Edición n° 2747 . 30/05/2024

«Fabricamos diez mil repelentes por semana»/Daniela Bes, directora del Instituto Biológico Tomás Perón

La cartera sanitaria bonaerense incrementó la producción de repelentes porque vio venir la epidemia del dengue. Los insumos, la distribución y el acceso.

«Uno puede hablar del libre mercado, de la presencia o la ausencia del Estado, y es muy fácil hacerlo cuando queda en el discurso. Pero en la diaria, cuando querés ir a comprar repelente y no encontrás, o se te dificulta acceder a él por los precios ya que no hay control, ahí aparecen los problemas. Desde la Provincia salimos a dar respuestas, porque el Estado nacional no brinda ningún tipo de ayuda.» 

Quien habla con BuenosAires/12 es Daniela Bes, directora del Instituto Biológico Tomás Perón. La dirección provincial que ella conduce, que depende del ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires, produce 10 mil frascos de repelente de mosquitos por semana y los entrega de manera gratuita en los hospitales de las diversas regiones sanitarias, en los centros de salud y en los abordajes territoriales, donde los promotores sanitarios descacharrean junto a los vecinos para cortar los focos del insecto. 

Bes es directora del Instituto Biológico desde mediados de 2022, momento en que el Tomás Perón retomó la producción de repelentes. Argentina vivió epidemias de dengue durante los últimos tres años, pero la que atraviesa actualmente no tiene precedentes. Por ese motivo, frente a la coyuntura actual, las autoridades decidieron profundizar y aumentar la producción. Junto a la cúpula de la cartera sanitaria bonaerense, además, acordaron que no frenarán la producción durante el invierno y harán stock para el verano que viene, cuando la epidemia del dengue diga presente otra vez.

«El año pasado iniciamos la compra de insumos, por eso es que en este momento podemos estar produciendo, porque hay un faltante en el mercado», explica la directora a BuenosAires/12. A diferencia del Gobierno nacional, que «asumió sin ningún plan contra el dengue» según el ministro de Salud bonaerense Nicolás Kreplak, la cartera provincial imaginó lo peor y puso las máquinas a producir. 

La compra de insumos que menciona Bes se basa, mayoritariamente, en el principio activo del repelente contra mosquitos, que es el Deet. Este se importa de Japón y China, y las droguerías trazan un tiempo de espera desde que se genera la orden del pedido, por lo que el proveedor entrega el insumo tres meses después. «Con esa complicación de espera, y sumado a la alta demanda, se dificulta conseguir el principio activo, por lo que es fundamental que hayamos tenido visión y acción temprana. No se necesitaba ser un genio para saber que esto iba a suceder», subraya la directora.

Los repelentes, sea cual sea la marca, varían su graduación de Deet. En las lociones en spray con base hidroalcohólica que produce la provincia de Buenos Aires, de 100 mililitros cada una, el porcentaje de Deet varía entre el 7 y el 30 por ciento, y tienen tres presentaciones. Algunos cuentan con 7, 5 por ciento, otros con 15 por ciento, y el resto con 25 por ciento. Amplía Bes: «La diferencia es la frecuencia de rociado, cuanto menor concentración de Deet, mayor aplicación del producto. No importa si la concentración es baja, cada tres hora te pones y es efectivo igual. Nosotros le ponemos glicerina también, porque el alcohol reseca la piel, entonces en la formulación le agregamos ese producto para mitigar el efecto del alcohol».

Al hablar sobre el desabastecimiento, Bes indica que «el problema del mercado, porque la empresa multinacional copa el 90 por ciento del mismo». Según cuenta la directora del Perón, la multinacional color naranja tiene esquemas de producción anual a largo plazo, «y lo que iban a producir en 2023 ya lo tenían decidido hace cinco años». «Ante el imponderable de la epidemia del dengue, a la multinacional no le interesa ponerse a importar o a producir, y cumple a rajatabla con el cronograma inicial», dice a este diario la farmacéutica, que aclara que «no producen pero aumentan el precio, y eso es una complicación, porque en el mercado la multinacional pisa muy firme y no generan, entonces eso provoca el desabastecimiento».

