El documental 8 metros. La palabra subterránea recupera la historia de la imprenta clandestina del PRT-ERP que funcionó bajo una casa del barrio Observatorio, en Córdoba. En su primer largometraje, Pablo Fernández Alberti reconstruye junto con la historiadora Marisabel Grau una experiencia marcada por el trabajo colectivo, la pericia técnica y la convicción política.
(Por Cecilia Miglio) En el piso de la cocina de una vivienda del barrio Observatorio, en Córdoba, unas compuertas disimuladas daban acceso a un conducto que descendía hacia una bóveda subterránea. En la superficie funcionaban una herrería y la vida cotidiana de una familia. Bajo tierra, entre 1974 y 1976, operó la Imprenta del Pueblo “Roberto Matthews”, perteneciente al Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo.
La estructura medía veinte metros de largo por cuatro de ancho y contaba con laboratorio, baño y biblioteca. Allí se imprimieron miles de ejemplares de El Combatiente, periódico del PRT, y de Estrella Roja, publicación del ERP. También se editaron libros de economía, política, literatura y poesía, además de materiales para organismos de derechos humanos. La Comisión Provincial por la Memoria la considera una de las imprentas clandestinas más grandes de América Latina.

El nombre del espacio remite a Roberto Jorge Matthews Aragú, militante del PRT-ERP dedicado a tareas de propaganda. Tenía 21 años cuando fue secuestrado el 29 de septiembre de 1974 en Haedo, provincia de Buenos Aires, y permanece desaparecido. El Archivo Provincial de la Memoria lo identifica como el primer desaparecido del PRT en 1974 y señala que sus compañeros bautizaron la imprenta en su homenaje.
Más de medio siglo después, aquella experiencia es reconstruida en 8 metros. La palabra subterránea, documental de 63 minutos dirigido por Pablo Fernández Alberti. El guion y la producción fueron realizados junto con la historiadora Marisabel Grau. La película fue producida por Hoy Desde Aquí, con el apoyo de la Fundación Casa de la Memoria
Imprenta del Pueblo Roberto Matthews.
Para Alberti, el proyecto implicó asumir por primera vez la dirección de un largometraje. “Como director mi recorrido es muy breve, dirigí algunos proyectos, pero es la primera vez que abordo un largometraje, lo que implicó un gran desafío y, a la vez, una enorme oportunidad de aprendizaje”, cuenta.

El documental no nació como tal. Alberti producía cápsulas sobre historia y política cuando recibió la propuesta de realizar un video para redes sobre la imprenta. La investigación inicial modificó el rumbo, y explica que “…al empezar a conocer de qué se trataba y la magnitud de la historia, nos dimos cuenta de que ameritaba un trabajo de largo aliento”.
El momento en que se acercaron a la casa también influyó. Tras un proceso judicial iniciado en 2004, la vivienda fue recuperada en 2019 por los hijos de Héctor Eliseo Martínez y Victoria Abdonur, la pareja que había vivido allí mientras funcionaba la imprenta. A partir de esa restitución se creó la Fundación Casa de la Memoria Imprenta del Pueblo Roberto Matthews. En julio de 2022, el lugar fue señalizado oficialmente como Sitio de Memoria.
“Hacía poco tiempo que habían recuperado la casa y en las personas que estaban en la militancia de esa recuperación había una energía de la cual era imposible no contagiarse”, recuerda el director.
Esa energía orientó el enfoque del documental. La película aborda la persecución y los delitos de la última dictadura, pero busca destacar también las convicciones, los saberes y la capacidad organizativa de quienes levantaron y sostuvieron la imprenta. “Lo que me convocó es lo central de la lucha, la esperanza, la convicción sobre pelear por el mundo que nos merecemos”, sostiene. “Estos asuntos muchas veces quedan opacados por la descripción del horror, que sin duda es fundamental, pero que ubica a la militancia en un lugar de víctima, despojándola de la potencia que tuvieron quienes pusieron el cuerpo y las ideas en esa lucha.”
La imprenta funcionaba bajo la vida cotidiana de la familia Martínez-Abdonur, que vivía allí con sus tres hijos. También permanecían en la casa Matilde Sánchez, Miguel Ángel Barberis y Luis Aguirre, encargados de la impresión y la seguridad del lugar.
