Edición n° 3417 . 31/03/2026
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Edgardo Esteba presenta su nuevo libro, «La última batalla»/“Malvinas no es solo pasado, es sobre todo futuro”

(POR KARINA MICHELETTO/ PÁGINA 12)

Una noche de noviembre de 2020 el pasado irrumpe sin aviso: mi cédula militar estaba en Inglaterra, subastada en eBay, ofrecida al mejor postor como un trofeo de guerra. Sentí entonces que no era solo un documento lo que se disputaba, sino mi identidad, mi historia y la memoria de todos los que estuvimos allí. La noticia me atravesó como un bombazo: era el eco de una guerra que nunca termina de irse”.

El que narra, el que escribe, el que cuenta como un deber y como una necesidad, como una manera de avanzar, es Edgardo Esteban. Su séptimo libro se llama La última batalla y el título no podría ser más justo, porque lo que narra es esta batalla en tiempo presente y futuro: acaso la última de aquel pibe de 19 años que fue a Malvinas y que hoy es padre de 3 y abuelo de 2; la que se recorta como el comienzo de otras muchas, diferentes, que vendrán de aquí en más, que seguirán los que vienen.

Edgardo Esteban y su hijo Facundo en Malvinas
Edgardo Esteban y su hijo Facundo en Malvinas Edgardo y Facundo Esteban, un regreso conmovedor. (Archivo Edgardo Esteban)

El libro, que parte del momento en que el periodista, escritor y exdirector del Museo Malvinas se embarcó en una compleja batalla legal y burocrática para recuperar su cédula puesta en remate como militaria (memorabila de guerra), , cuenta con prólogos de León Gieco, Pedro Saborido y Hernán Brienza. Lo presenta este martes a las 18 en la Casa de la Lectura (Lavalleja 924) junto a Luis Bruschtein, Carlos Ulanovsky y la editora del sello Marea, Constanza Brunet.

En diálogo con Página/12, Esteban habla de Malvinizar y de soberanizar, de lo que significan las islas como lugar y recurso estratégico en un mundo que, literalmente, comienza a librar batallas por el agua y los recursos naturales.

Edgardo Esteban y su hijo Facundo en Malvinas
Edgardo Esteban y su hijo Facundo en Malvinas Edgardo Esteban y su hijo Facundo en Malvinas. (archivo Edgardo Esteban)

Si Iluminados por el fuego (la premiada película basada en el libro de Esteban, dirigida por Tristán Bauer) rompió el silencio de una generación, este nuevo texto funciona como un espejo necesario, pero forjado con otra madurez, reflexiona Esteba. “Pasaron más de 30 años; hay otra mirada, otra profundidad que me dio la vida”, repasa.

Vivir volviendo

“La escritura me ayudó a exorcizar fantasmas, a expulsar el dolor. El eco de la guerra no termina cuando termina el conflicto; está en el cuerpo, en el alma”, reflexiona quien hoy se define, por sobre todo, como un hombre feliz que siente la necesidad de cerrar sus encuentros con una frase sello: “¡Viva la vida!“.

Edgardo Esteban y su hijo Facundo en Malvinas
Edgardo Esteban y su hijo Facundo en Malvinas Edgardo Esteban y su hijo Facundo en Malvinas (archivo Edgardo Esteban)

Uno de los puntos más conmovedores del libro es el registro del viaje que el año pasado Esteban realizó a las islas junto a su hijo Facu. “Yo no quería volver a las islas. La única forma de hacerlo era con mi hijo”, confiesa. De aquel momento nació una imagen que cierra el texto: padre e hijo abrazados frente al paisaje malvinense, bajo la lente de una poesía del excombatiente Gustavo Caso Rosendi.

“No todo es barro”, le repite su hijo, que tiene casi la misma edad que él tenía cuando llegó allí por primera vez. Y lo invita -lo desafía- a meterse juntos al mar de Malvinas, con 3 grados y 11 bajo cero de sensación térmica por efecto del viento. Un baño iniciático, celebratorio, confirmatorio.

“Ahí encontré la síntesis de una vida: Malvinas no es solo pasado; también es futuro. No es solo dolor; también es ternura. No es solo herida; también es horizonte”, dice Esteban en el libro. “Hoy sé que Malvinas late en mí, a pesar de qu ela guerra quiso arrebatarme la juventud, la alegría, la palabra. No lo logró. La memoria nos devolvió el camino”, concluye.

Edgardo Esteban y su hijo Facundo en Malvinas
Edgardo Esteban y su hijo Facundo en Malvinas (Archivo Edgardo Esteban)

-Como en Iluminados, hay un logro en este libro y es humanizar la guerra, devolverla desde los ojos de un pibe de 19, que no fue solamente héroe ni solamenmente víctima. ¿Fue buscado?

-Es que solemos hablar de la guerra en números de muertes: 649 soldados, 44 submarinistas, 232 soldados del crucero General Belgrano, y lo ponemos en la tapa de los diarios. Pero para una mamá, un papá, un hermano, esa muerte, es la tapa de todos los días. Pienso en mi mamá, que vivió toda su vida con esa angustia, porque no se la curó, no se la pudo sacar. Hay que poder también explicar la guerra desde esa perspectiva, incorporarla en el debate político, es otra mirada. Y desde ahí explicar que sufrimos, tuvimos miedo, hambre, pero que también estábamos orgullosos. ¡De los olores estábamos orgullosos! De esa Canberra, nuestros enemigos se tapaban la nariz, nosotros teníamos el olor de la guerra, de la turba, de los días, de estar ahí… Todo eso se vino co nosotros.

-¿Qué le pasa a alguien que vivió todo esto en la Argentina de hoy, con las decisiones del gobierno en relación al tema Malvinas?

– Yo uso mucho ahora las ideas de Malvinizar y soberanizar. No es solamente soberanía territorial, son las soberanías. Soberanía marítima, soberanía cultural, soberanía educativa, soberanía económica, soberanía de los derechos humanos, soberanía individual, soberanía comunicacional.

Y de esa perspectiva, un Presidente ya con solo el hecho de reivindicar a Margaret Thatcher, que habla de la autodeterminación, es una desgracia.

Yo creo que Malvinas tiene que ser una cuestión de Estado, que Malvinas tiene que ser esa transversalidad, esa otredad, ese rescate de lo colectivo, que de alguna forma nos marca en la política de Estado hacia el futuro. Siempre digo que mi mayor sueño, en lo personal, es que antes de morir me gustaría ver flameado la celeste blanca en las islas.

-¿Crees que sigue siendo un sueño posible?

-Quizás yo no lo vea, pero tengo una certeza: que tengo que trabajar para que mis hijos, o los hijos de mis hijos, sí puedan vivirlo.