Edición n° 3359 . 01/02/2026

Europa le echó biodiesel al fuego/Le cierra el mercado a biocombustibles hechos con soja

Grandes agroexportadoras perderían ventas por u$s 350 millones. Modelo antiindustrial de Milei vs proteccionismo europeo.

( Raúl Dellatorre/ Página 12/ Motor Económico ) A menos de 15 días del anuncio en Asunción del acuerdo para la firma de un tratado de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur, una reciente resolución de la Comisión Europea amenaza con paralizar las exportaciones de biodiesel de soja hacia el continente que es el único destino que tienen las ventas al exterior del producto. La industria nacional, en este caso representada en CIARA –la poderosa cámara de la industria aceitera–estima el daño económico en una pérdida de exportacionesde 350 millones de dólares anuales y, además, advierte sobre el riesgo de cierre de plantas.

Otra vez, como pocos días antes ocurrió con Techint, un grupo usualmente encuadrado en el exclusivo club de “los ganadores del modelo”, en este caso las grandes cerealeras agroexportadoras, aparecen reclamando “protección del Estado” al verse afectados por medidas que toman otros países en defensa de su propia producción. La “anomalía mileísta” vuelve a generarle problemas a sus propios socios locales, porque Javier Milei adora y venera a los líderes derechistas de Occidente, pero no hace lo que ellos hacen, que es protegerse de la competencia extranjera.

La soja invasora

La Comisión Europea acaba de publicar un documento por el cual la soja ingresa por primera vez a la categoría de alto riesgo ILUC, que sanciona o pone bajo la lupa la expansión de cultivos que se utilizan para la producción de biodiesel a nivel global. Es decir, que los considera “cultivos de riesgo” por ser una amenaza de deforestación o de pérdida de suelos para otros usos más beneficiosos para la población en general (en términos de recursos alimenticios o ambientales, por ejemplo).

CIARA, la cámara que agrupa a las grandes exportadoras de cereales y oleaginosas de Argentina (Aceitera General Deheza, Bunge, Cargill, Cofco, Louis Dreyfus, Molinos Agro y Viterra, entre otros), señaló en un comunicado que como resultado de ese estudio –que la CE puso en consulta por un par de semanas–, “esto significa que la UE no importará más biodiesel o aceite de soja para uso de biodiesel nunca más; el único aceite autorizado será el de colza, que es producido en la Unión Europea”.

La consecuencia, al menos para Argentina, será que “todas las exportaciones de biodiesel de soja quedarán fuera del mercado europeo, representando al país un daño comercial de 350 millones de dólares anuales, así como el cierre de la industria en el país, dado que es el único mercado de exportación”.

Gustavo Idígoras, presidente de CIARA, calificó a la medida europea como “una barrera injustificada al comercio desde todo punto de vista, el concepto de cambio indirecto del uso del suelo (ILUC) es un invento para eliminar competencia a las fábricas europeas de biodiesel y dejarnos afuera del único mercado”.

“Vamos a presentar información técnica que demuestra que la superficie sembrada de soja en la Argentina no crece ni se pierde reserva de carbono en el suelo, pero todos sabemos que esto no es un debate científico sino político, porque la Unión Europea quiere compensar a los países que se quejan del acuerdo con el Mercosur y, entonces, cierran el acuerdo para productos competitivos de la Argentina”, agregó Idígoras.

Realidad actual del sector

Según la página de internet especializada Agrolatam, Argentina es el sexto productor mundial de biodiesel, con una participación del 3,3%. En el país, hay 32 plantas dedicadas a la producción de biodiesel en base a aceite de soja. En promedio, el 58% de lo producido se exporta (con datos a agosto de 2024). Por la localización de las plantas, el área geográficamás afectada del país sería el Gran Rosario.

Y aunque el daño directo para el país se calcula en u$s 350 millones, Agrolatam subraya que algunos análisis amplían el impacto potencial a más de u$s 1.400 millones si se consideran aceites y subproductos que podrían verse afectados por la restricción europea.

Según la misma fuente, la producción de biodiesel argentino data desde 2008. Desde entonces, el 96% se destinó a la exportación. Es recién a partir de 2010 cuando parte de la producción se comienza a emplear para la mezcla con el gasoil, aunque la mayor parte de la producción continuaba destinándose a la comercialización hacia el exterior.

El corte de uso de biodiesel en el gasoil fue variando desde su implementación en el mercado interno, entre el 5 y el 10 por ciento, previendo que pudiera llegar al 15 por ciento en el futuro. Pero las condiciones de caída en la demanda interna en los últimos años y las dificultades en el comercio exterior (las que ahora se presentan no son las primeras) ha hecho que este sector haya ido perdiendo las expectativas con que se lo impulsó hace menos de dos décadas.

Las trampas del modelo Milei

Otra vez un conflicto comercial corre la mirada hacia la protección industrial, un capítulo absolutamente ausente en la agenda económica oficial. Quien más sufre el desprecio del programa económico de Milei y Luis Caputo por la planificación industrial son las pequeñas y medianas empresas, con empresarios y trabajadores condenados a pagar los costos de una reconversión hacia una economía reprimarizada con empleo precarizado. La novedad es que corporaciones que pertenecen al club de privilegiados por el modelo empiecen a padecerlo.

El representante de CIARA, Gustavo Idígoras, anunció que “hay conversaciones con Cancillería y el Ministerio de Economía para tener una estrategia de defensa agresiva y llevar este tema hasta las últimas consecuencias, la Organización Mundial del Comercio, y una denuncia en el acuerdo birregional que fue firmado en diciembre pasado”.

Así como Techint, cuando cuestionaba la venta de los caños del gasoducto a una empresa india no estaba defendiendo los intereses de la industria nacional, sino un negocio para sí, en este caso no hay una estrategia de abrir mercados para la industria nacional en su conjunto, sino de defender el negocio de un puñado de corporaciones en su mayoría transnacionales con plantas en el país.

Tal como reconoce Idígoras, no es un debate científico sino político, pero un debate en el que está ausente el interés por un modelo de desarrollo estratégico nacional inclusivo de este lado. Ni el gobierno de Milei ni CIARA lo representan.