La capacidad de compra del salario ya perdió una cuarta parte en la última década, y seguirá cayendo si no cambia el modelo económico. El análisis del CETyD sobre una dinámica perversa
( Por Raúl Dellatorre/ Página 12/ Director de Motor Económico ) Cuando un grupo familiar debe destinar, cada mes, una porción mayor de sus ingresos a pagar los servicios de luz, gas, agua, teléfono e internet, y transporte básico para trasladarse habitualmente al trabajo y llevar los chicos al colegio, lo que está cayendo es su “ingreso disponible”. Es decir, la parte de sus ingresos que le quedan para alimentos, limpieza (del hogar y de las personas), alguna compra de ropa o reparación que deba hacer, y otros que surjan de un estilo y condiciones de vida estándar, llamémoslo.
No alcanza con que los ingresos de la familia se vayan ajustando al mismo ritmo de la inflación (incluso aceptando que el índice de inflación, el IPC, representa cabalmente los aumentos mensuales de estos gastos corrientes). Esa situación no representa “un empate”, porque los primeros, los gastos en servicios, aumentan mensualmente en porcentajes marcadamente más altos que el índice de inflación. Por ·obra y gracia» de una política de reducción de subsidios (pasar los mayores costos a las tarifas) que el gobierno nacional defiende como una bandera irrenunciable. Es, además, un compromiso escrito sobre piedra con el FMI.

Lo que le está pasando a esa familia, entonces, y a muchas más, es que lo que se está reduciendo es su “ingreso disponible”, el que le queda después de pagar los servicios. Si aumenta su sueldo en el mismo porcentaje que la inflación no está sacando un empate, porque la cantidad efectiva de dinero que le queda para afrontar el mes se achicó. Su capacidad de consumo se reduce de a poco, mes a mes, pero en forma persistente.
Este fenómeno y sus consecuencias es lo que analiza el CetyD (Centro de Estudios del Trabajo y el Desarrollo – UNSaM) en su último informe de situación sociolaboral.
“La caída de los ingresos está aumentando la presión sobre el mercado laboral. El salario promedio del sector privado es 14% inferior al de hace diez años y, si se considera el ingreso disponible luego del pago de los gastos fijos, la pérdida asciende al 24%”.

En esta apreciación, el estudio marca el doble impacto negativo que están padeciendo los ingresos de los trabajadores del sector privado. Por un lado, la pérdida del ingreso monetario frente a la inflación (14 por ciento en diez años). Pero además hay un impacto adicional por el mayor costo de los servicios (paga más por el gas, la luz el agua, etc, sin consumir más), lo que reducen sus ingresos en un 10 por ciento adicional. Así, en una década, se revela que la pérdida de la capacidad de consumo llega al 24%: se perdió una cuarta parte del valor real del salario.
“Frente a esta situación, cada vez más trabajadores buscan una segunda o tercera ocupación y aumenta la cantidad de integrantes de los hogares que se incorporan al mercado de trabajo”, señala de inmediato el informe del CETyD.
“La necesidad de trabajar más encuentra un límite en una estructura productiva que genera pocas oportunidades. Durante la última década, la producción del sector privado creció 7%, mientras que la cantidad de horas trabajadas aumentó 11% y el número de trabajadores, 17%. Es decir, la cantidad de personas ocupadas creció bastante más que la producción”, agrega.
Aquí queda reflejada el cambio de la situación laboral en las familias. Si antes esa familia podía vivir con una persona en relación de dependencia trabajando ocho horas, y otra persona haciendo tareas de cuidado del hogar más tareas extras “para afuera”, dedicándole quizás 8 o 10 horas a la semana, hoy probablemente los dos deban salir a trabajar todos los días, y uno al menos haciendo horas extras o teniendo un segundo trabajo para sostener un nivel de vida similar al que tenían previamente.
Tareas extras que, probablemente, no reflejen sus mejores capacidades sino que sólo son consecuencia de la necesidad de sumar ingresos. Crece la cantidad de horas trabajadas y el número de trabajadores, pero la producción aumenta en menor proporción.

“Ese desacople se expresa en las horas que se trabajan y en la calidad de las ocupaciones. Además, creció fuertemente la cantidad de trabajadores subocupados, es decir, que tienen jornadas parciales pero desearían trabajar más tiempo y no lo consiguen”, dice CETyD.
Y en forma lateral, la caída real de los ingresos genera una situación cada vez más preocupante: el endeudamiento de las familias.
“Como las estrategias laborales no alcanzan para compensar la pérdida de ingresos, el endeudamiento aparece como otro mecanismo de sostenimiento de los hogares. Desde noviembre de 2023, el crédito bancario a las familias aumentó 77% en términos reales y el financiamiento otorgado por proveedores no financieros se duplicó. Los préstamos personales, más asociados al financiamiento de gastos corrientes e imprevistos, crecieron todavía más”.
De este modo, el compromiso de las familias para pagar las deudas (ya pasa en muchas familias, quizás la mitad de la población trabajadora) se convierte en una carga más a los gastos fijos a atender mensualmente. En consecuencia, se reduce aun más su ingreso disponible.

“La expansión del endeudamiento comienza a encontrar límites. En abril de 2026, los pagos de capital e intereses absorbieron casi una cuarta parte de los ingresos de los asalariados formales. Al mismo tiempo, la cartera irregular de las familias se ubicó 349% por encima de noviembre de 2023, con los mayores incrementos concentrados en las tarjetas de crédito y los préstamos personales”, informa el CETyD.
Y agrega, a modo de conclusión:
“En conjunto, los datos muestran un mercado laboral sometido a una doble presión: por un lado, cada vez más personas necesitan trabajar o ampliar sus fuentes de ingresos; por el otro, la estructura productiva no genera oportunidades suficientes para absorber esa mayor oferta en empleos de calidad. El resultado es una expansión de las ocupaciones de baja intensidad y menores ingresos, junto con un creciente recurso al endeudamiento para atender las necesidades de los hogares”.