(*Emilia Trabucco) La visita de Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados de la Nación Argentina y tercero en la línea de sucesión presidencial, a Israel durante junio de 2026 aportó un dato político que apenas logró atravesar la agenda pública.
Recibido por el presidente israelí Isaac Herzog, por el canciller Gideon Sa’ar y por autoridades de la Knesset, Menem participó de una agenda institucional centrada en “cooperación económica, innovación, tecnología, agricultura, gestión del agua y relaciones parlamentarias”. Herzog calificó el encuentro como un hecho “histórico”, al tratarse de la primera visita oficial de un titular de la Cámara de Diputados argentina, mientras que Sa’ar agradeció el “claro apoyo moral” brindado por el gobierno de Javier Milei y destacó el impacto que tendrán los futuros vuelos directos entre Tel Aviv y Buenos Aires sobre las relaciones económicas y políticas entre ambos países.

La visita se produjo poco tiempo después del lanzamiento oficial de los denominados Acuerdos de Isaac, el 19 de abril. Una iniciativa impulsada por los gobiernos de Javier Milei y Benjamín Netanyahu que sus propios promotores presentan como una adaptación para América Latina de los Acuerdos de Abraham, impulsados durante la primera presidencia de Donald Trump.
La secuencia resulta significativa porque muestra el comienzo de un proceso de institucionalización que ya no involucra únicamente a los poderes económicos por un lado, y ejecutivos de ambos países. La participación de autoridades parlamentarias, grupos de amistad legislativos y organismos internacionales revela una construcción de mayor alcance y vocación de permanencia.
Los Acuerdos de Abraham constituyeron uno de los principales instrumentos geopolíticos desarrollados por Washington e Israel para reorganizar Asia Occidental durante la última década. Firmados inicialmente entre Israel, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, y ampliados posteriormente a otros países de la región, consolidaron un nuevo esquema de alianzas políticas, económicas, tecnológicas y militares favorable a los intereses estratégicos de Estados Unidos e Israel. Presentados internacionalmente como acuerdos de normalización diplomática, permitieron ampliar la integración económica, fortalecer la cooperación en seguridad e inteligencia y consolidar una arquitectura regional alineada con los objetivos geopolíticos de Washington y Tel Aviv.
La declaración conjunta firmada por Milei y Netanyahu en Jerusalén sitúa explícitamente a los Acuerdos de Abraham como antecedente directo de la iniciativa. Allí se plantea la construcción de un nuevo marco estratégico destinado a “fortalecer las relaciones entre Israel, Argentina y otros países del hemisferio occidental mediante cooperación tecnológica, innovación, comercio, coordinación diplomática, lucha contra el terrorismo y construcción de alianzas políticas estables”.
Los propios materiales de difusión del proyecto son todavía más explícitos. “Así como los Acuerdos de Abraham comenzaron con conversaciones entre Israel y Emiratos Árabes Unidos antes de extenderse a otros países árabes, los líderes esperan ampliar el diálogo entre Israel y Argentina a otras naciones latinoamericanas”, sostienen los documentos difundidos por sus promotores. La frase resulta particularmente reveladora porque desplaza el foco desde la relación bilateral argentino-israelí hacia una estrategia regional de mayor alcance. Argentina aparece concebida como plataforma inicial de un proceso cuya escala prevista involucra a toda América Latina y el Caribe.
La información disponible sobre los Acuerdos de Isaac resulta llamativamente limitada en comparación con la magnitud de los objetivos anunciados. El debate público se apoya fundamentalmente en declaraciones conjuntas, comunicados gubernamentales y materiales promocionales difundidos por las organizaciones impulsoras de la iniciativa. Los alcances concretos de los compromisos futuros, los mecanismos institucionales previstos y las implicancias estratégicas de largo plazo permanecen prácticamente ausentes de la discusión parlamentaria argentina y latinoamericana. La opacidad contrasta con la velocidad con la que el proyecto comienza a consolidar estructuras políticas, financieras e institucionales propias.
La formalización realizada por Milei y Netanyahu durante abril de 2026 constituye el punto visible de una construcción iniciada varios años antes. Los foros organizados por el American Jewish Committee (AJC) en Santiago de Chile durante 2023 y en Madrid durante 2025 produjeron declaraciones conjuntas orientadas a “fortalecer la cooperación regional con Israel, ampliar la articulación entre gobiernos, parlamentos y organizaciones civiles y construir consensos políticos favorables a una integración más profunda entre Israel y América Latina”. La creación posterior de American Friends of Isaac Accords terminó de dotar al proyecto de una estructura permanente destinada a impulsar su expansión regional.
American Friends of Isaac Accords fue creada en Estados Unidos con financiamiento inicial proveniente del Genesis Prize otorgado a Javier Milei. Sus impulsores identificaron desde el comienzo a Uruguay, Panamá y Costa Rica como países prioritarios para la expansión del proyecto. Posteriormente comenzaron a aparecer referencias a Paraguay, Ecuador, Honduras, República Dominicana, El Salvador y otros gobiernos latinoamericanos. La conducción de la organización fue confiada al exembajador estadounidense en Costa Rica Stafford “Fitz” Haney, empresario con trayectoria en fondos de inversión y compañías tecnológicas vinculadas a Israel.
El papel desempeñado por el American Jewish Committee resulta igualmente significativo. La organización anunció públicamente que utilizaría la experiencia acumulada durante la implementación de los Acuerdos de Abraham para facilitar la expansión de los Acuerdos de Isaac. Entre las tareas declaradas aparecen la organización de foros regionales, la articulación entre gobiernos y organizaciones de la sociedad civil, la incorporación de nuevos miembros y la construcción de consensos políticos favorables a la iniciativa en distintos países latinoamericanos. La existencia de una estructura dedicada específicamente a esa tarea permite observar que los Acuerdos de Isaac forman parte de una estrategia de largo plazo.
