Edición n° 2657 . 01/03/2024

EE.UU y las potencias europeas practican dirigismo de Estado en un mundo cada vez más competitivo

  • Los ejemplos de un Estado protagonista sobran en el mundo y se verán más a menudo en sectores como el de los automóviles eléctricos o el desarrollo de la Inteligencia Artificial. La mano visible del Estado en complemento con la mano invisible del mercado.

Una de las noticias internacionales de la semana fue el hallazgo de un superdepósito de cobre anunciado por una start-up financiada por los multibillonarios Bill Gates y Jeff Bezos en Zambia. Se trata de uno de los descubrimientos más importantes del último siglo en ese país, y de un recurso estratégico para la transición verde y la descarbonización que lideran las industrias de Estados Unidos y China.

El descubrimiento –fruto de años de exploración e inyecciones de capital– excitaría a cualquier libertario vernáculo, listo para celebrar los fantásticos avances de la libertad de empresa, que Gates y Bezos reflejan a través de la elevada cotización de las acciones de sus compañías y el crecimiento estratosférico de sus cuentas bancarias. 

Sin embargo, el Financial Times señaló días atrás que el hallazgo de la start-up norteamericana ocurre justo cuando el “gobierno de Estados Unidos está embarcado en una ofensiva de seducción y un impulso de la infraestructura en África” para adelantarse en la competencia “con China por el control de minerales críticos para la defensa, las energías renovables y los vehículos eléctricos” en dicho continente. 

Algún desconfiado podría decir que Estados Unidos mira de reojo lo que pasa con las starts-up en África, pero el diario británico precisa que el gobierno de Joe Biden está respaldando el desarrollo de una vía férrea para transportar minerales, que conecte las minas de la República Democrática del Congo y Zambia con el puerto de “Lobito” en Angola, con un claro destino exportador a través del Océano Atlántico. Un proyecto que, como muchos otros en el continente africano, es posible que se haya desarrollado en la estratégica “Reunión de Líderes de Estados Unidos y África” que se celebró en Washington DC a fines del 2022, y en la que Biden y el presidente de Zambia se tomaron una hermosa foto conjunta.

Italia es otro de los países en los que el Estado no se resigna a que el mercado afecte el interés estratégico nacional. La primera ministra, Giorgia Meloni, con quien Milei y sus hermanos de Vox en España han mostrado cierta comunión, protagonizó los últimos días una intensa disputa con el conglomerado automotriz que reúne las firmas Fiat-Chrysler, de Italia, y PSA (Peugeot-Citroen) de Francia por decisiones de la compañía.

“El Estado puede dar un paso atrás allí donde su presencia no es necesaria, mientras que debe dar un paso adelante”, dijo la dirigente italiana como parte de un ataque rotundo a la familia Agnelli, propietaria de Fiat, que aceptó unirse a PSA con el consiguiente traslado de su casa matriz fuera del territorio italiano, entre otras decisiones que la primera ministra interpreta como contrarias al interés nacional. 

Meloni, además, lanzó una crítica solapada al Gobierno francés (que, en realidad, es más bien una expresión de envidia), al decir que la fusión entre Fiat-Chrysler y PSA “escondía una adquisición por parte de Francia”, cuyo Estado conserva un 6,1% de las acciones del grupo empresarial a través del Banco Público Francés de Inversiones. Ahora, el Gobierno italiano baraja la opción de comprar un porcentaje de acciones similar al del Estado galo para recuperar poder de decisión en el conglomerado industrial.

Aunque en unos meses se celebran elecciones al Parlamento europeo, y el nacionalismo siempre es un gran traccionador de votos, el fondo de la embestida empresarial de Meloni muestra la necesidad de elevar el número de empleos en la industria automotriz en su país. La primera ministra le ha dicho a la empresa y al sindicato que el número de unidades producidas debe pasar de 750 mil a 1 millón.

El caso de Italia es muy similar al de Francia en la esfera espacial o al de Bruselas, la capital política de la Unión Europea, que esta semana debió sentarse a negociar los objetivos de su agenda verde con el sector agropecuario tras una masiva protesta de tractores en las principales capitales. Alejada de cualquier dogmatismo, la presidenta de la Comisión, Ursula Von der Leyen, anunció una marcha atrás en la restricción del uso de pesticidas, y abrió las puertas a una nueva serie de subsidios para impulsar la competitividad de los agricultores europeos. 

Los ejemplos de un Estado protagonista sobran y se verán más a menudo en sectores como el de los automóviles eléctricos o el desarrollo de la Inteligencia Artificial. A la luz de los últimos años, pocos se atreverían a negar que el mundo Occidental ha encontrado cierto encanto en aquel proverbio chino puesto en práctica por el líder comunista Deng Xiaoping que decía: “La mano visible del Estado, y la mano invisible del mercado, lejos de estar en contradicción, se complementan y refuerzan una a otra”. Otra cosa es que los libertarios no lo quieran ver.