Edición n° 3398 . 12/03/2026
Logos finales-01

DEBATE/Fabrizio Casari: “La izquierda histórica… ha llegado a su fin”

El periodista y analista italiano Fabrizio Casari, director del portal Altrenotizie, es una de las voces europeas que sigue de cerca las tensiones geopolíticas y la crisis del orden internacional.

En esta entrevista exclusiva, analiza el conflicto en Medio Oriente, el papel de Estados Unidos y las potencias emergentes, cómo la crisis del capitalismo financiero redefine el tablero mundial y el avance de las nuevas derechas en la política global, al tiempo que lanza un desafío político/conceptual al señalar que:La izquierda histórica, en cambio, ha llegado a su fin. Instalándose en el terreno de la compatibilidad con el sistema y renunciando a ofrecer una alternativa conceptual y programática, se limita, en el mejor de los casos, a proponer mejoras en la eficiencia administrativa. De este modo se cierra el círculo en el que el futuro queda prisionero del pasado.

(Por Cecilia Miglio)

Guerra, poder y geopolítica

1. Trump y Netanyahu atraviesan un fuerte desgaste político y judicial en sus respectivos países. Algunos analistas sostienen que las escaladas militares también pueden funcionar como una forma de proyectar poder hacia afuera y desplazar la atención de los problemas internos. ¿Qué peso tienen estos factores en decisiones que conducen a una escalada bélica?

Ambos utilizan la guerra como un arma de destrucción masiva y también como un instrumento de distracción de masas. Por un lado, como herramienta central de sus agendas de política exterior; por otro, para desviar la atención de sus propios problemas judiciales. Pero no hay dudas sobre la coincidencia de intereses políticos e incluso éticos entre ambos.

Los dos consideran que el odio hacia el enemigo y la ferocidad —tanto frente a los adversarios como frente a los propios aliados— constituyen la lógica que define hoy las relaciones internacionales. También creen que el llamado “sistema de reglas” se ha convertido en un límite que ya no les resulta conveniente, y ven en la primacía del temor sobre el consenso la clave para definir un nuevo esquema de dominación global.

Consideran al Derecho Internacional como un obstáculo en el camino del ejercicio del poder mediante la fuerza y sostienen que, frente a la crisis definitiva del mando imperial unipolar, la respuesta debe ser la construcción de un nuevo orden internacional basado en la fuerza.

2. ¿Hasta qué punto las categorías clásicas de la geopolítica —territorio, poder y recursos— siguen siendo suficientes para explicar el conflicto actual?

En realidad, las categorías clásicas de la geopolítica explican todo. Debemos tener presente que la geopolítica es, en sí misma, la convergencia de otras dos categorías: la geografía y la política.

Netanyahu está enfrentado con Irán porque lo considera un enemigo peligroso que no puede superar sin la ayuda de Estados Unidos. Considera a Teherán su principal obstáculo para los planes coloniales judíos sobre todo Medio Oriente y el Golfo Pérsico, donde buscan ejercer dominio militar, control político y asegurar el abastecimiento de los recursos del suelo y del subsuelo, además del control del mar.

El objetivo es saldar cuentas con el mundo árabe —con Irán en primer lugar, pero también con los países sunnitas— y borrar a la población palestina, reduciendo su condición estatal a un enclave étnico con demografía y territorio cada vez más reducidos.

También hay que tener en cuenta que la economía israelí depende completamente de los financiamientos masivos que recibe de Estados Unidos. Israel no tiene una economía en el sentido pleno del término: no produce bienes de primera necesidad y se limita básicamente a exportar tecnología de espionaje y tecnología militar, además de pomelos, recibiendo a cambio miles de millones de dólares que garantizan su supervivencia y su capacidad operativa en el plano militar.

Gracias a la enorme influencia del lobby israelí sobre el sistema financiero estadounidense —que a su vez orienta la política occidental— Israel vive y prospera, en gran medida, a costa de los contribuyentes estadounidenses.

Israel no es simplemente el brazo operativo de los intereses de Estados Unidos en Medio Oriente, o al menos no solo eso: es, en muchos aspectos, el propio centro de decisión estadounidense. Su expansionismo colonial, sostenido sobre una base mesiánica, termina funcionando como guía para la acción política de Washington.

