Cristina Kirchner: “Acá no hay renunciamiento ni autoexclusión, hay proscripción”


«No es ni renunciamiento ni autoexclusión, es proscripción». Con estas palabras, Cristina Fernández de Kirchner reapareció públicamente por primera vez desde la condena a seis años de prisión (e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos) y ratificó el paso al costado que había dado, hace tres semanas, respecto a una candidatura en 2023. El destinatario de su mensaje fue, en gran medida, la propia dirigencia del Frente de Todos, a quienes exhortó –esta vez en público– a agarrar «el bastón de mariscal», hacerse cargo y salir a militar en los barrios sin esperar que «alguien del cielo» les diga qué hacer. En pleno clima de fervor futbolístico, CFK no escapó a la metáfora de la necesidad de un «arbitro en serio del Poder Judicial» y cerró su discurso en Avellaneda pidiendo: «Argentina y democracia sin mafias, nos lo merecemos». 

«Vamos a hablar clarito que yo soy peruca y hablamos clarito: el único renunciamiento fue el de Eva Perón», arrancó, encendida, Cristina Kirchner en la inauguración Polideportivo Municipal «Diego Armando Maradona» en Villa Corina, mientras a su lado, el intendente Jorge Ferraresi y el gobernador Axel Kicillof reían. Era su primera «reaparición» –un movimiento que se estuvo volviendo cotidiano para la vice– luego de la condena en la causa Vialidad y el anuncio que puso patas para arriba a todo el FdT: que su nombre no aparecería en ninguna de las boletas del peronismo en 2023. Después de decir estas palabras, el polideportivo se sacudió bajo el canto de «Cristina presidenta», pero ella rápidamente los atajó: «No no no, no sean malos. Acá no hay renunciamiento ni autoexclusión, hay proscripción».

Inmediatamente, la vicepresidenta hizo un recorrido de la experiencia del peronismo con la proscripción y, dando cuenta de una «precisión electoral quirúrgica» de parte del Poder Judicial, señaló una primera curiosidad histórica: «El 9 de marzo van a leer los fundamentos de mi proscripción. Y el 9 de marzo de 1956 en el Boletín Oficial se publica el decreto 41/61 por el cual se prohibían decir las palabras ‘Perón’, ‘Evita’ y prohibía cantar la Marcha Peronista». En ese momento, sin embargo, la vicepresidenta insistió en un punto que reiteraría a lo largo de todo el discurso: «La proscripción es un acto de disciplinamiento hacia el conjunto de la dirigencia política para que nadie se vuelva a animar a tanto, a recuperar las AFJP o YPF, a mejorar la distribución del ingreso o desendeudar al país».

Sentados, prolijos, en sus sillas, la observaban intendentes de la Primera y Tercera Sección Electoral (Mayra Mendoza, Mario Secco), legisladores y funcionarios bonaerenses (Teresa García, Andrés Larroque, Cristina Álvarez Rodríguez, Walter Correa), funcionarios nacionales (Wado De Pedro, Carlos Castagneto), legisladores nacionales (Juliana Di Tullio, Oscar Parrilli, Cecilia Moreau) y varios dirigentes sindicales (Omar Plaini, Vanesa Siley, Hugo Yasky). Estaba todo el núcleo duro cristinista de la Provincia de Buenos Aires, bastión electoral en el que CFK está centrando toda su atención de cara al 2023. Y es que, pese a la ratificación de su renunciamiento, todas y todos los invitados que salían del acto coincidían en una cosa: CFK volvía a confirmar su centralidad política y su rol como ordenadora de cara al proceso electoral del año que viene.

A diferencia del acto del Día de la Militancia en La Plata, en donde el kirchnerismo había organizado un megaevento con aires de festival de rock (con la fantasía de sentar las bases para la candidatura de CFK), el acto de Avellaneda fue más austero. No hubo gran alfombra roja para el desfile de invitados, ni tarima para que la prensa pudiera cubrirlo. La militancia presente era local y no superaba las mil personas. La única constante, invariable en todo los actos desde que intentaron asesinar a CFK, era el puntilloso operativo de seguridad que se había desplegado en los alrededores: efectivos en cada esquina, cacheos en los ingresos, detector de metales, y dos tipos de pulsera que habilitaban el ingreso. Afuera, la militancia autoconvocada copó las calles con el reclamo –también invariable– de una CFK para 2023. 