Cuando acordaron la continua elaboración del repelente, las autoridades sanitarias bonaerenses estipularon, mediante la Dirección de Epidemiología, los diferentes pedidos en función de las necesidades del territorio. Bes ejemplifica: «La producción está pensada por todo el contexto que empezamos a ver años anteriores, cuando el dengue ya fue un problema. Imagínate un trabajador que realiza desmalezamiento, está ocho horas al aire libre y haciendo esa tarea, entonces el 25 por ciento de la producción está destinado a ellos».

La directora dice que «esto no es nuevo», y subraya que «el cambio climático existe y vino para quedarse, más allá de que los demás digan lo que quieran decir». Por ese motivo, señala que «se torna imprescindible continuar con la producción durante el invierno, ya que el verano próximo traerá a los mosquitos nuevamente». Sin embargo, Bes advierte que «el repelente repele y disuade, pero no podemos quedarnos solamente con ello», y hace hincapié en que es necesario que cada uno se fije en su casa si tiene cosas tiradas por el fondo o en el techo, porque hay lugares que no se miran ni se tienen en cuenta, pero que también son reservorios aptos para que nazcan las hembras del Aedes Aegypti.

Si bien los flashes apuntan a los repelentes, el Instituto Biológico Tomás Perón no se dedica únicamente a ello. De hecho, el año pasado alcanzó su mayor producción histórica, ya que produjo 71 millones 500 mil comprimidos de especialidades medicinales, 240 mil frascos de antibióticos, 13 mil 600 litros de repelentes y más de 3 mil viales de suero, que fueron destinados a los hospitales provinciales y a los diversos programas del ministerio.

Bes dice que «el Instituto Biológico es muy particular», ya que en él confluyen farmacéuticos, veterinarios, bioquímicos, técnicos en alimentos y demás, «un equipo multidisciplinario que oficia como una usina de ideas, donde cada mirada aporta un montón». Entre las tareas, además de la producción de medicamentos, productos biológicos, antitoxinas, vacunas, alérgenos y la planta de antibióticos en suspensión, existe «otro mundo», que es el de control de calidad de alimentos, de agua, de análisis fisicoquímicos y determinaciones especiales en productos de uso doméstico, como cosméticos, industriales y demás.

Cuando el ministro Kreplak celebró la producción «a toda máquina» del Perón en sus redes sociales, indicó que «si el DNU 70/2023 no hubiese eliminado la ANLAP, la producción pública podría ser mayor y garantizar acceso a todos». 

Al ser consultada por la erradicación de la Agencia Nacional de Laboratorios Públicos, la directora del Instituto Biológico reflexiona: «Es una lástima que hayan desarticulado la ANLAP, porque nos daba una mano y nos ayudaba un montón. Gracias al organismo obtuvimos subsidios y compramos un reactor para la producción de jarabes, además de otros equipos muy caros, como todos los de la industria farmacéutica». 

Bes destaca que el Instituto necesita «el apoyo de algún organismo que entienda», ya que es un sector muy técnico y requiere «interlocutores válidos que entiendan los problemas que se nos presentan a diario». La directora, además, subraya que la producción de medicamentos requieres diversos estándares para realizar los controles de calidad de las diferentes drogas, y ANLAP colaboraba también allí.

Para Bes, la decisión del Gobierno nacional de suprimir ANLAP se suma a «la licuación del poder adquisitivo, la insuficiencia de los salarios, y la falta de empleo», lo que genera que «la gente elija entre comer o comprarse repelente». Como respuesta a ello, la farmacéutica cree que «indudablemente el Estado debe estar presente en esas cuestiones». 

Cuenta que, junto a diversos funcionarios y trabajadores del sistema sanitario bonaerense, se juntan todas las semanas «a pensar qué es lo que vamos a hacer o a producir», y remarca que toman esas decisiones «pensando siempre en la población». «Distribuimos en forma estratégica, dándole prioridad a los que más necesitan. Hay vecinos y vecinas sin trabajo que la pasan mal y no pueden, entonces tiene que estar el Estado», dice la directora, que señala que los trabajadores del Instituto Biológico son muy orgullosos y orgullosas» de la tarea que realizan.

«Trabajamos mucho, en momentos muy adversos, y de manera colectiva pudimos lograr esto. En silencio y de forma ininterrumpida damos respuestas porque todos los argentinos tienen que tener derecho a su tratamiento de salud, al medicamento como un bien social. No es que si tenés dinero lo podés comprar y si no te morís, ahí es importante la presencia del Estado», sentencia. 

Por Luca Fernández/@LucaFdez