Todo esto ocurre además en un contexto en el que el lenguaje belicista ha ganado un espacio cada vez mayor en la política internacional, hasta el punto de normalizar incluso la discusión sobre el uso de armas nucleares.

3. Más allá de los factores militares o territoriales, ¿qué dimensión simbólica o ideológica está operando en el conflicto actual?

La dimensión religiosa reviste una importancia central en la penetración simbólica del discurso político. Esto vale tanto para la guerra en curso como para el paradigma general de nuestro tiempo. El papel de la extrema derecha israelí, al igual que el de los evangelistas estadounidenses, funciona como un aglutinante emocional que ha devuelto a la derecha de origen nazifascista —fundada en el clasismo, el racismo, el patriarcado y el colonialismo— su identidad más auténtica.

La implosión del modelo capitalista frente al agravamiento de las contradicciones que genera en las sociedades de masas es evidente. Hoy existe un capitalismo completamente desvinculado de la economía real, construido únicamente sobre movimientos virtuales de inmensas fortunas, muchas veces incluso difíciles de rastrear. Es el capitalismo sin capitales: un capitalismo de relaciones sostenido sobre una economía que es ya, en gran medida, virtual.

Incapaz de encontrar respuestas a su propia crisis de valores, este sistema recurre al fideísmo mesiánico y al miedo generado por la ausencia de respuestas sobre el futuro, una verdadera patología de masas. De este modo, se configura un mundo en el que las responsabilidades de la crisis del modelo socioeconómico se atribuyen al progreso, mientras que el fracaso de las recetas económicas darwinianas se descarga sobre los más pobres y los sectores más marginados.

La acumulación y la concentración de la riqueza pasan a convertirse en el emblema del éxito, mientras que la explotación y la marginación social son presentadas como señales de incapacidad. El gasto social es reducido a la categoría de costo y los derechos colectivos pasan a ser considerados un obstáculo para el libre desarrollo del capital.

La expresión simbólica más extrema de este fenómeno es la de los pobres que votan a la derecha: descargan allí su rabia y sus miedos, y terminan confundiendo su propio suicidio con una forma de resurrección.

La izquierda histórica, en cambio, ha llegado a su fin. Instalándose en el terreno de la compatibilidad con el sistema y renunciando a ofrecer una alternativa conceptual y programática, se limita, en el mejor de los casos, a proponer mejoras en la eficiencia administrativa. De este modo se cierra el círculo en el que el futuro queda prisionero del pasado.

Crisis del capitalismo y disputa global

4. En medio de esta tensión internacional, ¿qué actores —Estados, poderes financieros o grandes potencias— están sacando provecho de esta situación?

En primer lugar, está el sistema financiero occidental, que ve en el desafío de China y en el ascenso de los BRICS la peor de las amenazas. Porque no se trata de una rebelión de los esclavos ni de la propuesta de un sistema socioeconómico completamente alternativo; lo que existe es una parte del capitalismo moderno y del socialismo de mercado que reclama su lugar en la construcción de la riqueza mundial.

El 90% del mundo no vive en el Norte ni se beneficia de los privilegios sobre los que se ha construido el imperialismo unipolar de matriz anglosajona: un esquema en el que 52 países pretenden decidir el destino de 194. Ese 90% del planeta genera ya más del 50% del PBI global, mientras que los BRICS, por sí solos, representan el 43%.

El objetivo más inmediato de los BRICS son las políticas de sanciones y el uso del dólar como instrumento de presión política, así como la utilización de los organismos internacionales para los intereses exclusivos de las élites blancas. Hoy existen 23 países bajo sanciones, lo que afecta al 73% de la población mundial.

Se trata de un sistema de vetos y embargos que traiciona las propias reglas económicas y de comportamiento del capitalismo internacional, llegando incluso a apropiarse de las reservas estratégicas que algunos países mantienen depositadas en bancos occidentales. Este escenario está empujando a una profunda crisis de confianza entre los capitales internacionales, que cada vez se desplazan más del Norte hacia el Sur y hacia el Este.

Los gobiernos retiran progresivamente sus fondos ubicados en Occidente y reducen de manera significativa el uso del dólar en las transacciones internacionales. Este proceso empuja la ya impagable deuda externa de Estados Unidos —que ronda los 40 billones de dólares— hacia el riesgo de un default técnico.