Coparticipación, mafia judicial y el bastón de mariscal

Después de detallar como el plan de proscripción del «partido judicial» había sido puesto en marcha el mismo día que abandonó la Casa Rosada, CFK se metió de lleno en la pulseada por la coparticipación. «¿Qué está pasando con la cuestión democrática en la Argentina? Porque Macri modificó con un decreto simple lo que le tocaba al gobierno nacional y le dio muchísimo al gobierno de la Ciudad. Esto fue modificado por un decreto por el presidente Alberto Fernández, pero no quedó solo en un decreto. Hubo una ley del Congreso que consagró ese decreto y esa nueva distribución del ingreso. Sin embargo, la Corte hizo caso omiso a una ley», cuestionó y, parafraseando a Raúl Zaffaroni, agregó:  «Estamos ante un hecho ajurídico. Es como si hubiera desaparecido el estado de derecho. Se que parece discusión de dirigentes políticos, pero créanme que este partido judicial está influyendo sobre calidad de vida de todos los ciudadanos. Hay que despabilarse».

En ese momento, la expresidenta repitió, en público, lo que ya le había dicho a su tropa en Ensenada luego de que se conociera la condena: «Cada dirigente tiene hoy el bastón de mariscal en la mochila, sáquenlo y no le pidan permiso a nadie. Si se equivocan pidan perdón, pero nunca permiso», afirmó, entre aplausos. Acto seguido, envió un mensaje directo a todo el peronismo (especialmente a aquel sector que se sentía muy cómodo con la perspectiva de arrastrar automáticamente los votos de CFK): «Es necesario salir a hablar y explicar, bajar, tomar contacto barrio y la realidad. La gente está ávida de que le expliquen. No estemos mirando al cielo para que alguien nos diga mágicamente qué hacer. A nosotros cuando eramos jóvenes nunca nadie nos dijo qué hacer», remató.

CFK se refirió, además, a la «doble vara» con la que se juzgaba al peronismo y comparó el caso del diputado del PRO Gerardo Milman –con contratos oscuros con empresas de Seguridad– con el de otras figuras que había sido expulsadas de la Cámara de Diputados, como Julio De Vido o Juan Emilio Ameri. «Hay una patente de corso e impunidad para todo aquel que no sea peronista. ¿Es sostenible un país con estos parámetros en la administración de Justicia? No», aseguró. Y valiéndose de la referencia futbolística –muy presente a lo largo de todo el acto, que tuvo también ex jugadores presentes– comparó al Poder Judicial con un «árbitro que te bombea» y remarcó la necesidad de que «vuelva a haber un árbitro en serio que aplique el derecho y tenga garantía para todos de que todos son iguales ante la ley».

Cerró con una convocatoria para el 24 de marzo: «Es importante que ese día movilicemos con una consigna: Argentina y democracia sin mafias, nos lo merecemos».

El pedido de Kicillof

Minutos antes de que CFK pronunciara su discurso, Axel Kicillof amagó un reflote del operativo clamor CFK 2023: «Pueden seguir amenazando a Cristina. Todos con el corazón en la boca vimos cómo te disparaban en la cabeza. Lo han tratado de tapar, ahora no lo quieren investigar. Han sacado una condena escandalosa pidiendo la cárcel. Luego de eso buscaron tu proscripción. ¿Pero saben qué? No les tenemos miedo. A vos te necesitamos, Cristina, para seguir avanzando con los derechos, derecho al futuro», sostuvo, previo a sellarse en un fuerte abrazo con la ex presidenta. Kicillof, sin embargo, no fue el único: al finalizar el acto, más de un dirigente, no perdía el optimismo. «Yo no cerraría la puerta, no todavía», deslizó un dirigente peronista.

Fuente: Página 12