Edición n° 2742 . 25/05/2024

Frente a la angustia e incertidumbre, medidas que descomprimen.

Raúl Hutin. Secretario de la Central de Entidades Empresarias Nacionales (CEEN).

Está en la calle, como el viento, se cuela por cualquier rendija, entra a los locales de venta, a las fábricas o a los comedores. Es que, a poco de andar, estaremos frente a la urna colocando nuestro voto el 22 de octubre para decidir, entre todos y todas los manejos del país para los próximos cuatro años en medio de este aire y de este olor rancio.

Nadie tiene duda, y de ahí la angustia, que esta es una elección bisagra, los argentinos nos encontramos frente a la posibilidad de elegir un modelo de producción y trabajo con inclusión social, o un modelo de ajuste y apertura económica irrestricta con consecuencias insospechadas. Planteado de esta manera no deberían quedar dudas, sin embargo, la continuidad del mismo signo político, los errores cometidos, hacen mella en una sociedad golpeada por el incumplimiento de las promesas de campaña y provocan muchísima bronca que al momento de votar puede provocar un colapso fatal.

La historia nos muestra que no hubo demasiados gobiernos del mismo signo político, que mantuviesen su continuidad de gestión. Ni siquiera los del matrimonio de Nestor Kirchner y su continuadora, Cristina Fernandez de Kirchner, lo hicieron. Ni hablar el de Carlos Menem… y así podríamos dar innumerables ejemplos. Basado en ese estudio, ¿Por qué podríamos sospechar que el gobierno de Sergio Massa tendría alguna similitud con el de Alberto Fernandez?

Cuando Massa tomo la papa caliente hace un poco más de un año, la situación estaba totalmente desmadrada, El Ministro Guzmán había cerrado el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) en términos, no solo incumplibles, sino profundamente inflacionarios. El gobierno se deshacía en un cumulo de problemas irresueltos y la oposición pedía la renuncia de toda la cúpula del ejecutivo. El helicóptero ya estaba con los motores en marcha.

Avanzamos en un mar bravío, donde la tempestad no amaino, ya que no solo hubo que enfrentar el flagelo del encarecimiento de los combustibles a nivel internacional, sino que aumentaron los alimentos en el mundo y con ellos, la inflación general que a nosotros, como país, nos pegó muy fuerte. Inmediatamente vino la seca y con ella 20.000 millones de dólares se fueron por los ríos y arroyos convertidos en polvo. Conclusión, el agujero que se produjo solo en este último año, alcanzo la friolera de U$S26.000 millones. Claro que lo teníamos que sentir.

Sin embargo, se tomaron medidas paliativas para que los distintos sectores de la sociedad, principalmente aquellos que peor la estaban pasando, pudiesen sacar la nariz de la línea de flotación. Actualizaron los planes sociales, la moratoria jubilatoria, los refuerzos según el momento a jubilados, el aumento del Salario Mínimo Vital y Móvil que a la vez ajusta a los anteriores, la derogación de la cuarta categoría en el impuesto a las ganancias, el haber salido a rescatar a los trabajadores no registrados con un plan de $94.000 en dos cuotas, etc. etc.

A todo lo hecho, una parte sustantiva de la sociedad tomo estos acontecimientos propios de justicia social con un mote despectivo de “Plan platita” electoral. Planteando un inexistente recalentamiento de la economía y por lo tanto inflación por demanda. Ilógico, en el momento que estamos hablando que estamos entrando en un proceso recesivo. Pero todo sirve para apostar en contra de los supremos intereses de la Nación, como ocurre con la corrida sobre los distintos dólares.


Dentro de este clima por demás pesado, se sigue trabajando en todos los frentes con una mirada optimista de futuro. El Ministro puso en tela de discusión la Moneda Digital Argentina (MDA) y enviara al Parlamento el proyecto de ley en no más de 30 días. Sin tener los elementos necesarios y suficientes para analizarlo en profundidad, a las PYMES nos parece una medida acertada y puede traer réditos importantes para el conjunto de la ciudadanía.

También se puso sobre el tapete la discusión sobre la reducción de la jornada laboral. Debemos tener en cuenta que nuestro país mantiene desde hace casi 100 años la ley 11544 que determina las 48 horas semanales. A partir de aquí, se abre una interesante discusión entre todos los sectores del trabajo y la producción para buscar el justo equilibrio entre los que se quiere y lo que se puede. Siempre pensando que tenemos que apuntar hacia una sociedad con mejor calidad de vida y no viceversa. Es ridículo y vergonzoso escuchar decir a dirigentes industriales de fuste de grandes empresas, “Que van a hacer los trabajadores si tienen tiempo libre”, ¿“Para que lo quieren”?.

Es necesario pisar la pelota, tranquilizar los espíritus y reflexionar para encontrar en nuestro interior el mejor camino de salida posible, principalmente frente a las próximas elecciones, con los mejores hombres y mujeres más allá de su signo político. La Patria está en peligro y es el momento de mostrar de que estamos hechos. Demostrar que somos dignos de ser argentinos y estamos dispuestos a dejar el legado que merecen los que nos continuaran, así como estamos satisfechos del País que construyeron nuestros mayores.