Edición n° 2734 . 17/05/2024

De Soberanías, futuros y deudas internas

( #motorcumple6Soberanias/Por Raúl Hutin * ) Suele generarse confusión cuando se hace mención, en forma ligera, de la soberanía nacional. Refiere, por supuesto, al concepto de Nación, que en forma muy general se define como: “conjunto de personas que comparten vínculos históricos, culturales, religiosos, etc. y tienen conciencia de pertenencia a un mismo pueblo o comunidad”. Pero lo cierto, es mucho más significativo que la simpatía o el fervor que puede generar hechos fortuitos como la actuación de nuestra selección nacional en el Mundial de futbol.

Soberanía es reconocer la significación no sólo de compartir un ámbito geográfico común, sino en correspondencia con un contrato social de adscripción que supone el derecho de la comunidad a tomar y defender sus propias disposiciones. Implica la decisión de un estado soberano independiente y democrático que tome decisiones, garantice y defienda los intereses del conjunto de la nación y no sea rehén de grupos particulares. O sea, la prevalencia del interés público indispensable.

En nuestro país, que afortunadamente contamos con enormes recursos naturales, productivos y humanos, gana especial consideración el significado de SOBERANÏA ECONÓMICA en estrecha relación con el conjunto de la sociedad. De no ser así, el país se convertiría en una economía de enclave, manejado y respondiendo a exigencias externas a nuestro territorio, dependientes y/o manipulados por la elite dominante privilegiada.

Con tal perspectiva, resulta un ejemplo evidente del doble mensaje que recibimos, cuando se manifiesta que Argentina produce alimentos para cuatrocientos millones de personas, pero en la práctica no puede alimentar en forma correcta y digna ni al 10% de esa cifra, principalmente porque los precios de los alimentos, están atados a los precios internacionales, ya que se exportan en dólares, mientras que nuestro pueblo cobra en pesos. Amen que, producto de una inflación descarrilada, el salario real viene perdiendo fuerte respecto a su capacidad de compra y esta lógicamente, sigue cayendo.

Resulta sin duda positivo que se haga mención a las grandes potencialidades energéticas de Vaca Muerta, pero los precios de la energía para los ciudadanos no se vincula con los costos de producción en el país , sino a los precios del mercado mundial, como si nuestro pueblo ganase en otra moneda o cobrase sueldos similares a los de los países ricos. Lo cierto que esta altísima renta diferencial se concentra en demasiadas pocas manos.

Lamentablemente, nuestro país, pasó por varios procesos de apertura indiscriminada de su economía en las últimas décadas. De desnacionalización; de privatizaciones de empresas publicas clave; de extranjerización de empresas privadas y de gran parte de su territorio nacional; de desindustrialización; de creciente  marginación y desigualdad económica a partir de una distribución inequitativa del ingreso nacional; de vaciamiento del Estado y un proceso continuo y pernicioso de crecimiento del endeudamiento del país con los peores sujetos del planeta. 

La señora vicepresidenta de la Nación, Cristina Fernandez de Kirchner, dio un ejemplo elocuente en su discurso  en el “Día de la militancia”, al referirse a la privatización de Aerolíneas Argentinas en noviembre del 90. En ese momento la aerolínea de bandera contaba con activos extremadamente valiosos, tanto en   propiedades en todo el mundo como en simuladores de vuelo, flota de aviones y todos los elementos necesarios para la atención de esta. Cuando Nestor Kírchner la recupera para el país, ya estaba en convocatoria de acreedores y todos esos bienes habían desaparecido.

Ahora, resulta urgente e imprescindible una estrategia económica nacional, que contemple metas, compromisos, y estímulos sociales, regionales y sectoriales de mediano y largo plazo, poniendo el eje con firmeza en la producción y el trabajo nacional, en la recuperación del salario y en la condición superadora de la movilidad social ascendente. Se deben fijar objetivos y metas realistas y mensurables, cumplibles y verificables en un plazo previsto alcanzable . Debe convocarse  para su planificación y ejecución a la  participación activa de los propios actores involucrados, o sea al pueblo en su conjunto.