Sin compradores para sus bonos del Tesoro, Estados Unidos —que financia su deuda generando más deuda— enfrenta el espectro del colapso. Frente a ese escenario, responde recurriendo a la presión y a la fuerza contra buena parte del mundo, con la esperanza de evitarlo.

5. En un escenario de tensiones crecientes entre potencias nucleares, ¿qué factores están actuando hoy como límite para una escalada militar directa?

La única barrera es la disuasión nuclear recíproca. Pero Estados Unidos ha decidido jugar su ‘all-in’ frente al resto del mundo con un mensaje claro: estamos dispuestos a destruirlo todo si no logramos dominarlo todo.

La economía estadounidense se dirige hacia el colapso y, con ella, podría derrumbarse todo el capitalismo internacional. Por eso, todos los países aliados se ven obligados a asumir el costo de sostener la supervivencia de la economía de Estados Unidos, sin cuyo liderazgo ellos mismos también caerían.

La carrera hacia el futuro se juega en el terreno de las tecnologías y en el acceso a las tierras raras necesarias para fabricar cada uno de sus componentes. Pero no solo eso: también están en juego las reservas de agua dulce, los alimentos, las plantas industriales y la biosfera. Nada de lo que resulta esencial para la supervivencia de la humanidad se produce en Occidente ni se encuentra allí en cantidad suficiente.

La mayor parte de esos recursos está en el Sur global, y la progresiva liberación de África del poscolonialismo empuja aún más ese proceso. Las potencias deben ir a buscar esos recursos allí donde se encuentran, sin importar a quién pertenezcan.

Al mismo tiempo, se intenta impedir por la fuerza el crecimiento del socialismo chino, que ya controla buena parte del comercio mundial: 138 de los 194 países del planeta tienen a China como su principal socio comercial. También domina en el terreno tecnológico —China se encuentra claramente por delante tanto en procesadores como en inteligencia artificial— y, a través de la Nueva Ruta de la Seda, amenaza con abrir su mercado y rediseñar el mundo en términos de asociaciones estratégicas mutuamente beneficiosas.

En este contexto, si Occidente pretende recuperar un dominio incontestado sobre el mundo, debe frenar a China en el terreno de los alimentos, la energía, las tierras raras y el comercio. Y también debe detener a Rusia, que bajo el liderazgo de Vladimir Putin ha recuperado su nivel de influencia política y diplomática, junto con su poder militar y estratégico.

6.¿Puede cambiar el alineamiento de Europa con Estados Unidos e Israel, o ese vínculo sigue siendo dominante por la combinación de dependencia económica, temor a un conflicto militar y una mirada históricamente prejuiciosa hacia Rusia y China? ¿Qué factores pesan realmente en la política exterior europea?

La política exterior europea, en realidad, no existe. La Unión Europea es apenas una asociación financiera y económica entre 27 Estados. No es una federación ni tampoco una confederación de Estados. Es, en los hechos, la prolongación en este lado del Atlántico del comando angloamericano sobre el mundo.

Las aspiraciones que dieron origen al organismo fueron desatendidas y finalmente enterradas. Hoy la Unión Europea carece de verdadera fuerza política, económica y diplomática, después de haberse suicidado estratégicamente al aceptar la ruptura con Rusia.

El vínculo entre el mercado financiero más rico del mundo —la Unión Europea— y el espacio de las grandes reservas estratégicas —Rusia— habría empujado a Estados Unidos y al Reino Unido hacia una posición marginal. Precisamente por eso, y también con el objetivo de expandir la OTAN hacia el Este, se promovió la guerra en Ucrania.

El peligro, en este contexto, es el rearme alemán, que en la historia europea ya significó dos guerras mundiales y que hoy parece volver a insinuar el viejo lema de “Deutschland über alles”.

7. ¿Qué factores políticos, mediáticos o financieros dificultan hoy la existencia de un debate crítico amplio sobre las formas actuales de dominación global? ¿Qué costos tendría para los Estados abrir un debate parlamentario sobre el sionismo?

