Edición n° 2647 . 20/02/2024

De bares, escritores e historias

( Por Alejandra Gabriela Sharpe ) Bar, café, confitería da lo mismo. Son lugares ineludibles para los porteños. Los que fueron, los que están. En cada uno de ellos siempre se deja una impronta. Hoy un fragmento  de Oscar Leguizamón.

CAFÉ DE GARCÍA

Volvamos al tema: era viejo de bute el papel. Ajado por demás, escrito en tinta azul que todavía aguantaba el último cacho de color. Para colmo de males estaba chamuscado. No se entendía casi nada. Más abajo se leía clarito que el balurdo estaba mandado a un chabón que paraba en el Café de García, un billar de la calle Sanabria, esquina José Pedro Varela…

….La espera me resultó corta cuando empecé a junar aquellas paredes verdaderamente ornamentadas; daba gusto estar en ese bar. Me copé tanto que la hora y pico que tardó en llegar el tipo, resultó poco tiempo y no me alcanzó para terminar de admirar el bobo puesto en cada cachito del bar por los dos gorditos que parecían los trompas.

Fotos y afiches deportivos engalanaban las paredes desde el techo al suelo. Apenas se salvaban taparrollos y puertas. Eso sí, el techo limpito. Habían colgado y pegado fotos de Gardel. Gatica, Gatti, Fangio, los hermanos Navarra, Maradona, afiches de toda clase de deportes, de campeonatos de billar en la Argentina y de otros lados, sifones del cuarenta, una vieja cantora de onda corta y larga (bastante más cachuza que la de mi casa cuando era pibe), unos guantes de boxeo, antiguas canillas de agua que suelen verse todavía en algún viejo patio. Hasta había una foto de un equipo de polo había. (Oscar Leguizamón; La Grela).