El rol del Estado presente en defensa de la soberanía es imprescindible. Necesitamos un Estado que controle el negocio de las exportaciones de granos, hoy altamente concentrado en un pequeño grupo  de empresas extranjeras que, es reconocido  extensivamente , deben ser estrechamente controladas ante la proliferación de maniobras de subdeclaración y  subfacturación de exportaciones, que, según especialistas, inhiben el ingreso al país de unos U$S 20.000 millones anuales. También debe extenderse el control y la transparencia de las operaciones de la gran  minería , ya que el pago de derechos de exportación y la liquidación de divisas  se hace en función de la declaración de las propias empresas que extraen y exportan los yacimientos del país.   

Debe recuperarse la soberanía nacional y el control público de los sectores claves como: alimentos, energía, minería, servicios públicos de electricidad, de gas o de telefonía celular. Este último sector, por ejemplo, brinda una referencia nítida de la necesidad del mayor control público y social. En el  mes de octubre las tarifas de las empresas que brindan servicio de telefonía celular aumentaron  el 12,1%, o sea el doble que la inflación del mismo mes  y ahora anuncian que a partir del mes de enero introducirían un nuevo  aumento del 22%, sin necesidad de demostrar costos o al menos algún sentimiento empático para con la sociedad que les consume sus productos. 

Es imprescindible que los grandes sectores concentrados del país, tengan un estricto control de costos, para recién después poder determinar el precio justo. De esta manera aquellas rentas especiales, producto de circunstancias singulares como la guerra en Europa, que hizo subir los precios granarios o los de la energía, debieran ser compartidos con toda la sociedad y no solo ser acumulados por la minoría de siempre.

Soberanía económica es también tener una política exterior independiente en el marco de un mundo en pleno cambio con  tensiones geopolíticas crecientes. La guerra es solo una visibilización del conflicto, pero la profundidad del mismo es mucho más abarcativo en lo  geopolítico, lo social, lo económico financiero, lo ambiental. Afecta y afectará a todos  los países del planeta. Están en este momento en disputa  modelos de acumulación y distribución del poder   De allí que resulta imprescindible reconocer  y ponderar con responsabilidad nuestro  «lugar en el mundo», teniendo en cuenta  potencialidades , limitaciones y alternativas y lo hagamos en acuerdo a nuestros valores y prioridades. 

 El mundo de hoy, lamentablemente, no aspira a un desarrollo social equitativo basado en la producción y el bienestar general, NO, se ha  multiplicado la especulación  financiera, para la cual  lo que importa es multiplicar el número de billetes sin tener en cuenta de qué bolsillo se los están quitando, ni por qué método. Parecería que el objetivo es sumar y sumar, sin tener en claro el para qué.

Por este motivo, nuestro Estado debe cumplir un rol central: orientando, determinando las principales líneas de acción, generando los recursos necesarios, tanto humanos como financieros.  Hacer en profundidad el análisis de cada recurso  y cadena de valor, su capacidad para generar puestos de trabajo de calidad necesaria y suficiente y en función de dichas variables fijar prioridades y acompañar con beneficios que el Estado puede brindar. 

En este marco , reconozcamos que la inclusión de las PYMES en su conjunto, así como la economía social y las cooperativas, tanto industriales como regionales es fundamental, y estamos dispuestos a cumplir con el rol que nos toca, tanto en el desarrollo del vasto territorio nacional, como en la generación de nuevos puestos de trabajo, tema sumamente importante para generar una nueva cultura del hacer para el conjunto de la sociedad y no solo mirándonos nuestro propio ombligo.