No existen hoy las condiciones para ello, porque el dominio financiero y mediático impide la formación de opiniones que se aparten del capitalismo global de matriz sionista. Los grandes grupos financieros están controlados por el lobby judío y los grandes conglomerados industriales dependen cada vez más de ellos. La política depende de la economía y la economía, a su vez, depende de las finanzas.

Incluso el llamado capitalismo digital —si así queremos denominar a los gigantes de la web— se encuentra subordinado al poder político y financiero dominante.

Pensar que puede desarrollarse un verdadero debate político, e incluso ético, sobre las formas del dominio imperial justamente en el momento en que su defensa ha sido confiada al sector más extremo de la derecha mundial sería una gran ingenuidad.

En momentos de crisis estructural, el capitalismo no hace prisioneros. Y, como tantas veces en la historia, termina recurriendo al fascismo para enfrentar las amenazas de un mundo nuevo.

América Latina y el futuro del sistema internacional

8. Frente a una crisis global cada vez más profunda, ¿qué escenarios imagina para la reacción de las sociedades? ¿Existe margen para respuestas populares capaces de alterar el rumbo político?

De lo que se trata ahora es de observar cómo evolucionará esta crisis del capitalismo financiero, una crisis que ya parece no tener soluciones. También habrá que ver de qué manera los países del Sur global y del nuevo Este logran seguir erosionando los márgenes del imperio unipolar a través de la reivindicación del multipolarismo.

Que los pueblos puedan reaccionar sin que se desencadene una sucesión de acontecimientos más profundos parece difícil: la ideología capitalista está mucho más arraigada en lo profundo de las sociedades de lo que a menudo se cree.

9. ¿La ausencia de liderazgos transformadores responde a la falta de figuras capaces de emerger o a un sistema político, mediático y económico que neutraliza cualquier alternativa antes de que crezca?

Se debe a ambas causas, pero sobre todo a la incapacidad de elaborar una nueva teoría y praxis de la transformación. La derrota histórica de 1989 dejó a la izquierda aún bajo los escombros de la caída del Muro de Berlín, mientras que las inversiones multimillonarias en el sistema mediático —el principal instrumento para la circulación de las ideas— transformaron al capitalismo de una simple doctrina económica en una verdadera ideología de masas.

A esto se suma la enorme capacidad corruptiva del sistema, capaz de convertir incluso las mejores promesas en las peores decepciones. La categoría del “traidor por dinero” se ha vuelto un elemento recurrente en los procesos políticos que podrían haber abierto caminos alternativos. Los casos de Chile y Ecuador, así como algunos procesos en Centroamérica, explican con claridad esta tendencia.

10. En este escenario internacional inestable, ¿cómo imagina el futuro político de América Latina? ¿Qué lugar ocupan países como Cuba y Nicaragua dentro de esa disputa geopolítica?

El destino de Cuba y de Nicaragua depende solo en parte de lo que ocurre en Medio Oriente. El proceso de ajuste de cuentas con los gobiernos que han desafiado y derrotado al imperio estadounidense en su propio “patio trasero” trasciende las cuestiones globales.

Existe una obsesión, un odio y una voluntad de venganza que tienen raíces profundas en los grandes latifundios locales, y son precisamente esos intereses los que orientan los procesos de restauración del orden imperial, tanto en La Habana como en Managua.

Probablemente se sientan alentados por lo ocurrido en Venezuela, pero ningún experimento puede replicarse automáticamente y las motivaciones para operaciones tan costosas —tanto en términos económicos como políticos— necesitan condiciones que las justifiquen.

Managua y La Habana no poseen petróleo ni grandes riquezas, pero la idea de vengarse de dos revoluciones triunfantes sigue siendo una tentación. Y, en cualquier caso, obstaculizar la presencia de Rusia y China continúa siendo una prioridad central en los proyectos imperiales.

La cuestión, en definitiva, es determinar cuál sería el precio que estarían dispuestos a pagar. Cuba y Nicaragua no son Venezuela y, aunque un eventual bombardeo podría no ser evitable para ambos países, otra cosa muy distinta sería la ocupación del territorio.

Para Estados Unidos, una operación de ese tipo tendría costos altísimos en vidas humanas y beneficios económicos muy limitados. Son también estas evaluaciones las que terminarán condicionando el curso de los acontecimientos.