Edición n° 2649 . 22/02/2024

«El mejor antídoto contra la extrema derecha es el resurgimiento de las luchas sociales»

Fuentes: Le Courrier

Traducido para Rebelión por Caty R.

El proyecto de Constitución presentado por la extrema derecha en Chile ha sido rechazado, pero el mantenimiento de una ley fundamental promulgada en la época de Pinochet no permitirá responder a la cólera de una sociedad precarizada.

El domingo pasado el 55% de las chilenas y chilenos rechazaron un proyecto de Constitución reaccionario. La extrema derecha encajó el golpe, pero el mantenimiento de la Constitución actual, promulgada bajo la dictadura de Augusto Pinochet, está lejos de representar una victoria para el Gobierno progresista de Gabriel Boric.

Según Franck Gaudichaud, profesor de Historia y Estudios Latinoamericanos Contemporáneos en la Universidad de Toulouse (y actualmente en Santiago), esta situación refleja un periodo de incertidumbre, cuatro años después de la revolución de octubre de 2019 contra el neoliberalismo autoritario. Los movimientos sociales chilenos están debilitados y la cólera social lucha para encontrar una salida política.

¿Es el resultado del domingo un fracaso para la extrema derecha?

Sí. El Partido Republicano, de extrema derecha, y su líder José Antonio Kast han sido derrotados. En diversos aspectos el texto que defendían era más reaccionario que la actual Constitución promulgada en 1980 bajo la dictadura de Pinochet. Con el texto presentado por Kast el derecho al aborto se habría eliminado y se habría instituido una limitación extrema del derecho de huelga. Además el proyecto insistía en la preeminencia del mercado en todos los niveles de la sociedad y especialmente en materia de políticas públicas. Es un texto neoliberal y reaccionario que se ha rechazado en las urnas.

¿Entonces es una victoria para el Gobierno progresista dirigido por Gabriel Boric?

En realidad no, y esa es la paradoja. Ciertamente la derrota de la extrema derecha es un soplo de aire fresco para la gran coalición (del centro derecha al Partido Comunista) que llevó a Gabriel Boric al poder en diciembre de 2021. Pero Boric ha sufrido varios reveses. Hace poco más de un año, en septiembre de 2022, más del 61% de los votantes rechazó su proyecto de Constitución progresista que preveía avances en materia de derechos de las mujeres, de las comunidades autóctonas y de las trabajadoras y trabajadores.

Un año después, y cuatro desde la revolución de octubre de 2019 en la que cientos de miles de chilenos expresaron su rechazo del neoliberalismo, volvemos a la casilla de salida: a la Constitución heredada de la era Pinochet, un texto de orientación neoliberal que frena cualquier reforma social importante.

¿Cómo explicar este estado de cosas?

Es el reflejo de un periodo de incertidumbre. Como el resto de América Latina, Chile se caracteriza en la actualidad por el “¡Fuera todos! electoral”, la fragilidad de los gobiernos progresistas y la consolidación de los partidos de ultraderecha. En ese contexto ni la opción progresista encarnada por Boric ni la opción reaccionaria de Kast consiguen una mayoría. Y en ausencia de alternativas políticas fuera de esos dos bloques la sociedad permanece descontenta pero dividida.

¿Cuáles son las raíces del descontento social?

A lo largo de los tres últimos años la población chilena se ha enfrentado a una crisis económica agravada por la covid-19. La precarización, la represión y la pandemia han alimentado la cólera y el rechazo a las instituciones.

También hay una decepción frente al Gobierno. La elección de Boric desencadenó una ola de esperanza, pero el balance es pobre. El presidente instauró la gratuidad de la sanidad primaria, redujo las horas de trabajo y aumentó ligeramente el salario mínimo, pero no ha conseguido imponer reformas fundamentales, especialmente en materia fiscal y de pensiones. Hay que señalar en su descargo que Boric es minoritario en el Parlamento y además tiene que enfrentarse a medios muy hostiles.

¿Y los movimientos sociales?

La precarización de la sociedad ha conllevado un reflujo de los movimientos sociales –con excepción del movimiento feminista, uno de los pocos que lideró una campaña combativa contra la constitución de extrema derecha- El cuanto al movimiento sindical, permanece débil.

En este contexto la extrema derecha afila sus armas…

En Chile la derecha radical se refuerza. Desarrolla un discurso de seguridad y antiinmigración que inunda los medios y también al conjunto de la sociedad.  Derrotado en la segunda vuelta en 2021, su líder José Antonio Kast está decidido a conseguir la presidencia en 2025 y para ello cuenta con el apoyo de una auténtica internacional de ultraderecha que patrocina a sus aliados y aliadas en todo el mundo.

Pero aún está lejos. El rechazo de su proyecto de Constitución es una auténtica derrota de Kast. Y además la derecha chilena está dividida entre un bloque neoliberal tradicional, la ultraderecha del Partido Republicano y una derecha radical libertaria. Por lo tanto las divisiones serán fuertes. El mejor antídoto contra una llegada de la ultraderecha al poder en Chile será el resurgimiento de las luchas sociales.

¿Hay esperanza?

Los ingredientes que encendieron el fuego en 2019 siguen ahí. Las reivindicaciones fundamentales de ese movimiento –reducción de las desigualdades, fin de la violencia policial, lucha contra la corrupción, servicios públicos de calidad, etc.- no se han llevado a cabo, por lo que existe la posibilidad de nuevos estallidos sociales.

De momento el movimiento feminista es, con mucho, el más combativo. También estamos asistiendo a un aumento de las luchas por la vivienda. En cuanto al pueblo mapuche, permanece muy movilizado por la defensa de sus tierras y contra el Estado.

Fuente: https://lecourrier.ch/2023/12/18/une-remontee-des-luttes