Edición n° 2799 . 21/07/2024

El programa económico del Gobierno no incluye a las pymes

Por RAÚL HUTIN//////

Es importante hacer el control de las metas prefijadas. Toda norma de calidad impone el control estadístico del proceso y el chequeo contra las metas en períodos más acotados que los seis meses de gobierno que ya se cumplieron. Este trabajo debería ser cuatrimestral (1° Q), pero bien vale la experiencia que nos deja. Pasemos al análisis de los objetivos.

Gobernar es dar bienestar al pueblo. En este sentido el Gobierno prometió, en principio, bajar la inflación (que es un impuesto indirecto para los trabajadores y todos aquellos que trabajan en pesos). El resultado de los primeros 5 meses es catastrófico: 107% de inflación. Y por más que mayo dé un índice más bajo que abril, ¿a quién le sirve si nadie tiene un mango en el bolsillo?

La actividad económica se desplomó en casi todos los rubros que mide el INDEC con índices verdaderamente muy preocupantes que van desde caídas del 35,2% en minerales, el 35,1% en muebles y colchones, 35,5% en instrumental, 26,6% en textiles o 22,9% en caucho y plástico.

Esta brutal caída, sumada al exterminio provocado sobre los empleados públicos y el parate de la obra pública, provocó el derrumbe de puestos de trabajo. No por casualidad, se cerraron 250.000 cuentas sueldo y la provincia de Buenos Aires ya tiene registrados 125.000 despidos del sector formal de la economía.

Es intolerante para una sociedad aceptar índices de pobreza del orden del 55,5% y de indigencia del 18%. Es indignante que, en el país de la mayor pampa húmeda, del pan y de la leche, nuestro pueblo no pueda acceder a lo mínimo e indispensable. A tal punto que el consumo de leche bajó un 20% y el pan se está vendiendo por unidad, ya no más por kilo.

Mientras tanto, el presidente se jacta que aún debe seguir desarticulando el estado y que va a echar a 25.000 empleados más, ya que el “Estado es su enemigo”.

Las tarifas que vamos a pagar cada uno de nosotros a partir de junio terminan siendo desconocidas, ya que dependen del consumo que sobrepase los 250 KW. El resto va sin subvención, lo que implica, en la práctica, aumentos de hasta el 1.000% tanto en luz como en gas. Esto castiga sobremanera a la clase trabajadora y a los sectores medios en forma directa. Pero a la industria y el comercio los castiga en forma indirecta y directa ya que, si no queda ni una moneda en el bolsillo del pueblo, no habrá actividad comercial. , si no hay actividad comercial, también se frena la industrial.

No se termina de comprender cuál es la política que quiere seguir este Gobierno. En el tema de deuda externa vamos para atrás. Ninguna entidad multinacional nos presta ni nos refinancia. China, que nos salvó con los swaps, fue ofendida por el presidente que no tuvo el coraje para disculparse.

Mientras que todos los países están buscando donde colocar sus productos en estas épocas recesivas, Argentina las abre generosamente al mundo sin pedir nada a cambio, con lo cual, lo poco que se puede vender en estas condiciones se lo llevarán los productos importados. Esto porque el poder adquisitivo del salario mínimo cayó 29%; el de los trabajadores registrados, el 24%; y el de los jubilados, el 17,5%.

Es de no creer que cuando más se necesita ciencia y tecnología (al INTI, por ejemplo, como hacedor de gestión de Innovación) el presupuesto de estos sectores se haya disminuido en un 30%. Debería ser a la inversa para poder contrarrestar el avance de los países centrales. Pero la política es otra. Vamos hacia la primarización de la economía donde solo interesa la producción agropecuaria, la minera y la energética. Solo que para ese modelo sobran más de 20 millones de compatriotas que no se puede ni se debe dejar en la banquina.

Lo dramático es que no esperamos un mejor segundo semestre, ya que la desocupación seguirá creciendo hasta alcanzar los 2 dígitos, la inflación se mantendrá en el 5% al 6% y la pobreza e indigencia seguirán creciendo.

Muchísimas pymes deberemos cerrar nuestras puertas con un pronóstico negro para reabrirlas y sin ninguna visión esperanzadora del Gobierno, que anuncia más y más ajuste.

Son días en los que se define el futuro de la Patria. Tenemos que decidir si queremos ser un país soberano o convertirnos en un enclave al servicio de los grandes capitales del mundo. Se lo tenemos que hacer saber a nuestros representantes en el Parlamento.

Es hora de pesar con toda nuestra fuerza en defensa de los altos intereses que están en juego. El presidente no va a cambiar ni su forma de pensar ni de actuar. Nosotros somos los que tenemos que cambiar para revertir esta calamidad.

(*) Industrial y dirigente pyme