La obra comenzó a mediados de 1973 y se extendió durante un año y medio. Según la CPM, en el diseño participaron integrantes de los Tupamaros de Uruguay, con experiencia en construcciones subterráneas, y obreros mineros vinculados al Ejército de Liberación Nacional de Bolivia. Todo debía realizarse sin despertar sospechas, detrás de la fachada de la herrería y de la vivienda familiar.
Alberti, maestro mayor de obras y profesor en una escuela técnica, recuerda el impacto de su primera visita. “La obra es imponente. Uno accede a la bóveda por un conducto cuyas compuertas están disimuladas en el piso de la cocina. Es impresionante ver la pericia técnica con la que llevaron adelante cada aspecto: la estructura, las instalaciones, la manera de resolver la ventilación.”
El funcionamiento de la imprenta exigía trasladar materiales, retirar tierra, instalar máquinas y mantener el secreto. A más de cincuenta años de su construcción, la estructura sigue en pie. “Es una obra monumental que se construyó en absoluta clandestinidad, lo que le da un valor extraordinario, y que sigue en pie”, destaca.
El 12 de julio de 1976, un operativo militar y policial allanó la propiedad. Días después, las fuerzas represivas encontraron el acceso al subsuelo. La casa quedó en manos de la Brigada Aerotransportada IV, dependiente del Tercer Cuerpo del Ejército, y fue convertida en un centro clandestino de detención y tortura. Los crímenes cometidos allí fueron reconstruidos judicialmente a partir de testimonios de personas secuestradas y de soldados que habían realizado tareas de guardia.
Para Alberti, la particularidad del sitio es que permite conocer también lo que ocurrió antes de su apropiación: el trabajo de quienes construyeron la bóveda, hicieron funcionar las máquinas y sostuvieron la producción clandestina. “Es un sitio que permite recuperar la memoria revolucionaria y no solo el horror de los delitos de la dictadura, que es lo que habitualmente reflejan los espacios de memoria como los ex centros clandestinos de detención.”
La investigación histórica y la construcción del relato se desarrollaron junto con Marisabel Grau, historiadora, profesora de la Universidad de Buenos Aires y especialista en las luchas políticas de los años setenta. “Ella produjo la película y juntos elaboramos el guion. Su trabajo fue fundamental para garantizar el rigor histórico, la revisión de archivo y el chequeo de la información, además de las tareas que implica producir la película”, explica.
Las entrevistas ocupan un lugar central. A través de las voces de protagonistas, familiares, investigadores y personas vinculadas con la recuperación de la casa, el equipo buscó reconstruir tanto el funcionamiento de la imprenta como el contexto político en el que fue creada. “Juntos realizamos las entrevistas, que son fundamentales para recuperar la memoria viva de la militancia de aquellos años, y trabajamos sobre el relato que permite reponer el contexto histórico y político del desarrollo de la imprenta y del PRT como organización revolucionaria.”
Tras su estreno, la película comenzó a circular por distintos espacios. En abril de 2026 se realizó una proyección especial en la Comisión Provincial por la Memoria, en La Plata, con la presencia del director. También fue incorporada a la programación de la Filmoteca de la Universidad Nacional Autónoma de México.
El reconocimiento internacional incluye su circulación en México y su premiación en Europa: el documental fue anunciado como ganador del Premio Castillo al Mejor Documental de Investigación y Análisis de OFFCINEDOC, cuya quinta edición se realizará entre el 17 y el 21 de agosto de 2026 en Segura de León, España.
Fernández Alberti vincula el interés que despierta la película con las reacciones del público. “Creo que parte del interés y la emoción que registramos está asociada a que vivimos una época de mucha frustración, de cierta sensación de retroceso relacionada con el avance de las derechas en el mundo.”
Para él, volver sobre aquella experiencia permite dimensionar lo que fue capaz de construir una generación de militantes. “Resulta inspirador ver lo que fue capaz de lograr la juventud militante de los años setenta. La historia de la imprenta es una historia de lucha que interpela esa frustración y nos pone a pensar en que las transformaciones son posibles.”
Alberti y Grau acompañan el recorrido de la película mientras buscan un nuevo tema para trabajar. “Lo que está pasando con la película nos genera mucho entusiasmo y esperamos próximamente estar trabajando en un nuevo proyecto”, adelanta.
La bóveda permanece debajo de aquella casa de Córdoba. Las máquinas ya no imprimen. El documental vuelve sobre esa historia, sobre quienes la hicieron posible y sobre una idea que Alberti repite al hablar del presente: “Necesitamos sentir esa potencia en las luchas que nos tocan hoy”.