La dimensión regional del proyecto aparece con especial claridad en los instrumentos que comienzan a desarrollarse alrededor de la iniciativa. Durante las últimas semanas, autoridades israelíes avanzaron junto al Banco Interamericano de Desarrollo en la creación de un Fondo Isaac destinado a financiar proyectos vinculados a infraestructura, agua, energía, agricultura, seguridad alimentaria y tecnología. La incorporación del BID aporta una escala adicional al proceso, ya que la posibilidad de financiar proyectos mediante mecanismos permanentes transforma a los Acuerdos de Isaac en algo más que una declaración política y los acerca a la construcción de instrumentos concretos de influencia económica regional.
La cuestión de la seguridad atraviesa de manera transversal toda la documentación vinculada a los Acuerdos de Isaac. Las referencias a Irán, Hezbollah, Hamás, la Triple Frontera y las redes de financiamiento ilícito aparecen reiteradamente como fundamentos para ampliar mecanismos de intercambio de información financiera, cooperación antiterrorista, inteligencia y coordinación diplomática. Los documentos promocionales presentan la presencia iraní en América Latina como uno de los principales desafíos estratégicos de la región y ubican a los Acuerdos de Isaac como una herramienta para construir respuestas coordinadas entre los países adherentes.
La cobertura realizada por medios israelíes permite observar la importancia que el propio Israel atribuye a la iniciativa. Artículos en The Times of Israel, Jerusalem Post y Ynet describieron los Acuerdos de Isaac como uno de los avances diplomáticos más relevantes obtenidos por Israel en América Latina durante los últimos años. Las notas destacan especialmente la cooperación en inteligencia artificial, innovación tecnológica, seguridad y conectividad aérea, presentando a la Argentina como un socio estratégico para la ampliación de la presencia israelí en el continente.
Las lecturas provenientes de medios árabes críticos incorporan una perspectiva diferente sobre el mismo fenómeno. Al Jazeera caracterizó la iniciativa como parte de una estrategia destinada a fortalecer la legitimidad internacional de Israel mediante la exportación de tecnología, capacidades de inteligencia, ciberseguridad, vigilancia y control fronterizo. La expresión utilizada por varios analistas —“tecnología a cambio de legitimidad política”— sintetiza una lectura según la cual la cooperación tecnológica funciona como instrumento de construcción de alianzas políticas en un contexto marcado por el creciente cuestionamiento internacional a Israel raíz del genocidio contra el pueblo palestino.
La centralidad otorgada a la innovación, la inteligencia artificial, la transformación digital y la cooperación científica coincide con una estrategia desarrollada por Israel durante las últimas décadas para consolidarse como potencia tecnológica global. Ciberseguridad, vigilancia, análisis de datos, gestión de fronteras, sistemas de defensa y tecnologías duales de uso civil y militar conforman un entramado económico y político que ocupa un lugar destacado dentro de su política exterior.
La coyuntura en la que emergen los Acuerdos de Isaac también resulta significativa. El lanzamiento de la iniciativa coincide con una etapa marcada por el genocidio contra el pueblo palestino, por la escalada militar de Israel contra Irán, por una creciente disputa global en torno al control de tecnologías estratégicas y por una reconfiguración más amplia del orden internacional. La búsqueda de nuevos apoyos políticos e institucionales adquiere, en ese contexto, una relevancia particular para la estrategia internacional israelí.
La consolidación de los Acuerdos de Isaac ocurre, además, en un momento particularmente complejo para la política internacional. Mientras el gobierno de Netanyahu profundiza su estrategia militar en Gaza y mantiene operaciones en el sur del Líbano, la administración estadounidense comenzó a explorar mecanismos de negociación con Irán destinados a reducir la escalada regional y garantizar la estabilidad energética. Este escenario introduce una situación novedosa.
Argentina profundiza su alineamiento con Israel precisamente cuando comienzan a aparecer diferencias entre Jerusalén y Washington respecto de la estrategia hacia Irán. Ese contexto otorga a la política exterior argentina un significado adicional, ya que el país deja de ocupar una posición relativamente equilibrada para integrarse explícitamente a una determinada arquitectura geopolítica.
Los Acuerdos de Abraham modificaron el mapa político de Asia Occidental mediante una arquitectura regional que articuló integración económica, cooperación tecnológica, coordinación en materia de seguridad y alineamientos diplomáticos bajo liderazgo estadounidense e israelí. La referencia permanente a ese antecedente por parte de los impulsores de los Acuerdos de Isaac permite dimensionar la escala del proyecto que hoy comienza a desplegarse sobre América Latina y el Caribe, donde Argentina ocupa en ese diseño un lugar singular.
En un escenario internacional atravesado por la profundización de los conflictos, la disputa por corredores económicos, tecnologías críticas, recursos naturales y nuevas áreas de influencia geopolítica, América Latina y el Caribe vuelven a adquirir una relevancia estratégica creciente. Los Acuerdos de Isaac inscriben a la región dentro de esa reconfiguración global y ubican a la Argentina como cabeza de playa de una iniciativa concebida fuera del continente para proyectar intereses políticos, económicos e institucionales sobre el espacio latinoamericano. La región reaparece así como retaguardia estratégica de disputas que se desarrollan a escala mundial y cuya dinámica comienza a proyectarse sobre sus instituciones, sus recursos y sus alineamientos internacionales. El lugar que América Latina y el Caribe ocupen dentro de esa arquitectura emergente constituye uno de los principales debates geopolíticos abiertos para los próximos años.
*Psicóloga, Magíster en Seguridad. Directora de NODAL. Analista del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE) en Argentina.