(Por Maximiliano Borches (*)A consecuencia directa de las políticas de ajuste e industricidio implementadas por el gobierno de los hermanos Milei, la maquinaria productiva del conurbano bonaerense prácticamente se detuvo, encendiendo alarmas rojas en toda la región y golpeando de lleno sobre la nuca de los trabajadores.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) correspondientes al primer trimestre del año 2026, el aglomerado del Gran Buenos Aires registra 9,7 por ciento de desempleo, porcentaje que supera los dos dígitos en los cordones periféricos del partido de Merlo y áreas limítrofes compartidas entre Moreno, Ituzaingó, Hurlingham y Morón.

Allí, el desempleo estructural ronda el 13 por ciento de la Población Económicamente Activa, según datos aportados por el Observatorio del Conurbano Bonaerense, perteneciente a la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS).
En paralelo a la destrucción del empleo formal, la informalidad del trabajo asalariado en este sector geográfico de la provincia de Buenos Aires se ubica en torno a los 47 puntos, rebasando de forma preocupante y sostenida las cifras de la media nacional, que según el INDEC, se ubican en un alarmante 44,2.
Ante este panorama, los primeros en poner el grito en el cielo en esta zona del conurbano bonaerense fue la CGT Regional Morón/Hurlingham/Ituzaingó, que convocó a una marcha el pasado martes 23 de junio por las calles del centro de Morón bajo la consigna “Los trabajadores decimos basta”, para solicitarle a la conducción nacional de la CGT la convocatoria a un paro nacional de 36 horas con movilización, y denunciando el diario incremento de la desocupación.
Desde noviembre de 2023, se pierden 400 puestos de trabajo por día, según el informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) basado en datos oficiales de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo), con el telón de fondo del techo paritario que ahoga salarios, la inmediata suspensión de la reforma laboral, por jubilaciones dignas, en defensa de las obras sociales y la denuncia a la asfixia económica a la que es sometida la provincia de Buenos Aires por parte de Casa Rosada, que le adeuda 17.8 billones de pesos en conceptos varios.
En esa primera movilización convocada por una regional de la CGT por las calles de Morón, principal centro comercial y financiero del oeste, donde se destaca el derrumbe del comercio como producto de la parálisis de consumo de las clases medias urbanas, participaron unos dos mil trabajadores y trabajadoras pertenecientes a más de cuarenta gremios, entre ellos algunos enrolados en las dos CTA, que acompañaron la protesta.
La lenta agonía de las pymes de Merlo, Morón, Ituzaingó y Hurlingham
Sumado a las características comerciales y financieras de Morón, estos territorios municipales del conurbano oeste se caracterizan por un tejido productivo basado en la Pequeña y Mediana Empresa (Pyme) de origen familiar: metalmecánica, inyección plástica, calzado y textiles, son los ejemplos más claros de una industria que hoy agoniza. En promedio, cierran 30 empresas por día en toda la provincia de Buenos Aires. En este contexto las Pymes del oeste metropolitano, estranguladas por la apertura importadora, los descabellados tarifazos producto de la dolarización de las tarifas de energía eléctrica, gas y agua y la estrepitosa caída del consumo, apenas operan por encima del 35 por ciento de su capacidad instalada.
Ahora, es en Merlo —que históricamente opera como límite de la expansión periurbana hacia el oeste profundo— donde se vive un verdadero drama laboral, tras la orden de paralización de la obra pública por parte del gobierno nacional.
De manera letal, fueron eliminados miles de puestos de trabajo del sector de la construcción en toda su dimensión: un histórico refugio laboral para la población masculina del segundo y tercer cordón del conurbano.
En los municipios de Morón, Ituzaingó, Merlo y Hurlingham, el desempleo y la crisis no son una anomalía temporal, sino la consecuencia directa de una política planificada desde los sectores de poder que hoy utilizan a la Casa Rosada como playa de desembarco para imponer una macroeconomía que contrae al mercado interno. Uno de los casos recientes fue el del Frigorífico San Roque de Morón que tuvo que cerrar sus puertas a principios de este año complicando la situación laboral de 140 trabajadores. Sin embargo, frente a la falta de respuestas desde el gobierno nacional, mediante un trabajo coordinado entre municipio, el gobierno provincial, los sindicatos y la empresa, la pyme reabrió sus puertas en junio pasado.
Mientras se mantenga la depresión sistemática del poder de compra y se fomente la apertura importadora en detrimento de la producción nacional, el tejido pyme, los comerciantes y los trabajadores del oeste (como los del resto de la Provincia y el país en su conjunto) continuarán siendo la principal variable de ajuste del modelo económico.
La CGT Regional Morón/Hurlingham/Ituzaingó tomó nota del drama social, laboral, económico y cultural que atraviesan las y los trabajadores que representan, y decidió volver a ocupar el espacio natural de las protestas sociales: las calles.
Otras regionales de la principal representación del movimiento obrero organizado argentino pronto seguirán sus pasos, entendiendo que, si bien las soluciones son políticas, los reclamos son gremiales. La estrategia hoy se vuelve a dar desde la periferia hacia el centro.
*Maximiliano Borches, periodista y director del portal Mariano Moreno.