínculos con Rusia propuestos por ese jefe de Estado. Yanukóvich había sido electo con el 52 por ciento de los votos.

Este es el sueño americano para Rusia. Que el territorio de esa Federación sea impenetrable por razones geo estratégicas, que el respaldo internacional –China incluida- resulte apreciable y que la popularidad del gobierno que encabeza Vladimir Putin haya crecido hasta el 70 por ciento entre los “colonizados” no ha hecho mella en quienes se guían por la filosofía Nike: Si te lo propones, lo conseguirás. Como hemos demostrado, en vez de recurrir a esa vulgaridad, podrían haber abrevado en otros pensadores más interesantes.

TERRITORIO MINADO. Hay mucho más en el plano internacional, sobre todo en relación a naciones que no están en el foco: Armenia, Azerbaiyan, Turquía, Polonia, Hungría, Finlandia, Bielorrusia, Moldavia y otras. Ya ingresaremos en esos territorios. También, el día a día ruso y chino brinda bastante seda para cortar. Pero frenemos aquí con el objetivo de ofrecer descanso, pensamiento y re lectura. El autor de estas líneas comprende que ha ingresado en territorio minado –como los puertos del Mar Negro- al relacionar a la Argentina con el mundo. Una cosa es acordar sobre el derecho soberano de Kazajistán y otra analizar los múltiples conflictos intestinos del lugar donde nos toca vivir. La distancia complica pero a la vez, ayuda.

En ese magnífico libro de ciencia ficción titulado El Señor de la Luz, los protagonistas se ven envueltos en una crucial y prolongada batalla, tan confusa, polvorienta y dramática como suelen ser los tramos decisivos de una guerra. Su autor, Roger Zelazny, crea este atinado diálogo entre el conductor de uno de los ejércitos y su cercano asesor. -¿Estamos ganando o perdiendo? –No lo sé. En medio de una lid que abrirá las puertas de su futuro, no conocen a ciencia cierta lo que en verdad sucederá.

¿Quién lo sabe? La caída de las economías doblegadas por las corporaciones financieras (armamentísticas) es palpable y el alza de las emergentes con su impronta productiva de bienes físicos, innegable. Pero el poder nuclear de todos también cuenta y la irresponsabilidad acerca del destino común de la humanidad evidenciada por uno de los actores, es otra de las cartas en juego. Los países del Sur, entre ellos la Argentina, ya conocen el arrasamiento que implica ser gobernados por el modelo rentístico impuesto por Occidente.

Esa comprensión circula entre nuestros pueblos.

¿Algunos creen que no? Bueno, es difícil confiar en las grandes masas. No es para todos, paradojalmente. Pero, créame lector, ofrece una calidez en el corazón que vence estos fríos punzantes que debemos atravesar.

  • Area Periodística Radio Gráfica / Director La Señal Medios / Sindical Federal