Lamentablemente, venimos de uno de esos ciclos económicos que nos devastaron:  económicamente, industrialmente, socialmente, intelectualmente. Tenemos que cargar con el peso de una deuda externa espuria e indigna que nos arrebató sin sentido U$S 100.000 millones, la mitad comprometidos con el Fondo Monetario Internacional,  entidad que fija reglas tan duras a los países que caen en su trampa que no les permite su desarrollo ni mejorar la calidad de vida de sus habitantes. No solo buscan  el cobro de sus acreencias, sino que lo hacen imponiendo severas  condicionalidades que priorizan primero la deuda y conformar actores financieros y la acumulación de divisas, y subordinan a ellos los intereses nacionales y sociales . De hecho es el elemento que más afecta a nuestra capacidad soberana ya que su control, en la misma sede de nuestro Banco Central, es diario y son ellos los que manejan el pulgar y por lo tanto determinan nuestra vida o nuestra muerte.

Soberanía económica es poder llevar adelante relaciones comerciales con todos los países del mundo. No dudamos que éstas deben  ser armónicas, complementarias y no asimétricas, como plantean los tratados de libre comercio entre países grandes y pequeños sin contemplar. En el marco de  las delicadas disputas del mundo actual es imprescindible rehuir la subordinación cerrada a bloques y  poderosos sectores de poder , sino que  es posible e imprescindible contar con una perspectiva propia e independiente. no subordinada.    

No puede pretenderse que el país en su conjunto pase a tener una condición exportadora tipo maquila, cuando nuestra industria recién está recuperándose del extravío del gobierno anterior y la pandemia.  Primero debemos recuperar el mercado interno para lograr competitividad y esto se consigue siempre y cuando la sociedad cobre un salario digno y pueda gastar más allá de las necesidades básicas de la alimentación, la salud, la vivienda, la educación, y los traslados.

Reconozcamos que la etapa en la que nos toca interactuar es realmente difícil, para nuestro país. Aquí el sector financiero se está haciendo su agosto en noviembre, succionando ahorros y esquilmando al Banco Central en su necesidad permanente de refinanciar deuda a través de las Leliq, cobrándole tasas estrafalarias y lo que es mucho más lamentable, cerrando toda posibilidad a las empresas del país de obtener préstamos para capital de trabajo o para incorporar maquinaria nueva y hacernos más competitivos. Más grave aún es el hecho que a través de esas mismas ventanillas se produce la mayor fuga de capitales del país, necesario, diría imprescindibles para apalancar el crecimiento del aparato productivo.

La integración productiva con otros países de América Latina, la permanente y eficiente sustitución de productos importados por los de fabricación nacional que traerá aparejado una mejor balanza comercial, son los caminos que estamos visualizando como indispensables para un futuro de mayor y mejor desarrollo para nuestros pueblos.  Mientras crecen las disputas internacionales, crecen las presiones  y se  abisman condiciones entre  economías centrales y periféricas, nuestra región debe seguir siendo el área del mundo sin guerras. No puede prevalecer para América Latina  el «sálvese quien pueda»,  sino la posibilidad y la realidad  de una mejor sociedad.

En lo inmediato, la llegada del presidente Lula en  Brasil, el mayor país de la región,  abre un hilo de esperanza tanto por la integración de nuestras mejores capacidades como para encarar políticas de mayores entendimientos y acciones concretas para desarrollar una complementariedad regional  más estrecha. Cada uno de estos temas de agenda y los que con seguridad aparecerán serán esenciales para que cada uno de los pueblos de nuestra Patria Grande pueda  vivir en forma más decorosa y con menos incertidumbre

Solo así se podrá potenciar nuestra soberanía económica para que el crecimiento pueda ser sustentable y sostenido. No solo debe quedar el orgullo nacional subsumido en el grito de gol de nuestra selección nacional de fútbol. Debemos construir una perspectiva mucho más amplia, abarcativa, cotidiana y profundamente esperanzadora. Nuestro país y nuestro pueblo así lo merecen.

*Raul Hutin/ Secretario de la Central de Entidades Empresarias Nacionales (CEEN)  

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